Zonas 6-9: soporta hasta -17
Pleno sol o sombra parcial
Sustrato de riqueza media, fresco, bien drenado
Riego moderado regular
Follaje caduco
Floración: abril-mayo
Sámaras

El arce tridente es Acer buergerianum, un arce caducifolio del este de China y Taiwán que debe su nombre común a la hoja: tres lóbulos poco profundos, de bordes casi enteros, dirigidos hacia delante como las puntas de un tridente. Es una hoja pequeña, correosa y de un verde oscuro lustroso, muy distinta de la hoja grande y profundamente recortada que se asocia a otros arces ornamentales.

Lo que lo ha hecho popular, además del follaje, son dos cosas. La primera, la corteza, que en los ejemplares adultos se exfolia en placas dejando un mosaico de tonos naranja, gris y canela. La segunda, su docilidad: rebrota bien de la poda, tolera la contaminación urbana y responde a la reducción de raíz, lo que ha convertido a esta especie en una de las más utilizadas para bonsái en Japón y en el resto del mundo.

Cómo reconocerlo

Es un árbol de tamaño medio, de copa densa y redondeada, con el tronco a menudo algo sinuoso. Crece a ritmo moderado y forma un ejemplar compacto, más manejable que la mayoría de los arces de jardín.

Las hojas son opuestas, de unos cinco a ocho centímetros, con tres lóbulos triangulares que apuntan hacia el extremo y con la base redondeada o acorazonada. El haz es verde oscuro y brillante; el envés, más claro y a veces glauco. La textura correosa es un buen carácter de campo: no es una hoja fina, sino algo rígida al tacto, y eso explica que aguante el calor mejor que otros arces.

La floración se produce en abril y mayo, en corimbos de flores pequeñas de color amarillo verdoso, discretas. Después llegan las sámaras dobles, con las alas dispuestas en ángulo cerrado, casi paralelas, que maduran del verde al pardo. En otoño el follaje vira a amarillo, naranja y rojo, con una intensidad que depende mucho del clima y del ejemplar concreto.

Dónde plantarlo en España

La ficha de cultivo lo sitúa en las zonas 6 a 9, con resistencia a heladas fuertes. En España eso cubre prácticamente todo el país. La ventaja de esta especie frente a otros arces es que también soporta bien el calor, la sequía moderada y el suelo urbano compactado, así que su margen de uso es mucho más ancho.

Va bien en el interior peninsular, en la meseta, en el valle del Ebro y en las zonas de clima continental con veranos duros, siempre que reciba riego de apoyo. En el litoral mediterráneo también se comporta correctamente, aunque el color de otoño se atenúa. Donde mejor colorea es en climas con contraste térmico marcado entre el día y la noche a final de temporada.

Acepta pleno sol y sombra parcial. A pleno sol el porte es más compacto y la otoñada más viva; en semisombra crece algo más y sufre menos en agosto. En el sur y en zonas de verano muy severo, la sombra de las horas centrales le viene bien.

Suelo y riego

Pide un sustrato de riqueza media, fresco y bien drenado. Prefiere pH neutro o ligeramente ácido; en suelos con caliza activa alta puede mostrar clorosis férrica, con amarilleo entre los nervios. En ese caso ayuda incorporar materia orgánica en la plantación y mantener acolchado permanente.

El riego debe ser moderado y regular. Es un arce que tolera bastante bien períodos secos una vez arraigado, pero responde mucho mejor a un aporte constante que a los altibajos. En verano, riegos profundos y espaciados; en invierno, nada si llueve. El encharcamiento continuado es el error que más ejemplares mata.

Los primeros tres años son los que determinan el futuro del árbol. Regar en profundidad, no en superficie, obliga a la raíz a bajar y da un ejemplar mucho más autónomo después.

Plantación

Se planta en reposo vegetativo, entre el otoño y el final del invierno, fuera de los días de helada. El hoyo debe ser ancho, no profundo; el cuello del tronco tiene que quedar al nivel del suelo o un dedo por encima, nunca enterrado. Un riego de asiento abundante asienta la tierra alrededor del cepellón.

Es un árbol adecuado para alcorques y calles porque su sistema radicular no es especialmente agresivo y su copa no alcanza dimensiones excesivas, pero conviene igualmente respetar distancias razonables a pavimentos y fachadas.

Poda

Tolera la poda mejor que casi cualquier otro arce, y esa es la razón de su éxito como bonsái y como arbolado urbano. Aun así, en el jardín no la necesita más allá de la formación inicial y de la limpieza de madera seca, ramas cruzadas y chupones.

Como todos los arces, sangra abundantemente si se poda a finales de invierno o al arrancar la primavera, cuando la savia ya se mueve. Lo correcto es podar a principios de verano, con la hoja formada, o en otoño avanzado, ya en reposo. Los cortes se hacen respetando el rodete de la rama, sin dejar tocones.

Si se cultiva como bonsái, admite defoliado parcial en verano para reducir el tamaño de la hoja y responde bien al pinzado de brotes, además de tolerar el trabajo de raíz en los trasplantes.

Multiplicación

Por semilla es el método habitual para la especie. Las sámaras se recogen maduras en otoño y necesitan estratificación en frío húmedo durante unos meses antes de sembrar, o bien siembra directa al aire libre en otoño para que pasen el invierno a la intemperie. La germinación es buena.

Los cultivares seleccionados, sobre todo los japoneses de follaje variegado o de brotación coloreada, no se reproducen fieles por semilla. Se multiplican por injerto sobre patrón de la especie, normalmente de púa en primavera o de yema en verano. Las estaquillas semileñosas de verano también enraízan, aunque con resultados desiguales.

Plagas y problemas

Es un árbol sano y con pocos problemas. Puede aparecer pulgón en los brotes tiernos de primavera, con melaza y negrilla asociadas, y ácaros en veranos secos y calurosos. Ninguno de los dos compromete al ejemplar.

Los riesgos importantes son de suelo. La asfixia radicular por exceso de riego o por drenaje deficiente y la verticilosis, una enfermedad vascular de origen fúngico que afecta a varios arces y que se manifiesta con el marchitamiento repentino de ramas enteras, son las dos causas serias de pérdida. Ninguna se cura una vez instalada, así que la prevención pasa por elegir bien el suelo, no herir el tronco ni las raíces y no plantar donde haya muerto otro árbol por la misma causa.

Usos en el jardín

Su tamaño moderado y su tolerancia al medio urbano lo hacen muy útil en jardines pequeños, patios, terrazas con jardinera grande y alineaciones de calle. La copa densa da sombra real, cosa que no todos los árboles ornamentales de este porte consiguen.

Como ejemplar aislado luce la corteza exfoliante y la otoñada. En grupo se puede usar como pantalla informal. Y en contenedor aguanta años sin degradarse, siempre que se le renueve el sustrato y no se le deje secar, lo que abre su uso a azoteas y patios donde no hay suelo natural.

El uso para el que es más conocido fuera de la jardinería de exterior es el bonsái. Su hoja pequeña, su rebrote fácil, la rapidez con la que engrosa el tronco y la manera en que forma nebari, la base de raíces superficiales, lo han convertido en una de las especies de referencia para esa disciplina.

Variedades

La selección hortícola de esta especie se ha desarrollado sobre todo en Japón y ha ido en dos direcciones. Por un lado, cultivares elegidos por el color de la brotación, con hojas nuevas rosadas, blanquecinas o amarillo pálido que van cambiando a lo largo de la temporada hasta un verde con variegaciones. Por otro, formas de hoja más pequeña y entrenudo corto, seleccionadas específicamente para el bonsái. En el ámbito silvestre se reconocen además varias subespecies y variedades repartidas por su amplia área china.

En resumen

El Acer buergerianum es un arce de tamaño medio, hoja trilobulada pequeña y correosa, corteza que se exfolia en placas anaranjadas y coloración otoñal cálida. Frente a otros arces ornamentales tiene una ventaja decisiva en el clima español: aguanta el calor, la sequía moderada y las condiciones del suelo urbano, y rebrota bien de la poda.

Quiere sustrato fresco, de fertilidad media y bien drenado, riego moderado pero regular y plantación en reposo con el cuello a su nivel. Se poda en verano o en otoño para evitar el sangrado, se propaga por semilla estratificada y por injerto en los cultivares, y sus únicos riesgos serios son la asfixia radicular y la verticilosis. Es, además, la especie de arce por excelencia para el bonsái.


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