La Albizia julibrissin es la acacia de Constantinopla, un árbol pequeño de copa muy ancha y aplanada, casi horizontal, que en verano se cubre de flores rosadas con aspecto de plumero o de brocha. No son pétalos: lo que se ve son los estambres, largos y filamentosos, blancos en la base y rosa intenso en la punta, agrupados en cabezuelas. Esa estructura le ha valido el otro nombre popular con el que se vende, árbol de la seda.
El follaje es la segunda seña de identidad. Es bipinnado y muy dividido, formado por cientos de folíolos diminutos que dan una sombra ligera y moteada, del tipo que deja pasar luz suficiente para plantar debajo. Además es sensible: los folíolos se pliegan al anochecer y también cuando el árbol pasa sed o cuando se toca la hoja, un movimiento llamado nictinastia que comparte con otras leguminosas de la misma subfamilia.
Cómo reconocerla
Es un árbol caducifolio de tamaño modesto, con el tronco corto y una copa que se abre en parasol y llega a ser más ancha que alta. La corteza es lisa y grisácea, con lenticelas visibles. Brota tarde, cuando muchos caducifolios ya están cubiertos, y pierde la hoja pronto en otoño sin coloración destacable, así que el periodo de interés se concentra entre junio y septiembre.
Las hojas son alternas, grandes y bipinnadas, con numerosas pinnas y cada una con muchos folíolos oblongos y asimétricos. La floración se produce en las puntas de los brotes del año, en corimbos de cabezuelas. Después vienen los frutos, que confirman su pertenencia a las leguminosas: vainas planas, papiráceas, de color pajizo, agrupadas en manojos que quedan colgando y persisten en el árbol desnudo buena parte del invierno.
Pertenece a las Fabaceae y, como muchas de ellas, fija nitrógeno atmosférico gracias a bacterias asociadas a sus raíces, lo que explica en parte que prospere en suelos pobres.
Origen y clima
Es originaria de Asia, con un área amplia que va de Irán y el Cáucaso hasta China, Corea y Japón. El nombre del género recuerda a Filippo degli Albizzi, el noble florentino que llevó sus semillas a Europa desde Constantinopla en el siglo XVIII, y de ahí viene su nombre común más extendido en español.
En España se comporta muy bien en casi toda la mitad sur y en el litoral mediterráneo, donde el verano largo y caluroso es justo lo que necesita para florecer con abundancia. También se cultiva en el interior peninsular y en la costa atlántica, aunque en zonas de inviernos muy fríos y prolongados sufre daños en la madera joven. Al ser de brotación tardía, escapa de las heladas tardías de primavera mejor que otras especies.
Dónde y cómo plantarla
Pleno sol, sin discusión. A la sombra alarga las ramas, pierde la forma de parasol y florece poco o nada. Necesita además espacio lateral: como la copa se desarrolla en anchura, plantarla pegada a una fachada o entre dos edificios la deforma y obliga a podas que no le sientan bien.
El suelo puede ser cualquiera mientras drene. Tolera terrenos pobres, pedregosos y calizos, y también cierta salinidad, lo que la hace útil en jardines costeros. Lo que no admite es el encharcamiento ni los suelos pesados y compactados que retienen agua en invierno.
Conviene plantarla en otoño o a finales de invierno, con un hoyo amplio, sin enterrar el cuello y con un riego de asiento generoso. Es un árbol con raíces trazadoras que pueden levantar pavimentos y colarse en redes de saneamiento, así que hay que dejarle distancia respecto de aceras, piscinas y conducciones.
Riego y abonado
El riego se define como escaso, y así es en un ejemplar adulto: aguanta la sequía estival de manera notable y prefiere pasar algo de sed a tener el pie encharcado. En los dos o tres primeros años, sin embargo, hay que regar en profundidad y espaciado durante la temporada seca para que enraíce a fondo. Después, en clima mediterráneo, unos riegos de apoyo en pleno verano bastan para mantener la floración.
El abonado nitrogenado es innecesario y contraproducente. Al fijar nitrógeno por sí misma, un exceso solo produce brotes largos, blandos y sensibles a plagas, a costa de la flor. Si el suelo es muy pobre, un aporte de compost en superficie al final del invierno resulta más que suficiente.
Poda
Cuanta menos, mejor. La forma de parasol se construye sola y la poda severa la arruina, además de provocar rebrotes verticales que rompen la silueta. Lo indicado es la poda de formación en los primeros años, para elegir un tronco limpio hasta la altura deseada y repartir tres o cuatro ramas principales, y a partir de ahí solo limpieza de madera seca y de ramas rotas.
Se interviene en reposo, en invierno, o justo después de la floración si hay que aclarar. Los cortes grandes en tronco o ramas gruesas son una puerta de entrada para los hongos de madera, un riesgo real en esta especie, así que conviene evitarlos.
Plagas y problemas frecuentes
El problema serio de la albizia es una traqueomicosis, una enfermedad vascular causada por un hongo del suelo del género Fusarium que taponea los vasos conductores. Se manifiesta con el marchitamiento súbito de una rama o de un sector de la copa en pleno verano, con las hojas colgando secas sin caer, y suele progresar hasta matar el árbol en una o pocas temporadas. No tiene tratamiento curativo. Lo único eficaz es la prevención: evitar heridas en el tronco y en las raíces, no plantar en suelo encharcadizo, no reponer un ejemplar muerto por esta causa en el mismo hoyo y retirar y destruir la madera afectada.
La otra molestia habitual es una psila que chupa savia de los folíolos y provoca decoloraciones, melaza y negrilla, con el suelo y los coches de debajo pegajosos en verano. Es un daño estético; el árbol se recupera. También puede aparecer pulgón en los brotes de primavera.
Se siembra sola con mucha facilidad. Las vainas dejan caer semillas que germinan en el propio jardín, en juntas de pavimento y en bordes de camino, y en algunos países fuera de su área natural se ha convertido en una especie invasora de riberas y terrenos removidos. En un jardín conviene retirar los rebrotes espontáneos si no se quieren y, en zonas próximas a espacios naturales, recoger las vainas antes de que se abran.
Multiplicación
Por semilla es sencillo. La cubierta es dura e impermeable, así que necesita escarificación: un raspado suave con papel de lija o una inmersión en agua muy caliente que se deja enfriar durante unas horas. Después germina con rapidez en primavera, en sustrato ligero y con calor.
Los cultivares de follaje rojizo o de flor más intensa no salen fieles de semilla y se propagan por injerto sobre patrón de la especie o por estaquilla de raíz en invierno, un método que funciona bien porque la albizia rebrota con facilidad desde el sistema radicular.
Usos en el jardín
Su papel natural es el de árbol de sombra ligera para un jardín pequeño o mediano. La copa aplanada cubre una terraza o una zona de estar sin cerrar el cielo, y la sombra moteada permite plantar debajo bulbos, aromáticas y vivaces que no soportarían una sombra densa. Es también un árbol de patio y de jardín seco, compañero lógico de lavandas, salvias, cistus y gramíneas.
Funciona bien en alineaciones de calles anchas y en aparcamientos, por su tolerancia a la sequía, al calor reflejado y a la contaminación, siempre que se cuente con la sombra ligera que da y con la caída de flores y vainas. En el litoral aguanta el viento salino mejor que muchos ornamentales.
Un aviso práctico: las flores y luego las vainas ensucian. No es el árbol para plantar sobre una piscina o sobre una zona de aparcamiento donde eso moleste.
Variedades
La selección hortícola ha ido en dos direcciones. Por un lado, formas de flor más oscura y saturada, de un rosa que tira a rojo, más vistosa que la del tipo. Por otro, cultivares de follaje bronceado o púrpura, que mantienen ese tono buena parte de la temporada y contrastan con las flores rosadas. Existen además selecciones de porte más reducido, pensadas para jardines pequeños y para el cultivo en contenedor grande. Todas ellas comparten los mismos requisitos de sol, drenaje y sequía que la especie.
En resumen
La acacia de Constantinopla es un árbol de copa aplanada, hoja bipinnada muy fina y floración estival en plumeros rosados que dura de junio a septiembre. Quiere pleno sol, suelo drenado sin importar su pobreza ni su contenido en cal, poco riego una vez arraigada y prácticamente nada de poda. Su punto débil es una enfermedad vascular de origen fúngico sin cura, que se combate solo evitando heridas y encharcamientos.
En España encaja de forma natural en el sur y en la costa mediterránea, donde el verano largo la hace florecer sin esfuerzo. Hay que darle sitio en anchura, mantenerla lejos de pavimentos y conducciones por sus raíces, contar con que ensucia al caer flores y vainas y vigilar los rebrotes espontáneos, sobre todo si el jardín linda con terreno natural.