Temperatura media
Pleno sol o semisombra
Sustrato más bien ácido, drenado
Riego abundante
Hoja perenne
Flor: febrero-marzo

La mimosa florece en febrero, cuando casi nada más lo hace, y ese es a la vez su atractivo y su problema. Acacia dealbata cubre el árbol entero de pompones amarillos y perfumados en pleno invierno, crece rápido y aguanta suelos pobres. También está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, de modo que en España su plantación, su venta y su posesión están prohibidas.

Conviene decirlo antes que nada porque cambia por completo la decisión de plantarla, y porque en muchos jardines ya hay una: es una especie que llegó como ornamental y lleva más de un siglo naturalizándose, sobre todo en el noroeste peninsular.

Qué dice la normativa española

El Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, regula el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, y Acacia dealbata figura en él para todo el territorio nacional. La inclusión conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio, tanto de ejemplares vivos como de sus restos o propágulos que pudieran sobrevivir o reproducirse.

En la práctica, para un particular esto significa tres cosas. No se puede comprar ni vender, ni siquiera regalar. No se deben trasladar restos de poda con semillas a otra finca ni al monte. Y los ejemplares que ya existan en una propiedad conviene tratarlos con la administración ambiental de la comunidad autónoma, que es quien establece los programas de control y quien puede indicar el método adecuado en cada caso.

La normativa autonómica añade matices y programas propios, sobre todo en Galicia, Asturias y el País Vasco, donde la especie está más extendida. Antes de actuar sobre un ejemplar grande conviene consultar con el servicio ambiental correspondiente.

Cómo reconocerla

Es un árbol de porte medio, entre 8 y 15 metros en buenas condiciones, de crecimiento rápido y copa abierta. La corteza es lisa y grisácea de joven, y se agrieta con la edad.

La hoja es lo que primero la identifica: perenne, bipinnada, dividida en numerosos foliolos muy pequeños, de un verde azulado o glauco cubierto de una pruina fina que le da el aspecto plateado del que viene el epíteto dealbata, «blanqueada». Al tacto es suave y algo aterciopelada.

La floración ocurre entre febrero y marzo, a veces desde enero en el litoral. Las flores se agrupan en cabezuelas globosas de unos pocos milímetros, de un amarillo intenso, reunidas a su vez en racimos que cubren las ramas. El perfume es dulce y penetrante, y se nota a distancia. Después vienen legumbres aplanadas, primero verdes y luego pardas, con semillas duras que permanecen viables en el suelo durante décadas.

Por qué se comporta como invasora

Tres rasgos explican su éxito, y los tres son los mismos que la hicieron atractiva como ornamental.

Fija nitrógeno. Como leguminosa, se asocia con bacterias del género Rhizobium y no depende del nitrógeno del suelo, de modo que coloniza terrenos pobres donde la vegetación autóctona crece despacio. De paso enriquece el suelo en nitrógeno, lo que altera la comunidad vegetal y favorece a otras especies nitrófilas en lugar de a las nativas.

Su semilla resiste el fuego. La cubierta dura de la semilla necesita un choque térmico para germinar. Un incendio, que elimina la vegetación competidora, dispara la germinación masiva del banco de semillas acumulado en el suelo. Por eso la mimosa avanza especialmente en zonas quemadas del noroeste peninsular.

Rebrota de raíz. Cortar el tronco no la elimina: emite numerosos rebrotes desde la cepa y desde raíces superficiales, y el resultado suele ser una mancha más densa que el árbol original.

Qué hacer si ya hay una en la finca

La recomendación general es consultar al servicio de medio ambiente autonómico, que es quien conoce el estado de la invasión en cada comarca y el método aplicable. A título informativo, estos son los criterios que manejan los programas de control.

La corta a hecho sin más es contraproducente por el rebrote. Los protocolos de control combinan la corta con el tratamiento de la cepa, o recurren al descortezado en anillo, que consiste en retirar un anillo completo de corteza y cambium alrededor del tronco y dejar el árbol morir en pie a lo largo de uno o dos años. Este último evita la respuesta de rebrote masivo que provoca el corte, aunque es lento.

Los ejemplares jóvenes, de menos de un par de años, se arrancan a mano con la raíz cuando el suelo está húmedo, y esa es la actuación más eficaz y la que menos problemas plantea.

El momento importa: actuar antes de la fructificación evita añadir semillas al banco del suelo. Y los restos con legumbres no deben trasladarse ni compostarse en casa.

Las condiciones que pide

Los requisitos que figuran en la ficha describen a una planta poco exigente, y ahí está parte del problema.

Exposición. Pleno sol o semisombra. Florece mucho mejor a pleno sol.

Suelo. Prefiere sustratos más bien ácidos y bien drenados. Es sensible a la caliza, y en suelos calizos manifiesta clorosis férrica con amarilleo entre nervios de las hojas jóvenes. Esa intolerancia es la razón de que su expansión se concentre en el noroeste y no en el levante.

Riego. Abundante mientras se establece. Una vez arraigada resiste bien la sequía estival.

Temperatura. Media, sin heladas fuertes. Tolera heladas ligeras, y por debajo de unos cinco o seis grados bajo cero sufre daños en ramas y flores.

Alternativas de floración invernal

Quien busque el efecto de la mimosa, es decir, floración amarilla y perfumada en pleno invierno, tiene opciones que no están catalogadas como invasoras.

El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) florece en amarillo de diciembre a marzo sobre ramas desnudas, y funciona como arbusto o para cubrir un talud. El hamamelis (Hamamelis x intermedia) da flores amarillas o anaranjadas de pétalos acintados y perfume claro entre enero y febrero, y pide suelo ácido y fresco, como la mimosa. Y entre los árboles pequeños, el almendro florece también en febrero, en blanco o rosa, y es una especie perfectamente asentada en el paisaje mediterráneo.

Para un seto o una pantalla de crecimiento rápido, que es el otro uso habitual de las acacias, el durillo (Viburnum tinus) es autóctono, perenne, florece en invierno y resiste bien tanto la caliza como la sequía.

Sobre los nombres

Se la llama mimosa, aromo, acacia francesa o alcaparro. El nombre de mimosa es el más extendido y también el más confuso, porque el género Mimosa es otro distinto: la sensitiva de jardín, Mimosa pudica, esa cuyas hojas se pliegan al tocarlas, no tiene nada que ver con este árbol más allá de pertenecer ambos a la familia de las leguminosas.

En floristería, las ramas que se venden como mimosa en enero y febrero proceden en su mayoría de cultivos en Francia e Italia, donde la especie también está naturalizada.

En resumen

Acacia dealbata es un árbol de hoja perenne bipinnada y color glauco, de 8 a 15 metros, que florece en cabezuelas amarillas y perfumadas entre febrero y marzo. Pide sol, suelo ácido y bien drenado, riego abundante durante el establecimiento y clima sin heladas fuertes.

Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por el Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe su venta, posesión y transporte en todo el territorio nacional. Fija nitrógeno, rebrota con fuerza al cortarla y su semilla germina en masa tras un incendio, de modo que su control exige un método adecuado y coordinación con la administración ambiental de cada comunidad autónoma. Para floración amarilla de invierno sin ese problema, el jazmín de invierno, el hamamelis y el almendro cubren el mismo efecto.


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