Sin unas semanas de invierno fresco, con temperaturas rondando los 10-15 ºC, un lichi no florece. Puede vivir treinta años, alcanzar los ocho metros, tener un aspecto espléndido y no dar un solo fruto. Ese requisito —frío suave, pero frío al fin y al cabo, en un árbol que no aguanta las heladas— explica por qué el lichi es un frutal subtropical y no tropical, y por qué en España solo funciona bien en una franja litoral muy concreta.

Qué es el lichi

Litchi chinensis pertenece a las sapindáceas, la misma familia que el longan (Dimocarpus longan), el rambután (Nephelium lappaceum) y, sorprendentemente, el castaño de Indias falso y el arce. Es originario del sur de China —Guangdong y Fujian—, donde se cultiva desde hace más de dos mil años y donde hay ejemplares documentados de varios siglos.

Se trata de un árbol perennifolio de copa redondeada y densa, que en su tierra llega a los 10-12 metros y en cultivo se mantiene entre 4 y 6. La hoja es compuesta paripinnada, con dos a cuatro pares de folíolos coriáceos, brillantes por el haz y de un verde grisáceo por el envés. Los brotes nuevos salen de un bronce rojizo llamativo antes de endurecerse, un rasgo ornamental por sí mismo.

Las flores son pequeñas, sin pétalos, blanco verdosas o amarillentas, reunidas en panículas terminales de hasta 30 cm que aparecen en primavera. Son muy melíferas: la miel de lichi es un producto apreciado en Asia. Aunque el árbol tiene flores funcionalmente masculinas y femeninas en la misma panícula, la coincidencia no siempre es perfecta y la presencia de abejas mejora mucho el cuajado.

Panícula en flor de Litchi chinensis

El fruto es una drupa de 2,5 a 4 cm, con un pericarpio rugoso de color rojo carmín, quebradizo, que se abre con la uña. Dentro hay un arilo blanco, traslúcido y jugoso —la parte comestible—, y una semilla marrón brillante. Cuanto más pequeña la semilla, más pulpa: las variedades de semilla atrofiada, llamadas "chicken tongue" en China, son las más valoradas.

Subespecies

Se reconocen tres subespecies. La cultivada en todo el mundo es Litchi chinensis subsp. chinensis, la china, que agrupa todas las variedades comerciales. La subsp. philippinensis, de Filipinas y Papúa, tiene frutos alargados con arilo escaso que apenas cubre la semilla y no se cultiva por su fruto. La subsp. javensis, del sudeste asiático insular, se cultiva de forma local en Indonesia y Malasia y tiene menos exigencia de frío invernal, lo que la hace interesante como fuente genética para zonas cálidas.

Variedades

Hay centenares en China, pero las que circulan por viveros occidentales son unas pocas:

  • 'Brewster' (Chen Zi). La más extendida en cultivo occidental y la que se ha ensayado en la costa de Málaga y Granada. Fruto grande, productiva, aunque con tendencia a alternar años buenos y malos.
  • 'Mauritius' (Tai So). Muy plantada en Sudáfrica, Israel y Australia. Cuaja con cierta facilidad y madura pronto, pero da bastante fruto sin semilla desarrollada y de menor calibre.
  • 'Kwai May Pink' y 'Kwai May Red' (Gui Wei). Calidad gustativa superior, semilla pequeña, floración algo más fiable.
  • 'Sweet Cliff' y 'Emperor'. Variedades de porte contenido, interesantes para jardín pequeño o maceta grande.
  • 'Bengal'. Vigorosa y de fruto grande, tolera algo mejor los suelos poco ideales.

La elección importa más de lo que parece: en un clima marginal como el español, una variedad con exigencia de frío alta simplemente no florecerá algunos años.

Dónde puede cultivarse en España

El lichi ocupa un hueco climático estrecho. Necesita inviernos frescos y secos pero sin heladas relevantes, y veranos cálidos y húmedos.

En cuanto a rusticidad, un árbol adulto y bien lignificado tolera puntualmente entre -2 y -3 ºC durante unas horas; por debajo se queman las hojas y los brotes tiernos. Un ejemplar joven de dos o tres años sufre daño serio ya en torno a 0 ºC y puede morir con -1 ºC. En términos de zonas USDA, se mueve con comodidad en la 10 y la 11, y es marginal en la 9b.

Eso deja como zonas viables la costa tropical de Granada y la Axarquía malagueña, donde ya hay parcelas comerciales conviviendo con el mango y el aguacate, algunos enclaves resguardados del litoral de Alicante, Murcia y Huelva, y las medianías bajas de Canarias. En Canarias aparece la limitación contraria: en zonas costeras muy templadas puede faltar el frío invernal necesario para inducir la floración, y el árbol vegeta sin dar.

Fuera de esas zonas, la opción realista es maceta grande, con el ejemplar al exterior de primavera a otoño y protegido en invernadero fresco o galería luminosa durante el invierno, a 8-15 ºC. Cuidado con el invernadero cálido: si el árbol no pasa frío, no habrá flor. Y conviene ser honesto: en maceta el lichi es un buen arbusto ornamental y una fructificación muy poco probable.

Ubicación y exposición

Pleno sol, en el sitio más abrigado disponible. El viento le sienta muy mal: reseca los brotes, daña las panículas en floración y desprende fruto en formación. En litoral, además, el viento salino quema el follaje, así que una barrera cortavientos es prácticamente obligatoria en parcelas expuestas.

Al plantar, deja 6-8 metros hasta otro árbol o edificación. El sistema radical es superficial y extendido, y compite mal con céspedes y setos plantados encima.

Tierra: el punto donde fracasa la mayoría de intentos

El lichi es una planta acidófila. Quiere suelo con pH entre 5,5 y 6,5, profundo, rico en materia orgánica, suelto y con drenaje impecable. Prospera en suelos aluviales y arenoso-limosos.

Y aquí está el problema real en la España mediterránea: buena parte de los suelos del litoral son calizos, con pH de 8 o más, y el agua de riego arrastra bicarbonatos que van subiendo el pH del bulbo húmedo con cada campaña. El resultado es una clorosis férrica persistente: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes, crecimiento detenido, brotes que se secan por la punta. Es el motivo por el que muchos lichis plantados en jardines del sur languidecen durante años sin explicación aparente.

Si el suelo es calizo, la corrección pasa por aportes generosos de materia orgánica ácida, acolchado permanente, acidificación del agua de riego y quelato de hierro EDDHA —el único que se mantiene estable a pH alto; el EDTA y el DTPA se degradan en suelo básico y no sirven de nada—, aplicado al suelo en dos o tres veces durante el ciclo. Aun así, en un suelo muy calizo el árbol vivirá siempre a disgusto: es más sensato plantarlo en un rincón de tierra ácida importada, en un cajón grande o en un talud de sustrato preparado.

Tampoco tolera la salinidad. Es sensible al cloruro y al sodio, y con aguas de conductividad alta aparecen quemaduras en el borde de la hoja antes que cualquier otro síntoma.

Riego

Raíces superficiales y hoja perenne se traducen en necesidad de humedad constante y en poca resistencia a la sequía. Al mismo tiempo, el encharcamiento le provoca podredumbre de raíz con rapidez. La regla es riegos frecuentes y de poco volumen, manteniendo el suelo fresco pero nunca saturado, preferiblemente por goteo con varios emisores repartidos bajo la copa.

En verano, con calor y viento seco, un adulto puede pedir riego cada dos o tres días en suelo ligero. En invierno se reduce mucho, y no solo por menor demanda: un período seco y fresco de otoño e invierno, con riego escaso, es parte del estímulo que induce la floración. Regar abundante en enero y febrero es una manera segura de tener un árbol frondoso y sin panículas.

El acolchado con paja, restos de poda triturados o corteza de pino, en una capa de 8-10 cm sin tocar el tronco, es de lo más rentable que se puede hacer por un lichi: estabiliza la humedad, protege las raíces superficiales del calor y aporta materia orgánica que acidifica poco a poco.

Abonado

Responde muy bien a la materia orgánica. Un aporte anual de estiércol bien hecho, compost o guano a finales de invierno, extendido bajo la copa y cubierto con el acolchado, cubre gran parte de las necesidades.

Si se complementa con abono mineral, conviene un equilibrado con microelementos en primavera, tras la floración, y un aporte más rico en potasio durante el llenado del fruto, que mejora calibre y color. En árboles jóvenes, dosis pequeñas y repetidas: es fácil quemar unas raíces tan superficiales.

Lo que hay que evitar es el nitrógeno en otoño. Provoca una brotación tardía que consume las reservas y sustituye la inducción floral por crecimiento vegetativo. Desde septiembre, nada de nitrógeno.

Multiplicación

La semilla de lichi es recalcitrante: pierde la viabilidad en tres o cuatro días fuera del fruto y no admite secado ni conservación. Se puede sembrar recién extraída, en sustrato ácido y con calor, y germina en una o dos semanas. Pero el árbol resultante no reproduce la variedad, tarda de ocho a quince años en dar fruto y con frecuencia da mal. Como experimento está bien; como método de propagación, no sirve.

El sistema tradicional chino, usado desde hace siglos y todavía el mejor, es el acodo aéreo. Se elige una rama de uno o dos años del grosor de un dedo, se le retira un anillo de corteza de unos 3 cm, se envuelve la herida con musgo esfagno o fibra de coco húmeda y se cierra con plástico y cinta. En primavera-verano, con calor, enraíza en dos o tres meses; entonces se corta por debajo y se planta. La ventaja es doble: conserva la variedad y produce a los tres o cuatro años.

También se usa el injerto de aproximación y el injerto lateral sobre patrón de semilla, más habitual en vivero profesional. El esqueje convencional enraíza mal y no es una vía práctica.

Poda

Poco y en el momento justo. En los primeros años se hace una poda de formación ligera: despuntar el eje para forzar tres o cuatro ramas principales bien repartidas y dejar la copa abierta.

Después, la poda anual se limita a aclarar ramas interiores, cruzadas o secas y a contener la altura para poder recolectar. El momento correcto es inmediatamente después de la cosecha, en julio, para que la brotación que sigue tenga tiempo de madurar antes del otoño. Una poda hecha en otoño o invierno elimina precisamente la madera donde se van a formar las panículas y deja el árbol sin cosecha.

De hecho, la recolección funciona como poda: el fruto se corta con un trozo de ramillo, lo que despunta el brote y estimula la brotación siguiente.

Recolección

Del cuajado a la maduración pasan entre 80 y 110 días. En el hemisferio norte, la cosecha cae entre junio y julio. El lichi no es climatérico: no madura después de cortarlo. Recogido verde, se queda ácido para siempre, así que hay que esperar a que el pericarpio esté completamente rojo, se haya alisado ligeramente y el sabor confirme el punto.

Racimo de frutos maduros de lichi

Se recolecta el racimo entero con tijera. Una vez cortado, el gran problema es el pardeamiento: la cáscara se deshidrata y pasa de rojo a marrón en dos o tres días a temperatura ambiente, aunque la pulpa siga en buen estado. Guardado en bolsa perforada dentro de la nevera, a 4-5 ºC y con humedad alta, aguanta dos o tres semanas con buen aspecto. Congelado entero, con cáscara, se conserva meses y se pela aún semihelado.

Un árbol adulto y bien situado puede dar entre 40 y 100 kg. Es normal cierta alternancia: tras un año de gran cosecha viene otro flojo, sobre todo si el invierno posterior fue templado.

Dos fisiopatías frecuentes en la fase final, que se confunden con enfermedades y no lo son: el agrietado del fruto, causado por riegos irregulares —sequía seguida de riego abundante— cuando el arilo crece más deprisa que la cáscara, y la caída de fruto joven en las semanas posteriores al cuajado, en parte natural y en parte agravada por estrés hídrico o viento seco.

Plagas

Ácaro del erinose (Aceria litchii). La plaga más específica y más dañina del lichi. Produce en el envés unas agallas aterciopeladas que pasan de blanco a pardo rojizo, deformando hoja y panícula. Se propaga con el material vegetal, así que la primera medida es comprar planta sana; después, poda y quema de las partes afectadas y tratamientos acaricidas específicos.

Araña roja (Tetranychus urticae). Habitual en veranos secos y calurosos, muy típica del clima mediterráneo. Punteado amarillento en el haz y telilla en el envés. Ayuda mucho subir la humedad ambiental con pulverizaciones de agua sobre el follaje al atardecer y no abusar de insecticidas de amplio espectro, que eliminan a los ácaros depredadores.

Cochinillas algodonosas y de escudo en ramas y envés, con la melaza y la negrilla asociadas. Pulgones en los brotes tiernos de primavera.

Mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata). Pica el fruto cuando empieza a colorear. En zonas citrícolas y de frutal subtropical es un problema real; el trampeo masivo con mosqueros funciona bien en árboles aislados.

Y no hay que olvidar a los pájaros, que localizan un lichi maduro con una eficacia notable. En un solo ejemplar, una malla es la solución más barata.

Enfermedades

Podredumbre de raíz y cuello por Phytophthora spp. Es la causa más frecuente de muerte súbita de lichis en jardín, casi siempre por exceso de riego o suelo pesado. Se previene con drenaje, plantación sobre caballón y sin mojar el tronco; una vez declarada, apenas hay remedio.

Antracnosis (Colletotrichum gloeosporioides). Manchas oscuras en hoja y fruto y podredumbre en poscosecha, favorecida por humedad y follaje denso. Poda aireada y tratamientos cúpricos preventivos.

Mildiu velloso del lichi (Peronophythora litchii). Grave en países productores húmedos, causa podredumbre del fruto en la rama. No es un problema habitual en el clima seco del sureste español, pero conviene conocerlo.

Y una precisión: la clorosis férrica, el amarilleo que más se ve en lichis españoles, no es una enfermedad y no se soluciona con fungicidas. Es un problema de pH del suelo.

Usos

En la cocina, el lichi se come sobre todo fresco, recién pelado. Su arilo es dulce con un fondo floral, algo perfumado, con acidez baja; unos 66 kcal por cada 100 g y un contenido notable de vitamina C. Se emplea en macedonias, sorbetes y helados, en almíbar (la presentación en conserva más común), en cócteles, en salsas agridulces para cerdo y pato, y encaja bien con lima, jengibre, coco y frutos rojos. En China también se consume seco, la llamada "nuez de lichi", con la pulpa reducida a una pasa oscura y muy aromática.

Hay un punto sanitario que merece mención porque no es folclore: el fruto inmaduro contiene hipoglicina A y metilenciclopropilglicina, compuestos que bloquean la gluconeogénesis. En brotes de encefalopatía hipoglucémica infantil descritos en la India y Bangladés, el factor común fue el consumo de grandes cantidades de lichis verdes por niños desnutridos y en ayunas. Con fruta madura, en cantidades normales y con la dieta habitual, no hay riesgo alguno. Otra razón más para recolectar en su punto.

Fuera de la cocina, el lichi es un árbol ornamental de primer orden en climas donde puede vivir: copa densa y brillante, brotación bronceada, floración melífera y frutos rojos vistosos. La madera es dura y de buena calidad, aunque rara vez se destina a eso.

En resumen

El lichi es cultivable en España, pero solo en la franja litoral libre de heladas fuertes —costa tropical de Granada, Axarquía, enclaves resguardados del sureste y medianías de Canarias— y con dos condiciones que suelen ignorarse. La primera: necesita un invierno fresco y seco, con unas semanas por debajo de 15 ºC, para inducir la floración; sin ese estímulo el árbol crece pero no da fruto. La segunda: es acidófilo, y en los suelos calizos y con agua bicarbonatada del Mediterráneo acaba en clorosis férrica crónica si no se corrige con materia orgánica, acolchado y quelato EDDHA.

El resto es coherente con eso. Sitio soleado y abrigado del viento, riego frecuente y ligero en verano y escaso en invierno, abonado orgánico y nada de nitrógeno a partir de septiembre. Multiplícalo por acodo aéreo, no por semilla. Poda justo después de la cosecha y nunca en invierno. Recoge cuando el fruto esté completamente rojo, porque no madura una vez cortado, y guárdalo en la nevera o en el congelador para frenar el pardeamiento de la cáscara. Con esas piezas en su sitio, un lichi bien plantado empieza a dar hacia el cuarto año y puede pasar de los cuarenta kilos siendo adulto.


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