En el sur peninsular hay almendros en flor a mediados de enero. Ese dato, por sí solo, explica por qué la poda del almendro (Prunus dulcis) da tantos disgustos: la ventana de poda invernal que en un manzano dura cuatro meses, aquí se queda en unas pocas semanas, y quien espera al típico "final del invierno" se encuentra el árbol florecido y la decisión tomada por el árbol.
Pero la fecha no es el único condicionante. En los frutales de hueso, el momento del corte tiene tanto que ver con la sanidad de la herida como con el calendario vegetativo, y ahí es donde la práctica tradicional española y lo que hoy se recomienda no siempre coinciden.
La poda de invierno y su ventana real
La poda de invierno se hace con el árbol sin hoja y en reposo. En el almendro eso significa, en la práctica, desde la caída de la hoja hasta que las yemas de flor empiezan a hincharse. Ni un día después: cortar sobre yema hinchada o flor abierta supone tirar cosecha y dejar heridas en un momento en que la madera está movilizando reservas.
Cuándo se cierra esa ventana depende por completo de la variedad y de la comarca:
Las variedades tradicionales de floración extratemprana, como Desmayo Largueta o Desmayo Rojo, pueden abrir flor a mediados o finales de enero en el valle del Ebro y en Andalucía. Con ellas, la poda tiene que estar terminada en diciembre.
Las variedades de floración tardía seleccionadas en las últimas décadas —Guara, Ferragnès, Lauranne, Marinada, Soleta, Belona, Vairo— florecen entre mediados de febrero y marzo. Las más tardías del grupo, como Mardía o Penta, se van a marzo bien entrado. Ahí sí hay margen para podar en enero y hasta febrero.
Y hay un límite meteorológico: no se poda con helada ni con heladas fuertes previstas en los días siguientes. La madera congelada se desgarra en lugar de cortarse limpiamente y las heridas frescas son puerta de entrada al frío y a los hongos. Si en enero hay -4 °C de madrugada, se espera a que suba la temperatura.
Por qué podar tarde y en seco es más seguro
Aquí está la parte que se suele pasar por alto. El almendro es un Prunus, y los Prunus tienen un problema serio con los patógenos de madera que entran por las heridas de poda: la chancrosis (Phomopsis amygdali), los chancros por Botryosphaeria, la Eutypa lata, el plateado (Chondrostereum purpureum) y el chancro bacteriano (Pseudomonas syringae). Todos ellos dispersan su inóculo con la lluvia y colonizan las heridas mientras siguen abiertas.
De ahí dos consecuencias prácticas:
Se poda siempre en tiempo seco, con previsión de varios días sin lluvia. Podar la víspera de un temporal de otoño equivale a inocular la parcela entera de chancros.
Es mejor podar tarde que pronto. Un corte hecho a finales de enero cicatriza en semanas, porque el árbol está a punto de arrancar; el mismo corte en noviembre pasa tres meses abierto y sin capacidad de formar callo, expuesto a todas las lluvias del invierno. La costumbre de aprovechar los ratos muertos de noviembre para podar es cómoda, no es buena.
La alternativa que gana terreno: podar en verde
Cada vez más plantaciones han desplazado buena parte del trabajo fuera del invierno. Se llama poda en verde y tiene dos momentos:
Mayo-junio. Con el fruto ya cuajado y en crecimiento, se eliminan chupones, brotes mal orientados y competencias del eje. Son cortes sobre madera tierna, que apenas dejan herida, y el árbol responde cicatrizando en días. En árboles jóvenes en formación, este pase ahorra la mitad de la poda de invierno siguiente.
Después de la recolección, entre finales de agosto y septiembre según variedad y zona. El árbol conserva hoja y capacidad de cicatrizar, el ambiente es seco y todavía no ha empezado la dispersión otoñal de esporas. Es la ventana preferida para los cortes de cierta entidad en plantaciones de riego y en seto, donde además se realiza el recorte mecánico lateral y de altura.
Hay un matiz: la poda en verde resta hoja al árbol justo cuando está acumulando reservas para el año siguiente, así que no conviene excederse. Se usa para dirigir y aclarar, no para reducir volumen de forma drástica.
Cuánto podar depende de dónde fructifique la variedad
Esto condiciona el resultado tanto como la fecha. El almendro produce en dos sitios distintos:
En ramilletes de mayo, formaciones cortas y muy productivas que viven unos cuatro o cinco años y que se agotan y mueren si quedan sombreadas.
En brindillas y ramos mixtos, madera del año anterior.
El reparto entre uno y otro varía mucho: Marcona y buena parte de las variedades tradicionales fructifican sobre todo en ramillete, mientras que otras cargan bastante sobre madera de un año. La consecuencia es directa: en una variedad de ramillete, un despunte generalizado de los brotes del año hace poco daño, pero eliminar ramas interiores viejas se lleva por delante la producción; en una variedad que fructifica en madera de un año, recortar sistemáticamente las brindillas es cortar la cosecha con la tijera.
La regla común a todas: lo que mata al ramillete es la sombra. La poda del almendro es, ante todo, una poda de entrada de luz.
La poda según la edad del árbol
Formación (años 1 a 3-4). Se define la estructura. En plantación tradicional de secano, vaso de tres brazos con cruz a 70-90 cm. En intensivo y superintensivo se ha impuesto el eje central, más rápido de formar y más fácil de recolectar mecánicamente. Se hace en invierno, pero conviene apoyarla con desbrotados en verde en mayo, que evitan cortes gruesos después.
Producción. Poda ligera y anual: retirar madera seca, ramas rotas, chupones verticales y lo que se cruce o dé sombra al interior. Un almendro adulto bien llevado necesita muy poca tijera. Aquí está el error más repetido del aficionado: podar fuerte cada año. El almendro responde a la poda severa con brotes vigorosos, verticales y estériles, que a su vez piden más poda al año siguiente. Se entra en un bucle en el que el árbol crece mucho y produce poco.
Rejuvenecimiento. En árboles viejos, con ramilletes agotados y producción solo en la periferia, se rebajan ramas gruesas para provocar brotación nueva. Estos cortes se hacen a finales del invierno, nunca en otoño, y repartidos en dos o tres campañas. Rebajar un almendro centenario de golpe suele terminar en un árbol lleno de chupones o directamente muerto.
Cómo cortar, y qué hacer con la herida
El corte se da pegado al rodete de la rama, ese anillo abultado de la base, sin dejar tocón y sin rebanar el rodete: es el tejido que genera el callo. Un tocón de cinco centímetros se seca, se pudre y conduce la podredumbre hacia el interior de la rama madre.
Las herramientas se desinfectan al pasar de un árbol a otro si hay chancros o plateado en la parcela; alcohol de 70° o lejía diluida bastan. Y afiladas: un corte desgarrado tarda el doble en cerrar.
Sobre los selladores conviene deshacer un mito. Untar mástic en todos los cortes no es necesario ni siempre beneficioso: en heridas pequeñas y limpias puede retener humedad debajo y favorecer la pudrición. En cortes grandes sobre Prunus sí tiene sentido proteger, y preferiblemente con un producto que incorpore fungicida. Pero la mejor protección es no verse obligado a hacer cortes grandes, y eso se consigue podando poco y todos los años en lugar de mucho y de tarde en tarde.
Un apunte sobre la goma
Si tras la poda aparecen exudados de goma ámbar en los cortes, no es "savia" ni una reacción normal que haya que ignorar. La gomosis en Prunus señala estrés o infección: cortes mal hechos, exceso de poda, encharcamiento, heladas o un chancro instalado. Merece la pena revisar la madera bajo el exudado y, si está oscurecida, retirar la rama hasta tejido sano en verano, con tiempo seco.
En resumen
Los almendros se podan en invierno, con el árbol sin hoja y antes de que las yemas de flor se hinchen, lo que en variedades tempranas como Desmayo Largueta obliga a terminar en diciembre y en tardías como Guara o Mardía permite llegar a enero o febrero. Dentro de esa ventana, siempre lo más tarde posible y siempre en tiempo seco y sin heladas, porque la herida es la puerta de entrada de la chancrosis y el resto de hongos de madera. Cada vez más trabajo se traslada a la poda en verde de mayo-junio y a la que sigue a la recolección, en agosto-septiembre, con heridas que cicatrizan mucho mejor. Y en cantidad, poco y cada año: el almendro adulto agradece una poda de aclareo que deje entrar la luz hasta los ramilletes interiores, no una tala periódica que solo produce chupones.