Lo primero que hay que decidir sobre una higuera no es cuándo plantarla, sino dónde. Sus raíces son superficiales, vigorosas y rastreras, y en un suelo suelto pueden recorrer más de diez metros desde el tronco buscando humedad: se meten en juntas de solera, en arquetas, en fosas sépticas y bajo los pavimentos. Plantar una Ficus carica a dos metros de la casa es sembrar una obra para dentro de quince años. Con esa distancia resuelta, lo demás es fácil, porque pocos frutales piden tan poco a cambio de tanto.
Qué es exactamente una higuera
Ficus carica pertenece a la familia de las moráceas, la misma que la morera, y es pariente de los ficus de interior, aunque su comportamiento sea el opuesto: pierde la hoja en invierno y aguanta el frío. Es un árbol pequeño o arbustivo, de 3 a 8 metros según variedad y manejo, de crecimiento rápido, madera blanda y látex blanco irritante en hojas y frutos verdes, algo a tener en cuenta si se recolecta con piel sensible y sol fuerte.
Lo que llamamos higo no es un fruto en sentido botánico, sino un sicono: una inflorescencia carnosa cerrada sobre sí misma, con las flores mirando hacia dentro y un ostiolo, el ojo, en el extremo. De ahí vienen algunas de sus peculiaridades, empezando por la polinización.
En cuanto a rusticidad, la higuera aguanta bien heladas de -10 °C con el árbol en reposo; por debajo de -12 o -15 °C empieza a perder ramas y en ejemplares jóvenes puede helarse la parte aérea entera, aunque suele rebrotar desde la base. Lo delicado no es el invierno sino la primavera: una helada tardía en abril quema la brotación tierna y con ella la cosecha de brevas de ese año. En la mayor parte de la Península se cultiva sin problemas; en zonas de interior frío conviene buscarle un muro orientado al sur que acumule calor.
¿Hace falta plantar dos higueras?
No. Es una duda razonable, porque en la bibliografía aparece constantemente la caprificación, la polinización de los higos por una avispa diminuta, Blastophaga psenes, que vive dentro de los higos silvestres del cabrahigo.
La aclaración es esta: existen tres tipos de higuera cultivada. Las de tipo común, que son las que se plantan en jardines y huertos españoles, son partenocárpicas: cuajan los higos sin polinización y sin ninguna avispa cerca. Las de tipo Esmirna sí necesitan caprificación obligatoria y son un cultivo especializado, con cabrahigos plantados o con collares de higos silvestres colgados de las ramas. Las de tipo San Pedro dan la primera cosecha sin polinizar y la segunda solo con ella.
Si compras en vivero una Cuello de Dama, una Colar (Napolitana), una Bordissot, una Brown Turkey, una Verdal o una Martinenca, tienes una higuera común y un solo árbol producirá perfectamente.
Brevas e higos: elegir variedad con criterio
Conviene entender la diferencia antes de comprar, porque condiciona el árbol que tendrás.
Las brevas son los frutos que se forman en madera del año anterior: quedan esbozados en otoño como yemas del tamaño de un guisante, pasan el invierno en la rama y maduran en junio. Son más grandes y menos dulces. Los higos nacen sobre los brotes del año en curso y maduran de agosto a octubre. Son más pequeños, más azucarados y mucho más numerosos.
Las variedades bíferas o reflorescentes dan las dos cosechas: Cuello de Dama Blanco, Colar, Bordissot Negra Rimada, Brown Turkey. Las uníferas dan solo la cosecha de otoño, normalmente más abundante y de mejor calidad: es el caso de la Calabacita o Bufala usada para higo seco en Extremadura, o de muchas verdales.
Para un jardín, una bífera de piel oscura y carne roja rinde más satisfacción porque alarga la temporada. Y en cualquier caso, planta variedades de tu zona: la higuera es un cultivo con una diversidad local enorme y las variedades tradicionales de cada comarca están adaptadas a su clima y a sus lluvias de agosto.
Suelo, sol y distancias
La higuera es de una tolerancia notable en cuanto a suelo. Vive en terrenos calizos, pedregosos, pobres y con pH entre 6 y 8, y de hecho los higos de mejor sabor salen de suelos secos y esqueléticos. Se la ve prosperar en taludes y en grietas de muros de piedra.
Lo único que no perdona es el encharcamiento. En suelos arcillosos con drenaje malo se asfixia y aparecen podredumbres de cuello. Si tu terreno retiene agua tras las lluvias, plántala en caballón, elevando el punto de plantación 20 o 30 cm sobre el nivel general.
Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra vegeta y produce higos aguados que no llegan a madurar bien. Y las distancias: mínimo 6-8 metros de edificaciones, muros, alcantarillado, piscinas y soleras, y otro tanto entre árboles si plantas varios, porque una higuera libre ocupa un diámetro considerable. También conviene alejarla de la zona de aparcamiento, porque en verano gotea látex y los higos caídos manchan.
Cuándo plantarla
Con el árbol en parada vegetativa. En raíz desnuda, entre noviembre y febrero, evitando las semanas de heladas fuertes; en zonas frías de interior es preferible esperar a febrero o principios de marzo, justo antes de la brotación, para que no pase el invierno con las raíces recién cortadas en suelo helado.
Si la compras en contenedor, la ventana se amplía a todo el otoño y el invierno. Se puede plantar en primavera, pero entonces el árbol tendrá que afrontar su primer verano con el sistema radicular sin desarrollar y dependerá por completo del riego. Plantar una higuera en julio es una mala idea salvo que tengas riego automático y sombra provisional.
Cómo se planta, paso a paso
Abre un hoyo de unos 60 x 60 x 60 cm, más generoso si el terreno está compactado, y rompe las paredes y el fondo para que no queden alisadas. En terreno duro, cavar el hoyo con antelación, incluso un mes antes, ayuda a que la tierra se airee.
Mezcla la tierra extraída con compost o estiércol bien hecho, en torno a un tercio del volumen, y reserva la mezcla más grosera para el fondo. Nunca pongas estiércol fresco en contacto con las raíces. La higuera no necesita un suelo rico y un exceso de materia orgánica nitrogenada al plantar solo produce ramas largas y blandas.
Coloca el árbol de modo que el cuello quede al nivel del suelo. Enterrarlo es el error más frecuente y más difícil de deshacer: provoca podredumbres en la base y, si el ejemplar está injertado (algo poco habitual, porque la higuera casi siempre va de estaca autoenraizada), permite que el patrón se imponga. Recuerda que la tierra removida se asienta unos centímetros, así que planta ligeramente alto.
Si es de raíz desnuda, extiende las raíces en abanico sobre un cono de tierra en el fondo del hoyo y recorta las puntas rotas. Merece la pena sumergirlas antes unas horas en agua, o embarrarlas en una lechada de tierra y agua.
Rellena por capas afirmando la tierra con el pie sin llegar a compactarla, forma un alcorque amplio y da un riego de asiento abundante, de 30 a 50 litros aplicados despacio. Ese riego no es para hidratar: sirve para que la tierra se meta entre las raíces y desaparezcan las bolsas de aire. Termina con 5-10 cm de acolchado (paja, restos de poda triturados, corteza) dejando un anillo libre alrededor del tronco.
Si el plantón viene como una vara sin ramificar, córtalo a unos 60-80 cm de altura para forzar la brotación baja y formar el vaso desde el principio. Una higuera con las primeras ramas a dos metros es una higuera que no podrás recolectar.
Plantarla a partir de una estaca
No hace falta comprar el árbol. La higuera es de los frutales más fáciles de multiplicar y el método normal en el campo ha sido siempre la estaca.
En enero o febrero, con el árbol sin hojas, corta de una rama de uno o dos años un trozo de 25-35 cm con tres o cuatro yemas y del grosor de un dedo. El corte inferior, justo por debajo de una yema; el superior, en bisel y por encima de otra, para no confundir el sentido. Entiérrala en una maceta grande o directamente en el sitio definitivo, dejando fuera solo la yema superior, y mantén el sustrato apenas húmedo. No necesita hormonas de enraizamiento. Enraíza en primavera con una tasa de éxito alta, y para asegurar suele plantarse más de una.
También funcionan el acodo aéreo en primavera y el trasplante de los hijuelos que brotan del pie de un árbol adulto, separados con un trozo de raíz en invierno. Lo que no tiene sentido es sembrar semillas de higo: tardan años, dan plantas de calidad impredecible y buena parte serán cabrahigos machos que no producirán higos comestibles.
Una higuera de estaca empieza a dar algún higo al segundo o tercer año y entra en producción seria hacia el cuarto o quinto.
En maceta y en patios pequeños
Se puede, y además la restricción de raíces la hace fructificar antes. Necesita un contenedor de 40 litros como mínimo, mejor 60-80, con buenos agujeros de drenaje y un sustrato que no se apelmace: tierra de jardín, compost y un 20-30 % de arena gruesa o perlita.
La contrapartida es que en maceta sí depende del riego, a diario en pleno verano, y agradece un abonado equilibrado cada dos o tres semanas en primavera y verano, con potasio suficiente. Cada dos o tres años hay que sacarla en invierno, recortar el cepellón por los lados y renovar el sustrato. En el patio puedes aprovechar además que la maceta se mueve: en zonas frías, arrimarla a una pared soleada.
Los primeros años: riego, abonado y poda
Durante los dos primeros veranos riega en profundidad cada semana o diez días, con volúmenes generosos y espaciados en lugar de poco y a diario. Pasado ese periodo, en gran parte de España una higuera vive de secano sin ningún problema. Si quieres higos grandes, un riego de apoyo durante el engorde, en julio y agosto, marca diferencia.
Cuidado con el punto contrario, que es un error muy común: una higuera regada y abonada en exceso da hojas espectaculares e higos insulsos. El agua abundante justo en la maduración, o una tormenta de agosto, hace que los frutos se agrieten y fermenten en el árbol. La higuera es un frutal de sed.
De abonado, una aportación de compost o estiércol maduro en el alcorque cada otoño es suficiente en suelo de jardín. Evita los abonos ricos en nitrógeno.
La poda se hace en invierno, y con mano ligera: formar el vaso, eliminar ramas secas, cruzadas o mal orientadas, y aclarar el centro para que entre la luz. Aquí hay que tener presente lo que ya vimos: si podas a fondo la madera del año anterior, te quedas sin brevas. Quien quiera las dos cosechas debe respetar buena parte de esos brotes. La higuera cicatriza mal los cortes gruesos, así que es preferible una poda de mantenimiento anual y suave que un repaso severo cada cinco años. Los rebrotes de la base se eliminan a ras.
Problemas que te vas a encontrar
Mosca negra del higo (Silba adipata). Es el enemigo serio. Pone los huevos en el ostiolo, las larvas se desarrollan dentro y el higo se pudre y cae antes de madurar. Se combate con trampas cromáticas y de atrayente alimentario colocadas antes de que empiece la maduración, y sobre todo retirando y destruyendo todos los higos caídos, que es donde se cierra el ciclo. La mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) también pica los higos maduros.
Roya (Cerotelium fici). Manchas amarillentas en el haz y pústulas anaranjadas en el envés, con defoliación a final de verano. Aparece en veranos húmedos y en árboles con la copa muy cerrada. Se previene aclarando la copa y recogiendo la hoja caída.
Cochinillas, sobre todo Ceroplastes y cochinilla algodonosa, en ramas y envés. Con la copa aireada y sin exceso de nitrógeno rara vez pasan de anecdóticas.
Pájaros. Mirlos y estorninos localizan un higo maduro antes que tú. En árboles pequeños se puede poner malla; en uno grande, la solución realista es recolectar cada día y a primera hora.
Un apunte de recolección: el higo no madura después de cortado. Se recoge cuando el cuello se dobla, la piel se agrieta ligeramente y el fruto cede a la presión de los dedos. Cortado verde, ya no mejora.
En resumen
Elige el sitio pensando en las raíces y deja al menos 6-8 metros hasta cualquier construcción o conducción. Plántala a pleno sol, en invierno si va a raíz desnuda o en otoño-invierno si es de contenedor, en un hoyo amplio de tierra bien removida y con el cuello a ras de suelo. Riega de asiento a conciencia, acolcha y forma el vaso bajando la altura del plantón. Basta con un árbol, porque las variedades comunes españolas cuajan sin polinización. Riega los dos primeros veranos y después déjala pasar sed, que es lo que concentra el azúcar. Poda poco y en invierno, respetando la madera del año anterior si quieres brevas. Y si puedes conseguir una estaca de una buena higuera del pueblo, plántala: te saldrá gratis y sabrás exactamente qué higo vas a comer.