Un fruto de cidra puede pesar cerca de dos kilos y dar apenas medio vaso de zumo. Ese desajuste entre tamaño y jugo no es un defecto del árbol: es exactamente lo que se busca. En la cidra lo valioso es la corteza, esa capa blanca gruesa y perfumada que en el resto de cítricos se tira. Quien la planta esperando limones grandes se lleva un chasco; quien la planta sabiendo lo que es, tiene uno de los frutales más agradecidos y decorativos que caben en un patio.

Qué es exactamente la cidra

La cidra es el fruto de Citrus medica, un arbolito o arbusto grande de la familia de las rutáceas. Su interés va mucho más allá de lo culinario: junto con el pummelo (Citrus maxima) y la mandarina (Citrus reticulata), la cidra es una de las tres especies ancestrales de las que descienden por hibridación casi todos los cítricos que comemos. El limón, la lima o la naranja amarga llevan genes de cidra. Es, literalmente, un abuelo del limonero.

Llegó al Mediterráneo mucho antes que los demás cítricos, probablemente hacia el siglo IV a. C., desde el noreste de la India, y durante siglos fue el único cítrico conocido en Grecia y Roma. Por eso el epíteto medica: se creía que venía de Media, en el actual Irán, que en realidad solo fue una escala del camino.

Fruto de cidra (Citrus medica) maduro en el árbol

El malentendido del nombre: dos cidras distintas

Aquí conviene aclarar algo que despista a muchísima gente al buscar información. En España, la palabra "cidra" designa dos cosas que no tienen ningún parentesco:

Por un lado está la cidra cítrica, Citrus medica, la de este artículo. Por otro, la cidra cayote o alcayota, que es una calabaza trepadora, Cucurbita ficifolia, de corteza verde jaspeada de blanco y pulpa fibrosa. De esa calabaza, y no del cítrico, se hace el cabello de ángel que rellena las ensaimadas y los pasteles de hojaldre. Es un error muy repetido atribuir el cabello de ángel al cítrico. La confitura que sí se hace con Citrus medica es otra cosa: la corteza cortada en tiras y escarchada, la clásica "cidra confitada" o succade de la repostería navideña europea.

Si compras semillas o planta por internet, comprueba el nombre científico. La confusión entre una rutácea perenne y una cucurbitácea anual de siembra en primavera es más frecuente de lo que parece.

Cómo es la planta

Es el cítrico de porte más irregular y desgarbado. Forma un arbusto o arbolito de 2 a 4 metros, rara vez 5, con ramas abiertas, algo colgantes y provistas de espinas robustas en las axilas de las hojas. Nunca hace la copa densa y redondeada de un naranjo: tiende a desmadejarse, y eso es normal.

Las hojas son grandes, coriáceas, de borde ligeramente aserrado, y con un detalle que la delata: el peciolo no tiene ala ni articulación marcada, a diferencia del naranjo o el limonero. Los brotes tiernos y los botones florales son teñidos de púrpura, un carácter que la distingue a simple vista de casi cualquier otro cítrico, de flor blanca pura. La flor es grande, muy perfumada, y aparece en varias oleadas a lo largo del año: en un mismo pie es normal ver flor, fruto cuajado y fruto maduro a la vez.

El fruto es ovalado o cilíndrico, con la superficie a menudo rugosa o abollada, de 10 a 25 cm y hasta un par de kilos. Bajo la piel amarilla hay un albedo blanco enorme, dulzón y nada amargo si la variedad es buena, y en el centro unos gajos pequeños, secos y ácidos. La corteza contiene una cantidad de aceites esenciales muy superior a la de un limón: un solo fruto perfuma una habitación entera durante semanas.

Variedades que vas a encontrar

La más comercializada como ornamental es la mano de Buda (Citrus medica var. sarcodactylis), cuyo fruto se divide en dedos alargados y carece prácticamente de pulpa: es todo corteza aromática. Está también la cidra Etrog, de uso ritual en la festividad judía de Sucot, seleccionada durante siglos por la perfección de su piel. Y las cidras de pulpa dulce o "diamante" del sur de Italia, que se comen crudas en rodajas, albedo incluido, aliñadas con aceite y sal.

Dónde plantarla en España

Este es el punto que decide el éxito. La cidra es el cítrico más friolero de todos, más que el limonero e incomparablemente más que el mandarino. Los brotes tiernos se queman ya en torno a −1 °C y con −3 o −4 °C mueren ramas enteras; una helada de −6 °C mata el árbol entero. No hay variedad rústica: no existe.

Eso deja como zonas de plantío al aire libre el litoral mediterráneo, el sur de Andalucía, Baleares y Canarias, y siempre en posiciones abrigadas, junto a un muro orientado al sur o al sureste que devuelva calor por la noche. En la meseta, en el interior de Aragón, en Castilla o en la cornisa cantábrica con heladas, la única opción sensata es el cultivo en maceta con invernada bajo cubierto.

Necesita sol directo abundante —seis horas como mínimo— y, sobre todo, protección del viento. Las hojas grandes se desgarran y el árbol se deshidrata con facilidad en zonas ventosas.

Suelo y riego

Quiere un suelo suelto, profundo y con drenaje impecable, y un pH ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 7. En los suelos calizos de buena parte de España aparece antes o después la clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes marcados, empezando siempre por las hojas nuevas. Se corrige con quelato de hierro EDDHA —es el único que se mantiene disponible por encima de pH 7; los quelatos EDTA no sirven en suelo calizo—, aplicado en riego a comienzos de primavera.

El riego es frecuente pero nunca encharcante. En plena canícula del Levante o el valle del Guadalquivir, un ejemplar adulto en suelo puede pedir riego cada dos o tres días; en maceta, a diario. En invierno se reduce mucho, pero no se suspende: los cítricos no entran en reposo verdadero y una maceta seca en enero pierde hojas igual que en agosto. La regla práctica es meter el dedo cuatro o cinco centímetros en el sustrato y regar solo si está seco a esa profundidad.

El error clásico es el contrario del que se supone: se mata más cidros por asfixia radicular que por sed. El agua estancada en el fondo de la maceta o en un hoyo de plantación excavado en arcilla provoca podredumbre de raíz por Phytophthora, y cuando las hojas amarillean por esa causa la reacción instintiva de regar más remata el árbol.

Abonado

Al florecer y fructificar casi todo el año, la cidra consume mucho. Conviene un abono específico para cítricos, rico en nitrógeno y con micronutrientes (hierro, manganeso, zinc), aplicado desde marzo hasta septiembre. En maceta, líquido cada 15 días a la dosis de la etiqueta; en suelo, granulado de liberación lenta en dos o tres aportes, a comienzos de primavera, a principios de verano y a finales de agosto.

A partir de octubre se corta el abonado nitrogenado. Seguir abonando en otoño provoca brotaciones tardías, tiernas y acuosas que llegan al invierno sin lignificar y se queman con la primera helada. Es una causa de daño por frío mucho más frecuente que el frío en sí.

Poda

Poco y con criterio. La cidra fructifica en madera del año y en ramillas cortas, de modo que una poda severa cuesta cosecha. Lo que sí hay que hacer, a finales de invierno o inicio de primavera, cuando ya no se esperan heladas:

Eliminar ramas secas, cruzadas o que rocen entre sí. Aclarar el interior para que entre luz y aire, porque la humedad estancada en el centro de la copa es la puerta de entrada de la cochinilla. Quitar los chupones que salgan por debajo del injerto en cuanto asomen: si el patrón es naranjo amargo o citrange, esos brotes vigorosos acaban dominando el árbol y sustituyéndolo. Y acortar las ramas colgantes que toquen el suelo, por donde suben hormigas y hongos.

Las espinas son de verdad. Guantes de cuero y gafas, sin bromas.

Flor de Citrus medica con los botones teñidos de púrpura

Cultivo en maceta

Es una planta que acepta bien el contenedor, sobre todo la mano de Buda, de porte más contenido. Necesita un recipiente de 40 a 60 litros como mínimo para un ejemplar adulto, con agujeros de drenaje generosos y sin plato bajo la maceta en invierno.

El sustrato debe drenar rápido: sirve una mezcla de sustrato para cítricos con un 25-30 % de perlita o arena gruesa de río lavada. Se trasplanta cada dos o tres años, a comienzos de primavera, subiendo un solo número de maceta y aprovechando para recortar las raíces que giren en espiral en el fondo.

La invernada es lo delicado. Necesita un sitio fresco pero sin heladas, entre 5 y 12 °C, y muy luminoso. Meterla al salón junto al radiador es el fallo habitual: el aire seco y caliente dispara la araña roja y provoca caída masiva de hojas. Un invernadero frío, una galería acristalada sin calefacción o un porche cerrado funcionan mucho mejor.

Multiplicación

La cidra tiene una ventaja poco conocida frente a otros cítricos: enraiza con facilidad por estaca. Se toman esquejes semileñosos de 20-25 cm en primavera o a finales de verano, se eliminan las hojas inferiores, se moja la base en hormona de enraizamiento y se plantan en perlita o en una mezcla de turba y arena, con humedad ambiental alta y a media sombra. Enraizan en cuatro a ocho semanas. Es el método tradicional en Italia y en Israel, y da plantas idénticas a la madre.

Por semilla también germina, pero conviene saber que Citrus medica es monoembriónica: cada semilla da un único embrión, de origen sexual, así que la descendencia no es clon de la madre y sale variable. Además tarda muchos años en fructificar. Como experimento está bien; como forma de conseguir una variedad concreta, no sirve.

El injerto se usa cuando interesa la resistencia del patrón —a la caliza, a la asfixia o a la tristeza— y en España se emplea sobre citrange Carrizo o citrumelo. Ojo: la cidra es sensible al virus de la exocortis, de manera que hay que partir de material certificado y desinfectar las herramientas de poda entre árboles.

Plagas y problemas frecuentes

Las mismas que afectan al resto de cítricos, y por las mismas razones.

Cochinillas (Planococcus citri, el cotonet, y las de escudo como Saissetia oleae): se instalan en el envés y en las axilas, y su melaza atrae hormigas y provoca negrilla. Se tratan con aceite de parafina o jabón potásico en pulverización cubriendo bien el envés, y controlando las hormigas en el tronco.

Minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella): deja galerías plateadas y serpenteantes en las hojas nuevas de verano. En árbol adulto es más feo que grave y no requiere tratamiento; en planta joven puede frenar el crecimiento, y ahí sí se justifica intervenir.

Pulgón en las brotaciones de primavera, mosca blanca algodonosa y araña roja en ambientes secos y cálidos, especialmente en las plantas invernadas en interior.

De los problemas no parasitarios, los tres grandes son la clorosis férrica ya mencionada, la gomosis por Phytophthora —exudados de goma en la base del tronco, casi siempre por plantar demasiado hondo o mojar el cuello— y el rajado del fruto, que aparece cuando a una sequía larga le sigue un riego abundante o una tormenta. Contra este último no hay producto: solo regularidad en el riego y acolchado que amortigüe las oscilaciones de humedad del suelo.

Recolección y aprovechamiento

El fruto tarda entre seis y ocho meses desde la flor hasta la madurez, así que la campaña principal cae en otoño e invierno, aunque con las floraciones sucesivas siempre hay algo. Está listo cuando la piel ha virado a amarillo intenso y cede muy ligeramente a la presión; se corta con tijera dejando un trozo de pedúnculo, nunca tirando, porque al arrancar se abre una herida por donde entran los hongos de conservación.

En la cocina se usa la corteza: confitada en almíbar, rallada para aromatizar masas y cremas, en licores caseros al estilo del limoncello o macerada en sal. Las variedades de albedo dulce se comen en crudo, cortadas finas. La cantidad de aceite esencial de la piel es tal que basta media cidra rallada donde usarías dos limones.

En resumen

La cidra es un frutal para quien busca aroma y corteza, no zumo. Es el cítrico más sensible al frío, así que fuera del litoral mediterráneo, Andalucía, Baleares y Canarias hay que cultivarla en maceta y guardarla en invierno en un sitio fresco, luminoso y sin heladas. Suelo drenado, pH por debajo de 7 o quelato EDDHA si el agua y la tierra son calizas, riegos regulares sin encharcar, abono de cítricos de marzo a septiembre y parada en otoño, poda ligera de limpieza al final del invierno y vigilancia de cochinillas. Se multiplica sin dificultad por estaca, cosa poco habitual entre los cítricos. Y conviene no confundirla con la cidra cayote, la calabaza del cabello de ángel, que solo comparte el nombre.


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