Poda la higuera a fondo en enero y ese año te quedas sin brevas. No es mala suerte ni un problema del clima: las brevas ya estaban ahí, en forma de bolitas verdes del tamaño de un guisante prendidas en la madera del año anterior, y las has cortado y tirado al contenedor. Entender de dónde sale la breva evita ese error y unos cuantos más.
Qué es exactamente una breva
La breva y el higo salen del mismo árbol, la higuera (Ficus carica), y son el mismo tipo de fruto. La diferencia está en el momento y en la madera donde se forman.
La breva es la primera cosecha. Se induce a finales del verano anterior sobre los brotes de ese año, pasa el invierno como un fruto diminuto y detenido, y en primavera reanuda el crecimiento hasta madurar entre finales de junio y mediados de julio, según zona y variedad. Por eso las brevas aparecen siempre en la madera vieja, la del año pasado, y suelen estar repartidas por la parte baja y media de las ramas.
El higo es la segunda cosecha. Se forma sobre los brotes nuevos de la primavera actual y madura entre agosto y octubre. Va en madera del año, hacia las puntas.
Las higueras que dan las dos cosechas se llaman bíferas o brevales; las que solo dan higos son uníferas. Si una higuera nunca ha dado brevas, no es cuestión de cuidados: es que la variedad no las da. Entre las bíferas más habituales en España están 'Cuello de Dama', 'Napolitana', 'San Antonio', 'Colar de Elche', 'Brown Turkey' o 'Bursa'.
Hay un segundo matiz botánico que conviene tener claro: ni la breva ni el higo son frutos en sentido estricto. Lo que se come es un sicono, un receptáculo carnoso hueco que se ha cerrado sobre sí mismo con centenares de flores diminutas en su interior. Los frutos de verdad son los granitos crujientes que se notan al masticar. Esa flor invertida es lo que hace que la higuera no tenga floración visible y que mucha gente crea que "no florece".
Breva contra higo: en qué se notan
Puesta una al lado del otro, la breva es claramente más grande, a veces el doble o más que el higo de la misma higuera. Tiene la piel más gruesa y más resistente, el color exterior suele tirar a morado azulado o verde amoratado y la pulpa es menos densa.
El higo, en cambio, es más pequeño, más blando y bastante más dulce y aromático. La razón es simple: engorda en pleno verano, con calor, mucha luz y días largos, condiciones que concentran azúcares. La breva engorda en primavera, con temperaturas más suaves y más agua disponible, y acumula más agua y menos azúcar.
De ahí una consecuencia práctica poco conocida: los higos secos y el pan de higo se hacen con higos, no con brevas. La breva tiene demasiada agua y demasiado poco azúcar para secarse bien, se agria antes de deshidratarse y no conserva. Su destino es el consumo en fresco, la mermelada o la conserva en almíbar.
Propiedades y valor alimentario
La breva fresca es un alimento ligero: en torno a un 80 % de agua, con un aporte calórico moderado que ronda las 65-75 kcal por cada 100 gramos, prácticamente todo procedente de azúcares simples. Conviene subrayarlo porque se confunde con el higo seco, que al perder agua multiplica por tres o por cuatro esa cifra y ronda las 250 kcal por 100 gramos. Comparar una breva con un puñado de higos secos no tiene sentido nutricional.
Destaca en potasio y aporta cantidades apreciables de calcio y magnesio para tratarse de una fruta. Su punto fuerte real es la fibra, tanto la de los granitos como la soluble de la pulpa, que es la responsable del efecto laxante suave que se le atribuye desde siempre y que, en este caso, tiene fundamento.
Contiene además ficina, una enzima proteolítica presente sobre todo en el látex blanco del árbol y del fruto verde, que digiere proteínas. Ese mismo látex tiene una cara incómoda que se menciona poco: contiene psoralenos, sustancias fotosensibilizantes. Si la savia toca la piel y después esa piel recibe el sol, puede producir una dermatitis con enrojecimiento, ampollas y manchas oscuras que tardan semanas en irse. Por eso conviene podar y recolectar con manga larga y guantes, y lavarse los brazos antes de seguir al sol. No es una rareza: es la lesión más frecuente asociada a la higuera.
Cultivo de la higuera para brevas
La higuera es de las especies frutales más fáciles que se pueden plantar en España, pero producir brevas de forma regular pide algunas decisiones concretas.
Clima. El árbol resiste bien el frío invernal, en torno a -10 °C sin daños graves en madera adulta. Las brevas, no. Los siconos embrionarios que han pasado el invierno en la rama son mucho más frágiles que la madera que los sostiene, y una helada tardía de primavera o un invierno muy crudo los hace caer sin más. Esa es la razón de que en el interior peninsular frío la misma variedad que en Málaga carga de brevas aquí solo dé higos. Si el objetivo son brevas, la higuera va contra un muro orientado al sur, en el punto más resguardado de la parcela.
Suelo. Se adapta a terrenos pobres, pedregosos y calizos, y prefiere que drenen bien. Tolera algo de salinidad. Lo que no perdona es el encharcamiento prolongado. No necesita suelos ricos: en tierras fértiles y muy abonadas crece de forma desmedida y fructifica peor.
Riego. Aguanta la sequía como pocos frutales, pero la breva engorda con agua. Un riego regular de abril a junio marca la diferencia entre brevas pequeñas y brevas de tamaño comercial. Ahora bien, hay que mantener la regularidad: el corte brusco de riego seguido de un riego abundante, o una tormenta después de semanas secas, abre y raja los frutos justo antes de la recolección, y una breva rajada se pierde en horas.
Abonado. Poco y sobrio. Una aportación de materia orgánica al final del invierno cubre las necesidades de un árbol de jardín. El exceso de nitrógeno da brotes largos, hojas enormes y fruta insulsa y acuosa, además de retrasar la maduración.
Poda. Es el punto crítico y el que estropea más cosechas. En una higuera bífera, la poda fuerte de invierno elimina la madera del año anterior, es decir, la que lleva las brevas. La forma correcta de trabajar es hacer la intervención de aclareo y renovación después de recoger las brevas, en julio, dejando en invierno solo retoques de limpieza: ramas secas, cruzadas o rotas y chupones de la base. Si se hereda una higuera abandonada y enorme, más vale recuperarla en dos o tres años, quitando cada año una parte, que rebajarla de golpe y renunciar a las brevas durante un par de campañas.
Multiplicación. Por estaquilla leñosa, y es tan sencillo que no compensa comprar planta si se tiene acceso a un árbol bueno. Se cortan trozos de rama de dos o tres años, de un dedo de grosor y unos 25-30 cm, durante la parada invernal, y se entierran dejando fuera una o dos yemas. La estaquilla mantiene la variedad y, con ella, la condición de bífera. Los rebrotes de raíz también sirven.
Recolección: el momento no admite adelantos
La breva no madura después de cortada. Puede ablandarse, pero ya no acumula ni un gramo más de azúcar, así que una breva recogida verde será una breva sosa por muy bonita que se ponga en el frutero. Las señales de que está lista son tres y se dan juntas: el cuello se dobla y el fruto cuelga en vez de apuntar hacia fuera, la piel pierde tensión y cede levemente a la presión, y aparece una gotita de néctar en el ostiolo, el ojo del extremo.
Se recoge a mano, con el rabito, preferiblemente por la mañana, y aguanta dos o tres días en frío. Es una fruta que no viaja: esa fragilidad es la razón de que la breva de calidad se venda casi siempre cerca de donde se produce y de que la mejor que se puede comer sea, sin discusión, la del árbol de casa.
En cuanto a problemas, en junio los pájaros son el competidor más directo, y la mosca de la fruta (Ceratitis capitata) y la mosca negra del higo pican los frutos maduros y provocan fermentaciones que los agrian desde dentro. El ostiolo abierto es la puerta de entrada, así que las variedades con ojo cerrado sufren bastante menos.
Curiosidades que aclaran malentendidos
El dicho "de higos a brevas" se usa para lo que ocurre muy de vez en cuando, y su lógica es exacta: desde que se acaban los higos en otoño hasta que llegan las brevas del verano siguiente pasan unos ocho o nueve meses sin nada que recoger. El refrán describe el calendario del árbol, no un capricho del idioma.
Otra confusión habitual: no hace falta ningún insecto para que la higuera de jardín dé fruto. Los tipos comunes producen siconos sin fecundación, por partenocarpia. Solo los tipos esmirna dependen de un avispón diminuto, Blastophaga psenes, y de la práctica del caprificado con higueras macho, algo propio de determinadas zonas productoras y de variedades concretas, no del árbol del patio.
Y una tercera, más doméstica: la higuera se ha ganado fama de tener raíces invasivas, y en este caso la fama está justificada. Su sistema radicular es superficial, muy extendido y capaz de levantar solados y colarse en arquetas y saneamientos. Doce o quince metros de distancia respecto a la casa, a la piscina o a las tuberías no son exageración, sobre todo en suelos secos, donde la raíz busca agua a mayor distancia.
En resumen
La breva es la primera cosecha de la higuera, más grande, más acuosa y menos dulce que el higo, y nace en la madera del año anterior: de ahí que la poda invernal severa la elimine y que solo la den las variedades bíferas. Quiere sol, resguardo frente a heladas tardías, suelo que drene, riego regular en primavera y muy poco abono. Se recoge cuando el cuello se dobla y asoma una gota de néctar, se come en pocos días y no sirve para secar. Con esas cuatro cosas claras, una higuera bien colocada da brevas en junio y higos en agosto durante décadas, sin más trabajo que unas tijeras en julio.