Keyaki es el nombre japonés de este árbol y también el de su madera, que en Japón se reserva para lo que tiene que durar siglos: pilares de templos, cajas de tambores taiko, muebles de gran calidad. Ese aprecio dice bastante de la especie, aunque en España haya llegado por otras dos vías mucho más prosaicas: como bonsái en forma de escoba y como árbol de alineación para sustituir a los olmos.
El árbol
Zelkova serrata es una ulmácea caducifolia originaria de Japón, Corea, Taiwán y el este de China. En su tierra, en bosques de valle con suelo profundo, alcanza 30 m. En cultivo europeo se queda normalmente entre 15 y 20 m de alto por otros tantos de ancho, con la copa tan amplia como la altura.
El porte es el de vaso característico del género: tronco corto y limpio que a los tres o cuatro metros se abre en varias ramas principales ascendentes, y de ahí un ramaje cada vez más fino y dividido que forma una cúpula regular. La corteza se mantiene lisa y gris muchos años y solo empieza a exfoliarse en placas —dejando manchas anaranjadas— cuando el árbol pasa de los veinte o treinta años.
Las hojas miden de 5 a 12 cm, son ovado-lanceoladas, acuminadas, con base casi simétrica y el margen con dientes agudos curvados hacia el ápice. Salen en abril con un verde claro, se oscurecen en verano y en otoño cambian de color. Las flores, en abril, son verdosas y pasan inadvertidas; los frutos, drupas secas de 4 a 5 mm, tampoco ensucian.
El color de otoño
Es una de las razones para plantarla, con una advertencia: varía mucho de un ejemplar a otro. Un pie de semilla puede virar a amarillo mantequilla, a naranja cobrizo, a rojo vinoso o a un bronce apagado, y el resultado no se sabe hasta que el árbol tiene unos cuantos años. El otoño influye también: los cambios de color más intensos salen cuando septiembre y octubre traen noches frescas y días soleados, y se apagan en otoños cálidos y húmedos, que es lo que suele pasar en el litoral mediterráneo.
Si el color importa —en un jardín, en una plaza pequeña—, la solución es plantar un cultivar injertado y no un pie de semilla. 'Green Vase' tiene porte muy erguido y otoño naranja bronce; 'Village Green' es más ancha, de crecimiento rápido y otoño rojizo; 'Musashino' es estrictamente fastigiada, apenas 4 o 5 m de ancho, y resuelve calles estrechas donde una copa en vaso no cabe; 'Goshiki' es variegada y de tamaño reducido.
Por qué funciona tan bien como bonsái en escoba
El estilo escoba, hokidachi en japonés, es un tronco recto y limpio que a cierta altura se abre en un abanico de ramas cada vez más finas hasta formar una cúpula semiesférica. Es una de las formas más difíciles de conseguir con la mayoría de especies, y con la zelkova japonesa sale casi sola. Las razones son botánicas:
Su forma natural ya es esa. El estilo escoba no es más que la silueta del árbol adulto reducida de escala. Con muchas especies hay que forzar el hábito; aquí se acompaña.
Brota con facilidad de yemas adventicias. Al cortar el tronco a la altura elegida, emite un ramillete de brotes en el corte, que es justo el arranque que la forma necesita.
Entrenudos cortos y ramificación fina. Cada pinzado de los brotes tiernos produce dos ramitas nuevas, y esa bifurcación se repite temporada tras temporada hasta lograr esa red de ramillas finísimas que en invierno, sin hoja, es lo mejor del árbol.
La hoja reduce bien. Con la poda repetida y un sustrato controlado, la hoja pasa de 8 o 10 cm a 2 o 3, con lo que la proporción con el tronco se mantiene creíble.
El tronco tarda en agrietarse. La corteza lisa y gris de los ejemplares jóvenes da ese aspecto de árbol limpio que la forma escoba pide.
El trabajo detallado de formación es asunto de la sección de bonsáis. Basta saber que es una especie de exterior, que necesita pasar el frío del invierno y que en maceta es sensible a la sequía puntual: una tarde de julio sin agua le cuesta las hojas.
Crecimiento y tamaño
De joven crece deprisa, entre 40 y 60 cm al año con riego y suelo decente, y esa velocidad es lo que la hizo atractiva para reponer arbolado. A partir de los quince o veinte años se frena bastante, lo que en calle es una ventaja: se estabiliza cerca de su tamaño definitivo en lugar de seguir buscando los cables.
Es longeva. En Japón hay keyakis de varios siglos en recintos de santuarios, con troncos de más de dos metros de diámetro.
Como árbol de alineación en España
Se comporta bien en el norte y en el interior con riego: Madrid, Barcelona, Zaragoza, la cornisa cantábrica y las capitales castellanas la tienen plantada en paseos y en parques. Los puntos que deciden si funcionará en un sitio concreto son estos:
Suelo y agua. Es su limitación real. En suelo muy calizo, y sobre todo regada con agua dura o salina, sufre clorosis férrica: hoja amarilla con nervios verdes, crecimiento corto, ramas que se secan por la punta. En el sureste peninsular y en zonas de agua salobre no es la elección adecuada, por muy resistente a la grafiosis que sea.
Alcorque. Necesita volumen de suelo. En alcorques pequeños y compactados se queda raquítica. Es cierto que su raíz es menos agresiva que la del olmo común y levanta menos las aceras, pero eso no significa que se conforme con un metro cuadrado de tierra.
Establecimiento. Los tres a cinco primeros veranos hay que regarla en serio, con riegos abundantes y espaciados. Es cuando se pierden los árboles de una plantación.
Rusticidad. Hasta -20 ºC, así que el frío no es un problema en ninguna parte de la Península. Aguanta la contaminación urbana y el viento razonablemente bien.
Poda. Formación en los primeros años para levantar la cruz y despejar el gálibo, y a partir de ahí lo mínimo. No admite bien el terciado: rebrota desordenada y débil, y las heridas grandes acaban en pudrición. Se poda en reposo invernal.
Plagas. Pulgones, ácaros en verano seco y la galeruca del olmo, que también la ataca aunque suele hacerle menos daño visible que a un olmo. Nada que requiera un tratamiento sistemático en condiciones normales.
En resumen
Zelkova serrata, el keyaki japonés, es un caducifolio de copa en vaso que en España se queda en 15 a 20 m, crece 40 a 60 cm al año de joven y luego se frena. Su color de otoño va del amarillo al rojo vinoso pero varía entre ejemplares, así que para asegurarlo hay que ir a cultivares injertados como 'Green Vase', 'Village Green' o la fastigiada 'Musashino'. Como bonsái es la especie de referencia para el estilo escoba porque su hábito natural, su brotación tras el corte, sus entrenudos cortos y la reducción de la hoja juegan todos a favor. Como árbol de calle sustituye al olmo con buen resultado siempre que el suelo no sea muy calizo, el agua no sea dura y el alcorque tenga tierra suficiente.