Ocho nombres entre comillas resuelven casi toda la oferta de arce japonés que llega a un vivero español. Detrás de cada uno hay una planta concreta, con un calendario de color propio, un tamaño adulto que rara vez coincide con el del catálogo y un punto flaco que conviene conocer antes de pagar, porque un arce mal elegido no se corrige podando.

Todos los cultivares que siguen son clones: se multiplican por injerto de púa sobre pie de Acer palmatum de semilla, y por eso cada ejemplar de 'Bloodgood' es genéticamente idéntico a los demás. Eso hace que el color sea previsible, a diferencia de lo que ocurre con las plantas de semilla vendidas simplemente como «arce japonés», donde el rojo del catálogo puede salir bronce sucio. Como contrapartida, el injerto se ve como un engrosamiento en la base del tronco, y por debajo de él el patrón emite chupones de hoja verde que crecen el doble de rápido que la variedad; si no se arrancan de raíz cada primavera, en cinco años el arce comprado ha desaparecido bajo un palmatum silvestre.

Arce japonés de hoja purpúrea en un jardín

Un aviso sobre los tamaños. Las cifras que circulan en las fichas proceden de Japón, Oregón o Inglaterra, donde estos árboles viven con lluvia de verano y humedad atmosférica alta. En el interior peninsular, con agua de riego dura y agosto seco, un arce japonés se queda habitualmente en dos tercios de esa talla y tarda el doble en alcanzarla. Las medidas que doy a continuación son ya las corregidas para condiciones españolas, a veinte años de plantado.

'Bloodgood', el púrpura que no se apaga en julio

Es la referencia entre los rojos oscuros y el patrón contra el que se miden los demás. Brota en marzo con un carmín brillante, vira a un púrpura muy oscuro, casi negro a contraluz, y ahí se queda hasta septiembre. Esa persistencia es lo que lo distingue: los palmatum 'Atropurpureum' de semilla, mucho más baratos, empiezan a broncearse en pleno verano y hacia agosto tienen un tono verde sucio que estropea el efecto. 'Bloodgood' aguanta el color porque su lámina es gruesa y su carga de antocianos, alta. En octubre pasa a escarlata encendido antes de caer.

Tamaño real: de 4 a 5 metros de alto por 4 de ancho, con tronco definido y porte de arbolito redondeado. Es de los pocos que llegan a hacer sombra utilizable. Crece de 25 a 40 cm al año.

Dónde falla. La hoja oscura absorbe más radiación y se calienta más que una verde. Tolera bien el sol de la mañana y el de una tarde de Santander, pero en Sevilla, Córdoba o Zaragoza, con 40 °C y viento de poniente, el margen de la hoja se quema en pocos días y queda un ribete marrón crujiente que ya no se recupera esa temporada. También pierde intensidad de color si se planta a demasiada sombra: en sombra cerrada tira a verde bronce.

'Osakazuki', el mejor otoño y once meses de espera

Hoja verde franca, grande para el género —hasta 12 cm—, con siete lóbulos anchos y el margen finamente aserrado. En octubre y noviembre vira a un escarlata puro, uniforme, sin tonos anaranjados ni manchas, que se considera el rojo de otoño más limpio de todo Acer palmatum. La hoja además es de las últimas en caer.

Tamaño real: 5 a 6 metros de alto por 4 o 5 de ancho, de crecimiento algo más vigoroso que 'Bloodgood' y con tendencia a formar copa erguida y luego extendida.

Dónde falla. De abril a septiembre es un árbol verde sin ningún rasgo llamativo; quien lo compre esperando color de temporada se llevará un chasco de once meses. Y el escarlata no está garantizado: necesita noches frescas de octubre, por debajo de 10 °C, con días todavía luminosos y suelo que no haya pasado sed en agosto. En el litoral mediterráneo cálido, con otoños que se alargan templados, el mismo árbol da un naranja apagado y desigual. También conviene sol: a la sombra el otoño sale amarillento.

Acer palmatum Osakazuki con color rojo de otoño

'Sango-kaku', el que trabaja en invierno

Vendido también como 'Senkaki'. Su interés no está en la hoja sino en la corteza: las ramillas de uno a tres años toman un rojo coral intenso que solo se aprecia cuando el árbol está desnudo, de noviembre a marzo, y que se enciende más cuanto más frío hace. La hoja es verde claro, brota con el borde teñido de rojo y en otoño pasa a un amarillo dorado con reflejos albaricoque que contrasta con las ramas. Porte erguido en jarrón, muy vertical de joven.

Tamaño real: 5 a 6 metros de alto por 3 de ancho. Es de los más rápidos del grupo.

Dónde falla. Dos cosas. La primera es que el coral se pierde: la madera de más de tres o cuatro años se vuelve gris parda, así que sin un aclareo de invierno que retire ramas viejas y estimule brotación nueva, a los diez años el efecto se ha ido hacia la periferia de la copa y desde lejos ya no se ve. La segunda es sanitaria: es uno de los cultivares más propensos a la muerte súbita de ramas por Verticillium y a los chancros de Pseudomonas, que se manifiestan como una rama entera que no brota en abril. Podar siempre en seco, con tiempo estable y herramienta desinfectada, y nunca en primavera con savia en movimiento. En climas cálidos el coral sale mate, más ladrillo que coral.

'Katsura', tres semanas de naranja en marzo

Uno de los primeros en brotar, a veces ya a finales de febrero en el litoral. Los brotes salen de un naranja albaricoque luminoso con el margen más oscuro, casi rosado, un color poco frecuente en el género. En mayo se apaga a verde amarillento y en verano es un arce discreto de hoja clara; en otoño vuelve a subir a naranja dorado.

Tamaño real: 3 a 4 metros por 2,5 de ancho, compacto, ramificado desde abajo. Es de los mejores para maceta grande y para jardines pequeños.

Dónde falla. Precisamente por ser precoz. Una helada tardía de −2 °C en la segunda quincena de marzo quema los brotes tiernos y elimina el espectáculo entero de ese año; el árbol rebrota en abril, pero ya en verde. En zonas de heladas de marzo —meseta, valles interiores, Ávila, Soria, Teruel— conviene un rincón resguardado y de orientación oeste. Y hay que asumir que el color naranja dura tres semanas: el resto de la temporada es un arce del montón.

'Shishigashira', el arce que aguanta el sol

Cabeza de león, en japonés. Hoja pequeña, de lóbulos cortos, muy rizada y arrugada, agrupada en penachos densos apretados contra ramas cortas y rígidas. El resultado es una planta compacta, casi escultórica, de aspecto más próximo a un arbusto formal que a un arce. Verde oscuro durante toda la temporada; el otoño llega tarde, en noviembre, y sale amarillo dorado con manchas carmín.

Tamaño real: 2 a 3 metros de alto por 1,5 de ancho a los veinte años. Es el más lento del grupo, con incrementos anuales de 8 a 15 cm.

Dónde falla. Esa hoja gruesa y rizada, con poca superficie expuesta, lo convierte en el más tolerante al sol y al calor seco de los cultivares corrientes: es el que mejor sobrevive en un patio del interior. La contrapartida es el precio y la paciencia. Un ejemplar de metro y medio ha pasado quince años en vivero y se paga en consecuencia; comprar uno pequeño supone convivir varios años con una planta de aspecto rígido y algo desgarbado. Además el interior de la mata se desnuda con los años y hay que aclarar los penachos para que entre luz.

'Seiryu', encaje sin cascada

La hoja está dividida hasta la base en lóbulos a su vez recortados, con el aspecto de filigrana típico de los disectos, pero el porte es erguido: forma un arbolito de tronco recto y copa ovalada, no una cúpula llorona. Brota verde claro con las puntas rojizas, pasa a verde intenso y en otoño da una mezcla de naranja, amarillo y carmesí, con frecuencia los tres a la vez en la misma rama.

Tamaño real: 4 a 5 metros de alto por 3 de ancho, con crecimiento medio. Es el disecto que sirve como árbol de pequeño porte.

Dónde falla. La hoja de encaje tiene una relación entre superficie y volumen altísima y pierde agua muy rápido. Bastan unos días de viento seco de junio para que las puntas de los lóbulos se sequen y la planta quede parda en el lado expuesto. Necesita abrigo de viento por encima de cualquier otra cosa, más aún que sombra. Y decepciona a quien busque el efecto de cortina de los disectos llorones: 'Seiryu' se estira hacia arriba y con los años pierde la ligereza que tenía de joven, sobre todo si se le deja engordar el tronco sin aclarar la copa.

'Crimson Queen', la cúpula púrpura

Disecto de porte llorón y hoja púrpura que, a diferencia de 'Dissectum Atropurpureum' y de 'Garnet', conserva el tono oscuro durante todo el verano sin virar a verde bronce. Forma una cúpula de ramas colgantes superpuestas que en otoño se enciende en carmesí. Es el arce de fotografía junto al estanque.

Tamaño real: 1,5 a 2 metros de alto por 2,5 o 3 de ancho. Crece muy despacio a lo alto y bastante a lo ancho, así que hay que darle sitio lateral, no vertical.

Dónde falla. Conviene mirar el punto de injerto antes de comprar, porque en los disectos llorones el injerto se hace en alto, sobre un pie de 60, 80 o 100 cm, y esa altura es la definitiva: la planta nunca subirá mucho más, solo se derramará. Un ejemplar injertado a ras de suelo acaba siendo una alfombra. En cuanto al cultivo, es el más delicado de esta lista con el sol de tarde: el follaje disecto se abrasa antes que ningún otro y en el sur necesita sombra de las horas centrales sin excepción. La cúpula, además, acumula hojarasca y ramillas muertas en su interior, que hay que sacar a mano cada invierno para que no se pudra el corazón de la planta.

'Orange Dream', el más luminoso y el más frágil

Brota en marzo con hoja amarillo naranja muy clara, casi fluorescente, con el margen fino teñido de rojo. En verano se estabiliza en un verde limón que ilumina un rincón sombrío como pocas plantas, y en otoño vuelve al amarillo naranja. Las ramillas jóvenes son verdosas con tintes rojos, lo que le da también un interés invernal discreto.

Tamaño real: 3 a 4 metros por 2,5 de ancho, compacto y de crecimiento moderado.

Dónde falla. Es el candidato más claro a quemarse de todos los citados. La hoja es fina, con poca protección frente a la radiación, y el sol directo de mediodía la decolora primero a un blanco amarillento y luego la seca por el borde. Necesita sombra de tarde en toda la mitad sur y en cualquier patio cerrado del interior; a pleno sol solo funciona en la cornisa cantábrica. Bien colocado, en cambio, es el que más rendimiento visual da en poco espacio.

Qué comprar según lo que se busque

Un arce que dé sombra y estructura: 'Bloodgood' u 'Osakazuki', los dos de porte arbóreo. Color púrpura constante: 'Bloodgood' en el suelo, 'Crimson Queen' si se quiere el efecto llorón. Otoño espectacular: 'Osakazuki' donde haya otoños frescos; 'Seiryu' donde no, porque su mezcla de tonos depende menos del frío. Interés invernal: 'Sango-kaku'. Un patio caluroso: 'Shishigashira', el único que perdona el calor seco. Maceta grande: 'Katsura', 'Orange Dream' o 'Shishigashira', los tres compactos.

Dos condiciones son comunes a todos y no dependen del cultivar. La primera es el agua: son plantas de suelo ácido, y el riego continuado con agua caliza de red termina en clorosis férrica —hoja amarilla con nervadura verde— en cualquiera de ellos. La segunda es el viento seco, que deshidrata la hoja más rápido de lo que la raíz puede reponer y produce el mismo margen quemado que el sol, incluso en sombra. Elegir el nombre correcto ayuda; elegir el sitio correcto decide.

En resumen

'Bloodgood' es el púrpura fiable y el más tolerante al sol entre los oscuros; 'Osakazuki' da el mejor rojo de otoño y nada el resto del año; 'Sango-kaku' vale por sus ramas coral de invierno pero exige aclareo y es propenso a la muerte de ramas; 'Katsura' regala tres semanas de naranja en marzo que una helada tardía puede borrar; 'Shishigashira' es lento y caro pero es el que aguanta el calor; 'Seiryu' es el disecto que se hace árbol y sufre con el viento; 'Crimson Queen' da la cúpula púrpura a cambio de sombra de tarde obligatoria; 'Orange Dream' es el más luminoso y el más fácil de quemar. En todos, revisa el punto de injerto, arranca los chupones del patrón y cuenta con dos tercios del tamaño que anuncia la ficha.


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