Pasa la mano por el haz de la hoja y se nota rasposa, como papel de lija fino. Ese tacto, con una hoja mucho mayor que la del olmo común y con la base tan torcida que uno de los lóbulos monta sobre el peciolo y lo tapa, identifica al Ulmus glabra sin necesidad de más comprobaciones.
Es el olmo de montaña, u olmo montano, el que vive en barrancos húmedos del norte peninsular y no en la plaza del pueblo. Se distingue del olmo común en casi todo lo que importa: la hoja, el sitio donde crece y, de forma determinante para su historia reciente, la manera en que se regenera.
Cómo se reconoce
Árbol caducifolio de 20 a 30 m, con algún ejemplar de 40 en condiciones óptimas, de tronco recto y corteza que empieza lisa y grisácea y acaba agrietándose en placas longitudinales. La copa es amplia y redondeada, con ramas gruesas que salen bastante abiertas.
La hoja es el carácter decisivo. Mide de 8 a 16 cm, obovada, ancha en el tercio superior, con el margen doblemente aserrado. Tiene el haz áspero al tacto por una cubierta de pelos cortos y rígidos, y el envés claramente pubescente en los nervios. El ápice suele terminar en punta larga, y con frecuencia aparecen dos puntas laterales más, de manera que la hoja acaba en tres cúspides. La base es marcadamente asimétrica: un lado desciende mucho más que el otro y llega a cubrir el peciolo, que es cortísimo, de 2 a 5 mm. Si el peciolo se ve bien y la hoja es lisa y pequeña, es olmo común, no de montaña.
La flor aparece en fascículos densos y rojizos entre febrero y abril, antes de la hoja. La sámara es grande, de 15 a 25 mm, elíptica, glabra, con la semilla situada en el centro del ala y sin llegar a la escotadura apical. Esa posición central separa a U. glabra de U. minor, donde la semilla está desplazada hacia arriba. Madura en mayo y el árbol carga tanto fruto que a distancia parece estar en flor.
Dónde vive en la península
Es una especie de montaña húmeda, y su distribución española lo refleja. Está en los Pirineos y en la Cordillera Cantábrica, con presencia continua en los montes vascos, y aparece de forma dispersa y en poblaciones pequeñas en el Sistema Ibérico (Sierra de la Demanda, Urbión, Moncayo), en el Sistema Central (Ayllón, Gredos) y muy localmente en algunas sierras del sur, como la Serranía de Cuenca o las sierras de Cazorla y Segura.
Su hábitat es el bosque mixto de barranco: laderas umbrías con suelo profundo y fresco, vaguadas, pie de cantil, entre los 500 y los 1.700 m de altitud. Ahí convive con haya, tilos, arce, fresno de montaña, avellano y acebo, casi nunca formando masas puras sino unos pocos pies dentro de un bosque de varias especies.
Lo que necesita no es tanto agua en el suelo como humedad en el aire. Tolera mal el verano seco y caliente de la meseta, y es indiferente al tipo de sustrato mientras el suelo sea profundo y esté aireado, aunque prospera mejor en terrenos ricos en bases. Soporta la sombra en sus primeros años, cosa que le permite instalarse bajo el dosel y esperar un claro. En frío es muy resistente: aguanta sin daño por debajo de -20 ºC.
Por qué no rebrota de raíz
El olmo común emite chupones de raíz con enorme facilidad: una mata de Ulmus minor suele ser un clon que ocupa metros de linde y se renueva solo. Ulmus glabra no hace eso. Rebrota de cepa si se corta el tronco, pero su sistema radical no produce brotes adventicios a distancia, y su regeneración natural depende casi por completo de la semilla.
En condiciones normales eso no es un problema: la sámara del olmo de montaña es fértil y germina bien, mientras que el olmo común, muy clonal en la península, produce mucha semilla vana. El olmo de montaña se renueva por vía sexual, con la variabilidad genética que eso conlleva.
Qué consecuencia tuvo con la grafiosis
La segunda pandemia de grafiosis, causada por Ophiostoma novo-ulmi y detectada en España hacia 1980, encontró en Ulmus glabra a la más susceptible de las tres especies ibéricas. Se infecta con facilidad y muere rápido.
La diferencia con el olmo común está en lo que ocurre después de morir el árbol. En U. minor, la cepa sobrevive y levanta rebrotes de raíz; el resultado es un olmo reducido a seto, que vuelve a morir cada vez que alcanza 10-15 cm de diámetro, pero que mantiene la especie en el territorio y conserva su patrimonio genético. En U. glabra, sin ese mecanismo, el árbol que muere se pierde entero. La reposición tiene que venir de semilla producida por adultos, y los adultos son precisamente lo que la enfermedad elimina.
El efecto sobre poblaciones pequeñas y aisladas —que es la situación de casi todos los núcleos del Sistema Central y del Ibérico— es desproporcionado: media docena de árboles muertos pueden significar la desaparición local de la especie, sin banco de rebrotes al que recurrir. Que su presencia en montaña fresca y su carácter disperso dentro del bosque mixto le hayan dado cierta protección frente al escolítido no compensa esa fragilidad.
Cultivo y usos
Fuera de su ambiente no vale la pena intentarlo. En clima mediterráneo seco, con veranos largos y aire seco, el olmo de montaña vegeta mal, sufre quemaduras marginales en la hoja y acaba muriendo o quedando raquítico. Su sitio de jardín es el norte peninsular, la montaña media y los fondos de valle con suelo profundo, en exposición fresca, a media sombra o sol suave, con riego asegurado los primeros años y sin competencia radical inmediata.
Se multiplica por semilla recién recogida: la sámara se siembra en mayo, nada más caer, sin dejarla secar ni almacenar, porque pierde poder germinativo en pocas semanas. Germina en dos o tres semanas sin necesidad de estratificación. Los cultivares se propagan por injerto sobre patrón de olmo, ya que el esqueje leñoso arraiga mal.
La madera es la mejor del género: dura, tenaz, de fibra entrelazada que la hace difícil de rajar, elástica y muy resistente sumergida. Se usó en cubos de rueda, asientos de silla, culatas, mangos, aperos y piezas de barco, y en el arco tradicional europeo antes de la extensión del tejo.
Como ornamental se conocen dos formas antiguas. 'Camperdownii', injertada en alto, forma una cúpula de ramas colgantes que llega al suelo, y ha sido durante más de un siglo el olmo de parque romántico. 'Horizontalis' ('Pendula') tiene las ramas extendidas casi en horizontal y una silueta muy tabulada. Ambas heredan la susceptibilidad de la especie, así que en zonas con grafiosis activa son plantaciones de duración incierta.
En su ámbito natural, el papel más importante del olmo de montaña no es ornamental ni maderero: es una de las especies que componen el bosque mixto de barranco, un tipo de bosque escaso y de mucho valor de conservación. Ahí lo razonable no es plantar, sino proteger los rodales que quedan y respetar los pies adultos que siguen fructificando.
En resumen
Ulmus glabra es el olmo de montaña: 20-30 m, hoja de 8-16 cm, áspera al tacto por el haz, con frecuencia con tres puntas y con la base tan asimétrica que oculta el peciolo, que mide apenas 2-5 mm. La sámara es grande y lleva la semilla centrada, no desplazada al ápice.
Vive en Pirineos y Cordillera Cantábrica y, en poblaciones pequeñas, en el Sistema Ibérico, el Sistema Central y algunas sierras del sur, siempre en barrancos y laderas frescas entre 500 y 1.700 m, dentro de bosques mixtos con haya, tilo, arce y fresno. Necesita humedad ambiental y suelo profundo; el verano seco de la meseta lo tumba. Resiste sin daño por debajo de -20 ºC.
No emite chupones de raíz: se regenera por semilla. Frente a la grafiosis eso resultó ser un problema serio, porque cuando el árbol muere no queda cepa que rebrote, y en núcleos pequeños la pérdida de unos pocos adultos supone la desaparición local.
Se siembra con la sámara recién caída en mayo, sin secarla. Su madera, tenaz y resistente al agua, fue la más apreciada del género, y de él proceden los cultivares ornamentales 'Camperdownii' y 'Horizontalis', tan susceptibles a la enfermedad como la especie.