Un arbolito de macetero cargado de bolas rojas del tamaño de una cereza aparece en floristerías y grandes superficies cada diciembre, junto a las poinsetias. Se vende como cerezo de Jerusalén, tomatito de invierno o tomate enano, y su nombre científico es Solanum pseudocapsicum. El fruto es tóxico, tiene exactamente el aspecto de un tomate cherry maduro y está a la altura de la mano de un niño de tres años. Ese es el motivo por el que este artículo empieza por aquí y no por el riego.

Arbusto de Solanum pseudocapsicum cargado de frutos rojos tóxicos

El fruto no se come

Los frutos, las hojas y los tallos de Solanum pseudocapsicum contienen glicoalcaloides, principalmente solanocapsina, acompañada de solasodina y trazas de otros compuestos del mismo grupo químico al que pertenece la solanina de la patata verde. La planta pertenece a las solanáceas, la misma familia que el tomate y la berenjena, pero su fruto no ha pasado por la selección que hizo comestibles a aquellos.

El sabor es amargo, lo que juega a favor: la mayoría de las ingestiones accidentales se quedan en un bocado escupido. Cuando sí se traga cantidad, el cuadro es sobre todo digestivo, aparece entre media hora y unas pocas horas después y consiste en náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea. Con ingestiones mayores se han descrito somnolencia, sequedad de boca, midriasis y, en casos aislados, alteraciones del ritmo cardiaco. La bibliografía toxicológica describe la especie como de toxicidad baja a moderada; las intoxicaciones graves son raras, pero las consultas a los centros de toxicología por niños y por perros son constantes cada invierno.

Qué hacer si alguien se lleva un fruto a la boca:

  • Retirar los restos de la boca y enjuagar con agua. No provoque el vómito.
  • Llamar al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20, 24 horas) o al 112, indicando el nombre científico y cuántos frutos se calcula que se han comido.
  • Guardar una rama con frutos y hojas para que puedan identificar la planta.
  • Si es un perro o un gato, al veterinario. Los frutos rodando por el suelo son un cebo perfecto para un cachorro.

Con niños pequeños en casa, lo sensato es que la planta esté fuera de su alcance o directamente no esté. Si decide quedársela, retire los frutos caídos cada día: es de lo poco que hay que hacer con ella y evita el problema entero.

Qué es y con qué se confunde

Solanum pseudocapsicum es un arbusto perenne de origen sudamericano —se le atribuye Perú y Ecuador—, naturalizado desde hace siglos en Madeira y en buena parte del área mediterránea. En cultivo doméstico se mantiene entre 30 y 60 centímetros; en suelo y clima favorable puede pasar del metro y ramificar como un pequeño arbusto leñoso.

Las hojas son lanceoladas, de un verde oscuro brillante, de 5 a 10 centímetros, dispuestas de forma alterna. Las flores son pequeñas, blancas, estrelladas, con el cono de anteras amarillas típico de las solanáceas, y pasan bastante desapercibidas entre junio y agosto. Lo llamativo llega después: bayas globosas de 1 a 2 centímetros que viran de verde a amarillo y de ahí a un naranja o rojo intenso, y que se mantienen en la planta durante meses, de otoño hasta bien entrado el invierno. De ahí su carrera comercial como planta de Navidad.

Se confunde con dos plantas. Con el tomate cherry, por el aspecto del fruto, aunque el cherry tiene hojas compuestas y pinnadas, olor característico al frotarlas y tallo peloso, mientras que el cerezo de Jerusalén tiene hoja simple y entera y no huele a tomatera. Y con Solanum capsicastrum, el llamado falso tomate o naranjito de invierno, especie muy próxima que se vende indistintamente y que también es tóxica; se diferencia por sus hojas algo más pequeñas y con pelosidad grisácea, y por frutos que tienden más al naranja. A efectos prácticos, ambas se tratan igual: se cultivan igual y no se comen igual.

Flor blanca estrellada del Solanum pseudocapsicum

Cómo mantenerlo vivo después de Navidad

La planta se compra en su mejor momento y suele deteriorarse en tres semanas, no por fragilidad sino porque el salón de una casa española en enero es un mal sitio para ella: calefacción, aire seco y poca luz.

Luz. Necesita mucha, y directa varias horas al día. Junto a una ventana orientada al sur o al este, sin visillo. Con luz escasa alarga los entrenudos, se estira, palidece y suelta frutos.

Temperatura. Está cómoda entre 12 y 18 °C. Por encima de 20 °C de forma continuada y con el ambiente reseco por el radiador, las hojas amarillean y caen. Un dormitorio fresco, una galería acristalada o un porche cerrado le sientan mucho mejor que el salón. Por debajo de 5 °C sufre, y con helada se pierde.

Humedad. Es el punto débil en interior. Coloque la maceta sobre un plato con grava y agua —sin que la base toque el agua— o agrúpela con otras plantas. Pulverizar las hojas ayuda algo, pero evite mojar los frutos, que se manchan.

Riego. Regular, dejando que se seque el primer centímetro o dos del sustrato entre riegos, y vaciando siempre el platillo a los diez minutos. Un cepellón que se seca del todo hace caer flores y frutos de golpe; uno permanentemente empapado pudre la raíz. En invierno, con la planta en fruto pero sin crecimiento activo, el consumo baja bastante.

Sustrato y trasplante. Sustrato universal con un puñado de perlita, en maceta con agujeros. El trasplante se hace en primavera, cuando arranca el nuevo crecimiento, subiendo un solo número de maceta.

Abono. De abril a septiembre, fertilizante líquido para plantas de flor o para tomatera cada quince días. Lo que interesa es el potasio: sin él hay hojas y pocas bayas.

Cultivo en exterior y en el jardín

En la costa mediterránea, Andalucía, Canarias y zonas litorales sin heladas fuertes, Solanum pseudocapsicum se comporta como un arbusto perenne de exterior y se planta en el jardín a media sombra, donde llega a naturalizarse. Tolera bien la brisa marina y no es exigente con el suelo mientras drene.

En el resto de España se saca al exterior de mayo a octubre —a media sombra al principio, para que no se queme tras el invierno en interior— y se entra antes de la primera helada. Ese verano al aire libre es lo que asegura una buena fructificación al invierno siguiente, porque las flores se polinizan mejor con insectos y algo de viento que en el marco de una ventana.

Poda y multiplicación

A finales de invierno, cuando los frutos se han arrugado y caído, corte la planta a un tercio o a la mitad de su altura. Rebrota compacta y ramificada, y esas ramas nuevas son las que darán flor en verano. Sin ese corte anual se desgarba y produce menos.

Se multiplica de dos maneras. Por esqueje de tallo semileñoso de 10 a 12 centímetros en primavera, en perlita o turba y arena a 20 °C, que enraíza en tres o cuatro semanas y conserva las características de la planta madre. Y por semilla, extraída de un fruto maduro, lavada y sembrada en primavera a 20-22 °C; germina en dos o tres semanas, aunque tarda un año o dos en fructificar. Lávese las manos después de manipular frutos y semillas.

Problemas frecuentes

Caída de frutos y hojas. Casi siempre aire seco de calefacción, exceso de calor o un cepellón que se ha secado por completo. Muévala a un sitio más fresco y luminoso y estabilice el riego.

Mosca blanca. Su plaga habitual en interior, en el envés de las hojas. Trampas cromáticas amarillas y lavados con jabón potásico cada cinco días hasta cortar el ciclo.

Araña roja. Aparece con calor seco: punteado amarillento y telilla fina. Subir la humedad ambiental es la mitad del tratamiento.

Pulgón en brotes tiernos al sacarla en primavera, fácil de controlar con jabón potásico.

Hojas amarillas desde la base con sustrato húmedo. Exceso de riego o platillo con agua estancada; revise el drenaje y espacie.

Manchas oscuras en hojas con humedad alta y poca ventilación, señal de hongos foliares: retire las hojas afectadas y ventile.

En resumen

El tomate enano o cerezo de Jerusalén (Solanum pseudocapsicum) es un arbustito ornamental de fruto rojo que imita a un tomate cherry y que contiene glicoalcaloides —solanocapsina entre ellos— en frutos, hojas y tallos: la ingestión provoca sobre todo vómitos, dolor abdominal y diarrea, y con niños pequeños o mascotas conviene colocarla fuera de su alcance y recoger los frutos caídos. Como planta necesita mucha luz, entre 12 y 18 °C, aire no reseco, riego regular sin encharcar y abono rico en potasio de abril a septiembre. Se poda a la mitad a finales de invierno, se multiplica por esqueje o semilla en primavera y agradece pasar el verano en el exterior. En el litoral mediterráneo y en Canarias vive en el jardín todo el año; en el interior peninsular, en maceta y a cubierto durante los meses fríos.


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