El género Cupressus sostiene a la vez el ciprés vertical de los cementerios y el seto de tres metros que hay que recortar dos veces al año, y esos dos usos exigen especies distintas y cuidados distintos. Añádase que en los viveros se llama ciprés a media docena de plantas que pertenecen a otros géneros, y que un hongo introducido hace décadas mata precisamente a los más plantados, y se entiende por qué conviene aclarar el mapa antes de comprar.

Todos son cupresáceas: hoja escuamiforme diminuta apretada contra la ramilla, ramillas de sección más o menos cuadrangular en Cupressus, y gálbulos leñosos —esas bolitas rugosas de 2 a 4 cm— con escamas peltadas que se abren en seco liberando semillas aladas. Ninguno rebrota de madera vieja sin follaje, y ese detalle condiciona toda la poda.

Cupressus sempervirens y sus dos formas

El ciprés común es originario del Mediterráneo oriental —Grecia, Creta, Turquía, Irán— y se cultiva en España desde época romana. Llega a 20-30 m y vive siglos. Lo interesante es que tiene dos portes naturales muy distintos que en el vivero se manejan como plantas diferentes.

La var. horizontalis es la forma silvestre: copa abierta, ramas horizontales, silueta de conífera ancha. La var. sempervirens, con los cultivares 'Stricta', 'Pyramidalis' o 'Totem', es la fastigiada, un huso estrecho que no supera los 3-4 m de ancho por mucha altura que gane. Es la que se planta en alineación, en pareja flanqueando un acceso o como cortavientos en línea, uso muy extendido en las huertas de cítricos del sureste y en la Toscana.

Exige drenaje y poco más: tolera la caliza, el suelo pobre, la sequía estival completa una vez establecido y el viento. Lo que no tolera es el encharcamiento invernal ni el riego frecuente de un césped. Aguanta en torno a -15 °C ya formado. Al comprarlo en contenedor conviene revisar el cepellón: la raíz principal, que en semilla es pivotante y profunda, se espiraliza en maceta, y un ciprés fastigiado adulto con raíz espiralada acaba tumbado con el primer temporal. Se planta mejor en otoño.

Cipreses de porte fastigiado en alineación

Cupressus macrocarpa, el de Monterrey

Endemismo de un tramo minúsculo de la costa de California, en la península de Monterrey, donde crece con niebla marina constante. De ahí viene su perfil: tolera muy bien la brisa salina, el suelo arenoso y la humedad atmosférica alta, y crece rápido. Y de ahí vienen también sus límites: sufre con el calor seco y con el frío continental, y por debajo de -8 o -10 °C empieza a tener problemas.

En España encaja en el litoral atlántico, el cantábrico y la costa gallega, donde se ha usado mucho como cortavientos y seto. Tierra adentro no es una buena idea. Sus formas doradas, sobre todo 'Goldcrest', se venden en maceta como conífera de mesa por Navidad, con follaje que huele a limón al frotarlo; en interior la maceta se seca por dentro, aparece la araña roja y la planta se pardea sin remedio. Si se compra una, lo sensato es sacarla fuera cuanto antes.

Es, además, la especie más susceptible al chancro del género.

Cupressus arizonica, el más resistente para el interior

Procede del suroeste de Estados Unidos y del norte de México, de zonas áridas con inviernos fríos, y eso lo convierte en la mejor opción para el interior peninsular: soporta en torno a -18 °C, sequía severa y suelos pobres y calizos.

El follaje es glauco, de un gris azulado que lo distingue de lejos. La var. glabra —de la que salen 'Blue Ice', 'Fastigiata' o 'Aurea'— tiene la corteza lisa que se exfolia en placas dejando ver un tono rojizo, un carácter ornamental que la arizonica típica, de corteza fibrosa, no tiene. Crece razonablemente rápido y forma un cono denso de 10-15 m.

Es también el menos castigado por el chancro de los tres cipreses habituales, aunque no inmune. En un seto de interior, con inviernos de -10 °C y veranos de 38 °C, es la elección por defecto.

Follaje glauco de Cupressus arizonica

Cupressus lusitanica, que no es portugués

El ciprés de Portugal es mexicano y centroamericano. El nombre viene de los ejemplares antiguos del bosque de Buçaco, plantados por los monjes en el siglo XVII, que se tomaron por autóctonos. Tiene ramillas colgantes que le dan un aspecto más suelto y un follaje verde grisáceo.

Necesita más humedad de suelo y de ambiente que los anteriores y no aguanta bien por debajo de -8 °C. En España se ha empleado más en repoblación y en jardín histórico que en jardinería doméstica; en un patio pequeño su porte irregular no rinde.

El ciprés de Leyland: un híbrido entre dos géneros

× Cuprocyparis leylandii (antes Cupressocyparis leylandii) no es una especie. Es un híbrido intergenérico aparecido por casualidad en Leighton Hall, en Gales, en 1888, entre Cupressus macrocarpa y el ciprés de Nootka, Xanthocyparis nootkatensis. La cruz delante del nombre indica precisamente eso.

Ese origen explica su comportamiento. Es prácticamente estéril, de modo que todo lo que se planta procede de esqueje y es genéticamente idéntico dentro de cada cultivar: 'Haggerston Grey', 'Leighton Green', 'Castlewellan Gold' de follaje dorado. Y tiene vigor híbrido en estado puro: 80 a 100 cm al año, con capacidad de llegar a 25-35 m si nadie lo detiene.

Como seto es rápido y como vecino es problemático. Consume mucha agua y seca el suelo varios metros alrededor, de modo que nada prospera a su pie. Necesita dos o tres recortes al año, en mayo-junio y a finales de agosto, y aquí llega el punto que lo decide todo: no rebrota de madera vieja. Cortar hasta la parte interior parda deja un hueco marrón permanente. Un leylandii al que se le dejó pasar dos temporadas ya no se puede reducir, solo arrancar. Si se planta, se recorta desde el primer año manteniendo siempre follaje verde en toda la superficie de corte, y con la sección en trapecio, más ancha abajo que arriba, para que la base reciba luz. En España la distancia al lindero la fija el artículo 591 del Código Civil o la ordenanza local, y conviene mirarlo antes de plantar una línea de treinta metros.

Tuyas, chamaecyparis y otras confusiones

Varias cupresáceas se venden y se nombran como cipreses. Distinguirlas es fácil con dos gestos: mirar la ramilla y mirar el cono.

Thuja (T. occidentalis, T. plicata): las ramillas son netamente aplanadas, todas en un mismo plano, como manos abiertas. El cono no es esférico sino alargado, de 1 cm, con pocas escamas opuestas coriáceas. Al frotar el follaje huele: la plicata a piña dulce, la occidentalis a resina. Ventaja práctica: Thuja plicata tolera el recorte bastante mejor que el leylandii y rebrota algo de madera semileñosa, lo que la hace más indulgente como seto.

Chamaecyparis lawsoniana: ramillas también aplanadas, gálbulos pequeños de unos 8 mm con ocho escamas, y una guía apical que se dobla y queda colgando, carácter que la delata a distancia. Es muy sensible a Phytophthora cinnamomi en suelo pesado o mal drenado, así que en arcillas no es opción.

Platycladus orientalis, la antigua tuya oriental: ramillas dispuestas en planos verticales, gálbulo carnoso azulado con ganchos curvos antes de secar. Muy rústico y resistente a sequía, de crecimiento lento.

Un Cupressus, frente a todos ellos, tiene ramillas no aplanadas, dispuestas en todas direcciones, y gálbulos leñosos claramente mayores.

El chancro del ciprés y qué hacer

El causante es Seiridium cardinale, hongo originario de California que llegó a Europa a mediados del siglo XX y que está presente en toda España. Es la razón principal por la que mueren los cipreses de jardín.

El síntoma es inconfundible una vez visto: ramas sueltas que amarillean y viran a un rojo anaranjado intenso mientras el resto del árbol sigue verde. Siguiendo esa rama hacia el tronco se encuentra la lesión: una zona deprimida de corteza agrietada, con exudado de resina y, al rascar, tejido pardo rojizo debajo. El cancro va rodeando la rama hasta anillarla, y lo que queda por encima muere. Si la lesión llega al tronco, el árbol está perdido.

La susceptibilidad no es igual: macrocarpa y sempervirens son muy sensibles, el leylandii bastante, arizonica claramente menos. En Italia se han seleccionado clones de C. sempervirens con resistencia parcial ('Bolgheri', 'Agrimed n.º 1') que ya se encuentran en vivero.

No hay curación química fiable, así que el manejo es sanitario. Podar la rama afectada 20-30 cm por debajo del cancro, en madera sana; hacerlo en tiempo seco y con previsión de varios días sin lluvia, porque las esporas se dispersan con el agua y las salpicaduras; desinfectar la herramienta entre cada corte con alcohol de 70º o lejía diluida, porque de lo contrario se va sembrando el hongo por todo el seto; y retirar los restos del jardín, sin dejarlos triturados al pie. Un tratamiento cúprico tras la poda ayuda a proteger las heridas.

Igual de importante es la prevención: evitar heridas en el tronco —los golpes de desbrozadora en la base son una puerta de entrada frecuente—, no dejar el árbol en estrés hídrico prolongado, y no replantar otro Cupressus exactamente donde ha muerto uno. Vigilar también el barrenillo Phloeosinus, un pequeño escolítido que coloniza ramillas de cipreses debilitados y contribuye a extender el hongo; su presencia se nota por ramillas terminales secas que caen al suelo con la base roída.

Cuál elegir según el sitio

Para el interior peninsular, con helada seria y verano seco: Cupressus arizonica o su var. glabra, sin dudarlo. Para clima mediterráneo litoral, suelo calizo y drenante, y si se busca una silueta vertical: Cupressus sempervirens 'Stricta', mejor un clon seleccionado por resistencia al chancro. Para costa atlántica o cantábrica con brisa marina: macrocarpa, aceptando su vulnerabilidad al hongo.

Para un seto, la pregunta previa es si se está dispuesto a recortarlo dos veces al año durante veinte años. Si la respuesta es no, el leylandii es mala idea y también lo es una línea de cipreses. Alternativas que sí toleran el recorte severo y rebrotan: laurel (Laurus nobilis), durillo (Viburnum tinus), Pittosporum tobira, Prunus lusitanica, aligustre o, en clima frío, tejo. Y si se quiere conífera de todos modos, Thuja plicata perdona más que el leylandii.

En resumen

Cupressus sempervirens aporta la silueta vertical y aguanta caliza, sequía y unos -15 °C; macrocarpa es de costa húmeda y salina y muy sensible al chancro; arizonica es la opción sólida para el interior, hasta -18 °C y con menos problemas fúngicos; lusitanica es mexicana pese al nombre y necesita más humedad. El leylandii es un híbrido estéril entre géneros, rapidísimo y exigente en recorte, que no perdona un corte en madera vieja. Tuyas y chamaecyparis se reconocen por la ramilla aplanada y el cono pequeño. Y frente al chancro de Seiridium cardinale lo único eficaz es podar por debajo de la lesión en tiempo seco, desinfectar entre cortes y evitar heridas y estrés.


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