Primero se queda desnudo. Durante unas semanas parece un árbol muerto plantado en mitad de la avenida, sin una hoja, y entonces las ramas se cubren de golpe de trompetas amarillas o rosas hasta que no se ve la madera. Ese es el argumento entero de las Tabebuia, y también la clave de su cultivo: florecen porque han pasado sed, no a pesar de ello. Regarlas bien todo el año es la forma más segura de tener un árbol verde y sin flores.

Un género que se partió en tres

La revisión taxonómica de 2007 desmontó el género Tabebuia tal como aparecía en los manuales antiguos, y el nombre que llevan las etiquetas de vivero se quedó anticuado casi de un día para otro. Hoy la cosa está así, dentro de la familia de las bignoniáceas:

Tabebuia en sentido estricto conserva unas sesenta especies de madera más blanda, entre ellas la más plantada de todas, Tabebuia rosea, y la plateada Tabebuia aurea (la que muchos catálogos siguen llamando T. caraiba).

Handroanthus agrupa los lapachos propiamente dichos, de madera densísima: Handroanthus impetiginosus —el antiguo Tabebuia avellanedae, el lapacho rosado—, H. chrysanthus, el araguaney venezolano de flor amarilla, H. heptaphyllus y H. serratifolius.

Roseodendron se quedó con dos especies mexicanas y centroamericanas.

Para el jardinero el cambio no altera ni un cuidado, pero sí sirve para pedir la planta correcta. Encargar "una tabebuia amarilla" puede acabar en T. aurea, de porte torcido y hoja plateada, o en H. chrysanthus, de copa más redonda y floración explosiva: dos árboles distintos con el mismo color de flor.

Tabebuia rosea en plena floración

Quién es quién a la hora de elegir

Tabebuia rosea (roble sabana, apamate, maquilishuat). Alcanza 25 o 30 metros en su tierra y entre 8 y 15 en cultivo, con copa en pisos y flor rosa pálida con la garganta amarilla. Es la más tierna al frío de todas y la que más agua pide.

Tabebuia aurea. Árbol pequeño, de 6 a 10 metros, tronco sinuoso y hojas gruesas de un verde grisáceo casi plateado que ya de por sí valen la pena. Viene del cerrado brasileño, así que tolera suelos pobres, arenosos y secos mejor que ninguna otra del grupo. Buena opción para jardín pequeño.

Handroanthus impetiginosus. El lapacho rosado, árbol nacional de Paraguay, de flor magenta intensa y madera legendaria por su dureza. De todo el conjunto es el que mejor aguanta el frío, y por eso es el candidato razonable para intentarlo en el litoral peninsular.

Handroanthus chrysanthus. Amarillo puro, floración corta y brutal, apenas una semana o diez días. Exige calor de verdad para florecer bien.

Dónde se puede plantar en España sin engañarse

Estos árboles son subtropicales y tropicales, y el factor limitante es la helada. Un ejemplar adulto y sin hojas de lapacho rosado puede salir adelante tras un episodio breve de dos o tres grados bajo cero con daños en la punta de las ramas; T. rosea ya sufre alrededor de 0 ºC; y cualquier planta joven de las cuatro especies muere con la primera helada seria, porque el tronco fino no tiene reservas.

Con eso sobre la mesa, el mapa queda corto. Canarias es el sitio donde se cultivan con normalidad y donde se ven como arbolado urbano. En la Península funcionan solo en franjas litorales sin heladas y con verano largo y caluroso: costa de Málaga y Granada, Almería, Murcia y el sur de Alicante, siempre en microclimas resguardados, cerca del mar y con muro orientado al sur. En Valencia, Barcelona o el interior andaluz la apuesta se pierde tarde o temprano, en el invierno que se sale de la media.

Hay un segundo requisito que se pasa por alto: aunque no hiele, hace falta calor estival sostenido. En una costa atlántica templada y fresca, sin heladas pero sin verano potente, el árbol sobrevive y no hace nada. Vegeta durante años y no florece.

El cultivo en maceta es posible en invernadero, pero conviene decirlo claro: estas especies solo florecen bien de adultas y con volumen de raíz, así que un ejemplar en contenedor que se mete y se saca cada otoño rara vez pasa de árbol de hoja bonita.

La floración depende de la sequía, no del abono

En su clima de origen hay una estación seca marcada. El árbol responde tirando la hoja, entrando en reposo y abriendo la flor sobre madera desnuda justo antes de que vuelvan las lluvias. Ese es el mecanismo, y se puede reproducir en el jardín: reducir mucho el riego desde finales de otoño y mantenerlo casi cortado durante el invierno, para restablecerlo cuando empiecen a hincharse los botones.

Un árbol regado con la misma frecuencia doce meses al año, o plantado en una pradera con riego automático diario, se queda semiperenne y la floración se vuelve escasa y salteada. Lo mismo pasa con el abono nitrogenado abundante: más hoja, menos flor.

Aparte de eso, hay que tener paciencia. De semilla, una Tabebuia tarda entre cuatro y ocho años en dar su primera floración digna, según especie y clima. Los ejemplares injertados adelantan ese plazo y garantizan el color, motivo suficiente para preferirlos si el vivero los ofrece.

Suelo, riego y plantación

Sol pleno, sin discusión. A sombra parcial se estiran y no florecen.

El suelo debe drenar bien; el encharcamiento prolongado les pudre la raíz. Toleran una horquilla amplia de pH y también suelos pobres, sobre todo T. aurea. En terreno arcilloso, plantación sobre montículo elevado y nada de dejar el alcorque hecho un cuenco.

El momento de plantar es la primavera, cuando ya no hay riesgo de frío y quedan por delante muchos meses cálidos para que la raíz se instale antes del primer invierno. Los dos o tres primeros años son los delicados: riego regular en verano, acolchado que no toque el tronco y, en zonas límite, un velo antiheladas sobre la copa durante las noches frías. Superada esa fase, el árbol adulto es notablemente resistente a la sequía.

Sitúalo lejos de tendidos y cornisas, contando la altura adulta. Las raíces no son especialmente agresivas —de ahí su uso como arbolado de calle en América tropical—, pero la copa de T. rosea necesita espacio real.

Tabebuia aurea, conocida también como Tabebuia caraiba

Poda y multiplicación

La poda debe ser mínima y de formación: subir la cruz en los primeros años, eliminar ramas cruzadas o mal insertadas y poco más. Se hace al terminar la floración, porque cortar en invierno se lleva las yemas ya formadas. Estos árboles reaccionan mal a los desmoches y terciados: rebrotan un matorral de chupones débiles y pierden para siempre la silueta en pisos que es media gracia del ejemplar.

La reproducción por semilla es sencilla con una condición: la semilla, alada y ligera, sale de cápsulas alargadas y pierde viabilidad en pocas semanas. Con semilla fresca, sembrada superficialmente en sustrato ligero y a 25-30 ºC, germina en una o dos semanas y con porcentajes altos; con semilla de sobre, comprada quién sabe cuándo, la germinación suele ser nula y el semillero no llega a asomar.

También se multiplican por estaquilla semileñosa en verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo, y por injerto sobre patrón de semilla cuando se quiere asegurar el color exacto de la flor.

Problemas sanitarios

Son árboles poco problemáticos. En cultivo aparecen cochinillas y pseudocóccidos en brotes tiernos, sobre todo en ejemplares en maceta o bajo cubierta, y trips que deforman la hoja nueva en periodos secos y calurosos. En ambientes húmedos y con poca ventilación pueden salir hongos foliares, más aparatosos que graves.

Lo que sí mata ejemplares con regularidad no es una plaga: es el exceso de agua en suelo pesado y el frío en planta joven. Antes de buscar culpables microscópicos, revisa el drenaje.

El lapacho como remedio: qué dice la tradición y qué dice la evidencia

La corteza interna de Handroanthus impetiginosus se comercializa como pau d'arco, taheebo o lapacho, y arrastra una fama enorme como remedio para infecciones, inflamaciones y hasta el cáncer. Conviene separar las dos cosas.

La tradición es real y antigua: distintos pueblos sudamericanos han usado esa corteza en infusión durante siglos. La evidencia clínica es otra historia. Sus compuestos característicos, el lapachol y la beta-lapachona, mostraron actividad en laboratorio y llevaron a ensayos clínicos en los años setenta que se abandonaron: las dosis necesarias para obtener algún efecto producían náuseas, vómitos y alteraciones de la coagulación. No hay ensayos clínicos que respalden el uso del lapacho para tratar el cáncer ni ninguna infección en humanos. Quien lo tome debe saber que está siguiendo un uso tradicional, no un tratamiento comprobado.

Hay además riesgos concretos que sí están documentados: el lapachol interfiere con la vitamina K y puede potenciar el efecto de los anticoagulantes, con riesgo de sangrado. Está desaconsejado en embarazo y lactancia, y no debe usarse para sustituir ningún tratamiento médico. Si te interesa por este motivo, la conversación es con tu médico o tu farmacéutico, no con el vivero.

Si vives donde hiela y quieres el mismo efecto

El género no sirve para el clima peninsular medio, pero la estampa de árbol que florece sobre madera desnuda sí se puede conseguir con especies que aguantan más:

Jacaranda mimosifolia, de la misma familia, resiste heladas breves de -5 a -7 ºC en ejemplar adulto y florece en azul violeta en mayo y junio en Sevilla, Córdoba, Málaga o Lisboa.

Ceiba speciosa (el palo borracho), con flor rosa en otoño y tolerancia parecida.

Tipuana tipu para el amarillo, muy usada como arbolado urbano en el sur y el levante.

Bauhinia variegata en zonas litorales suaves, que también florece sobre rama desnuda a finales de invierno.

En resumen

Lo que la botánica separó en tres géneros —Tabebuia, Handroanthus y Roseodendron— sigue siendo para el jardín un mismo puñado de árboles con idénticas exigencias: sol pleno, suelo drenado, calor de verano abundante y ningún encharcamiento. La floración se dispara con la sequía invernal, así que hay que cortar el riego de noviembre a febrero y devolverlo cuando asomen los botones; regar todo el año es la forma segura de no ver flor. En España su sitio son Canarias y las franjas litorales cálidas del sur y el sureste, y la planta joven es la vulnerable: protégela los tres primeros inviernos. Si buscas semilla, que sea reciente, porque caduca en semanas. Y con el lapacho medicinal, prudencia: hay tradición, no hay ensayos que la respalden y sí interacción con anticoagulantes.


Contenidos relacionados