Corta la Spiraea japonica a 20 cm del suelo en febrero y florecerá mejor que nunca. Aplica esa misma tijera a la espirea blanca de flor primaveral que hay en muchos jardines y te quedas sin flor hasta el año siguiente. Son dos arbustos parecidos, con el mismo nombre de pila y calendarios opuestos, y distinguirlos es la mitad de lo que hay que saber sobre esta planta.
La otra mitad tiene que ver con el agua: la Spiraea japonica es una rosácea de clima húmedo que en buena parte de España va a necesitar riego y, muy probablemente, hierro.
De dónde viene y cómo es
Spiraea japonica L.f. pertenece a la familia Rosaceae y es originaria de Japón, China y Corea, donde crece en claros de bosque y bordes de curso de agua. Llegó a los jardines europeos a mediados del siglo XIX y desde entonces ha generado una de las series de cultivares más amplias de la jardinería ornamental. La antigua Spiraea × bumalda, con la que se etiquetan todavía algunos viveros, hoy se considera parte de esta misma especie: si tienes una 'Anthony Waterer', tienes una Spiraea japonica.
Es un arbusto caducifolio de porte redondeado y denso, de entre 60 cm y 1,5 metros de altura según el cultivar, con anchura similar o algo mayor. Crece deprisa: alcanza su tamaño adulto en tres o cuatro años. Los tallos son finos, erectos, de color pardo rojizo, y salen abundantemente de la base, lo que explica que tolere tan bien la poda severa.
La hoja es alterna, ovado-lanceolada, de 3 a 8 cm, con el margen claramente aserrado y a menudo doble aserrado. Muchos cultivares tienen valor sobre todo por el follaje: brotan en tonos cobrizos o rojizos, viran a verde o a dorado en verano y vuelven a teñirse de naranja y granate en octubre y noviembre antes de caer.
La floración es de verano, no de primavera
Merece un apartado propio porque condiciona todo el manejo. Las flores de Spiraea japonica son pequeñas, de cinco pétalos, rosa carmín, rosa pálido o blancas según el cultivar, y se agrupan en corimbos aplanados de 6 a 15 cm en el extremo de los brotes. La floración va de junio a septiembre en la mayor parte de la península, arrancando algo antes en el sur y prolongándose hasta octubre en el norte húmedo.
Y esos corimbos nacen sobre la madera del año en curso. La yema que florecerá en junio todavía no existe en enero, se formará en el brote que salga en marzo. De ahí que la poda invernal, lejos de perjudicarla, sea justo lo que la mejora.
El arbusto que florece en abril y mayo, blanco, con ramas arqueadas cargadas de umbelas —la que se llama corona de novia o novia del año— es otra planta: Spiraea cantoniensis o Spiraea × vanhouttei. Aquella florece sobre madera del año anterior y se poda inmediatamente después de florecer, en mayo o junio. Si en la etiqueta del vivero solo pone "espirea", la manera de saber cuál tienes es esperar y ver cuándo abre: primavera y blanco arqueado, poda en junio; verano y rosa plano, poda en febrero.
Cultivares que verás a la venta
'Anthony Waterer' es el clásico: 1 metro, flor rosa carmín intensa, follaje verde con brotes rojizos y algún ramillete de hojas variegadas. 'Goldflame' y 'Golden Princess' tienen la hoja dorada con brotación anaranjada. 'Little Princess' es compacta, de 50 a 60 cm, con flor rosa suave. 'Magic Carpet' ronda los 45 cm y es la elegida para primeras líneas de borde. 'Shirobana' (o 'Genpei') abre flores blancas y rosas en la misma mata a la vez. 'Albiflora', la var. albiflora, es enteramente blanca y algo más baja. 'Alpina' o 'Nana' no pasa de 40 cm y funciona como tapizante.
La regla práctica al elegir: cuanto más dorado el follaje, menos sol directo aguanta en el interior peninsular. Un 'Goldflame' a pleno sol en Toledo en julio termina con las hojas quemadas por los bordes.
Luz, clima y ubicación
En la cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo y norte de Castilla, pleno sol es la mejor opción y la que da floración más densa. Desde Madrid hacia el sur y en el valle del Ebro, la fórmula que funciona es sol de mañana y sombra desde primeras horas de la tarde: recibe luz suficiente para florecer y se ahorra las horas de más de 35 °C con aire seco, que le producen quemaduras marginales y defoliación parcial.
De frío no hay que preocuparse en absoluto. Resiste sin daño por debajo de -20 °C, así que cualquier punto de España le queda holgado, incluidos los páramos sorianos o el interior de Teruel. Sus limitaciones aquí son de calor y sequedad, no de heladas.
Tolera mal el viento salino directo, así que en primera línea de costa hay que resguardarla.
Suelo, agua y el asunto del hierro
Prefiere suelos fértiles, frescos, con materia orgánica y de pH entre 5,5 y 7. Sobre suelo calizo, con pH de 8 o más, y regada con el agua dura de red de buena parte del país, aparece clorosis férrica: la hoja nueva amarillea entre los nervios, que permanecen verdes, y en casos avanzados se seca por los bordes y el arbusto se queda raquítico.
Esto no es un problema menor ni una excentricidad de manual, es la razón por la que muchas espireas japonesas languidecen en jardines de Levante, Aragón o La Mancha sin que se entienda por qué. Las medidas que funcionan, por orden: plantar sobre un hoyo generoso con sustrato mejorado y compost, acolchar con corteza de pino o restos de poda para acidificar la superficie poco a poco, regar con agua de lluvia cuando se pueda, y aportar quelato de hierro EDDHA —el único que se mantiene estable a pH alto— al final del invierno si aparecen los síntomas. El sulfato de hierro suelto, sobre caliza, se bloquea en cuestión de días y no resuelve nada.
En cuanto al riego: no es una planta de secano y no hay que colocarla en una zona de xerojardín esperando que aguante. Necesita el suelo fresco, sin llegar a encharcado. En verano, en clima mediterráneo, eso son riegos de dos o tres veces por semana en suelo ligero y goteo diario en maceta. Un acolchado de 5 a 7 cm reduce esa frecuencia de forma notable y mantiene la raíz, que es superficial, a temperatura estable.
Plantación y abonado
El mejor momento es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce durante el invierno. La alternativa es febrero o marzo. Se vende siempre en contenedor, así que técnicamente puede plantarse casi todo el año menos en pleno verano, momento en que el estrés hídrico se paga.
Para un seto bajo se colocan de dos a tres plantas por metro lineal, a 40 o 50 cm entre ellas según el cultivar. En macizo, marco de 60 a 80 cm.
El abonado se resuelve con compost o estiércol maduro extendido en superficie a finales de invierno, o un abono granulado de liberación lenta equilibrado en marzo. No conviene aportar nitrógeno a partir de julio: fuerza brotes tiernos, atrae pulgón y retrasa el agostamiento de la madera.
Poda: la operación que la mantiene joven
Aquí Spiraea japonica es de las plantas más agradecidas que existen, porque rebrota con fuerza desde la base.
Poda principal, en febrero. Antes de que arranque la brotación, se rebajan todas las ramas a 15-25 cm del suelo y se eliminan a ras las más viejas, gruesas y grisáceas. Parece drástico y no lo es: en abril la mata está rehecha y en junio florece sobre esos brotes nuevos, con corimbos más grandes que si no se hubiera tocado. Sin esta poda anual, el arbusto se apelmaza, se llena de madera vieja improductiva y se despuebla por dentro en cuatro o cinco años.
Segunda pasada, en julio. En cuanto los corimbos se secan y pardean, se recortan justo por debajo, cortando también unos centímetros de tallo. Esto evita que la planta invierta en semilla, mejora el aspecto y, en la mayoría de cultivares, provoca una segunda floración en septiembre, más discreta que la de junio pero muy útil cuando el resto del jardín está apagado.
Una mata abandonada durante años, alta y hueca por el centro, se recupera con un corte a ras en febrero. Rebrota. Esa es la diferencia entre esta espirea y otros arbustos que hay que sustituir cuando envejecen.
Multiplicación
La vía cómoda es el esqueje semileñoso en junio o julio: fragmentos de 10 a 12 cm de brotes del año, sin flor, deshojados en la mitad inferior, en mezcla de turba y perlita a partes iguales, con humedad ambiental alta y sombra. Enraízan en tres o cuatro semanas y admiten hormona de enraizamiento, aunque no la necesitan especialmente.
También funcionan el acodo bajo —tumbar una rama exterior, enterrar un tramo y esperar a la primavera siguiente— y la división de mata en otoño en ejemplares viejos que hayan formado muchas cañas de base.
La semilla germina, pero no sirve para reproducir un cultivar: la descendencia sale variable en color de flor y de hoja, y con el porte de la especie tipo. Si quieres exactamente tu 'Little Princess', tiene que ser por esqueje.
Plagas y enfermedades
Pulgón. Es el visitante habitual de los brotes tiernos en primavera. La especie que más se asocia a este arbusto es Aphis spiraecola, cuyo nombre viene precisamente de aquí, y que además es plaga de cítricos y vector del virus de la tristeza. Dato práctico para el sureste y Levante: no plantes espireas pegadas a los cítricos, porque les sirven de refugio y punto de multiplicación. Sobre la propia espirea, el pulgón se controla con jabón potásico y con fauna auxiliar (mariquitas, sírfidos), que llegan solas si no se abusa de insecticidas.
Oídio. Polvillo blanco sobre la hoja en primaveras húmedas y en plantaciones demasiado densas o mal ventiladas. Se previene con separación adecuada, la poda anual que airea la mata y riego al pie en vez de por aspersión.
Araña roja. Aparece en verano seco y caluroso, con punteado amarillento en el haz y telilla fina en el envés. Es un síntoma de ambiente demasiado seco: subir la humedad y mantener el suelo fresco suele bastar.
También se ven manchas foliares de origen fúngico en otoños lluviosos, sin mayor consecuencia, y clorosis, que como se ha dicho es un problema de suelo y no una enfermedad.
Usos en el jardín
Su papel natural es el de arbusto de segunda o tercera línea en un macizo y el de seto bajo informal de 60 cm a 1 metro, para delimitar sin cerrar. Los cultivares enanos funcionan como tapizante en grupos de cinco o siete pies y como planta de borde junto a caminos.
Va bien en maceta grande, a partir de unos 30 litros, con la condición de no dejar que se seque en verano y de renovar la capa superficial de sustrato cada primavera.
Acompaña bien a hortensias, hostas y helechos en jardín fresco de zona norte, y a rosales, lavandas y salvias en jardín soleado, siempre que se le dé el riego que las lavandas no necesitan. El follaje dorado de los cultivares tipo 'Goldflame' se usa mucho para iluminar rincones de sombra parcial junto a hoja verde oscura.
Dos apuntes finales. El género Spiraea dio nombre a la aspirina —el ácido salicílico se aisló de la reina de los prados, entonces Spiraea ulmaria y hoy Filipendula ulmaria—, pero eso es historia de la farmacia y no un aval para consumir esta especie, que es ornamental y no tiene uso alimentario ni medicinal. Y respecto a su comportamiento: en el este de Norteamérica se ha naturalizado y está catalogada como invasora en varios estados. En España no se ha comportado así, aunque la poda de julio, además de mejorar la floración, tiene la ventaja de impedir que suelte semilla.
En resumen
Arbusto caducifolio japonés de 0,5 a 1,5 metros que florece en verano sobre la madera del año, por lo que se poda a fondo en febrero, casi a ras, y se recortan los corimbos secos en julio para forzar una segunda floración. Quiere sol en el norte y sombra de tarde en el centro y el sur, aguanta cualquier helada peninsular y no aguanta la sequía: sin riego regular y sin acolchado no prospera. Sobre suelo calizo y con agua dura amarillea por clorosis férrica, que se corrige con materia orgánica, mantillo ácido y quelato de hierro EDDHA. Y conviene no confundirla con la espirea blanca de primavera, que se poda seis meses más tarde.