Compre una Skimmia japonica 'Rubella' en diciembre esperando esas bolas rojas que salen en las fotos y no verá ni una sola en su vida. 'Rubella' es un clon macho. Lo que luce en invierno son sus capullos florales, apretados en panículas de color granate, y lo que da en primavera son flores blancas perfumadas. Fruto, ninguno. No está defectuosa ni le falta abono: le falta sexo.

Esa confusión resume bastante bien lo que pasa con este arbusto en España. Se vende mucho, se vende mal explicado y se coloca casi siempre en el sitio equivocado. Merece la pena, eso sí: pocas plantas leñosas dan color desde octubre hasta abril sin pedir nada a cambio salvo dos cosas concretas, sombra y agua sin cal.

Arbusto de Skimmia japonica con frutos rojos

Qué planta es y de dónde sale

Skimmia japonica es un arbusto perennifolio de la familia Rutaceae, la misma de los cítricos y de la ruda. Si estruja una hoja entre los dedos notará ese olor resinoso, entre limonero y farmacia, que delata el parentesco. Procede de Japón, con poblaciones también en Corea, Taiwán y el sudeste de China, donde vive en el sotobosque de bosques templados y húmedos, bajo la copa de otros árboles y sobre suelos ácidos cargados de materia orgánica en descomposición.

Ese origen explica casi todo su comportamiento en el jardín. Es una planta de sombra por vocación, no por tolerancia. Crece despacio, entre 5 y 15 centímetros al año, y en veinte años rara vez pasa del metro y medio, con un porte redondeado y compacto tan denso que no hace falta darle forma. Las hojas son coriáceas, de un verde oscuro brillante, agrupadas en el extremo de las ramas, de entre 6 y 12 centímetros.

El ciclo ornamental es lo interesante. Los capullos florales se forman a finales de verano y se quedan ahí, cerrados y coloreados, durante todo el otoño y el invierno: eso es lo que se compra en las jardinerías en noviembre. Abren en marzo o abril en panículas de florecillas blancas o crema con aroma dulce, que en un día templado atrae abejas y sírfidos. Después, en las plantas hembra polinizadas, vienen las drupas rojas del tamaño de un guisante, que maduran en otoño y aguantan en la mata hasta bien entrada la primavera siguiente porque los pájaros no las tocan.

Machos, hembras y el reparto que hay que planificar

Skimmia japonica es dioica: cada ejemplar es macho o hembra, y solo las hembras fructifican, siempre que haya un macho florecido cerca. Esto no es un detalle de botánico: es lo que decide si el arbusto que ha comprado tendrá frutos o no, y no hay abono ni cuidado que lo corrija.

Reparto orientativo de los cultivares más comunes en vivero:

  • 'Rubella': macho. El más vendido con diferencia. Capullos rojo vinoso espectaculares de octubre a marzo, flores blancas perfumadas. Nunca da fruto.
  • 'Fragrans': macho, flores muy aromáticas, capullos blanquecinos, menos vistoso en invierno que 'Rubella'.
  • 'Nymans': hembra, frutos grandes y abundantes, hoja algo más estrecha.
  • 'Veitchii' (también etiquetada como 'Foremanii'): hembra, vigorosa, buena fructificación.
  • Skimmia japonica subsp. reevesiana: hermafrodita. Se autopoliniza y fructifica sola, sin necesidad de pareja. A cambio es todavía más intolerante a la cal que la especie tipo y de porte más bajo.

Un macho poliniza sin problema a cinco o seis hembras, siempre que estén a pocos metros y sus floraciones coincidan. Si solo tiene sitio para una planta y quiere frutos, la subespecie reevesiana resuelve el problema; si quiere el impacto invernal de los capullos granate, 'Rubella' es imbatible y hay que asumir que se queda sin bayas.

Un aviso de compra: en las bandejas de temporada las etiquetas se cambian de maceta con alegría y no siempre coinciden con la planta. En un ejemplar en flor se distingue a simple vista: los machos tienen estambres largos y evidentes, con anteras cargadas de polen que asoman por encima de los pétalos; las hembras muestran un ovario verde y abultado en el centro y estambres atrofiados. Fuera de floración, la pista es el fruto viejo o el pedúnculo seco.

La cal del agua es lo que la mata

La skimmia es calcífuga estricta. Quiere un pH entre 5 y 6,5, como la camelia, la azalea o el arándano, y en cuanto sube de 7 deja de absorber hierro y manganeso. El síntoma es inconfundible: clorosis férrica, hojas nuevas de un amarillo pálido con los nervios marcados en verde, como una hoja de árbol dibujada por un niño. Si nadie interviene, el amarillo pasa a las hojas viejas, los bordes se secan y en dos o tres temporadas la planta se apaga.

El problema en la Península no suele ser el suelo del jardín, que a veces se puede corregir, sino el agua del grifo. En Madrid, Galicia, la sierra de Guadarrama o Extremadura el agua es blanda y no da guerra. En Levante, el valle del Ebro, Baleares, Andalucía o gran parte de las dos Castillas sale con 300 o más miligramos de carbonato cálcico por litro, y esa cal se acumula en el sustrato riego tras riego. Un año de riego con agua dura basta para alcalinizar la maceta entera aunque se plantara en tierra de brezo.

Lo que funciona:

  • Regar con agua de lluvia siempre que se pueda. Un bidón bajo un bajante resuelve el consumo de varias macetas.
  • Si no hay más remedio que usar agua de red, acidificarla ligeramente. Dejarla reposar veinticuatro horas quita el cloro, pero no la cal: para eso hace falta bajar el pH, con unas gotas de vinagre o de ácido cítrico por litro hasta situarla alrededor de 6, midiendo con tiras reactivas las primeras veces en lugar de calcular a ojo.
  • Aplicar quelato de hierro EDDHA al final del invierno y otra vez a comienzos de verano si aparece la clorosis. Es el único quelato que sigue siendo estable por encima de pH 7; el EDTA, más barato, se degrada en suelo calizo y no sirve de nada.

Sobre el sulfato de hierro conviene precisar algo: espolvorearlo sobre la tierra reverdece un poco a corto plazo, pero en suelo calizo se insolubiliza en cuestión de días y no corrige la causa. Es un parche, no un tratamiento.

Luz, calor y dónde ponerla en cada clima

Sombra o media sombra, y en el sur de España sombra a secas. El sol directo de junio a septiembre quema las hojas, que se manchan de marrón por el borde y adquieren un tono verde amarillento apagado que ya no se recupera esa temporada. La orientación ideal en la Península es norte o noreste: luz abundante pero indirecta, sol suave de primera hora y protección en las horas centrales.

De frío no hay que preocuparse. Aguanta sin daño hasta unos -15 °C, y los capullos invernales resisten heladas fuertes sin estropearse. Lo que la castiga es lo contrario: las tardes de 35 °C con aire seco, que provocan la caída parcial de hojas y abren la puerta a la araña roja.

Por zonas: en la cornisa cantábrica, Galicia, el Pirineo y el norte de Cataluña se planta directamente en tierra y se comporta como un arbusto de bajo mantenimiento. En el interior peninsular funciona bien en patios cerrados, al norte de la casa o bajo árboles caducifolios, aunque conviene la maceta para controlar el sustrato. En el litoral mediterráneo y en Andalucía occidental, maceta obligatoriamente, en el rincón más fresco y sombreado que tenga, y aun así hay veranos que le pasan factura.

Skimmia japonica en flor con panículas blancas

Cultivo en maceta paso a paso

La maceta es la forma más razonable de tener skimmia en la mitad sur peninsular, porque permite controlar el sustrato y moverla de sitio cuando aprieta el verano.

Sustrato. Mezcla para plantas acidófilas: dos partes de turba rubia o tierra de brezo, una de fibra de coco y una de perlita o corteza de pino fina. La corteza de pino aporta acidez duradera y aireación, algo que la turba sola pierde al cabo de un par de años cuando se compacta. Ni una pizca de cal ni de cemento en los alrededores.

Maceta. El sistema radicular es superficial y fibroso, así que interesa más ancha que profunda, y siempre con drenaje generoso. El barro sin esmaltar seca demasiado rápido en verano; el plástico o la resina mantienen mejor la humedad.

Riego. Sustrato fresco de manera constante, sin llegar a encharcar. Se comprueba metiendo el dedo dos centímetros: si sale húmedo, se espera. Un plato lleno de agua permanente es una sentencia: la asfixia radicular y la Phytophthora matan más skimmias que la sequía. En verano puede tocar regar a diario en el sur, mientras que en invierno con una vez cada diez o quince días basta.

Abonado. Fertilizante para plantas acidófilas, líquido y a media dosis, cada tres o cuatro semanas de marzo a septiembre. Nada de abonar en invierno. Un aporte de mantillo de hojas de roble o castaño sobre la superficie en otoño hace las veces de acolchado, mantiene la humedad y acidifica al descomponerse.

Trasplante. Cada dos o tres años, al principio de la primavera, subiendo un solo número de maceta. Crece despacio y una maceta desproporcionada solo consigue que el sustrato sobrante se quede permanentemente mojado.

Poda: cuanto menos, mejor

Este arbusto no necesita poda de formación. Ramifica solo y con densidad. Lo único que se hace es retirar ramas secas, dañadas o mal orientadas, y en ejemplares viejos aclarar algo el centro para que corra el aire.

El momento es justo después de la floración, en abril o mayo. Si poda en verano o en otoño estará cortando exactamente las yemas que iban a darle el color de todo el invierno, porque los capullos ya están formados desde agosto. En las plantas hembra, además, cortar en otoño se lleva por delante los frutos.

Plagas y problemas reales

Araña roja (Tetranychus urticae). El enemigo número uno en clima seco y caluroso. Deja un punteado fino y descolorido en el haz y una telaraña muy tenue en el envés. Se combate subiendo la humedad ambiental: pulverizaciones de agua sin cal sobre el envés en las horas frescas, agrupar macetas, alejar la planta de radiadores o paredes recalentadas. En focos declarados, jabón potásico o aceite de neem repetido cada semana.

Cochinillas, sobre todo la algodonosa, en las axilas de las hojas y en las ramas bajas. En pocos ejemplares se quitan a mano con un bastoncillo mojado en alcohol; si hay más, jabón potásico.

Hojas amarillas. Antes de echarle la culpa a una plaga, distinga: amarillo entre nervios con los nervios verdes es clorosis por cal; amarillo uniforme con hojas blandas y caída es exceso de agua; amarillo pálido con los bordes tostados y aspecto acartonado es exceso de sol o de calor.

La skimmia no es una planta de interior. Se vende en diciembre entre las plantas de temporada de Navidad y acaba en un salón con calefacción, donde el aire seco y los 22 °C constantes la deshidratan, le disparan la araña roja y le impiden pasar el frío que necesita para inducir la floración siguiente. Puede entrarla unos días para decorar una mesa, pero su sitio es el exterior.

Los frutos no se comen

Las bayas rojas son atractivas y engañan bastante, pero no son comestibles. Toda la planta, y en particular fruto y hoja, contiene skimmianina, un alcaloide furoquinolínico propio de las rutáceas. La ingestión de unas pocas bayas provoca sobre todo molestias digestivas —náuseas, vómitos, dolor abdominal—, y cantidades mayores pueden causar síntomas neurológicos.

En la práctica esto significa colocarla con cabeza si hay niños pequeños o perros que mordisquean lo que encuentran, y no dejar los frutos caídos en el suelo del patio. Ante una ingestión, llame al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20) o acuda a urgencias con una muestra de la planta; no provoque el vómito por su cuenta.

Merece la pena recordar también que la savia de las rutáceas puede irritar pieles sensibles, así que para podar más de cuatro ramas vienen bien unos guantes.

Cómo multiplicarla

Por esqueje semileñoso, que es el método fiable y además garantiza el sexo de la planta madre. Se toman en agosto o septiembre brotes del año ya endurecidos en la base, de 8 a 10 centímetros, se quitan las hojas inferiores, se moja la base en hormona de enraizamiento y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Bolsa de plástico o miniinvernadero, sombra, temperatura estable y paciencia: enraízan despacio, de dos a cuatro meses, y no se trasplantan hasta la primavera siguiente.

Por semilla es posible —se limpia la pulpa del fruto maduro y se siembra en otoño, con estratificación fría natural—, pero germina irregularmente, tarda años en florecer y no se sabe si saldrá macho o hembra hasta la primera floración. Solo tiene sentido si le divierte el proceso.

En resumen

Skimmia japonica es un arbusto de sombra, lento, compacto y perennifolio que da color justo cuando el jardín no tiene nada más: capullos coloreados todo el invierno, flores blancas perfumadas en primavera y, en las plantas hembra polinizadas, frutos rojos que aguantan meses.

Se cultiva bien si se respetan tres cosas: sustrato ácido, agua sin cal y ausencia de sol directo en verano. Falla cualquiera de las tres y la respuesta es siempre la misma, hojas amarillas entre nervios verdes. Recuerde que 'Rubella' es macho y no fructificará jamás, que las hembras necesitan un macho cerca, y que la subespecie reevesiana es la única que se apaña sola. En el norte húmedo va a tierra sin más; del centro hacia el sur, maceta, sombra, agua de lluvia y un rincón fresco donde pasar julio.


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