Un pistacho tostado no germina jamás. El calor del tueste coagula las proteínas del embrión y lo mata, así que la bolsa del supermercado, salada o sin salar, sirve para merendar y para nada más. Si el objetivo es sacar plantas, la semilla tiene que ser pistacho crudo, sin pelar y de cosecha reciente, porque además el poder germinativo cae deprisa con los meses.

Dicho esto, conviene saber a qué se apunta uno. Sembrar la semilla es la parte fácil y barata; lo que viene después —el sexo indefinido de la plántula, el injerto, los ocho años hasta la primera cosecha decente— es lo que decide si aquello acaba en cosecha o en un arbolillo decorativo.

Qué es exactamente la semilla que comemos

El pistacho procede de Pistacia vera, un árbol de la familia de las anacardiáceas, la misma del anacardo y del mango. Aunque en la cocina se le llame fruto seco, botánicamente el pistacho es una drupa: una capa carnosa exterior (el epicarpo, rosado o rojizo, que se desprende en la cosecha), un hueso leñoso —esa cáscara que se abre— y dentro la semilla verde, que es la parte comestible y también la que se siembra.

Esa apertura de la cáscara, la llamada dehiscencia, el «pistacho abierto», no es un capricho comercial: ocurre cuando la semilla llena por completo el hueco interior y lo revienta desde dentro. En veranos cortos o frescos el grano no engorda lo suficiente, la cáscara no se abre y el fruto pierde casi todo su valor. Es la primera pista de qué clima pide este árbol.

El árbol: dioico, longevo y de secano

Pistacia vera es un árbol pequeño, de 5 a 8 metros en cultivo, de crecimiento lento, hoja caduca y compuesta, y una longevidad notable: hay plantaciones productivas con más de un siglo. Su origen está en las mesetas áridas de Asia central e Irán, y eso explica su carácter: raíz pivotante profunda, gran resistencia a la sequía y a los suelos calizos, y una intolerancia total al encharcamiento.

La particularidad que más condiciona la plantación es que es una especie dioica: hay pies macho y pies hembra, y solo los segundos dan fruto. La polinización es anemófila, por viento, sin abejas de por medio. En una plantación se calcula un macho por cada ocho a diez hembras, colocado a barlovento de los vientos dominantes de abril, que es cuando florecen. Un solo árbol hembra aislado en un jardín florece todos los años y no cuaja nada.

En España el binomio dominante es 'Kerman' (hembra) con 'Peter' (macho), que coinciden razonablemente en floración. También se cultivan 'Larnaka', 'Aegina', 'Mateur' o 'Sirora'. La diferencia entre ellos no es solo el tamaño del grano: 'Kerman' necesita en torno a mil horas de frío por debajo de 7 °C para brotar de forma uniforme, mientras que variedades mediterráneas como 'Aegina' o 'Larnaka' se conforman con bastante menos. Plantar 'Kerman' en el litoral mediterráneo cálido da brotaciones escalonadas, floración desordenada y cuajado pobre año tras año.

Lo que sí necesita en todos los casos es verano largo, seco y muy caluroso. Por eso funciona en Castilla-La Mancha, el valle del Ebro, Extremadura o el interior de Andalucía, y funciona mal en la cornisa cantábrica: allí no faltan horas de frío, falta calor estival y sobra humedad en el momento de la maduración.

Plantón joven de pistacho recién sembrado en el suelo

De la semilla a la planta: estratificación y siembra

La semilla de Pistacia tiene una latencia fisiológica moderada. Sembrada tal cual en primavera germina mal y de forma irregular; sometida a frío húmedo germina rápido y pareja. El proceso, paso a paso:

1. Elección de la semilla. Pistacho crudo con su hueso leñoso, de la campaña anterior. Vale el fruto recogido de un árbol conocido o semilla de vivero. Descarta los que floten al ponerlos en agua: suelen estar vanos.

2. Remojo. Veinticuatro horas en agua a temperatura ambiente, cambiándola una vez. Si el hueso está muy cerrado, se puede entreabrir con cuidado por la sutura, sin llegar a tocar la semilla.

3. Estratificación fría. Bolsa con vermiculita, perlita o arena apenas húmeda —que no gotee al apretarla— en la parte baja de la nevera, entre 4 y 7 °C, durante seis a ocho semanas. Conviene abrirla cada diez días para airear y retirar cualquier semilla enmohecida antes de que contagie al resto.

4. Siembra. A finales de febrero o en marzo, a 2-3 cm de profundidad, en sustrato muy drenante (arena gruesa con turba o compost maduro, o directamente tierra franco-arenosa). Con 20-25 °C de suelo emerge en dos o tres semanas.

Aquí aparece el detalle que estropea más siembras de las que parece: la raíz pivotante del pistacho baja muy deprisa y no perdona el enrollamiento. En un semillero plano o en una maceta corriente, la raíz toca fondo en pocas semanas, gira sobre sí misma y el árbol arrastra ese defecto de por vida, con anclaje malo y crecimiento renqueante. Usa envase forestal profundo con costillas antiespiralantes, de al menos 25-30 cm, o siembra directamente en el sitio definitivo, que es lo que se hacía tradicionalmente en el campo español: dos o tres semillas por golpe, y luego se aclara dejando la mejor plántula.

Por qué no basta con sembrar: el injerto

Una plántula de semilla tiene dos problemas. El primero es que no se sabe si es macho o hembra hasta que florece, y eso tarda de siete a diez años; a la mitad de las plantas se les habrán dedicado casi una década para descubrir que no van a dar fruto. El segundo es que la descendencia no reproduce a la madre: el grano será más pequeño, más irregular y probablemente no abrirá bien.

Por eso el pistacho de producción siempre se injerta. La semilla se usa para obtener el patrón, no la variedad. Los portainjertos habituales son:

Pistacia terebinthus, la cornicabra, autóctona de la península. Rústica, muy tolerante a la caliza y a la sequía, poco vigorosa; el árbol resultante es más pequeño y entra algo más tarde en producción, pero aguanta condiciones duras.

Pistacia atlantica, más vigorosa y de mejor prendimiento, aunque sensible a la verticilosis.

UCB-1, híbrido de P. atlantica × P. integerrima. Es el patrón que ha extendido el cultivo en España por su vigor y su tolerancia a Verticillium dahliae. A cambio es más sensible al frío invernal en sus primeros años, así que en zonas de heladas fuertes conviene protegerle el cuello los dos primeros inviernos.

El injerto se hace sobre patrón de uno o dos años, cuando el tronquito alcanza el grosor de un lápiz. Lo habitual es el injerto de yema, en escudete o de placa, en agosto, a yema durmiente, que brotará la primavera siguiente. También se practica de púa en marzo, con menos porcentaje de prendimiento.

Suelo, plantación y riego

El pistacho prospera en suelos francos o franco-arenosos, profundos, con pH de 7 a 8,3 y contenidos altos de caliza activa que dejarían clorótico a un frutal de hueso. Tolera cierta salinidad mejor que la mayoría de los frutales. Lo que no tolera, en absoluto, es el suelo asfixiante: en terrenos pesados o con capa freática alta se pudre el cuello por Phytophthora y el árbol se pierde. Antes de plantar en un suelo dudoso, una calicata de un metro dice más que cualquier análisis.

Sobre el terreno hay que preguntar además por el cultivo anterior. Verticillium dahliae persiste años en el suelo y se multiplica con algodón, girasol, patata, tomate, pimiento y berenjena. Plantar pistacho sobre una parcela que ha llevado esos cultivos, y hacerlo sobre patrón sensible, es firmar bajas escalonadas a partir del tercer o cuarto año.

El marco de plantación ronda los 6 × 6 o 7 × 6 metros en secano y algo más amplio en regadío. En jardín, con un ejemplar hembra y uno macho separados unos metros, se puede obtener cosecha si el clima acompaña.

Aunque se cultive en secano, el riego de apoyo cambia por completo los resultados. Los momentos críticos son la fase de llenado del grano, entre finales de junio y agosto: un estrés hídrico severo ahí produce granos vanos y cáscaras que no abren. En cambio, el exceso de riego en septiembre, cerca de la recolección, favorece la mancha del epicarpo y los hongos.

Cuidados a lo largo del año

Poda. De formación, en vaso o eje modificado, durante los primeros cuatro o cinco años, con la cruz alta si se piensa recolectar con vibrador. Después, poda de fructificación en invierno, aclarando madera vieja: el pistacho fructifica en ramos de un año, y una copa cerrada deja de producir por dentro.

La vecería. El pistacho alterna cosechas: un año carga y al siguiente descansa. No es un fallo de cultivo, es fisiología —la carga del año en curso provoca la caída de las yemas florales del siguiente—, pero se suaviza con poda regular que renueve madera, abonado equilibrado y, en años de sobrecarga, aclareo de ramos.

Abonado. Nitrógeno moderado repartido en primavera y principio de verano; el exceso da vegetación y poco fruto. Vigila el potasio, que el llenado del grano consume mucho, y el zinc, cuya carencia es frecuente en suelos calizos y se manifiesta en hojas pequeñas y entrenudos cortos.

Plagas y enfermedades. Además de la verticilosis, atención a las chinches (Nezara viridula, Brachynema, Apodiphus), que pinchan el fruto joven y provocan aborto o manchas en el grano; y al complejo de hongos de panícula, como Botryosphaeria dothidea, favorecido por primaveras húmedas. En jardín, con pocos árboles, la limpieza de restos de poda y la eliminación de frutos momificados resuelve buena parte del problema.

Un apunte de seguridad menor pero real: las anacardiáceas contienen compuestos fenólicos en la savia que pueden provocar dermatitis de contacto en personas sensibles. Al podar o al pelar el epicarpo fresco a mano, guantes.

Cosecha, secado y conservación

La recolección llega entre finales de agosto y septiembre, cuando el epicarpo cambia de verde a rosado y se desprende con facilidad al frotarlo. Ese epicarpo hay que quitarlo el mismo día: si se deja, mancha la cáscara y, sobre todo, mantiene humedad.

Y ahí está el punto de higiene que importa. El pistacho húmedo y mal secado es un sustrato ideal para Aspergillus flavus, el hongo que produce aflatoxinas, contaminantes cancerígenos que además no se destruyen con el tostado. El fruto debe secarse hasta un 5-6 % de humedad, en capa fina, a la sombra y con aire, y guardarse en seco. Cualquier pistacho enmohecido, arrugado o con olor raro se tira, no se aprovecha.

Para siembra, en cambio, la semilla se conserva mejor con algo más de humedad interna y en frío, en bolsa cerrada en la nevera, y se usa cuanto antes.

Pistachos pelados mostrando el valor nutricional de la semilla

Qué aporta la semilla en la mesa

Cien gramos de pistacho pelado rondan las 560 kcal, con cerca de un 45 % de grasa —mayoritariamente monoinsaturada y poliinsaturada—, un 20 % de proteína, fibra abundante y una cantidad de potasio alta para un fruto de cáscara. Es también la semilla más rica en luteína y zeaxantina de su grupo, los pigmentos responsables de su color verde, y aporta gamma-tocoferol y fitosteroles.

Dos matices honestos. El primero: el pistacho salado de aperitivo puede llevar cantidades de sodio que anulan buena parte del interés nutricional; el crudo o el tostado sin sal no tienen ese problema. El segundo: es un alérgeno alimentario declarable, y presenta una reacción cruzada muy marcada con el anacardo, por parentesco botánico. Quien sea alérgico a uno debe considerarse en riesgo con el otro hasta que un alergólogo diga lo contrario.

Calendario resumido

Diciembre-enero: obtención de semilla cruda, remojo e inicio de la estratificación en frío.

Finales de febrero-marzo: siembra en envase forestal profundo o directa en el terreno.

Abril-junio: crecimiento del patrón, riegos de mantenimiento, control de malas hierbas junto al plantón.

Agosto (del año siguiente): injerto de yema sobre patrón con grosor de lápiz.

Marzo del año posterior: despunte por encima del injerto para forzar la brotación de la yema.

Año 6-8: primeras cosechas apreciables. Plena producción hacia el año 12-15.

En resumen

La semilla del pistacho es la misma que se come, pero solo germina si está cruda, entera y reciente, y solo lo hace bien tras seis u ocho semanas de frío húmedo. Sembrar es sencillo; el resto exige paciencia y decisiones acertadas: envase profundo para no estropear la raíz pivotante, injerto sobre patrón adecuado al suelo y al clima, y un pie macho a barlovento por cada ocho o diez hembras si se espera cosecha.

El clima manda por encima de todo. Inviernos con frío suficiente para cubrir las horas de la variedad elegida, veranos largos y secos para que el grano llene y la cáscara se abra, y un suelo profundo, calizo si hace falta, pero que drene. Donde esas tres cosas coinciden, el pistachero da fruto durante generaciones. Donde no, seguirá siendo un árbol bonito de hoja compuesta y sombra ligera, que tampoco es mal papel para un jardín seco.


Contenidos relacionados