Una bellota que pasa quince días secándose encima de una mesa ya no germina, por muy sana que se vea. Esa frase resume buena parte de lo que separa un semillero de árboles que funciona de uno que da tres plántulas raquíticas: la semilla de árbol no se comporta como la de tomate, y tratarla igual es lo que hace fracasar la siembra antes incluso de que la bandeja llegue al alféizar.

Sembrar árboles es lento y, precisamente por eso, conviene hacerlo bien a la primera. Un error en octubre no se ve hasta marzo, y un error en el envase no se ve hasta que el árbol tiene diez años y se tumba con el primer temporal serio.

Semillas de árbol preparadas para la siembra en semillero

De dónde sale la semilla

La recolección propia es la vía más barata y la que da mejor material, siempre que se respete una regla: coger la semilla del árbol, no del suelo, o del suelo el mismo día que ha caído. Las bellotas que llevan una semana en el suelo suelen estar perforadas por el gorgojo Curculio elephas, y los piñones abandonados los liquidan los roedores.

La fecha depende de la especie. Encina y alcornoque (Quercus ilex, Quercus suber) maduran entre octubre y diciembre; el quejigo y el roble melojo, algo antes. La castaña (Castanea sativa) cae en octubre. Los piñones de Pinus pinea se recogen de las piñas en invierno y hay que dejarlas secar para que abran. Las sámaras de fresno y arce se recolectan de la rama en otoño, cuando ya han virado a marrón pero antes de que se desprendan.

Dos avisos que conviene tener claros antes de salir con la bolsa. Recolectar dentro de un espacio natural protegido requiere autorización de la comunidad autónoma. Y si el destino es una repoblación, no un jardín, la comercialización y el uso de material forestal de reproducción de las especies listadas está regulado por el Real Decreto 289/2003: hace falta material de procedencia identificada. Para plantar cuatro encinas en la finca de casa nadie va a pedir papeles, pero merece la pena saber por qué el vivero sí los lleva.

Hay además especies que directamente no se pueden reproducir. El ailanto (Ailanthus altissima) y la mimosa (Acacia dealbata) están en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (RD 630/2013), y su cultivo y propagación están prohibidos. Germinan con una facilidad tentadora; no es motivo para sembrarlas.

Semillas que se guardan y semillas que se pudren esperando

Aquí está la división que más siembras arruina. Las semillas ortodoxas toleran perder humedad: pinos, cipreses, leguminosas, la mayor parte de las coníferas. Se secan, se meten en un bote hermético y aguantan años en la nevera a 4 °C.

Las recalcitrantes no. Bellotas de cualquier Quercus, castañas, nueces (Juglans regia) y castaños de Indias (Aesculus hippocastanum) pierden viabilidad en cuanto su contenido de agua baja del 35-40 % aproximadamente, y ese daño es irreversible. Tampoco soportan la congelación. La consecuencia práctica: se siembran el mismo otoño de la recolección, o se conservan pocos meses en bolsa perforada con algo de sustrato apenas húmedo, en el frigorífico a 2-4 °C, revisándolas cada dos semanas para retirar las enmohecidas.

Para separar bellota buena de bellota vacía, el agua sirve: las que flotan suelen estar perforadas o secas. Ojo con extender esa prueba a todo: en semillas pequeñas y ligeras la flotación no distingue nada y se acaba tirando material sano.

Romper el letargo antes de sembrar

Las semillas de árbol de clima templado llevan incorporado un cronómetro que les impide germinar en el otoño y morir con la primera helada. Ese letargo hay que levantarlo, y cada grupo tiene su llave.

Frío húmedo (estratificación). Es el tratamiento más común. La semilla se mezcla con arena o vermiculita apenas humedecida, en bolsa perforada, y se guarda en la nevera a 2-5 °C. Orientaciones por especie: arce (Acer campestre, A. pseudoplatanus) de 2 a 4 meses; cerezo y almendro (Prunus spp.) de 8 a 14 semanas; nogal de 8 a 12 semanas; serbal (Sorbus aucuparia) unas 14 semanas; almez (Celtis australis) de 2 a 3 meses; castaño, de 2 a 3 meses sin que llegue a secarse en ningún momento. Si a mitad de proceso ves radículas asomando, se acabó la espera: hay que sembrar ya, con mucho cuidado de no romperlas.

Doble letargo. Fresno (Fraxinus excelsior, F. angustifolia), tilo, majuelo (Crataegus monogyna) y tejo necesitan primero un periodo cálido y húmedo y después el frío. En la práctica, la solución más cómoda es sembrarlos en otoño en un semillero a la intemperie y dejar que pasen dos inviernos: germinan a la segunda primavera. Quien tira la bandeja en junio del primer año porque «no ha salido nada» está tirando la siembra entera.

Escarificado. Algarrobo (Ceratonia siliqua), acacia de tres espinas, falsa acacia y las leguminosas en general tienen una cubierta impermeable. La forma doméstica y segura de romperla es sumergir la semilla en agua a unos 80 °C y dejarla enfriar dentro 24 horas; las que se hinchen, se siembran, y las que no, repiten tratamiento. También sirve lijar un lado de la semilla con papel de lija, lejos del hilio. El escarificado con ácido es un procedimiento de vivero profesional con riesgo real de quemadura y no tiene sentido en casa.

Nada. Encina, alcornoque, olmo y Pinus halepensis germinan sin tratamiento previo. Al pino carrasco y al piñonero les basta un remojo en agua a temperatura ambiente de 24 a 48 horas, cambiándola una vez.

El envase decide la forma de la raíz para siempre

Esta es la parte que más se descuida y la que menos margen de corrección deja. La bandeja de alveolos planos de 3-4 cm de profundidad, la de sembrar lechugas, es un mal envase para casi cualquier árbol. Encinas, alcornoques, pinos y nogales desarrollan una raíz pivotante que en pocas semanas toca fondo; si el fondo es plástico cerrado, la raíz gira y se enrolla sobre sí misma. Esa espiral no se deshace al trasplantar. Se queda ahí, estrangulando el cuello con los años y dejando un árbol que crece bien diez temporadas y luego se vence de costado con un temporal, o que no aguanta el primer verano seco porque nunca llegó a profundizar.

La alternativa es el envase forestal: contenedores de 250 a 400 cc, de 18 a 25 cm de profundidad, con costillas verticales antiespiralantes en la pared interior y el fondo abierto. Al asomar por ese hueco, la punta de la raíz se seca al contacto con el aire y se detiene sola —el llamado repicado aéreo—, y la planta responde emitiendo raíces secundarias por encima. Se sacan del suelo: hay que ponerlos en bandeja porta-envases elevada, porque si el contenedor apoya en tierra la raíz sale y se ancla, y al levantarlo se arranca.

Si no consigues envases forestales, una maceta alta y estrecha de 20 cm o incluso un brik de leche o una botella de plástico recortada, con abundantes agujeros en la base y en el tercio inferior de las paredes, cumple mucho mejor que el alveolo plano. Lo que se necesita es profundidad y drenaje agresivo.

La excepción son las semillas diminutas —sauces, álamos, abedul, algunos arbustos—, que sí se siembran a voleo en bandeja poco profunda y se repican individualmente en cuanto tienen dos hojas verdaderas.

El sustrato: pobre, aireado y limpio

Tierra del jardín, no. Compacta, retiene demasiada agua en un envase pequeño y trae la inoculación completa de hongos del suelo. Una mezcla que funciona en casi todos los casos: turba rubia o fibra de coco al 60-70 %, perlita o vermiculita al 30-40 %. Si usas turba rubia pura ten en cuenta que su pH ronda 3,5-4,5; las comerciales para semillero ya vienen corregidas con caliza a 5,5-6,5, que es donde quieres estar para la mayoría de frondosas. Las coníferas y las especies de suelo ácido toleran algo menos.

El sustrato de siembra debe ser pobre en nutrientes. La semilla trae sus reservas y un exceso de sal en el arranque quema la radícula. La fertilización llega después, cuando la plántula ya tiene hojas propias. No reutilices sustrato de una siembra anterior ni rellenes con restos de macetas viejas: ahí es donde viven los hongos que provocan el ahogamiento.

La siembra en sí

Rellena el envase sin apelmazar, golpeándolo un par de veces contra la mesa para que el sustrato asiente y no queden bolsas de aire. Riega antes de sembrar, no después: así la semilla no se hunde ni se desplaza.

Profundidad: la regla de dos a tres veces el diámetro de la semilla funciona bien. Una bellota se coloca tumbada en horizontal y se cubre con 2-3 cm; puesta de punta germina igual, pero la plántula sale torcida. Los piñones se entierran 1,5-2 cm. Las semillas muy finas se espolvorean sobre la superficie y se cubren apenas con una lámina de vermiculita, lo justo para que no se muevan con el riego. Enterrar de más es la causa habitual de que una semilla viable nunca aparezca: agota la reserva antes de alcanzar la luz.

Cuántas por envase: dos o tres, y se aclara luego dejando la más vigorosa. Las sobrantes se cortan a ras con tijera, no se arrancan, para no mover el cepellón de la que se queda.

Cuándo: en el interior peninsular y en el norte, siembra de otoño (octubre-noviembre) para todo lo recalcitrante y para lo que necesite frío natural; el propio invierno hace de estratificación y la germinación arranca en febrero-marzo con la raíz ya trabajada. Siembra de primavera (marzo) para las especies estratificadas en nevera y para las escarificadas. En el litoral mediterráneo y el sur, el otoño es aún más ventajoso: la plántula aprovecha las lluvias y llega al verano con raíz suficiente.

Riego y el hongo que arrasa una bandeja en dos días

El sustrato tiene que estar húmedo de forma constante, nunca encharcado y nunca seco del todo. Un semillero que se seca 24 horas en plena germinación mata la radícula recién emitida y no hay marcha atrás.

Riego cuidadoso de un semillero de árboles

Riega con pulverizador o por inmersión —apoyando el envase en un dedo de agua hasta que la superficie se oscurezca, y retirándolo enseguida—. La regadera de chorro descoloca las semillas pequeñas y compacta la superficie.

El enemigo se llama damping-off o ahogamiento de plántulas, causado por Pythium, Rhizoctonia y Fusarium. Se reconoce porque las plántulas se estrangulan justo a nivel del sustrato y caen de lado en pie, con el tallo adelgazado y acuoso. Avanza en corro y en 48 horas puede llevarse la bandeja entera. No se cura: se previene con sustrato nuevo, siembra no demasiado densa, riegos moderados, buena ventilación y retirando la cubierta plástica en cuanto asoman los primeros cotiledones. Si aparece un foco, saca esos envases de la bandeja inmediatamente y espacia los riegos.

Luz, temperatura y qué hacer tras la nascencia

El semillero va fuera, no en el salón. Al abrigo de heladas fuertes y del viento seco, sí; pero a la intemperie, en un porche orientado a levante, un invernadero frío o un cajón con malla de sombreo. Una plántula de árbol dentro de casa se ahíla en una semana: tallo largo, entrenudos separados, color pálido y ningún futuro.

En primavera y verano conviene malla de sombreo del 50 % para las frondosas de media sombra y para todo lo recién nacido; las especies mediterráneas de plena luz se van descubriendo a partir del segundo mes.

Cuando la plántula tenga dos o tres pares de hojas verdaderas, empieza el abonado, muy flojo: un fertilizante equilibrado y soluble a la cuarta parte de la dosis de etiqueta, cada dos semanas, o un granulado de liberación lenta incorporado al sustrato. En verano interesa bajar el nitrógeno y subir el potasio para que la planta endurezca tejidos en lugar de estirarse.

Para encinas, alcornoques, robles y pinos hay un detalle que multiplica la supervivencia posterior: la micorrización. Añadir al sustrato un puñado de tierra tomada bajo un ejemplar adulto y sano de la misma especie basta para introducir los hongos simbiontes. Un plantón micorrizado explora mucho más volumen de suelo y resiste el verano; uno estéril, criado en turba pura y bien regado, se planta impecable en octubre y se muere en julio.

Endurecimiento y salida al terreno

Un plantón criado a la sombra y con riego diario no puede pasar del semillero al monte de un día para otro. A finales de verano se reduce progresivamente el riego y se retira el sombreo, durante tres o cuatro semanas. Se busca que el tallo lignifique y que la yema terminal esté formada. Una planta endurecida está más baja, más gruesa de cuello y de color más oscuro que otra mimada, y es la que sobrevive.

La plantación en campo se hace en otoño-invierno, con la planta en parada, entre noviembre y febrero según zona, aprovechando suelo húmedo. En envase forestal el plantón está listo con una savia (un año) en pinos y con una o dos en encina. Alargar su estancia en el contenedor no lo mejora: cuando la raíz ha colmatado el envase, empieza a deformarse igualmente.

Un último apunte sobre expectativas. De cien bellotas sanas y bien sembradas es razonable esperar entre setenta y noventa nascencias; de cien semillas de fresno recolectadas de la rama, con suerte cuarenta, y a los dos años. Sembrar de más es la única forma de no llevarse un disgusto.

En resumen

Sembrar árboles en semillero exige ajustar tres cosas a la especie concreta: cómo se conserva la semilla (las recalcitrantes —bellota, castaña, nuez— no se secan y se siembran el mismo otoño), cómo se rompe su letargo (frío húmedo a 2-5 °C durante semanas o meses, escarificado con agua caliente en las leguminosas, o nada en encina y pino carrasco) y, sobre todo, en qué envase se cría: profundo, con costillas antiespiralantes y fondo abierto, nunca en alveolo plano, porque una raíz enrollada condena al árbol muchos años después.

El resto es disciplina: sustrato nuevo, aireado y pobre; siembra somera; riego constante sin encharcar; el semillero al exterior con sombreo; micorrizas para las especies forestales; abonado suave a partir de las primeras hojas verdaderas; y un endurecimiento de fin de verano antes de plantar en otoño. Con eso, un puñado de bellotas recogidas en noviembre son encinas plantables en el otoño siguiente.


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