A las siete de la tarde de un agosto en Córdoba, la fachada que mira al oeste puede llegar a los 55 °C de temperatura superficial y devolver ese calor al interior de la casa hasta pasada la medianoche. La misma pared bajo la copa de un almez se queda a un par de grados de la temperatura del aire. Ahí está el trabajo real de un árbol de sombra, y por eso elegirlo bien tiene menos que ver con el catálogo de flores que con la geometría, el tamaño adulto y el agua que va a pedir.

Primero decide qué tipo de sombra necesitas

La sombra densa —tilo, catalpa, morera, algarrobo— corta casi toda la radiación y deja debajo un suelo fresco donde no crece el césped ni casi nada. Es lo que quieres sobre una terraza, una mesa o el coche.

La sombra tamizada, la de hoja fina y copa aireada como la de la acacia de tres espinas o la sófora, baja la sensación térmica sin apagar el jardín: debajo siguen viviendo aromáticas, rosales y hasta un pequeño huerto. Para un patio pequeño, donde una copa opaca convertiría el resto del espacio en un sótano al aire libre, esta es casi siempre la respuesta.

Dónde se planta: el sitio importa más que la especie

Al mediodía de julio, a la latitud de Madrid, el sol está a unos 70° sobre el horizonte: la sombra cae prácticamente bajo la copa, así que un árbol plantado al sur solo tapa lo que tiene justo debajo. El calor que de verdad castiga la casa llega entre las seis y las nueve de la tarde, con el sol bajo, a 20 o 30° de altura y viniendo del oeste-noroeste. Con esa inclinación, un árbol de 8 metros proyecta entre 14 y 20 metros de sombra hacia el este.

Conclusión práctica: para refrescar la vivienda, el árbol va al oeste o al suroeste, a una distancia parecida a su altura adulta, no pegado a la pared. Para refrescar la terraza de desayuno, al este. Y pegarlo a la fachada solo consigue humedad en el muro, hojas en el canalón y raíces donde no deben estar.

Caduco u hoja perenne

En clima peninsular, el caduco gana casi siempre en la orientación sur y oeste: da sombra en agosto y deja pasar el sol en enero, cuando se agradece que la fachada caliente. Un perenne grande en esa posición te condena a una casa oscura y fría durante cinco meses, y esa factura de calefacción no la compensa el follaje permanente.

El perenne tiene su sitio en dos casos: cuando lo que buscas es sombra sobre una zona de aparcamiento o de paso que quieres usar todo el año, y cuando el árbol hace de pantalla contra el viento dominante o contra una vista. Ahí el algarrobo, la encina o el pino piñonero funcionan mejor que cualquier caduco.

Para calor y sequía: la lista corta del clima mediterráneo

Almez (Celtis australis). Si tuviera que quedarme con uno para media España, sería este. Alcanza 15-20 metros, forma una copa amplia y densa, tolera suelo pobre, caliza, compactación y contaminación, resiste hasta −15 °C y una vez establecido pasa el verano con muy poco riego. Crece a ritmo razonable y su fruto es una drupa pequeña que no ensucia como el de la morera.

Algarrobo (Ceratonia siliqua). Perenne, copa espesa, longevo y prácticamente indestructible en secano una vez arraigado. Dos avisos: es dioico, de modo que un pie macho no dará algarrobas nunca y sus flores desprenden un olor desagradable en otoño; y no resiste el frío intenso —por debajo de −6 o −7 °C se quema—, lo que lo limita al litoral y a las zonas cálidas del interior sur. Crece despacio, así que se planta pensando en diez años vista.

Copa densa de algarrobo, Ceratonia siliqua

Acacia de tres espinas (Gleditsia triacanthos). Sombra ligera de foliolos diminutos que se barren solos con el viento, mucha tolerancia a la sequía, a la sal y al suelo malo. Compra siempre cultivares inermes —'Sunburst', 'Shademaster', 'Skyline'—, porque la especie tipo lleva espinas ramificadas de varios centímetros en tronco y ramas, y eso en un jardín con niños es inaceptable.

Sófora (Styphnolobium japonicum, antes Sophora japonica). 15-18 metros, resistente a la sequía y al calor urbano, florece en agosto cuando casi nada más lo hace. Las flores caídas manchan un poco el pavimento claro.

Jabonero de la China (Koelreuteria paniculata). La opción para jardines pequeños: 8-10 metros, copa redondeada, floración amarilla en julio, frutos en farolillo y muy buena tolerancia a la seca. Con 25 o 30 m² de jardín, este entra y un plátano no.

Morera (Morus alba). Crecimiento rápido y sombra muy densa, la de toda la vida en los patios manchegos y levantinos. La variedad fructífera tiñe de morado el suelo, la ropa tendida y las patas del perro durante seis semanas; los clones sin fruto evitan eso, pero son pies masculinos y sueltan bastante polen alergénico en primavera. Elige sabiendo qué cambias por qué.

Para el norte y las zonas templadas y húmedas

Roble (Quercus robur). Magnífico donde llueve: cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo, sistemas montañosos. Necesita humedad estival y suelo profundo, crece despacio y llega a 25-30 metros, así que pide finca, no parcela. En la Meseta seca sufre; allí encajan mejor el quejigo (Quercus faginea) o el melojo (Quercus pyrenaica), y en el sur el alcornoque (Quercus suber), perenne y de sombra excelente sobre suelo silíceo.

Tilo (Tilia platyphyllos, Tilia tomentosa). Sombra densa y flor perfumada en junio. Exige suelo fresco y profundo y riego de verdad en verano; plantado en secano interior se achicharra por los bordes de las hojas en julio. Añade un inconveniente concreto: sus pulgones producen melaza que gotea sobre lo que haya debajo y luego se ennegrece con fumagina. No lo pongas encima de la plaza de aparcamiento ni de la mesa del jardín.

Haya (Fagus sylvatica). Preciosa y absolutamente inviable fuera de zonas con veranos frescos y más de 800 mm de lluvia. En Madrid o Zaragoza no se sostiene ni con riego.

Los que conviene mirar dos veces

Hojas palmeadas de castaño de Indias, Aesculus hippocastanum

Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum). Sobre el papel es un árbol de sombra perfecto: hoja palmeada enorme, copa densa, panículas blancas en mayo. En la práctica, desde la llegada a España del minador Cameraria ohridella, los ejemplares sin tratar quedan con las hojas pardas y secas a mediados de agosto, justo el mes en que se les pide sombra. El manejo pasa por recoger y retirar toda la hojarasca en otoño, donde inverna la plaga. Además pide suelo fresco y veranos suaves, y sus semillas contienen esculina: son tóxicas si se ingieren, cuestión a tener presente con niños pequeños y con perros a los que les dé por morder lo que cae.

Plátano de sombra (Platanus × hispanica). Da la mejor sombra de todas, y por eso está en todos los paseos del país. Para un jardín particular tiene tres pegas: alcanza 25-30 metros y raíces potentes, los pelos de hojas y frutos irritan vías respiratorias en primavera, y la antracnosis (Apiognomonia veneta) más la chinche del plátano (Corythucha ciliata) lo dejan bronceado y feo desde agosto en ciudades cálidas.

Melia (Melia azedarach). Crece rápido, aguanta la seca y la contaminación, y por eso se recomienda mucho. Sus frutos, esas bolitas amarillas que quedan colgando todo el invierno, son tóxicos para personas y perros; se han descrito intoxicaciones graves en niños y en animales que los ingieren. Si hay críos o perros que rebusquen por el suelo, hay alternativas mejores.

Los rápidos que se pagan caros. Chopos y sauces crecen tres metros al año, viven treinta o cuarenta y entretanto sus raíces buscan el agua de la fosa séptica y del alcantarillado. El negundo (Acer negundo) es quebradizo y siembra plántulas por todas partes. Y el ailanto (Ailanthus altissima) figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, así que plantarlo o comercializarlo está prohibido: si aparece uno en tu parcela, lo que toca es eliminarlo antes de que rebrote de raíz por todo el terreno.

Flamboyán (Delonix regia) y ficus. El flamboyán solo prospera en Canarias y en enclaves sin heladas: por debajo de 5 °C se para y una helada lo mata, y además tiene raíces superficiales que levantan solado. Los Ficus de gran porte dan una sombra magnífica en litoral cálido, pero sus raíces agrietan muros y entran en las conducciones; quince metros de distancia a cualquier construcción, como mínimo.

Distancias, raíces y algo de derecho

La regla operativa es sencilla: distancia a la fachada igual a la mitad del diámetro de copa adulto más un par de metros. Un árbol que va a tener 10 metros de copa se planta a 7 de la casa, no a 3. A la piscina y a las conducciones de saneamiento, 8-10 metros con especies de raíz agresiva.

Y conviene saber que el Código Civil, en su artículo 591, fija 2 metros desde la línea divisoria para plantar árboles altos y 50 centímetros para los arbustos, salvo que la ordenanza municipal o la costumbre local digan otra cosa. El vecino puede exigir el arranque de lo plantado a menor distancia y cortar por su lado las raíces que invadan su finca. Comprobar la ordenanza antes de cavar el hoyo ahorra un conflicto que dura años.

Plantación y los tres primeros veranos

La ventana buena para los caducifolios va de noviembre a febrero, con la planta en reposo; a raíz desnuda, solo en ese periodo. Los perennes y los de contenedor prefieren octubre-noviembre en clima mediterráneo.

Hoyo ancho —dos o tres veces el cepellón— y de la profundidad justa para que el cuello quede a ras de suelo. Si las raíces vienen enrolladas contra la pared de la maceta, sajarlas verticalmente antes de plantar. Riego de asiento generoso para que la tierra se acomode sin bolsas de aire, alcorque y 8-10 centímetros de acolchado de corteza o restos de poda triturados, sin que toque el tronco.

Después, riegos abundantes y espaciados: 40 a 60 litros de una tacada cada diez o quince días de verano funcionan mucho mejor que un gotero de dos litros a diario. El primero fuerza a la raíz a profundizar; el segundo fabrica un sistema radicular plano que se muere en cuanto falla el programador o llega un mes de 40 °C.

Sobre la poda, una advertencia que ahorra disgustos: descabezar un árbol de sombra para «bajarlo de altura» abre heridas de gran diámetro que no cicatrizan, entra pudrición por el corte y los rebrotes que salen van mal anclados y se desgajan con el viento a los pocos años. Un árbol demasiado grande para el sitio no se arregla con motosierra; se evita eligiendo otra especie el día de la compra.

En resumen

La sombra útil se gana con tres decisiones: la posición (oeste y suroeste, a distancia similar a la altura adulta), el tipo de copa (densa sobre la terraza, tamizada en patios pequeños) y la especie adecuada al clima. Para el interior seco y el litoral mediterráneo, almez, sófora, jabonero de la China, acacia inerme y algarrobo; para el norte húmedo, roble, tilo y haya; para la Meseta, quejigo y melojo antes que Quercus robur. Vigila el castaño de Indias por el minador, la melia por sus frutos tóxicos y los crecimientos rápidos por sus raíces; el ailanto, directamente, no se planta. Y respeta las distancias desde el primer día, porque el árbol crece, pero la casa no se mueve.


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