El color de la santa rita no está en sus flores. Esas láminas fucsias, moradas, naranjas o blancas que cubren la planta entera en verano son brácteas, hojas modificadas de textura de papel. Las flores verdaderas son los tres tubitos blancos y diminutos que asoman en el centro de cada trío de brácteas, y pasan desapercibidos incluso mirándolos de cerca.

Ese detalle botánico tiene una consecuencia práctica muy concreta: como las brácteas son hojas, duran semanas y no días. De ahí que un ejemplar bien situado parezca florecido de junio a octubre sin descanso.

Qué planta es exactamente

Santa rita, buganvilla, buganvilia, veranera, trinitaria, papelillo: el nombre cambia de país en país y todos designan al género Bougainvillea, de la familia Nyctaginaceae, originario de Sudamérica y bautizado en honor del navegante Louis Antoine de Bougainville. En España se oye más «buganvilla»; «santa rita» es el nombre corriente en Argentina, Uruguay y Paraguay, y viaja con la planta a los jardines de habla hispana.

Las que se cultivan proceden sobre todo de tres orígenes:

  • Bougainvillea glabra: la más resistente al frío, de brácteas moradas o blancas, hoja lampiña y floración larga. Es la que trepa por las tapias de todo el litoral mediterráneo.
  • Bougainvillea spectabilis: más vigorosa, con hojas y tallos pubescentes, espinas más gruesas y una floración más concentrada en un momento del año.
  • Bougainvillea × buttiana: híbrido de donde salen los rojos, salmones, naranjas y dorados. Cultivares como 'Barbara Karst' o 'Mrs. Butt' pertenecen a este grupo.

Hay además variedades de hoja variegada ('Raspberry Ice', 'Sanderiana Variegata'), formas dobles como 'Mary Palmer' y selecciones enanas para maceta. Las dobles retienen las brácteas secas sobre la planta más tiempo, lo que en zonas húmedas resulta más sucio de mantener que en zonas secas.

Santa rita en flor cubierta de brácteas de color intenso

No es una trepadora, es una trepadora tramposa

La santa rita no tiene zarcillos, ni ventosas, ni raíces adventicias. No se agarra a una pared lisa. Lo que hace en la naturaleza es lanzar ramas largas y flexibles que se apoyan sobre la vegetación vecina y quedan trabadas gracias a las espinas axilares, curvadas hacia atrás como anzuelos.

Para el jardín eso significa: hay que darle estructura —enrejado, alambres tensados, pérgola— y hay que atar los tallos jóvenes mientras son verdes y manejables. Una rama que lignifica en la posición equivocada ya no se recoloca sin partirla.

También se conduce en arbusto libre, en seto informal, en copa sobre tronco único o en bonsái. Da igual la forma; lo que no admite es que se la plante junto a un muro liso esperando que suba sola.

Sol, y sol de verdad

Necesita exposición a pleno sol: seis horas de luz directa es el mínimo, y más es mejor. En semisombra vegeta, alarga los entrenudos y produce hoja tras hoja sin sacar una sola bráctea de color. No hay abono ni riego que compense la falta de luz.

Al calor responde bien. Aguanta los 40 °C del verano peninsular sin despeinarse, siempre que tenga la raíz en un suelo que retenga algo de frescor. En muros orientados al sur y al oeste, donde otras trepadoras se achicharran, la santa rita rinde.

El frío marca la frontera

Aquí está el dato que decide si tiene sentido plantarla o no. Un ejemplar adulto y bien establecido de B. glabra tolera puntualmente -2 o -3 °C: pierde la hoja, se le quema la punta de las ramas y rebrota en primavera. Uno joven, recién plantado o en maceta, se muere a 0 °C, sin más.

En la práctica española eso significa que en toda la costa mediterránea, el sur atlántico y Canarias vive al aire libre sin cuidados especiales. En Madrid, el valle del Ebro o la meseta norte, plantarla en campo abierto es tirar el dinero: sobrevivirá dos inviernos benignos y la matará el tercero. En esas zonas, maceta grande y refugio en invernadero frío o galería luminosa durante el invierno.

Un apunte sobre las heladas: si una helada quema los tallos, no se poda la madera negra hasta bien entrada la primavera. Cortar en enero abre heridas que la siguiente helada aprovecha, y además hasta que no brota no se sabe hasta dónde está viva la rama. Se espera a ver dónde aparecen las yemas y se corta justo por encima.

El trasplante que la mata

La santa rita tiene un sistema radicular frágil y poco trabado: el cepellón no se sostiene solo, se deshace en la mano como arena mojada. Si al sacarla de la maceta se rompe, la planta entra en un parón que puede durar todo un año, y con frecuencia no lo supera.

La manera correcta de plantarla:

  • Regar la maceta el día anterior para que el cepellón esté cohesionado.
  • Cortar el contenedor con unas tijeras en lugar de tirar de la planta.
  • Depositarla en el hoyo sin desenredar ni aflojar nada, sin sacudir la tierra, sin recortar raíces.
  • Rellenar y regar abundantemente una vez, y después espaciar.

Época: primavera, cuando ya han pasado las heladas y el suelo está templado. La plantación de otoño solo funciona en litoral cálido.

Agua justa

Una santa rita permanentemente húmeda hace una cosa: hojas. Verde bonito, mata frondosa y ni una bráctea. El agua abundante y continua le dice a la planta que está en temporada de crecimiento vegetativo, y la floración se aplaza indefinidamente.

Lo que induce la aparición de brácteas es un estrés hídrico moderado. En la práctica, dejar que el sustrato se seque hasta que la planta esté a punto de perder turgencia y regar entonces a fondo. En maceta se nota bien: cuando las hojas empiezan a colgar ligeramente por la tarde, toca regar. Ese ciclo de seco y mojado, repetido durante el verano, es lo que produce las plantas cubiertas de color que se ven en los pueblos costeros.

En suelo, una planta establecida de tres o cuatro años apenas necesita riego en el litoral: sus raíces bajan y se buscan la vida. En invierno, con la planta parada o defoliada, el riego se reduce al mínimo. Encharcarla en enero con las temperaturas bajas provoca podredumbre radicular y ese daño no se ve hasta que la planta ya no rebrota en abril.

Abonado: menos nitrógeno del que crees

Un fertilizante rico en nitrógeno aplicado a una santa rita da exactamente el mismo resultado que el exceso de agua: crecimiento vegetativo desbocado, ramas largas y color ausente. El nitrógeno alimenta la hoja; lo que interesa aquí es el fósforo y sobre todo el potasio.

Un abono de floración —del tipo que se usa para geranios o para tomates, con la primera cifra baja y la última alta— cada quince días desde abril hasta septiembre cubre las necesidades de una planta en maceta. En suelo, con una aportación de compost al final del invierno y un abono potásico en primavera basta.

Ojo con la clorosis férrica: en suelos calizos regados con agua dura, las hojas nuevas amarillean dejando los nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro (preferiblemente EDDHA, que es el que aguanta el pH alto), y a medio plazo acidificando ligeramente el riego. Se distingue del hambre de nitrógeno porque esta amarillea primero las hojas viejas y de forma uniforme.

Poda

Regla de oro: florece sobre la madera del año. Los brotes nuevos son los que traen las brácteas, así que la poda no solo no perjudica la floración, la provoca.

El momento fuerte es el final del invierno, febrero o marzo en el litoral, cuando ya no se esperan heladas y antes de que arranque el crecimiento. Ahí se puede podar con energía: acortar las ramas del año anterior a dos o tres yemas, eliminar lo seco, lo cruzado y lo que se va hacia dentro, y bajar el tamaño general si se ha desmandado. Rebrota con una fuerza que asusta.

Durante el verano se hacen despuntes ligeros para forzar ramificación después de cada oleada de color. Lo que no conviene es una poda severa a finales de otoño: se estimula un rebrote tierno que llega sin madurar a la primera helada.

Y por favor, guantes gruesos y gafas. Las espinas de Bougainvillea son largas, rígidas y están orientadas justo para engancharse. Al soltar una rama tensada, esa rama vuelve a la altura de la cara con las espinas por delante, y un pinchazo en la córnea no tiene arreglo casero. En las manos, la herida punzante deja material vegetal dentro y se infecta con facilidad. La savia, además, irrita la piel de algunas personas y hay casos documentados de dermatitis de contacto por manipularla.

Maceta

Es una planta magnífica en contenedor, con una particularidad: le gusta ir apretada. Una santa rita en una maceta enorme dedica años a llenar el volumen de raíz y no florece mientras tanto. Conviene quedarse corto y trasplantar solo cada dos o tres años, subiendo un número de maceta cada vez.

Sustrato drenante —dos partes de sustrato universal, una de arena gruesa o perlita— y agujero de drenaje libre, nunca plato con agua estancada debajo. En balcón, orientación sur o poniente.

Plagas y problemas frecuentes

  • Cochinilla algodonosa: masas blancas en axilas y envés. Se trata con jabón potásico o aceite de verano, insistiendo cada semana durante tres o cuatro aplicaciones porque los huevos van escalonados.
  • Araña roja: en verano seco, punteado amarillo en las hojas y telaraña fina. Mojar el envés baja la población; el ambiente muy seco la dispara.
  • Mosca blanca: nubes de adultos al mover la planta. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico.
  • Orugas defoliadoras: en zonas cálidas la oruga de Disclisioprocta stellata recorta el borde de las hojas por la noche y deja un festoneado característico. Se busca con linterna y se retira a mano; un tratamiento con Bacillus thuringiensis resuelve los casos serios.
  • Caída súbita de hojas tras el trasplante o un cambio de sitio: es respuesta al estrés, no una enfermedad. Se mantiene el riego justo y rebrota.

Multiplicación

Por esqueje semileñoso, en verano. Se cortan trozos de 12-15 cm de ramas del año que ya empiecen a endurecer, se deja un par de hojas arriba, se aplica hormona de enraizado y se plantan en perlita o en mezcla de turba y arena, con calor de fondo y ambiente húmedo bajo plástico. Enraízan en cuatro a ocho semanas y el porcentaje mejora mucho con manta térmica.

El acodo aéreo es más lento pero más seguro y permite obtener una planta grande de golpe: se anilla la corteza de una rama vigorosa, se envuelve con musgo húmedo y plástico y se separa cuando se ven raíces a través.

Por semilla casi no se hace: los cultivares no vienen fieles y muchos apenas fructifican.

En resumen

La santa rita o buganvilla (Bougainvillea spp.) da color mediante brácteas de larga duración, no mediante pétalos, y por eso el efecto se sostiene durante meses. Necesita sol pleno, un mínimo de seis horas directas, y sin esa luz no florece por mucho que se la cuide.

Los dos ajustes que deciden la floración son regar poco —dejando secar entre riegos, porque el estrés hídrico moderado es lo que dispara las brácteas— y abonar con potasio en lugar de nitrógeno. Agua y nitrógeno en exceso producen una planta verde, grande y estéril.

Al plantarla, el cepellón no se toca: se corta la maceta y se deposita entera. Se poda al final del invierno, con fuerza, porque florece sobre madera del año, y siempre con guantes gruesos por las espinas. Aguanta hasta unos -2 °C ya establecida, de modo que en el litoral y en el sur vive fuera todo el año, mientras que en el interior peninsular hay que cultivarla en maceta y guardarla del frío.


Contenidos relacionados