Florece en pleno invierno, con el arbusto aparentemente seco y sin una sola hoja a la vista. Esa escena resume bastante bien a la Retama raetam: una leguminosa que ha renunciado casi por completo a las hojas, que fabrica su alimento con las propias ramas y que reserva la floración para los meses en los que el resto del matorral está parado.

Se la conoce como retama moruna o retama blanca, y pertenece a la familia de las fabáceas (leguminosas), dentro de la tribu de las genísteas, la misma de escobas, piornos y aliagas.

Qué planta es exactamente

Conviene aclarar el nombre antes de seguir, porque en España hay dos plantas que se llaman igual. Retama raetam (Forssk.) Webb & Berthel. es una especie del norte de África y de Oriente Próximo: Sáhara, Sinaí, desiertos del Levante mediterráneo. La retama blanca que crece de forma espontánea en las dunas de Huelva, Cádiz y el suroeste peninsular es Retama monosperma, tan próxima a la anterior que se ha tratado en algún momento como una subespecie suya.

Para quien planta, la distinción tiene poca consecuencia práctica: el porte, la flor blanca y las exigencias de cultivo son casi los mismos. Para quien compra o para quien restaura un arenal, sí importa, porque la especie autóctona en la Península es R. monosperma y es la que debería usarse en cualquier trabajo de restauración litoral. Pregunta en el vivero por el binomio completo y no por el nombre vulgar.

Y ojo con un tercer nombre que se cruza en las conversaciones: la Spartium junceum, la gayomba o retama de olor, tiene flores amarillas grandes y muy perfumadas y no es una Retama, aunque comparta apellido popular.

Características

Arbusto de 1 a 3 metros, a veces algo más en ejemplares viejos, con tronquillos leñosos que se ramifican pronto en una masa de ramas verdes, cilíndricas, finamente estriadas y con tendencia a colgar. Ese porte llorón, de mata gris verdosa y ligera, es lo que le da el valor ornamental.

Las hojas son diminutas, simples, lineares, cubiertas de pelillos sedosos, y caen a las pocas semanas de brotar. La planta funciona prácticamente áfila todo el año: la fotosíntesis la hacen los tallos verdes. Es una adaptación clásica al calor y a la sequía, porque un tallo cilíndrico expone mucha menos superficie a la evaporación que una hoja plana. Esto tiene una consecuencia directa en el jardín, y volveremos a ella al hablar de la poda.

La floración va de enero a abril según la zona, más temprana cuanto más al sur y más cerca del mar. Las flores son papilionadas, blancas, con la quilla a veces teñida de morado en la base, agrupadas en racimos cortos a lo largo de las ramas del año anterior. Son fragantes y las abejas las trabajan con ganas en un momento del año en que hay poco más floreciendo.

El fruto es una legumbre pequeña, ovoide, indehiscente —no se abre sola— con una sola semilla, rara vez dos. Esa vaina de una semilla es justo lo que da nombre a R. monosperma.

Rama de Retama raetam cubierta de pequeñas flores blancas

Bajo tierra pasa lo más interesante. La raíz principal desciende buscando humedad profunda y, en suelos arenosos, alcanza profundidades que no tienen ninguna relación con el tamaño de la parte aérea. Además, como leguminosa, forma nódulos con bacterias del género Bradyrhizobium y fija nitrógeno atmosférico, de modo que enriquece el arenal en el que vive y permite que otras plantas se instalen a su sombra.

Toxicidad: hablemos claro

Todas las partes de la planta contienen alcaloides quinolizidínicos —citisina, esparteína, retamina y compuestos afines—, más concentrados en semillas y flores. La citisina actúa sobre los receptores nicotínicos y en dosis suficientes provoca vómitos, sudoración, taquicardia, convulsiones y depresión respiratoria. No es una planta de la que se coma nada, ni en infusión, ni las semillas, ni las flores, por muy inocentes que parezcan.

En el norte de África se le han dado usos tradicionales que van del vermífugo al abortivo, y precisamente de esos usos proceden los casos de intoxicación grave descritos en la literatura médica. No hay ensayos clínicos que respalden ningún uso interno de esta planta, y el margen entre una dosis con algún efecto y una dosis peligrosa es estrecho. Si alguien te la recomienda como remedio, la respuesta es no; para lo que sea, médico o farmacéutico.

El ganado suele rechazarla por el amargor, pero hay casos de intoxicación en animales hambrientos que se comen los brotes tiernos o las vainas caídas. Si tienes cabras, ovejas o caballos, no la plantes dentro del cercado.

Dónde plantarla y con qué suelo

Sol directo, todo el que haya. A media sombra se estira, se desguarnece y florece la mitad.

El suelo tiene que drenar de verdad. Arenoso, pedregoso, pobre, calizo: todo eso le va bien. Un suelo arcilloso compactado que encharca tras las lluvias de otoño es donde acaban muriendo las que se plantan en jardín. Si tu tierra es pesada, plántala en un caballón elevado de 30 o 40 cm o en un talud, no en una cazoleta que retenga agua.

Aguanta bien la salinidad y el viento cargado de sal, lo que la hace muy útil en jardines de primera línea de costa, donde poco arbusto florido resiste. En el frío es más delicada: soporta heladas ligeras, del orden de -5 a -7 °C, y por debajo de eso empieza a perder ramas o a morir entera. En el interior peninsular, con inviernos de -10 °C, no es planta para exterior; ahí la que funciona es la retama amarilla, Retama sphaerocarpa.

Un aviso legal que conviene tener presente: Retama monosperma se comporta como invasora fuera de su área natural, especialmente en Canarias, donde coloniza arenales y desplaza a la flora insular. En las islas no debe plantarse. En el litoral atlántico andaluz, donde es autóctona, es todo lo contrario: una pieza clave para fijar dunas.

Riego, abonado y plantación

Durante el primer verano necesita riegos de apoyo mientras la raíz baja: un riego largo y espaciado cada diez o quince días, mejor que riegos cortos y frecuentes. Un riego profundo empuja la raíz hacia abajo; uno superficial la mantiene arriba y crea una planta dependiente.

A partir del segundo año, en clima mediterráneo litoral, no necesita riego. Y a partir del tercero, regarla en verano es contraproducente: en suelo húmedo y caliente prosperan hongos de suelo del tipo Phytophthora y la planta se pone amarilla y muere sin dar más explicaciones. Un ejemplar plantado en el borde de un césped con riego diario dura dos o tres temporadas.

De abonado, nada de nitrógeno. Fija el suyo, y un aporte extra solo consigue brotes tiernos, blandos, más apetecibles para el pulgón y más sensibles al frío. Si el suelo es puro arenal muerto, un puñado de compost maduro en superficie al plantar es más que suficiente.

La época de plantación es el otoño, de octubre a diciembre, para que el invierno lluvioso instale la raíz antes del primer calor. En zonas con heladas apreciables, mejor a finales del invierno. Planta ejemplares pequeños, de contenedor forestal o maceta de dos o tres litros: la raíz pivotante se enrosca y se estropea en macetas grandes, y un ejemplar de 20 litros suele arrancar peor que uno de 1 litro plantado a su lado. Y no la trasplantes una vez arraigada, porque la raíz principal no se recupera.

Multiplicación

Por semilla, que es como funciona bien. La cubierta seminal es dura e impermeable, así que hay que escarificarla: una lija fina frotando el costado de la semilla hasta que se vea el color claro interior, o un remojo en agua caliente (recién retirada del fuego) dejándola enfriar 24 horas. Las semillas que se hinchan están listas; las que siguen duras, se repite la operación.

Siembra en otoño o a finales de invierno, en contenedor profundo con sustrato muy arenoso, apenas cubierta. La germinación es rápida y bastante buena en semilla escarificada. Trasplanta al sitio definitivo en el otoño siguiente, cuando la planta tenga un palmo o dos.

Por esqueje es difícil y con porcentajes bajos; si lo intentas, ramas semileñosas del año a finales de verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo. No cuentes con ello.

Poda: menos es más

Aquí es donde se estropean las retamas de jardín. Como las ramas verdes son el órgano fotosintético, cortar a fondo hasta la madera vieja deja a la planta sin capacidad de alimentarse, y el rebrote desde madera gruesa es escaso o nulo. Una retama recortada a bola con tijera de setos queda con un armazón de palos secos que ya no vuelve a vestirse.

Lo que sí se hace: aclarar después de la floración, en primavera, retirando ramas secas, cruzadas o rozadas por el viento, y acortando como mucho los extremos verdes para compensar un ejemplar desequilibrado. Si podas en otoño o en invierno te llevas por delante la floración, porque las flores salen sobre la madera del año anterior.

Con los años, la base se desnuda y el arbusto se abre. Es su forma de envejecer, no un defecto de cultivo. Si buscas una pantalla densa hasta el suelo, planta un grupo de tres o cinco a un metro y medio unos de otros en lugar de intentar cerrar uno solo a base de tijera.

Plagas y problemas

Sanitariamente es una planta tranquila. Puede aparecer pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo si se ha abonado; se controla con un chorro de agua a presión o con jabón potásico, y suele desaparecer solo cuando llegan las mariquitas. Alguna oruga defoliadora ocasional no merece tratamiento.

Lo que de verdad la mata es el agua. Amarilleo generalizado, ramas que se secan por sectores y una planta que no responde al riego suelen ser síntomas de asfixia radicular o podredumbre, no de sed. La reacción instintiva —regar más— acelera el final. Ante esos síntomas, corta el riego y comprueba el drenaje.

Para qué sirve

En jardinería encaja en jardines secos, mediterráneos y de costa, en taludes, rocallas grandes y setos informales. La floración blanca de invierno, con la mata todavía gris, tiene un efecto que pocos arbustos dan en esa época, y el porte llorón se aprovecha bien plantándola donde le dé la luz de lado, a contraluz de una tarde de febrero.

En restauración, su papel es de primera. Fija arenas móviles, aporta nitrógeno al suelo y actúa como planta nodriza: bajo su copa la temperatura del suelo baja varios grados en verano y sobreviven plántulas que a pleno sol no aguantarían. En los sistemas dunares del suroeste peninsular es una especie estructural, y así se emplea en los proyectos de recuperación de cordones litorales.

Ejemplares de Retama raetam repartidos por la ladera de un monte

Es además planta melífera de floración temprana, un recurso valioso para las colmenas cuando aún no ha entrado el romero en muchas zonas.

Otros usos

El nombre hebreo rotem es el de la planta bajo la que se refugia Elías en el primer libro de los Reyes, traducida durante siglos como «enebro» por error. Su carbón tiene fama antigua de arder mucho tiempo con brasa persistente, y ha sido combustible de referencia en zonas desérticas donde no había otra leña.

Las ramas flexibles se han usado para escobas, cestería basta y cierres de corrales, y el ramaje seco como cubierta ligera de sombrajos. Todos ellos son usos tradicionales, hoy testimoniales, pero explican por qué la planta aparece en tantos topónimos y refranes del sur peninsular.

En resumen

La retama moruna es un arbusto de sol, arena y sequía, sin hojas y con las ramas haciendo de hojas, que florece en blanco entre enero y abril y aguanta la sal del mar pero no el frío intenso. Si tu tierra encharca o tu invierno baja de -7 °C, busca otra especie; si estás en el litoral mediterráneo o atlántico sur, tendrás flor perfumada en pleno invierno sin regar ni abonar.

Tres cosas para no equivocarse: no la abones, no la riegues en verano pasado el segundo año y no la podes hasta la madera vieja. Y recuerda que es tóxica: bonita para mirar, nunca para consumir. En Canarias, además, es especie a evitar por su comportamiento invasor.


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