En julio, la planta que compraste en diciembre no se parece en nada a aquella maceta roja: tallos desnudos y algo torcidos, hojas verdes normales y ni rastro de color. No está enferma. Está haciendo exactamente lo que le toca. La flor de pascua (Euphorbia pulcherrima) es un arbusto perenne mexicano que crece en verano y solo se colorea cuando las noches se alargan, y el verano es la estación en la que se decide si en diciembre volverá a teñirse o si llegará a las fiestas hecha una vara con cuatro hojas arriba.

Lo que sigue son los cuidados de junio, julio y agosto, que son los que hacen el trabajo de verdad, más el trasplante y los esquejes, que en esta especie se hacen justo ahora.

Flor de pascua con brácteas rojas

Lo rojo no es la flor

Las piezas rojas, crema o rosadas son brácteas: hojas modificadas que cambian de color con el fotoperiodo. Las flores verdaderas son los ciatios, esas bolitas amarillo-verdosas apiñadas en el centro, del tamaño de un guisante y con una glándula amarilla muy visible. Saber esto tiene una consecuencia práctica inmediata: cuando compres una planta en noviembre, mira los ciatios. Si ya están abiertos y soltando polen, la planta lleva semanas en el punto de venta y durará menos en casa. Si están cerrados y compactos, aguantará todo el invierno.

Y otra consecuencia para el verano: las brácteas viejas que quedaron de la campaña anterior no se recuperan. Se retiran con la poda de primavera y punto.

El látex: molesto, no mortal

Al cortar cualquier tallo brota un látex blanco característico de las euforbiáceas. Irrita la piel sensible, y en los ojos produce conjuntivitis y escozor intenso que puede durar horas. Se trabaja con guantes y sin llevarse las manos a la cara; si salpica un ojo, lavado abundante con agua y consulta médica.

Dicho eso, conviene desmontar la leyenda de la poinsettia mortal. Las revisiones de casuística toxicológica que reúnen decenas de miles de exposiciones —niños que han mordisqueado hojas, sobre todo— no recogen fallecimientos, y los efectos descritos se quedan en irritación bucal, náuseas, algún vómito y dermatitis de contacto. En perros y gatos ocurre lo mismo: babeo, vómitos y poco más. No es una planta para dejar al alcance de un bebé ni de un cachorro que muerde todo, pero tampoco hay motivo para tirarla si hay niños en casa.

De la poda de marzo al arranque del verano

El ciclo de verano empieza antes. Cuando las brácteas se apagan, entre febrero y marzo, la planta pide una poda severa: se cortan todos los tallos dejando 10-15 cm sobre el sustrato, con dos o tres yemas en cada uno. Parece brutal y es lo que hace falta; sin ese corte, la planta rebrota solo por la punta y acaba convertida en un candelabro desgarbado de un metro con las hojas en el extremo.

Después de la poda, la maceta se lleva a un sitio luminoso y se riega poco hasta que se vean brotes nuevos, que tardan dos o tres semanas. En cuanto empujen, empieza el verano de la planta: luz, agua, abono y despuntes.

Dónde ponerla en julio y agosto

Al aire libre, sí, pero no a pleno sol. En su origen crece en laderas de barranco con luz muy alta pero atmósfera templada, y aquí el sol de las dos de la tarde en agosto le quema las hojas en cuestión de días: aparecen manchas pardas secas entre los nervios, sobre todo en las hojas más expuestas, y esas ya no se recuperan.

El sitio bueno es sombra luminosa o sol suave de primera hora: un patio orientado al este, bajo un toldo, al pie de una pared blanca que rebote luz. En la costa mediterránea y en Canarias vive perfectamente en el exterior todo el verano. En el interior peninsular, con máximas de 38-40 °C, agradece además que la maceta no le dé el sol directo, porque un tiesto negro al sol supera de largo los 40 °C en el cepellón y las raíces finas se cuecen. Meter la maceta dentro de otra más grande, o taparla con una teja o una tabla, resuelve el problema sin gastar nada.

Su rango cómodo va de 18 a 27 °C. Por encima de 32-34 °C sostenidos se para, amarillea y suelta hojas bajas; por debajo de 12 °C sufre, y a 5 °C se muere. En zonas de sierra, la planta vuelve dentro a finales de septiembre.

Riego: agua frecuente, pero nunca plato lleno

La flor de pascua tiene un sistema radicular fino y superficial y una pega grande: no soporta ni la sequía ni el encharcamiento. Un cepellón que se seca del todo tira las hojas de golpe y no las repone; un cepellón que se mantiene empapado se pudre por Pythium o Rhizoctonia y la planta se marchita como si le faltara agua, lo que induce a regar más y a rematarla.

La forma segura de decidir es el dedo: se mete hasta la segunda falange y se riega cuando los 2-3 cm superiores estén secos al tacto pero el fondo siga fresco. En una maceta de 15 cm, a la sombra y en agosto, eso puede significar regar cada dos días. Se riega hasta que salga agua por los agujeros y se vacía el platillo a los diez minutos. Un platillo con agua permanente en verano es una raíz podrida en septiembre.

Si el agua del grifo es muy dura —buena parte del centro y el levante peninsular—, alterna con agua de lluvia cuando puedas. La cal va subiendo el pH del sustrato y aparece clorosis entre nervios en las hojas nuevas.

Abonado durante el crecimiento

Desde que brota en abril hasta finales de septiembre come bastante. Un abono líquido equilibrado, tipo 20-10-20 o similar, cada 10-15 días con el riego es suficiente. Busca uno que lleve micronutrientes: esta especie es sensible a la carencia de molibdeno, que se manifiesta con un ribete pardo quemado en el margen de las hojas medias, y a la de calcio, que da hojas nuevas deformadas. Un fertilizante completo evita las dos.

A partir de octubre se reduce el abonado a la mitad y en noviembre se suspende. Abonar con nitrógeno mientras se colorean las brácteas da hojas grandes y verdes que tapan el color.

Trasplante: en qué maceta y con qué mezcla

El mejor momento es justo después de la poda de primavera, y el segundo mejor, principios de verano, cuando la planta ya está en pleno crecimiento y rehace raíces en pocas semanas. En pleno agosto tórrido es mejor esperar a septiembre.

Va maceta a maceta, subiendo solo 3-4 cm de diámetro. Pasar de un tiesto de 14 a uno de 25 no le hace ningún favor: queda un volumen enorme de sustrato sin raíces que se mantiene húmedo y termina en podredumbre.

La mezcla que le va es ligera y algo ácida, pH 5,8-6,5. Sirve un sustrato de turba rubia o fibra de coco con un 25-30 % de perlita, o turba y arena gruesa lavada en proporción parecida. Nada de tierra de jardín, que compacta. Los pasos:

1. Riega la planta el día antes; el cepellón sale entero y las raíces sufren menos.
2. Pon un dedo de sustrato en el fondo de la maceta nueva. Grava o arcilla expandida en la base no es imprescindible si el sustrato drena y la maceta tiene agujeros; lo que sí ayuda es que la maceta no apoye a ras de suelo.
3. Saca el cepellón y desenreda con los dedos solo el exterior, sin destrozarlo. Si ves raíces marrones, blandas y con olor, corta hasta encontrar tejido blanco.
4. Céntrala a la misma profundidad que estaba. Enterrar el cuello es una vía directa a la pudrición del tallo.
5. Rellena por los lados, asienta apretando suave con los dedos y riega despacio hasta que drene.
6. Sombra fresca cuatro o cinco días, sin abonar, y luego a su sitio de verano.

Despuntes: la forma se decide en julio

Una flor de pascua sin despuntar da un solo tallo y una sola cabeza de brácteas. Cada vez que se pinza la punta de un brote —quitando 1-2 cm por encima de un nudo, con los dedos o con tijera limpia— salen dos o tres brotes laterales, y cada uno de ellos acabará en un ramillete coloreado.

El primer despunte se hace cuando los brotes de primavera tienen unos 10-12 cm, hacia mayo. El segundo, un mes después. Y a partir de ahí, la fecha que importa: el último despunte, a mediados de agosto como muy tarde. Después de esa fecha, los brotes nuevos no tienen tiempo de desarrollarse antes de que empiecen los días cortos, y la planta llega a diciembre con brácteas pequeñas o directamente sin colorear. Pinza en septiembre y te quedas sin Navidad.

Esquejes, la operación de junio y julio

Los brotes que quitas al despuntar, si los dejas un poco más largos, son esquejes. Es la única forma razonable de multiplicarla en casa: la semilla es rara y las variedades comerciales no vienen iguales de semilla.

Corte de un esqueje de flor de pascua

El corte. Elige brotes terminales sanos de 8-12 cm, ni tiernos ni ya leñosos, y corta justo por debajo de un nudo con una cuchilla o tijera desinfectada con alcohol. Quita las hojas del tercio inferior y deja tres o cuatro arriba; si son muy grandes, recorta la mitad de la lámina para que transpiren menos.

El látex. Aquí está la particularidad de las euforbias. La herida sangra y ese látex, al secar, sella el corte e impide la absorción de agua. Se soluciona metiendo la base del esqueje en un vaso de agua tibia dos o tres minutos, hasta que deje de manar, y secándola después con papel. En la planta madre no hace falta pasta cicatrizante en ramas finas: basta con dejar que el látex cuaje al aire, o pulverizar con agua, y las heridas cierran solas. Las pastas selladoras tienen sentido en cortes gruesos de árboles, no en un tallo herbáceo de dos centímetros.

Las hormonas. Enraiza sin ellas, pero con hormonas de enraizamiento a base de ácido indolbutírico en polvo la proporción de éxito sube bastante y el proceso se acorta. Impregna solo el centímetro final y sacude el exceso; el polvo apelmazado alrededor del tallo favorece pudriciones. Nunca metas el esqueje directamente en el bote comercial: se contamina. Vuelca un poco en un platillo y tira lo que sobre.

La plantación. Sustrato pobre y aireado, que aquí no se busca alimento sino oxígeno: perlita sola, o perlita con turba al 50 %, o fibra de coco con vermiculita. Haz el agujero antes con un lápiz para no descalzar la hormona al clavar. Un esqueje por alvéolo, o tres o cuatro repartidos en una maceta de 12 cm, enterrados unos 3 cm.

El ambiente. Necesita 22-25 °C en el sustrato, humedad ambiental alta y luz difusa. Una bolsa transparente sobre la maceta funciona, pero tiene que estar ventilada: haz agujeros o ábrela un rato cada día. Con la bolsa cerrada a cal y canto, los esquejes de euforbia se pudren en menos de una semana. Pulveriza las hojas un par de veces al día en lugar de encharcar el sustrato, que solo debe estar apenas húmedo.

La espera. Enraízan en tres o cuatro semanas. Sabrás que ha ocurrido cuando notes resistencia al tirar muy suavemente del esqueje o cuando asome una raíz por el fondo. Entonces se traspasan a maceta individual con sustrato normal, se les da una semana de sombra y empiezan a abonarse con dosis flojas. Un esqueje sacado en junio da una planta presentable la Navidad siguiente.

Las plagas que aparecen con el calor

Mosca blanca (Bemisia tabaci y Trialeurodes vaporariorum). Es la plaga de esta especie. Nubecilla de mosquitos blancos que sale al mover la planta, y por debajo de las hojas, huevos y ninfas planas translúcidas. Debilita y ensucia con melaza y negrilla. Revisa el envés cada semana, cuelga trampas cromáticas amarillas y trata con jabón potásico o aceite de neem mojando bien el envés, repitiendo cada 5-7 días porque los huevos no se ven afectados.

Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece con calor seco y poca ventilación. Hojas con punteado amarillento fino y, si va avanzada, telillas en las axilas. Sube la humedad ambiental pulverizando y trata con acaricida específico o jabón potásico insistiendo varias veces.

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri). Motas blancas algodonosas en axilas y envés. En foco pequeño, bastoncillo con alcohol; si está extendida, jabón potásico con aceite de parafina.

Lo que pasa cuando termina el verano

Merece la pena saber para qué ha servido todo lo anterior. La flor de pascua es una planta de día corto: solo colorea las brácteas cuando recibe noches ininterrumpidas de doce horas o más durante ocho a diez semanas seguidas. Con las fechas de aquí, eso significa empezar a finales de septiembre o los primeros días de octubre para tener color a mediados de diciembre.

Y lo de ininterrumpidas es literal. La luz de una farola por la ventana, el flexo del salón encendido dos horas o el resplandor de la televisión bastan para que la planta no cuente esa noche. Lo práctico es meterla cada tarde en un armario, un trastero sin ventana o taparla con una caja de cartón opaca desde las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana, y sacarla a plena luz durante el día. Diez semanas de disciplina. Si un par de noches se olvida, se retrasa el color; si se olvida la mitad, no hay color.

La temperatura acompaña o estropea: alrededor de 20 °C de día y 16-18 °C de noche va bien; por encima de 24 °C por la noche el proceso se frena aunque la oscuridad sea perfecta.

En resumen

El verano de la flor de pascua consiste en tenerla fuera en sombra luminosa, entre 18 y 27 °C, regada cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos y con el platillo siempre vacío, abonada cada dos semanas con un producto completo, y despuntada dos o tres veces para que ramifique, con la última pinzada a mediados de agosto y ni un día más tarde.

El trasplante se hace tras la poda de primavera o a principios de verano, subiendo solo un número de maceta y con mezcla ligera y algo ácida. Los esquejes se sacan en junio o julio de los propios despuntes: base lavada en agua tibia para cortar el látex, hormona en el último centímetro, perlita o turba con perlita, 22-25 °C, humedad alta pero ventilada, y raíces en tres o cuatro semanas.

Guantes cuando la manipules, porque el látex irrita, aunque la fama de planta venenosa que arrastra no se sostiene con los datos toxicológicos. Y a finales de septiembre, la parte que nadie se salta si quiere brácteas rojas: doce horas de oscuridad absoluta cada noche durante diez semanas.


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