Un 'Kanzan' no da cerezas. Ni una, ni pequeñas, ni amargas. Sus flores tienen entre veinte y treinta pétalos porque los estambres se transformaron en pétalos hace siglos de selección japonesa, y sin estambres no hay fruto. Quien compra este árbol pensando en recoger cerezas en junio ha comprado el árbol equivocado; quien lo compra por dos semanas de floración rosa espesa en abril ha acertado de pleno.

Conviene aclarar también el nombre. En etiquetas y catálogos aparece como Prunus serrulata 'Kanzan', 'Kwanzan' o 'Sekiyama', y las tres cosas son el mismo clon. Botánicamente pertenece al grupo Sato-zakura, los cerezos de flor cultivados en Japón, de origen híbrido, por lo que muchos jardines botánicos lo etiquetan simplemente como Prunus 'Kanzan'.

Prunus serrulata Kanzan en plena floración primaveral

Qué hace y qué mide

Es un árbol caducifolio que alcanza 8 a 10 metros de altura y 6 a 8 de anchura en condiciones buenas, aunque en jardín urbano se queda con frecuencia en 6 metros. La silueta cambia con la edad y eso tiene consecuencias prácticas: de joven forma una copa marcadamente ascendente, en forma de copa de vino o de embudo, con ramas casi verticales; a partir de los quince o veinte años esas ramas se abren y el árbol se vuelve ancho y aparasolado. Si lo plantas a dos metros de la fachada porque "ahora es estrecho", en dos décadas tendrás las ramas contra el alero.

La floración llega en abril, más tarde que la de los cerezos de flor simple, y dura entre diez días y dos semanas según el tiempo. Las flores, de 4-5 cm, salen en ramilletes colgantes de tres a cinco, de un rosa carmín intenso al abrir que se aclara después. Aparecen a la vez que la hoja nueva, y ese es un rasgo estético a tener en cuenta: el brote joven es de un bronce rojizo que se mezcla con el rosa y da a la floración un aspecto más denso y menos etéreo que la de un Prunus × yedoensis.

En verano la hoja es verde media, ovada y con el margen aserrado terminado en pequeñas aristas. En otoño vira a naranja bronceado y amarillo cobrizo, un color decente aunque breve.

No es el cerezo de las postales japonesas

El árbol que llena las fotos del hanami y los parques de Tokio o Washington es el Prunus × yedoensis 'Somei-Yoshino': flor simple, casi blanca, sobre rama pelada. El 'Kanzan' es el otro extremo del gusto japonés, y aunque también es tradicional allí, en Europa se plantó mucho más porque es más resistente y más vistoso a distancia.

Y no tiene nada que ver con los cerezos del Valle del Jerte, que son Prunus avium, la especie frutal. La confusión de nombres —"cerezo japonés" para todo lo que florece en rosa— hace que en los viveros se vendan como equivalentes árboles con necesidades y comportamientos distintos.

Clima: dónde florece bien y dónde no

Este es el punto que decide si el árbol te va a satisfacer. El 'Kanzan' necesita acumular frío invernal para que las yemas florales salgan del reposo de forma sincronizada. En Galicia, la meseta, la cornisa cantábrica, el interior de Cataluña, Aragón o el norte de Andalucía lo consigue sin problema. En la costa mediterránea cálida —Alicante, Málaga capital, Canarias— los inviernos suaves dan floraciones escalonadas, ralas y decepcionantes, si es que llegan.

Del otro lado del termómetro es duro: resiste sin daño hasta unos -20 °C. Lo que sí le hace daño de verdad son los veranos de calor seco con aire abrasador. Por encima de 38-40 °C con baja humedad, la hoja se quema por los bordes, el árbol defolia parcialmente en agosto y llega debilitado al invierno. En el sur peninsular, plantarlo en un patio de solana reflejando calor desde el pavimento es condenarlo.

Quiere sol pleno para florecer bien; en sombra parcial florece menos y se estira buscando luz. En zonas cálidas, sol de mañana y sombra de tarde es el compromiso razonable. Aguanta mal el viento fuerte y salino de costa.

El suelo, y el problema de la caliza

Pide un suelo profundo, fértil, fresco y bien drenado, con pH entre 6 y 7,5. Las tierras francas o franco-arenosas con materia orgánica son ideales.

Dos situaciones lo matan. La primera es el encharcamiento: en arcillas compactas, o en alcorques donde el agua no se va, la raíz se asfixia y entra Phytophthora. El primer síntoma es un árbol que brota poco y con hojas pequeñas, seguido de gomosis en la base del tronco. La segunda es la caliza activa alta. En suelos muy calizos del interior y del sureste, el patrón portainjertos —normalmente Prunus avium o 'Colt', ambos sensibles— no puede absorber hierro y el árbol se clorosa: hojas amarillas con nervios verdes, brotes cortos, y una vida en decadencia lenta que ningún quelato resuelve del todo. Si tu agua de riego es dura y tu suelo hace burbujas con vinagre, piensa en otra especie o busca un ejemplar injertado sobre patrón tolerante a caliza.

Riego

Es un árbol de necesidades hídricas medias-altas, sin tolerancia real a la sequía. Los dos o tres primeros años requiere riego regular de abril a octubre: dosis generosas y espaciadas, del orden de 30-50 litros cada 7-10 días en verano según suelo y tamaño, mejor que riegos cortos y frecuentes.

Ya establecido, en clima atlántico o de montaña húmeda puede pasar con la lluvia y algún riego de apoyo en olas de calor. En el resto de España necesita riego de verano de por vida, cada 10-15 días en profundidad.

Lo que hay que evitar es el goteo puntual pegado al tronco durante años: concentra la raíz en un bulbo pequeño, el árbol se vuelve inestable frente al viento y sufre en cuanto falla el riego. Reparte los emisores por la proyección de la copa y ve ampliando el anillo a medida que crece. Un acolchado orgánico de 6-8 cm, sin tocar el cuello, es la mejor ayuda que puedes darle en verano.

Abonado

Aporte de compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno, extendido sobre la proyección de la copa y no amontonado en el tronco. Con eso basta en suelos decentes.

Si el árbol crece poco o el suelo es pobre, añade un abono de liberación lenta equilibrado, con magnesio y micronutrientes, a la salida del invierno. En suelo calizo, un quelato de hierro EDDHA en primavera atenúa la clorosis, aunque es un parche que hay que repetir cada año.

Deja de abonar a partir de junio. El nitrógeno tardío produce brotes acuosos que no lignifican, se hielan en otoño y se convierten en la vía de entrada del chancro bacteriano.

Flores dobles de color rosa intenso del cerezo japonés Kanzan

Poda: en verano y poca

Poda un cerezo japonés en enero y estás abriendo heridas frías y húmedas justo cuando circulan las esporas de Chondrostereum purpureum —el plateado, que da a las hojas un brillo metálico antes de secar ramas enteras— y las bacterias del chancro (Pseudomonas syringae). Los Prunus compartimentan mal las heridas y responden con gomosis. La poda invernal de este árbol es la forma más eficaz de estropearlo.

La época correcta es de finales de junio a agosto, con tiempo seco y el árbol en actividad, cuando la cicatrización es rápida. Si podas justo después de la floración, en mayo, todavía es aceptable en climas secos.

El criterio de qué cortar es igual de importante: lo mínimo. El 'Kanzan' construye solo su estructura. Retira madera muerta, ramas cruzadas o rotas, chupones verticales del interior de la copa y poco más. No lo desmoches ni intentes reducirle la altura: responde con una corona de brotes verticales que arruina la silueta y hace el árbol más peligroso a medio plazo, porque esos brotes se anclan mal.

Los rebrotes del pie sí hay que quitarlos siempre. Este cultivar se vende injertado, muchas veces en pie alto —el injerto se ve como un abultamiento a 1,8 o 2 metros del suelo, en lo alto del tronco—. Todo lo que brote por debajo de esa unión es el patrón, no el 'Kanzan': hojas distintas, flor simple y blanca si llega a florecer, y un vigor que se come al injerto. Arráncalos cuando son tiernos, tirando hacia abajo, en vez de cortarlos a ras.

Plantación y trasplante

La ventana buena es el reposo vegetativo: de noviembre a febrero, evitando los días de helada. Los ejemplares a raíz desnuda solo se plantan en esa época; los de contenedor admiten también principios de otoño y marzo.

Hoyo del doble de ancho que el cepellón y de la misma profundidad. El cuello a nivel del terreno, y el punto de injerto muy por encima —si es de pie bajo, nunca enterrado—. Enterrar el injerto provoca que la variedad emita raíces propias y se pierda el control del patrón, además de pudriciones.

Rellena con la tierra original mejorada con algo de compost, riega abundantemente para asentar y coloca un tutor bajo con atadura ancha y elástica, que se retira a los dos años. Deja como mínimo 5-6 metros libres hasta fachadas, muros y otros árboles: sus raíces son superficiales y extendidas, y levantan pavimentos y bordillos si las encierras en un alcorque pequeño.

El trasplante de un ejemplar ya adulto sale mal casi siempre. Los Prunus tienen raíces gruesas poco ramificadas y no reconstruyen la cabellera con facilidad: si vas a mover uno de más de tres o cuatro años, hay que prepararlo con un corte de raíz un año antes.

Multiplicación

Por semilla es imposible, sencillamente porque no las produce: la flor doble ha perdido los órganos reproductores. Aunque las produjera, un cultivar no se reproduce fiel por semilla.

El método profesional es el injerto, de escudete a yema durmiente en agosto o de púa en primavera, sobre patrones de Prunus avium, 'Colt', Prunus mahaleb —este último para suelos secos y calizos— o clones seleccionados. Los esquejes semileñosos de verano con hormona de enraizamiento y calor de fondo funcionan a veces, pero el porcentaje es bajo y el árbol resultante suele ser menos vigoroso.

En jardinería doméstica, la respuesta honesta es que se compra hecho.

Plagas y enfermedades

Pulgón negro del cerezo (Myzus cerasi). Aparece en abril y mayo en los brotes tiernos, que quedan abarquillados y pegajosos de melaza, con negrilla después. Es la plaga habitual. Con colonias pequeñas, jabón potásico repetido cada 7-10 días sobre el envés; si hay depredadores instalados —mariquitas, sírfidos, crisopas—, mejor no tratar y dejar que trabajen. Los tratamientos de choque en primavera matan también a los polinizadores de la flor.

Mosca de sierra o babosilla del peral (Caliroa cerasi). Larvas negras y viscosas que raspan el haz de la hoja en junio y julio y la dejan esquelética y traslúcida. Feo pero rara vez grave; se controla con un chorro de agua a presión o con productos a base de Bacillus específicos.

Monilia (Monilinia laxa). En primaveras lluviosas la flor se pone marrón y se queda colgando sin caer, y el ramillete que la sostiene se seca desde la punta. Corta 15-20 cm por debajo del tejido afectado, en madera sana, y retira los restos del jardín.

Chancro bacteriano (Pseudomonas syringae pv. morsprunorum). Zonas hundidas y oscuras en la corteza, exudado de goma ámbar, ramas que se secan de golpe en primavera. Es la principal causa de muerte de estos árboles en jardín. No hay cura: se previene podando en verano, desinfectando las herramientas y no dejando tocones ni desgarros.

Plateado (Chondrostereum purpureum). Hojas con reflejo metálico plateado en una rama concreta; con el tiempo salen carpóforos violáceos en la madera muerta. Elimina la rama afectada cortando bien por debajo, en verano.

Armillaria y gomosis del cuello asociada a exceso de agua completan el cuadro. Ambas son problemas de suelo, no de tratamiento.

Merece una nota la vida útil: entre 30 y 50 años en buenas condiciones, bastante menos en alcorque de calle. Es un árbol de floración espectacular y longevidad corta, y hay que asumirlo desde el principio.

Dónde queda bien

Como ejemplar aislado sobre césped, donde se puede ver el porte completo, es donde da su mejor versión. También funciona muy bien en alineaciones de paseo y en avenidas anchas, que es el uso que le ha dado fama en las ciudades del norte de Europa: un tramo largo de 'Kanzan' en flor es difícil de superar visualmente.

En jardines pequeños hay que medir. Ocho metros de copa son muchos metros, y la sombra densa de verano impide plantar debajo casi nada salvo bulbos de floración temprana y cubresuelos de sombra. Los bulbos, de hecho, son el acompañamiento ideal: narcisos y muscaris florecen antes de que la hoja tape la luz.

En maceta es posible, aunque no ideal: se necesita un contenedor de al menos 70-80 cm de lado, sustrato con buen drenaje, riego diario en verano y trasplante o renovación de la capa superior cada dos o tres años. El árbol vivirá menos y crecerá menos.

Sobre el bonsái

Se puede trabajar como bonsái y hay ejemplares muy buenos, pero conviene saber a qué te enfrentas. Las flores dobles de 5 cm son enormes en relación con la hoja, así que el resultado nunca tiene la proporción fina que se busca en un bonsái pequeño: pide tamaños grandes, de 60 cm o más. Además, los Prunus son delicados con la poda de raíz y con las heridas de rama, y este cultivar se trabaja siempre injertado, lo que complica el nebari.

Si el objetivo es un bonsái de flor de cerezo, el Prunus mume —el ciruelo japonés— es mucho más agradecido: brota de madera vieja, tolera bien la poda, florece en invierno y tiene la flor a escala. El 'Kanzan' es un árbol para plantar en el suelo y mirarlo desde lejos en abril.

Antes de comprarlo

Se encuentra en cualquier vivero y centro de jardinería con sección de árboles, entre otoño y primavera, y en viveros forestales y ornamentales por internet, casi siempre en formato de pie alto con perímetro de tronco de 8-10, 10-12 o 12-14 cm.

Revisa tres cosas en el momento de elegir. Que la unión del injerto esté limpia, sin gomosis ni hendiduras, y bien soldada. Que el tronco no tenga heridas ni manchas oscuras hundidas. Y que las raíces del contenedor no den vueltas en espiral: un cepellón estrangulado nunca se recupera del todo y produce árboles que se caen a los diez años. Si compras a raíz desnuda, que las raicillas estén húmedas y flexibles, no secas y quebradizas.

En resumen

El Prunus serrulata 'Kanzan' es un árbol ornamental de floración rosa doble en abril, de 8 a 10 metros, resistente al frío hasta unos -20 °C, sin fruto y de vida relativamente corta. Da su mejor rendimiento en climas con invierno marcado y veranos no extremos, en suelo profundo, fresco y no muy calizo, a pleno sol y con riego de verano asegurado.

Los tres puntos que más deciden su suerte: poda solo en verano y lo mínimo imprescindible, porque los cortes de invierno abren la puerta al chancro y al plateado; quita los rebrotes por debajo del injerto en cuanto asomen, o el patrón se comerá la variedad; y dale espacio, porque el porte estrecho de los primeros años se transforma en una copa ancha que no cabe donde lo plantaste pensando en su juventud.


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