Vivaz y perenne se usan como sinónimos en el vivero y en botánica no significan lo mismo. La confusión viene de que la palabra «perenne» hace dos trabajos distintos en castellano: se refiere a la duración de la vida de la planta —perenne frente a anual o bienal— y también a la duración de la hoja, en la expresión «de hoja perenne», que es lo contrario de caducifolio. Un pino es de hoja perenne. Una peonía es una planta perenne que pierde toda la parte aérea cada invierno. Y las dos cosas se llaman igual.
Qué es exactamente una vivaz
Una planta vivaz es una herbácea perenne: vive más de dos años, no forma un tronco leñoso persistente y sobrevive a la estación desfavorable gracias a un órgano subterráneo o a una corona a ras de suelo desde la que rebrota cada temporada. Frente a ella:
Anual. Germina, florece, fructifica y muere en un ciclo de menos de doce meses. Caléndula, cosmos, amapola, albahaca.
Bienal. El primer año hace roseta y raíz; el segundo florece, da semilla y muere. Dedalera (Digitalis purpurea), malva real (Alcea rosea), Lunaria. Muchas se comportan como vivaces de vida cortísima según el clima, y ahí empieza la ambigüedad.
Leñosa. Arbustos y árboles, con estructura de madera que persiste y engorda año tras año. Un romero o una lavanda no son vivaces aunque se vendan en la misma mesa del garden: son subarbustos, y eso cambia por completo cómo se podan.
Dentro de las vivaces caben formas muy distintas. Los geófitos —bulbos, cormos, rizomas y tubérculos: narciso, tulipán, Iris germanica, dalia, agapanto— guardan la reserva bajo tierra. Los hemicriptófitos conservan las yemas justo a nivel del suelo, protegidas por las hojas secas del año anterior: es el caso de la mayor parte de las vivaces de arriate, desde la Achillea hasta el Hemerocallis. Y hay vivaces que mantienen la hoja todo el invierno, que es donde se cae la definición fácil.
No todas desaparecen en invierno
La explicación de manual dice que la vivaz se seca en invierno y rebrota en primavera. Es cierta en el clima del norte de Europa y solo a medias en España.
Con hoja en pleno enero, en buena parte de la Península, siguen tan tranquilos el eléboro (Helleborus foetidus, H. orientalis), la Bergenia cordifolia, las Heuchera, el Iris germanica, la Euphorbia characias, las Armeria, los sedums tapizantes o la Vinca. Son vivaces de hoja persistente, sin ninguna contradicción.
Y al revés: en el interior peninsular la estación difícil no es el invierno, es el verano. Bulbos mediterráneos como el Narcissus, la Sternbergia o el Muscari, y vivaces como la amapola oriental (Papaver orientale) o la Dicentra, se secan por completo en julio y vuelven con las lluvias. A eso se le llama estivación, y confundirlo con una planta muerta o sedienta lleva a regar en agosto un bulbo dormido y encontrarse la mata podrida en octubre.
La definición útil, entonces, no es «desaparece en invierno» sino «pierde la parte aérea en la estación que le resulta hostil, sea la que sea, y rebrota desde una yema protegida».
Tampoco son eternas
«Perenne» suena a para siempre y no lo es. La longevidad de una vivaz varía en un orden de magnitud:
Vivaces de vida corta (2 a 4 años): Aquilegia, Lupinus, Gaura lindheimeri, Delphinium, Erysimum 'Bowles's Mauve', Verbena bonariensis. Se agotan floreciendo. Muchas se mantienen en el jardín porque siembran solas, no porque la planta original siga viva. Si limpias todas las flores marchitas de una Aquilegia, dentro de tres años no tendrás Aquilegia.
Vivaces de vida media (5 a 10 años, mejorando si se dividen): Achillea, Salvia nemorosa, Rudbeckia, Echinacea, Nepeta, Aster.
Vivaces longevas, que pueden pasar décadas sin tocarse: peonía herbácea (Paeonia lactiflora), Hosta, Hemerocallis, Helleborus, agapanto. Estas rinden mal si se las divide con frecuencia; la peonía puede tardar dos o tres años en volver a florecer tras un trasplante.
La peonía merece una nota aparte porque falla siempre por la misma razón: la profundidad de plantación. Las yemas rojas de la corona deben quedar a 3-5 cm bajo la superficie, no más. Enterradas a 10 cm la planta vegeta y no florece nunca, y la culpa se le acaba echando al abono o a la falta de sol. Además necesita frío invernal acumulado, así que en el litoral mediterráneo cálido y en el sur costero rinde poco por mucho que se cuide.
Cuándo y cómo se plantan
La época es el otoño, de octubre a noviembre en clima suave, y también el final del invierno donde hiela con dureza. Plantar en octubre da a la raíz todo el invierno y la primavera para instalarse antes del primer verano. Comprar la vivaz en flor en mayo —que es cuando el vivero la expone y cuando apetece— significa plantarla con las reservas gastadas en floración y a las puertas del calor: sobrevive, pero pide riego todo el verano y tarda un año más en cuajar.
Al sacarla del contenedor, comprueba la raíz. Si está enrollada en espiral en el fondo, desenróllala o haz tres o cuatro cortes verticales con un cuchillo; si no, seguirá creciendo en círculo dentro de su propio molde. Planta a la misma profundidad que traía en la maceta, salvo en los casos con norma propia: peonía a 3-5 cm, iris barbados con el rizoma medio asomando al sol —enterrarlo garantiza que no florezca y que se pudra—, y Hemerocallis con la corona justo a nivel del suelo.
En cuanto a suelo, la mayor parte agradece un terreno mullido, con algo de materia orgánica y, sobre todo, drenaje. Las vivaces rara vez mueren de frío en España; mueren de invierno húmedo con el cuello encharcado. Si tu suelo es arcilloso y compacto, el arriate elevado o la enmienda con arena gruesa y compost hacen más que cualquier producto.
Mantenimiento a lo largo del año
Riego. El primer año son plantas de riego regular, sin excepción. A partir del segundo, cada especie según su origen: una Hosta o una Astilbe seguirán necesitando humedad constante; una Achillea, un Sedum o una Perovskia vivirán prácticamente de la lluvia.
Abonado. Menos del que se supone. Un aporte de compost en superficie a la salida del invierno basta para casi todo. El exceso de nitrógeno produce tallos largos, blandos y llenos de hoja que se tumban con la primera tormenta de junio y obligan a poner tutores que no harían falta.
Pinzado de mayo. Cortar a la mitad los tallos de Sedum 'Herbstfreude', Aster, Helenium o Rudbeckia a finales de mayo retrasa la floración un par de semanas y produce una mata más baja, más ramificada y que no se abre por el centro. Es la técnica que los ingleses llaman Chelsea chop, y ahorra tutores.
Limpieza de flores pasadas. Prolonga la floración en Salvia nemorosa, Nepeta, Achillea, Geranium o Coreopsis; muchas rebrotan y dan una segunda tanda en septiembre si se cortan a fondo tras la primera. Con las que quieras que se resiembren, deja las últimas.
Corte de la parte seca. Aquí hay una costumbre discutible: dejar el arriate rapado en octubre. Los tallos secos protegen la corona del frío y de la humedad directa, dan estructura al jardín de invierno y sus semillas alimentan pájaros, además de servir de refugio a insectos auxiliares. Salvo en plantas enfermas —oídio, roya, manchas foliares— o en las que se derrumban en un amasijo húmedo, es mejor esperar a finales de febrero para cortar a ras.
División. Es el mantenimiento propio de las vivaces y el que renueva la planta. Cada 3 o 5 años, cuando la mata empieza a morir por el centro y a florecer solo en la periferia, se levanta con horca, se parte en porciones con varias yemas y raíz, y se replanta descartando el corazón viejo. Regla práctica: las que florecen en primavera se dividen en otoño; las que florecen en verano y otoño, a la salida del invierno. Peonías y eléboros, mejor no dividirlos si no hay motivo.
Elegir vivaces según el clima que tengas
El arriate mixto de fotografía inglesa está pensado para veranos frescos y lluvia repartida. Trasladado tal cual a Zaragoza o a Sevilla, se derrite en julio. Adaptar la lista es la mitad del trabajo.
Interior seco y caluroso, suelo calizo: Achillea, Salvia nemorosa y S. greggii, Perovskia (Salvia yangii), Echinacea purpurea, Nepeta × faassenii, Sedum y Hylotelephium, Euphorbia characias, Gaura lindheimeri, Iris germanica, Limonium, Agapanthus con algo de riego.
Sombra y semisombra: Helleborus, Brunnera macrophylla, Epimedium, Bergenia, Heuchera, Pulmonaria, helechos como Dryopteris y Polystichum. La Hosta es magnífica en el norte húmedo y una decepción en el interior seco: se le queman los bordes de la hoja con el aire caliente aunque el suelo esté mojado, y las babosas la agujerean en primavera.
Norte atlántico y suelos frescos: Astilbe, Primula, Ligularia, Hosta, Aconitum —tóxico, con precaución en jardines con niños—, Geranium de sombra, Persicaria.
Vivaces o anuales: lo que gana cada una
Una vivaz se paga una vez y se multiplica gratis por división; una anual hay que comprarla o sembrarla cada año. A cambio, la anual florece cuatro o cinco meses seguidos y la vivaz suele dar tres o cuatro semanas de flor, a veces menos. Un arriate de vivaces con color continuo de marzo a octubre no se consigue plantando muchas plantas, sino escalonando floraciones: bulbos y Helleborus para el final del invierno, Geranium, Nepeta y peonías para mayo y junio, Echinacea, Achillea y Salvia para el pleno verano, Aster, Sedum y gramíneas para septiembre y octubre.
Dos consejos de composición que funcionan casi siempre: plantar en grupos impares de tres, cinco o siete ejemplares de la misma especie en lugar de uno de cada, y reservar un tercio del arriate a plantas con follaje o estructura que aguanten cuando no hay flor. Un arriate lleno de floraciones sucesivas y sin masa verde de fondo parece desordenado los doce meses.
Una advertencia de propagación: los cultivares seleccionados —una Heuchera de hoja púrpura, una Echinacea naranja, una Hosta variegada— no se reproducen fieles por semilla. Lo que salga de esas semillas será distinto de la planta madre y casi siempre peor. Para mantener el cultivar hay que dividir o esquejar.
En resumen
Vivaz significa herbácea que vive varios años y rebrota de una yema protegida; «de hoja perenne» significa que no pierde el follaje. Son cosas distintas y hay vivaces de hoja persistente, como el eléboro o la Bergenia, y vivaces que desaparecen en verano en vez de en invierno, como los bulbos mediterráneos. Ni son eternas —de dos años una Aquilegia a varias décadas una peonía— ni se cuidan solas: piden plantación de otoño, drenaje por encima de riqueza, abonado escaso, división cada tres o cinco años y respetar las profundidades particulares de peonía e iris. Y en el clima español la elección de especies importa más que la técnica: copiar la lista de un arriate inglés en un verano de meseta es lo que deja el arriate vacío en agosto.