Las acículas miden entre tres y siete centímetros, van de dos en dos y se retuercen sobre sí mismas como un cordón mal enrollado. De ahí el epíteto: contorta. Es el detalle que permite identificar a este pino norteamericano sin tocar la piña ni mirar la corteza, y también el primer aviso de que no se parece demasiado a los pinos que estamos acostumbrados a ver en la Península.

Pinus contorta Douglas ex Loudon es una conífera de la familia Pinaceae repartida por toda la vertiente occidental de Norteamérica, desde el sur de Alaska y el Yukón hasta Baja California. Ese recorrido tan largo explica que no haya un solo Pinus contorta, sino cuatro formas bastante distintas entre sí, y que elegir la equivocada acabe en un árbol que no hace lo que esperabas.

Cuatro árboles con el mismo nombre

La variedad tipo, Pinus contorta var. contorta, vive pegada al Pacífico, en dunas, turberas y acantilados barridos por el viento salado. Es un árbol bajo, de diez a veinte metros como mucho, de tronco torcido, copa irregular y ramas nudosas. En inglés lo llaman shore pine, pino de costa, y es la forma que interesa en jardinería: aguanta suelos encharcados, viento marino y salpicadura, y con los años adquiere un porte de escultura que ninguna poda sabe imitar.

La variedad latifolia es la de las Montañas Rocosas, el lodgepole pine que ocupa millones de hectáreas en Canadá y el norte de Estados Unidos. Aquí el árbol cambia por completo: fuste recto, casi cilíndrico, copa estrecha, de treinta a cuarenta metros y una densidad de plantación altísima. Es la variedad forestal, la que se ha plantado en Escocia, en Escandinavia y en ensayos de repoblación en el norte peninsular.

Quedan la var. murrayana, de Sierra Nevada californiana y Cascades, más ancha de copa, y la var. bolanderi, una rareza enana confinada a los suelos podsólicos de Mendocino. Estas dos rara vez llegan al vivero español.

Ejemplar de Pinus contorta var. latifolia de fuste recto y copa estrecha

Piñas que esperan al fuego

Las piñas son pequeñas, de tres a seis centímetros, asimétricas, con una escama terminada en un pinchito recurvado que se clava si cierras la mano sin mirar. Lo interesante es cómo se comportan: en buena parte de las poblaciones de var. latifolia las piñas son serótinas. Maduran, se quedan cerradas y selladas con resina, y siguen colgando de la rama año tras año —a veces veinte años— sin soltar una sola semilla.

La resina se funde alrededor de los 45-50 °C. Hace falta un incendio de copas, o al menos el calor de uno cercano, para que las escamas se abran de golpe y descarguen el banco de semillas acumulado sobre un suelo recién quemado, sin competencia y lleno de ceniza. Es una estrategia de regeneración masiva tras el fuego, y explica los rodales monoespecíficos y coetáneos, tan densos que apenas se pasa entre los troncos, típicos de las Rocosas.

Las poblaciones costeras, en cambio, tienen piñas que abren solas al madurar, sin necesidad de calor. Si vas a sembrar semilla propia y las piñas no abren tras semanas en un lugar seco y ventilado, ese árbol es serótino: necesitarás un golpe de calor suave y controlado, no una hoguera.

Dónde se puede plantar en España, y dónde no

El frío no es problema. La variedad latifolia soporta sin despeinarse temperaturas de -35 a -40 °C, y en el peor invierno de Castilla o del Pirineo no va a sufrir daño alguno. El problema es el verano, y es un problema serio.

Este es un pino de veranos frescos y húmedos, adaptado a nieblas costeras o a inviernos largos de montaña. Una racha de cuarenta días a 35 °C con humedad relativa por debajo del 30 % —el verano normal de Madrid, Zaragoza, Sevilla o Albacete— le provoca un estrés hídrico que se acumula año tras año. No se muere el primer verano: se muere el cuarto o el quinto, después de ir perdiendo acículas por la base y de que un escolítido oportunista termine el trabajo sobre un árbol ya debilitado.

El segundo condicionante es la caliza. Pinus contorta es una especie calcífuga, de suelos ácidos, arenosos o turbosos, con un pH cómodo entre 4,5 y 6,5. Plantado sobre un suelo con caliza activa, el hierro y el manganeso quedan bloqueados y el árbol entra en clorosis férrica: acículas amarillas con la nervadura verde, crecimiento detenido y muerte descendente de las guías. Los quelatos de hierro compran tiempo, no salud. Aquí no hay enmienda que valga a largo plazo, porque un pino de treinta metros acaba explorando un volumen de suelo que ninguna aportación de turba puede corregir.

Traducido a mapa: tiene sentido en Galicia, en la cornisa cantábrica, en el norte de Navarra y el País Vasco sobre sustrato silíceo, en zonas altas del Sistema Central y del Ibérico, y en el Pirineo. Fuera de ahí, hay pinos que harán el mismo trabajo mucho mejor: Pinus pinaster, Pinus nigra subsp. salzmannii o Pinus halepensis según el caso.

Plantación y cuidados

Época. Otoño, de octubre a diciembre en el norte peninsular, con la planta en contenedor. El invierno le da tiempo a emitir raíz antes de que llegue la primera sequía. Plantar en marzo o abril lo deja con un sistema radicular a medio hacer justo cuando más lo va a necesitar.

Hoyo y cuello. Hoyo amplio, de tres veces el diámetro del cepellón, pero sin enterrar. El cuello de la raíz tiene que quedar al mismo nivel que estaba en la maceta o un par de centímetros por encima. Un cepellón enterrado cinco centímetros de más asfixia la base del tronco y abre la puerta a las podredumbres del cuello. Y no le pongas estiércol fresco ni abono de fondo rico en nitrógeno en el hoyo: los pinos micorrizan mal en suelos fértiles y responden con crecimientos blandos y quebradizos.

Sol. Pleno sol, sin discusión. Es una especie pionera, de las primeras en colonizar claros y quemados, y a media sombra se ahíla y pierde las ramas bajas.

Riego. Riego de implantación durante los dos o tres primeros veranos: un aporte generoso y espaciado, mejor 40 litros cada quince días que 5 litros cada día. A partir del cuarto año, en su clima adecuado, no necesita riego. Lo que no tolera bien es el encharcamiento permanente salvo en la variedad costera, que sí prospera en turberas.

Abonado. Prácticamente ninguno. Un acolchado de corteza de pino de cinco a ocho centímetros, renovado cada dos años, mantiene el suelo fresco, acidifica poco a poco y aporta lo necesario. Nada de abonos equilibrados de jardinería general.

Poda. Aquí conviene detenerse. Los pinos no rebrotan de madera vieja: no tienen yemas latentes en el fuste ni en las ramas desnudas. Si cortas una rama por detrás de la última zona con acículas, ese muñón no volverá a brotar jamás y te quedará un hueco permanente en la silueta. La poda se limita a retirar ramas secas, rotas o mal insertadas, y se hace a final de invierno. Para densificar la copa de un ejemplar ornamental, la técnica es el pinzado de velas: en mayo, cuando el brote nuevo está alargado y las acículas todavía no se han abierto, se parte con los dedos entre un tercio y la mitad de la vela. El resultado son entrenudos más cortos y más yemas laterales al año siguiente.

Problemas sanitarios que sí importan

Banda roja (Dothistroma septosporum). Es la enfermedad que ha frenado el uso forestal de esta especie en el Atlántico europeo. Aparecen bandas rojizas transversales en las acículas, que luego se secan de la punta hacia dentro; el árbol se defolia de abajo arriba y pierde crecimiento. Prospera con primaveras húmedas y templadas, justo el clima de la cornisa cantábrica y de Galicia. En un jardín, la medida útil es el espaciamiento: ejemplares aislados y bien ventilados enferman mucho menos que rodales cerrados. Recoger y retirar la acícula caída reduce el inóculo.

Procesionaria (Thaumetopoea pityocampa). Ninguna especie de Pinus plantada en la Península está libre de ella. Los bolsones aparecen en invierno en las ramas altas y soleadas, y las orugas descienden en procesión entre febrero y abril según la zona. Los pelos urticantes provocan dermatitis y conjuntivitis en personas, y en perros que las lamen pueden causar necrosis de la lengua, una urgencia veterinaria real. No manipules los bolsones sin protección ni los quemes en el árbol. En ejemplares accesibles funciona el tratamiento con Bacillus thuringiensis var. kurstaki en otoño, cuando las orugas son pequeñas, o las trampas de feromona para los machos en verano.

Podredumbres radicales: Armillaria y Heterobasidion annosum aprovechan tocones y heridas de raíz. No plantes sobre el sitio de un tocón viejo de conífera sin haberlo destoconado.

Un carácter invasor que conviene tener presente

Fuera de su área natural, Pinus contorta ha demostrado una capacidad de expansión notable. En Nueva Zelanda, en la Patagonia chilena y argentina y en el norte de Suecia se ha escapado de las plantaciones y ha invadido pastizales de altura, matorrales y turberas, hasta el punto de figurar entre las coníferas invasoras más problemáticas del mundo. Semilla abundante, alada, ligera, madurez sexual temprana y tolerancia a suelos pobres: la combinación completa.

En España no está catalogada como especie exótica invasora, y su comportamiento en el clima peninsular es mucho menos agresivo. Aun así, si vives lindando con brezal, turbera o pastizal de montaña en buen estado, vigila el regenerado en los alrededores del árbol y arráncalo cuando sea pequeño. Cuesta un minuto y evita un problema.

Piña pequeña y asimétrica de Pinus contorta sobre la rama

Variedades de jardín para espacios pequeños

Un árbol de treinta metros no cabe en una parcela urbana, pero hay cultivares seleccionados que sí.

  • 'Chief Joseph': pierde el verde en octubre y pasa todo el invierno de un amarillo dorado intenso, para recuperar el color en primavera. Crecimiento lento, unos tres metros a los quince años. Es la joya del grupo y se paga como tal.
  • 'Taylor's Sunburst' (var. latifolia): brotación primaveral de un rojo dorado espectacular durante tres o cuatro semanas. Porte abierto, medio.
  • 'Spaan's Dwarf': enano, compacto y nudoso, con acículas cortas y aspecto de árbol viejo desde joven. Ideal para jardín de rocalla.
  • 'Frisian Gold': dorado también en invierno, más pequeño y regular que 'Chief Joseph'.

La variedad costera, además, es un material clásico para bonsái y para maceta grande: la corteza se agrieta pronto, el tronco se mueve solo y responde bien al pinzado de velas. En contenedor exige sustrato ácido y muy drenante —akadama con corteza y arena silícea, o mezcla de turba rubia con perlita gruesa— y riego con agua de baja conductividad. Con agua dura del grifo, la maceta se alcaliniza en dos temporadas y aparece la clorosis.

En resumen

Pinus contorta es un pino de acículas cortas y retorcidas, piñas pequeñas y espinosas, resistencia al frío casi ilimitada y dos personalidades muy distintas según la variedad: torcido y bajo el de costa, recto y esbelto el de montaña. Se planta en otoño, a pleno sol, en suelo ácido y sin caliza activa, con riego de apoyo los tres primeros veranos y prácticamente sin abono. No admite poda de madera vieja, y para densificarlo se pinzan las velas en mayo.

Su límite en España no es el frío sino el calor seco: fuera del tercio norte húmedo y de la montaña silícea, hay pinos mediterráneos que darán un resultado mucho mejor con la mitad de esfuerzo. Y si vives junto a un brezal o una turbera de montaña, echa un ojo de vez en cuando al regenerado que aparezca alrededor.


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