Pide un pino negral en un vivero de Cuenca y en otro de Valladolid y es probable que cargues dos árboles distintos en el remolque. El nombre viaja mal por la Península: en la Serranía de Cuenca, en Cazorla o en el Maestrazgo señala a Pinus nigra, el pino laricio o salgareño; en buena parte de la meseta norte y en el litoral atlántico, «negral» es el Pinus pinaster, el pino resinero. Aquí hablamos del primero, el de corteza oscura resquebrajada en placas y acículas rígidas de un palmo, que es el que se planta como árbol ornamental de porte grande y el que forma algunos de los pinares más valiosos del país.

Qué árbol es exactamente

Pinus nigra J. F. Arnold es una conífera de la familia Pinaceae repartida por el sur de Europa y Asia Menor, con varias subespecies bastante diferenciadas. La ibérica es Pinus nigra subsp. salzmannii, conocida como pino laricio, salgareño o negral según la comarca. En parques y jardines también se planta mucho la subespecie tipo, la austriaca (subsp. nigra), más compacta, más oscura y algo más resistente al frío y a la contaminación urbana; y en repoblaciones antiguas aparece la corsa (subsp. laricio), de tronco especialmente recto.

Es un árbol grande: entre 20 y 35 m de altura habituales, con ejemplares que superan los 40 m en las mejores estaciones de la Serranía de Cuenca. El tronco es recto, con un fuste limpio notable en masa cerrada, y la copa pasa de cónica en juventud a aparasolada e irregular con los años. El diámetro de copa en un pie aislado se planta en 8 o 10 m sin dificultad, y esa cifra es la que hay que tener en la cabeza antes de decidir dónde va.

Ejemplar adulto de Pinus nigra con la copa aparasolada

Cómo reconocerlo sin dudar

Tres rasgos bastan para separarlo de los otros pinos que comparten territorio con él:

La corteza. Gris oscura, casi negra en las grietas, dividida en placas anchas y separadas por surcos profundos. En los pinos viejos las placas se aclaran en un gris ceniza que contrasta con las hendiduras. Ese aspecto es el que le da el nombre. El pino silvestre, en cambio, tiene la parte alta del tronco de un naranja asalmonado inconfundible: si ves color salmón arriba, no es negral.

Las acículas. Van en pares dentro de una vaina persistente, miden entre 8 y 16 cm, son rígidas, punzantes al tacto y de verde oscuro apagado. Permanecen en el árbol tres, cuatro y hasta cinco años. Las del pino silvestre son mucho más cortas (3 a 7 cm), retorcidas y de un verde azulado; las del resinero son todavía más largas y gruesas, de hasta 20 cm, y muy rígidas.

Las piñas. Ovoideo-cónicas, de 4 a 8 cm, sentadas o casi, de color pardo claro brillante al abrirse, con las escamas rematadas en un pequeño ombligo con espina diminuta. Tardan dos años en madurar y se abren en la primavera del tercero. Las del resinero son mucho mayores, de 10 a 20 cm, con espina fuerte y punzante.

Es monoico y de polinización anemófila: florece entre mayo y junio, con los conos masculinos amarillentos apiñados en la base de los brotes del año. Suelta una nube de polen amarillo que ensucia terrazas y coches, y conviene aclarar qué significa esa nube: el polen de pino es grande y pesado, y su capacidad alergénica es baja comparada con la de gramíneas, olivo o cupresáceas. Lo que ves en la barandilla molesta a la vista mucho más que a las vías respiratorias.

Clima, suelo y dónde tiene sentido plantarlo

El laricio ibérico es un árbol de montaña media y alta: vive entre los 800 y los 1.800 m, y roza los 2.000 m en Cazorla y Sierra Nevada. Eso marca sus exigencias reales. Aguanta sin despeinarse heladas de −20 °C, y la subespecie austriaca todavía más. Soporta veranos secos una vez instalado, con raíz profunda y consumo modesto, pero no es un pino de calor extremo prolongado: en el valle del Guadalquivir, en el litoral mediterráneo cálido o en zonas donde se encadenan semanas de más de 38 °C con noches tórridas, vegeta mal y acaba entrando en decaimiento. Para esos sitios el pino que funciona es el carrasco (Pinus halepensis).

En suelo es poco exigente y tiene una preferencia clara: la subespecie salzmannii es marcadamente calcícola y prospera sobre calizas y dolomías esqueléticas donde apenas hay tierra. Tolera también los suelos ácidos, así que la caliza no es un requisito, pero sí es un aviso de lo contrario: lo que no perdona es el encharcamiento. Un suelo arcilloso compactado, con agua parada en invierno, termina en podredumbre de raíz por Phytophthora o Armillaria, y el árbol se va amarilleando por sectores de copa hasta que ya no hay vuelta atrás.

Necesita luz, aunque el plantón tolera media sombra mejor que el pino silvestre, y por eso el laricio regenera bien bajo la cubierta de sus propios pies adultos. En jardín, un sitio abierto y ventilado.

La fama de árbol resistente al fuego que arrastra pide un matiz importante. Es cierto que la corteza gruesa protege el cámbium y que un pie adulto sobrevive a un incendio de baja intensidad que le queme el matorral de debajo. Pero el negral no rebrota de cepa y no tiene piñas serótinas que guarden semilla para después del fuego, al contrario que el resinero o el carrasco. Cuando el incendio sube a copas, el pinar de laricio se pierde y su recuperación natural es lenta y muchas veces incompleta. Cortafuegos y desbroce del sotobosque valen aquí más que cualquier otra medida.

Plantación y primeros años

La época buena es el otoño, de octubre a noviembre, en zonas de invierno suave, y el final del invierno o el arranque de la primavera donde hiela fuerte, para que no coja el plantón recién puesto con la raíz sin anclar. Siempre planta de contenedor o de cepellón: el pino a raíz desnuda no agarra.

Antes de meterlo en el hoyo, saca el cepellón y míralo. Si las raíces han dado la vuelta al fondo del contenedor formando una espiral, o desenrédalas y corta las que estrangulan, o devuelve la planta. Un pino con la raíz espiralizada crece con normalidad diez o quince años y luego se tumba en el primer temporal serio, porque nunca llegó a construir un anclaje.

El hoyo, amplio pero no profundo: el cuello de la raíz debe quedar exactamente al nivel del suelo. Enterrar unos centímetros del tronco «para que quede más firme» es lo que pudre la base y mata el árbol despacio, dos o tres años después, cuando ya nadie relaciona una cosa con la otra. No hace falta abonar en la plantación, y menos con estiércol fresco; un pino de montaña está diseñado para suelos pobres.

Riego generoso y espaciado los dos o tres primeros veranos —un buen empape cada siete o diez días es mejor que agua diaria y superficial, porque obliga a la raíz a bajar—, y a partir de ahí, en casi toda la mitad norte y en la montaña mediterránea, no necesita riego ninguno. Un acolchado de corteza de pino o de las propias acículas mantiene fresco el pie y ahorra escardas. Crece entre 30 y 50 cm al año en su juventud y luego se ralentiza; a cambio, es un árbol de vida muy larga: en Cuenca y en Cazorla se han datado ejemplares que rondan o superan los 500 años, y sus anillos se usan como archivo climático.

La poda: lo que un pino no devuelve

Los pinos no rebrotan de madera vieja. Si cortas una rama por una zona sin acículas verdes, ese muñón se queda seco para siempre y deja un hueco permanente en la copa. Ninguna técnica lo arregla después. Por eso, con el negral, la poda se limita a lo imprescindible: ramas secas, rotas o que estorben un paso, y elevación gradual de la copa si necesitas circular por debajo, quitando como mucho un verticilo bajo por año.

El momento importa. Poda a finales de otoño o en invierno, con el árbol parado. Las heridas hechas en primavera y verano sueltan resina fresca y atraen a los escolítidos —Tomicus piniperda, Tomicus destruens, Ips sexdentatus—, que localizan el árbol por el olor. Tampoco dejes los restos de poda apilados junto al pinar: la madera recién cortada es criadero perfecto para esos mismos barrenillos.

Si lo que buscas es un ejemplar más denso y compacto, la herramienta no es la tijera de poda sino el pinzado de velas: en mayo, cuando los brotes nuevos están alargados pero las acículas aún no se han abierto, se parten a mano por la mitad. La yema se ramifica y el crecimiento del año se acorta. Es la base del trabajo en bonsái y en topiaria de coníferas.

Detalle de las acículas en pares del pino negral

Plagas y enfermedades que sí vas a ver

Procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Es la que condiciona el manejo. Los bolsones blancos se ven en la copa de noviembre en adelante y las orugas descienden en fila entre febrero y abril para enterrarse. Sus pelos urticantes se desprenden en el aire y provocan dermatitis y conjuntivitis en personas; en perros que husmean el suelo bajo el árbol causan lesiones graves en la lengua, con necrosis, y son una urgencia veterinaria. Con niños o animales en casa, esto pesa a la hora de decidir dónde plantar.

El tratamiento eficaz no es el de invierno sino el del principio del otoño: aplicaciones de Bacillus thuringiensis var. kurstaki en septiembre y octubre, cuando las orugas son diminutas y aún comen en la periferia de la copa. Es un producto biológico, selectivo de lepidópteros, y funciona bien si se llega a toda la copa. En ejemplares grandes o de acceso complicado, la endoterapia aplicada por empresa autorizada es la alternativa. Las trampas de feromonas capturan machos en verano y sirven para seguimiento y para bajar población en jardines aislados, no como único método en masa. Los bolsones se pueden retirar en invierno cortando la rama, con guantes largos, mascarilla y gafas, y se destruyen metidos en bolsa cerrada. Lo que no debe hacerse es quemarlos en el árbol ni derribarlos a pedradas: eso dispersa los pelos por el aire y los inhala quien está debajo.

Barrenillos. Tomicus ataca los brotes del año y los hace caer con un agujerito en el centro; el suelo bajo el pino aparece sembrado de brotes tronchados. Suele ser síntoma de un árbol ya debilitado por sequía o por raíz asfixiada. La respuesta útil es corregir la causa y retirar madera muerta, no fumigar.

Hongos. Diplodia sapinea (antes Sphaeropsis sapinea) ha ganado protagonismo tras las sequías y las tormentas de granizo: seca brotes desde la punta, que quedan colgando con las acículas cortas y pardas y exudación de resina. Se controla podando lo afectado en tiempo seco y, sobre todo, evitando el estrés hídrico. Lophodermium provoca defoliación de acículas viejas con manchas negras alargadas, y el Dothistroma septosporum, la banda roja, aparece en zonas húmedas y frescas con bandas rojizas transversales en la acícula.

Para jardines pequeños: las formas enanas

Un negral de especie en una parcela de 200 m² es un problema aplazado: en veinte años da sombra a toda la casa, levanta el pavimento y ya no hay manera de reducirlo sin destrozarlo. Si el espacio es corto, el camino es un cultivar enano o compacto de Pinus nigra, que se comporta como un arbusto de crecimiento lentísimo y conserva el follaje oscuro de la especie. 'Nana' y 'Hornibrookiana' forman almohadillas anchas de menos de 2 m; 'Pierrick Bregeon' se cultiva injertada sobre pie alto como bola; 'Green Tower' y 'Oregon Green' dan columnas estrechas útiles para pantallas en poco fondo. Todas piden el mismo suelo drenado y el mismo sol que la especie, y ninguna necesita poda.

Otros usos

La madera de laricio, densa, de fibra recta y buena resistencia mecánica, está entre las mejores de las coníferas ibéricas. Se ha usado durante siglos en carpintería de armar, vigas, apeas y arboladura, y de los pinares de Cuenca bajaban las maderadas por el Júcar y el Tajo hasta Aranjuez y Madrid. Para resina, sin embargo, el árbol de referencia siempre ha sido el resinero, no este.

En jardinería pública se usa mucho la subespecie austriaca por su tolerancia a la contaminación atmosférica, al viento y a la sequía urbana; en el litoral aguanta el viento salino moderado, aunque no la salpicadura directa de primera línea. También es un excelente árbol de pantalla y cortavientos, plantado en línea con marcos de 5 a 6 m.

En resumen

El pino negral en sentido estricto es Pinus nigra, y en España el que aparece en el monte es la subespecie salzmannii, calcícola, de montaña y de vida muy larga. Se reconoce por la corteza oscura en placas, las acículas rígidas y largas en pares y las piñas pequeñas y sentadas. Quiere sol, suelo drenado y frío invernal; tolera la sequía instalado, pero no el calor extremo del sur cálido ni el agua estancada. Se planta en otoño con el cuello a nivel de suelo y comprobando que el cepellón no traiga raíces en espiral, se riega bien los dos o tres primeros veranos y luego se le deja en paz. La poda debe ser mínima y en invierno, porque la rama cortada por madera sin verde no vuelve. La procesionaria es el asunto sanitario serio, y se trata en septiembre y octubre con Bacillus thuringiensis, no en enero a pedradas. Y si el jardín es pequeño, la respuesta razonable es un cultivar enano, no la especie.


Contenidos relacionados