Corta la rama de un pino a media altura y de ese muñón no volverá a salir nada. Ni ese año ni el siguiente. La rama se seca hasta el arranque, la herida rezuma resina durante meses y el árbol queda con un hueco permanente en la copa. Entender esa limitación —los pinos casi no tienen yemas latentes en la madera vieja— explica buena parte de lo que se puede y no se puede hacer con ellos en un jardín.

El género Pinus reúne alrededor de 110 especies repartidas por casi todo el hemisferio norte, desde el círculo polar hasta las montañas de Guatemala y el sudeste asiático. En la Península hay siete especies autóctonas más una canaria, y algunas plantadas a escala industrial. Son árboles de vida larga, madera resinosa y una tolerancia a la sequía que pocos frondosos igualan.

Pino silvestre con la corteza superior anaranjada característica

Qué es exactamente un pino

En el lenguaje corriente se llama pino a cualquier conífera con aspecto de árbol de Navidad, y ahí se meten abetos, piceas, cedros, tuyas y hasta araucarias. La diferencia se ve en tres segundos y no requiere ninguna guía botánica: mira cómo nacen las hojas del ramillo.

En un pino las acículas salen agrupadas —de dos en dos, de tres en tres o de cinco en cinco, según la especie— y el grupo (el fascículo) arranca de una pequeña vaina membranosa de color pajizo. En un abeto (Abies) cada aguja nace suelta y directamente del ramillo, es plana y tiene dos bandas blancas por el envés. En una picea (Picea) las agujas también son sueltas, pero de sección cuadrangular y punzantes, y al caer dejan el ramillo áspero, lleno de pequeños salientes. Cedros y alerces las llevan en rosetas apretadas sobre braquiblastos.

La distinción no es un capricho de aficionado: el riego, el suelo y la resistencia al calor de un abeto y de un pino carrasco no tienen nada que ver. Plantar un Abies en Sevilla porque «era un pino» sale mal en dos veranos.

Otros rasgos comunes del género: son monoicos, con conos masculinos pequeños y agrupados en la base de los brotes nuevos, y conos femeninos —las piñas— que tardan dos o tres años en madurar. Esa lentitud explica que en un mismo pino piñonero convivan piñas de tres cosechas distintas.

Un linaje viejo, pero no tanto como se dice

Se lee con frecuencia que los pinos llevan sobre la Tierra unos 300 millones de años. La cifra corresponde al conjunto de las coníferas, que efectivamente aparecen en el Carbonífero superior. El género Pinus es bastante más reciente: los fósiles inequívocos más antiguos, como Pinus mundayi y Pinus belgica, se sitúan en el Cretácico inferior, hace unos 130-140 millones de años. Sigue siendo una antigüedad enorme —los pinos vieron pasar a los dinosaurios y les sobrevivieron—, pero conviene dar el dato correcto.

Lo interesante de esa historia es lo que dejó impreso en su biología. Los pinos evolucionaron en ambientes con fuego recurrente y suelos pobres, y muchas de sus rarezas son adaptaciones a eso: corteza gruesa que aísla el cámbium de las llamas, piñas serótinas que permanecen cerradas años en el árbol y solo se abren con el calor del incendio (el caso del pino carrasco), semillas aladas que colonizan terreno quemado y una asociación obligada con hongos micorrícicos que les permite vivir en arenas y calizas donde otros árboles no arrancan.

Los pinos que se ven en España

Pinus halepensis, pino carrasco. Dos acículas finas y de verde claro, copa irregular y clara, corteza gris. Es el pino del litoral mediterráneo y el más resistente a la sequía y a la caliza. Aguanta veranos de 40 °C y suelos de margas donde no crece casi nada, pero es sensible al frío intenso: por debajo de -10 o -12 °C sufre daños serios. Sus piñas serótinas hacen que tras un incendio el pinar se regenere solo, a veces con densidades absurdas de miles de plántulas por hectárea.

Pinus pinea, pino piñonero. El de la copa en parasol, inconfundible en el paisaje de Doñana o de la Tierra de Pinares vallisoletana. Dos acículas rígidas, piña gruesa y globosa que tarda tres años en madurar y da el piñón comestible. Prefiere suelos arenosos y profundos, y tolera bien la cal.

Pinus pinaster, pino resinero o negral. Acículas muy largas y gruesas, también en pares, y piña cónica y puntiaguda. Es la especie que se resinaba en Segovia, Soria y Cuenca, y sigue resinándose. Marcadamente calcífugo: en suelo calizo se clorosa y languidece. Muy inflamable por su contenido en resina.

Pinus nigra subsp. salzmannii, pino laricio o salgareño. Montaña caliza de Cazorla, Cuenca y el Prepirineo, con troncos rectísimos y corteza plateada. Crece despacio y da madera excelente.

Pinus sylvestris, pino silvestre o albar. Se reconoce a distancia por la corteza anaranjada del tercio superior del tronco, que ninguno de los anteriores tiene. Acículas cortas, retorcidas y de un verde azulado. Es de clima continental y frío, del Sistema Ibérico, Guadarrama y Pirineo; en el litoral cálido no prospera.

Pinus uncinata, pino negro. El árbol de la línea de bosque pirenaica, hasta los 2.400-2.500 m. Aguanta temperaturas de -30 °C y nieve permanente durante meses. Fuera de alta montaña no tiene sentido plantarlo.

Pinus canariensis, pino canario. Tres acículas larguísimas y colgantes, muy decorativo. Tiene una particularidad que lo separa de todos los demás pinos europeos: rebrota de tronco tras un incendio, mediante yemas epicórmicas protegidas bajo la corteza. Es el único al que un fuego —o una poda severa— no mata de forma automática. En la Península se cultiva bien en la costa suave; el frío por debajo de -8 °C lo daña.

Pinus radiata, pino insigne o de Monterrey. Californiano, plantado masivamente en la cornisa cantábrica por su crecimiento rápido. Tres acículas de verde intenso. A cambio de la velocidad es de vida corta, calcífugo y muy propenso a la banda roja (Dothistroma septosporum) en climas húmedos.

Para jardines pequeños, las opciones sensatas son otras: Pinus mugo 'Pumilio' o 'Mops', que se quedan en 1-1,5 m y sirven para rocallas; Pinus sylvestris 'Watereri', de copa compacta y follaje muy azulado; o Pinus thunbergii si el destino es un bonsái.

Dónde plantarlo y en qué suelo

Sol directo, sin excepciones. Ningún pino tolera la sombra de forma prolongada: en semisombra estira los entrenudos, pierde las acículas interiores y queda desgarbado. Si el sitio tiene menos de seis horas de sol, el pino no es la respuesta.

El suelo importa menos por su fertilidad que por su drenaje. Un pino en terreno arcilloso compactado que se encharca en invierno es candidato directo a podredumbre radicular por Phytophthora o a un ataque de Armillaria. En arena pura, en cambio, viven perfectamente. Si el suelo del jardín es pesado, planta sobre un caballón elevado 30-40 cm en lugar de excavar un hoyo grande y rellenarlo con sustrato bueno: ese hoyo acaba funcionando como una bañera.

El pH condiciona la elección de especie. En caliza activa van bien halepensis, pinea, nigra y sylvestris; se cloran pinaster y radiata, que necesitan suelos silíceos o al menos neutros.

Planta ejemplares jóvenes. Un pino de contenedor de 3-5 litros se establece mejor y a los cinco años habrá adelantado a otro de 100 litros plantado el mismo día. Los pinos hacen raíz pivotante y dependen de sus micorrizas; los ejemplares grandes trasplantados arrastran años de parada. Al sacarlo de la maceta, revisa que las raíces no estén enrolladas en espiral en el fondo: si lo están, corta esas espirales, porque con el tiempo estrangulan el cuello y el árbol se cae solo con una racha de viento a los diez o quince años.

La época de plantación en la Península es el otoño, de octubre a diciembre, para que la raíz aproveche las lluvias y el suelo aún templado. En zonas de heladas fuertes, finales de invierno.

Riego y abono: mucho menos de lo que parece

Durante los dos o tres primeros veranos, un riego abundante cada 10-15 días basta para que enraíce. Abundante quiere decir mojar el volumen entero de raíces, no un chorrito diario que solo humedece la superficie y enseña a la planta a hacer raíces someras.

Pasado ese periodo, un pino adecuado a la zona no necesita riego en casi toda España. Y si se le da, mejor espaciado. El exceso de agua en verano en suelo pesado es lo que pone amarillas las acículas viejas antes de tiempo y abre la puerta a los hongos de raíz; la sequía, en cambio, un pino la lleva con calma: cierra estomas, tira las acículas de tres años y espera.

Con el abono, la misma contención. Un aporte de fertilizante de liberación lenta a la salida del invierno, y solo si el árbol está claramente débil o en un suelo agotado. El nitrógeno en exceso produce brotes largos, blandos y con acículas desproporcionadas, atractivos para pulgones y frágiles ante la nieve. En arenas muy pobres, lo que a veces falta no es N-P-K sino hierro y magnesio, que se corrigen con un quelato específico y no echando más abono universal.

Piña de Pinus radiata sobre la rama

Poda: qué se puede tocar y qué no

Volvamos al principio del artículo. Salvo el pino canario, los pinos no rebrotan de madera vieja: no tienen yemas latentes bajo la corteza de un tronco o de una rama desnuda. Un rebaje de copa, un desmochado o un «terciado» dejan el árbol mutilado de por vida, con muñones que se pudren desde el corte hacia adentro y una copa que nunca se recompone. Esto es lo que arruina un pino de treinta años en una tarde.

Lo que sí se hace:

Retirar ramas muertas, rotas o enfermas, cortando junto al cuello de la rama, sin dejar tocón y sin herir el collar. Nada de mastic ni de pinturas cicatrizantes: el árbol compartimenta la herida por su cuenta y esos productos retienen humedad.

Levantar la copa de forma gradual en ejemplares jóvenes, eliminando las ramas más bajas para dar paso. Un tercio de la altura como límite, y una o dos ramas por año, no seis de golpe.

Despuntar las velas en primavera —los brotes tiernos alargados, antes de que las acículas se separen— si lo que se busca es una copa compacta o un bonsái. Se pellizcan con los dedos, dejando un tercio o la mitad de la vela. Esto sí ramifica, porque se actúa sobre madera del año.

Sobre la época: pódalo a finales de otoño o en invierno, con el árbol parado. Un corte en primavera sangra resina en abundancia y, sobre todo, la madera fresca recién cortada atrae a los escolítidos (Tomicus, Ips), que la usan para criar y luego pasan al arbolado sano. No dejes los restos de poda amontonados junto a los pinos: sácalos o tritúralos.

Cómo sembrarlos

La multiplicación práctica del pino es por semilla. Los esquejes no arraigan en la práctica, y las variedades de jardín se propagan por injerto de púa sobre patrón de la misma especie, algo reservado a viveros.

Recoge piñas cerradas en invierno y déjalas en un sitio seco y aireado, o al sol; las escamas se abren solas en unos días y sueltan las semillas aladas. Muchas especies de clima frío —sylvestris, nigra, uncinata— germinan mucho mejor tras una estratificación en frío de tres a cinco semanas: semillas en arena o vermiculita húmeda dentro de una bolsa, en el cajón de la verdura de la nevera, entre 2 y 5 °C. Las mediterráneas de clima suave, como el carrasco o el piñonero, suelen germinar sin ese tratamiento, con un remojo previo de 24-48 horas en agua.

Siembra a un centímetro de profundidad en contenedores altos y estrechos (los alveolos forestales de 300-400 cc con costillas antiespiralantes son ideales), con sustrato muy drenante: turba y perlita o arena a partes iguales. La raíz pivotante se deforma en macetas anchas y bajas, y ese defecto es irreversible. La emergencia llega en dos o cuatro semanas a 15-20 °C. El principal peligro en esa fase es el damping-off por exceso de humedad y falta de aire; ventila y no riegues por encima.

Plagas y enfermedades: la procesionaria manda

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es el problema sanitario más conocido y el único con riesgo real para las personas y los animales. Las orugas están cubiertas de pelos urticantes microscópicos que se desprenden y viajan por el aire: provocan urticaria, conjuntivitis y crisis respiratorias sin necesidad de tocar la oruga. En perros es una urgencia veterinaria: al olfatear o lamer una procesión, los pelos causan necrosis de la lengua, que puede llegar a perderse en parte. Si un perro empieza a babear y a frotarse el hocico cerca de un pino en invierno o a principios de primavera, hay que ir al veterinario inmediatamente.

No manipules los bolsones ni intentes quemarlos desde abajo: los pelos se dispersan con el calor y la operación es peligrosa por el fuego y por la propia exposición. El calendario práctico en la Península es este:

Los bolsones blancos y sedosos se ven de diciembre a febrero en las puntas de las ramas. Las procesiones que bajan al suelo para enterrarse ocurren entre febrero y abril, según altitud y año. Los tratamientos que funcionan son los preventivos de octubre y noviembre, cuando las orugas son diminutas: pulverización con Bacillus thuringiensis var. kurstaki, un biológico específico de lepidópteros que no afecta a abejas ni a fauna auxiliar. En verano se ponen trampas de feromona para capturar machos y estimar la población, y en enero se colocan collares-trampa en el tronco que interceptan a las orugas cuando descienden. Fuera de esas ventanas, actuar sirve de poco.

Otros problemas frecuentes:

Escolítidos (Tomicus piniperda, Tomicus destruens, Ips spp.): son secundarios, atacan árboles ya debilitados por sequía, encharcamiento o poda salvaje. Se detectan por los brotes del año caídos al suelo perforados por el centro, y por serrín rojizo en la corteza. La prevención es mantener el árbol vigoroso y no dejar madera fresca cerca.

Nematodo de la madera del pino (Bursaphelenchus xylophilus): organismo de cuarentena en la Unión Europea, transmitido por el escarabajo Monochamus galloprovincialis. Mata un pino adulto en pocos meses, con marchitez rápida y acículas que se vuelven pardo-rojizas sin caer. Ha habido focos en Extremadura y Galicia con zonas demarcadas. Si sospechas de un decaimiento fulminante de este tipo, hay que comunicarlo al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, y está prohibido sacar madera de pino de las zonas demarcadas.

Banda roja (Dothistroma septosporum) y banda marrón (Lecanosticta acicola): manchas y bandas transversales rojizas en las acículas, defoliación de abajo arriba. Muy asociadas a P. radiata en el norte húmedo.

Diplodia sapinea: seca los brotes tiernos curvándolos en forma de gancho, normalmente después de una granizada o un golpe de calor y sequía.

Pulgón lanígero y cochinillas como Matsucoccus feytaudi, específica del pino resinero. En jardín, un chorro de agua a presión y el equilibrio de la fauna auxiliar suelen bastar.

Frío, calor y una creencia sobre el suelo

La rusticidad varía mucho según la especie, y ese dato debe decidir la compra. P. uncinata y P. sylvestris aguantan por debajo de -25 o -30 °C; P. nigra, en torno a -20 °C; P. pinea y P. pinaster, hasta unos -15 °C; P. halepensis, mal por debajo de -10 °C; P. canariensis, daños ya con -8 °C. En sentido contrario, el carrasco, el piñonero y el canario toleran el calor y la sequía estival mucho mejor que el silvestre o el negro, que en el sur de la Península viven angustiados y acaban muriendo por escolítidos.

Conviene desmontar una idea muy repetida: que las acículas caídas acidifican el suelo. Las acículas frescas son ácidas, sí, pero al descomponerse su pH se acerca a la neutralidad y su efecto sobre el pH del suelo mineral es despreciable. El pinar es ácido porque crece sobre suelos silíceos o arenosos que ya lo eran. Como acolchado, las acículas son excelentes —duran, no se apelmazan, dejan pasar el agua—, pero no sirven para «acidificar» un arriate destinado a camelias o azaleas. Para eso hay que trabajar el sustrato y el agua de riego.

Segunda idea a matizar: el polen de pino, esa nube amarilla que en abril lo cubre todo, es muy visible y por eso carga con culpas ajenas. Es un polen pesado, de grano grande, y su capacidad alergénica es baja comparada con la de gramíneas, olivo, parietaria o ciprés, que son los que de verdad disparan las polinosis en España.

Usos: sombra, madera, resina y piñones

En jardinería, el pino aporta lo que casi ningún otro árbol de secano: verde todo el año, sombra ligera que permite plantar debajo, porte escultórico con la edad y cero exigencia de riego una vez establecido. En jardines mediterráneos, un piñonero solitario sobre grava, con lavandas y romeros a los pies, resuelve una zona entera. Para espacios reducidos, los cultivares enanos de P. mugo. Y en bonsái, el género es un clásico: P. thunbergii, P. sylvestris y P. halepensis responden bien al despunte de velas y a la reducción de acículas.

La madera de pino es la base de la construcción y la carpintería en España: P. sylvestris (el llamado pino de Soria o pino melis cuando tiene mucho duramen) y P. nigra para estructura y carpintería fina; P. pinaster y P. radiata para tableros, embalaje y pasta. Es madera fácil de trabajar pero poco durable a la intemperie sin tratamiento en autoclave.

La resina del pino resinero se sigue extrayendo en Castilla y León y Castilla-La Mancha, y de ella salen la colofonia y el aguarrás, con usos en adhesivos, tintas, barnices y química fina.

El piñón de P. pinea es uno de los frutos secos más caros del mundo, y la razón está en la biología del árbol: tres años desde la polinización hasta la piña madura, cosecha manual trepando o con vibradores, y descascarillado en dos fases. A esto se suma que la chinche americana Leptoglossus occidentalis, llegada a Europa a mediados de los 2000, vacía las semillas dentro de la piña y ha hundido los rendimientos.

Un apunte útil al comprar piñones: los llamados «piñones asiáticos», procedentes sobre todo de Pinus armandii, se asocian a un fenómeno llamado disgeusia por piñón o «boca de piñón»: un sabor metálico y amargo persistente que aparece uno o dos días después de comerlos y dura entre una y tres semanas. Es desagradable pero benigno y se resuelve solo. El piñón mediterráneo de P. pinea, más alargado, no lo produce.

Yemas de pino: qué dice la tradición y qué dice la evidencia

Los brotes tiernos de pino —sobre todo de P. sylvestris y P. mugo— tienen una larga tradición en Europa como remedio para la tos y los catarros, en jarabes, caramelos e inhalaciones, y el aceite esencial se ha usado en fricciones para molestias musculares. Esa tradición es real y está documentada durante siglos.

Lo que dice la evidencia es más modesto, y conviene decirlo con claridad: la Agencia Europea del Medicamento clasifica los preparados de brote de pino y de aceite esencial de pino como medicamentos tradicionales a base de plantas. Esa categoría significa exactamente que su uso se acepta por la experiencia acumulada y por un perfil de seguridad razonable, no porque haya ensayos clínicos que demuestren su eficacia. No existen estudios sólidos que respalden que curen o acorten una infección respiratoria. El alivio que se nota con una inhalación es fundamentalmente el del vapor de agua caliente y la sensación de frescor en las vías altas.

Las precauciones sí están bien establecidas. Los preparados con aceites esenciales de este tipo no deben aplicarse en la cara ni cerca de la nariz de bebés y niños pequeños: pueden desencadenar un laringoespasmo, un cierre reflejo de la vía aérea que es una emergencia. Las personas con asma pueden sufrir broncoespasmo al inhalar los vapores. La trementina y sus derivados son causa conocida de dermatitis de contacto alérgica. Y el aceite esencial no se ingiere.

Si tienes una tos que no cede, una infección respiratoria que se prolonga, estás embarazada o en lactancia, o tomas medicación crónica, la consulta es con el médico o el farmacéutico. El pino del jardín da sombra y piñas; no sustituye a un tratamiento.

En resumen

Los pinos son árboles de sol pleno, suelo drenado y poco riego, con una debilidad concreta que hay que respetar: no rebrotan de madera vieja, así que la poda se limita a ramas muertas, a levantar la copa poco a poco y, si acaso, a despuntar las velas en primavera. Un desmochado no tiene marcha atrás.

Elige la especie por el clima y por el pH del suelo, no por la foto: carrasco y piñonero para el litoral cálido y la caliza, silvestre y laricio para la montaña fría, resinero y radiata solo en terreno silíceo, mugo enano si el jardín es pequeño. Planta ejemplares jóvenes en otoño, revisando que la raíz no venga enrollada.

Vigila la procesionaria con el calendario en la mano —tratamiento con Bacillus thuringiensis en octubre y noviembre, trampas después— y trátala como lo que es: un riesgo sanitario para las personas y una urgencia veterinaria para los perros. Ante una muerte fulminante y sospechosa de un pino adulto, avisa a sanidad vegetal.

Y dos ideas que conviene aparcar: las acículas caídas no acidifican el suelo de manera apreciable, y las yemas de pino tienen tradición pero no ensayos clínicos que las respalden.


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