En un seto viejo del interior de Galicia, entre zarzas y espinos albares, aparece a veces un arbolillo de ramas rígidas y espinosas que en abril se cubre de flor blanca y en septiembre carga unas peras del tamaño de un garbanzo grande. Nadie lo plantó. Es Pyrus cordata, el peral silvestre atlántico, y en el noroeste peninsular queda menos de lo que parece.

Se le llama peral silvestre, peral de hoja acorazonada o, en zonas de Galicia y Asturias, pereiro y peruyal, nombres que se aplican también a otros perales bravíos. La confusión de nombres no es anecdótica: determina qué te llevas si pides uno en un vivero, y a eso vuelvo más abajo.

Cómo es el árbol

Pyrus cordata Desv. es un árbol pequeño o arbusto grande de la familia de las rosáceas, subfamilia Maloideae, la misma del manzano, el níspero y el majuelo. Rara vez pasa de 4 a 8 m, y en setos y matorrales se queda con frecuencia en un arbusto denso de 2 o 3 m con varios pies desde la base.

Porte y ramas. Copa irregular, ramificación rígida y ascendente. Los braquiblastos —ramillas cortas laterales— terminan en punta endurecida y funcionan como espinas verdaderas, herencia de un árbol que ha evolucionado con herbívoros encima. Esas espinas se atenúan en ejemplares viejos y en pies bien alimentados.

Corteza. Gris oscura o parda, lisa de joven y agrietada con la edad en placas rectangulares pequeñas, muy parecidas a las del peral cultivado.

Hoja. Es el carácter que da nombre a la especie y el más útil para reconocerla. Limbo pequeño, de 1,5 a 5 cm, ovado o casi redondeado, con la base truncada o acorazonada —de ahí cordata—, margen finamente aserrado y consistencia fina. Y un detalle que la separa a simple vista del resto de perales ibéricos: el peciolo es largo, delgado y con frecuencia iguala o supera la longitud del limbo, de modo que la hoja tiembla con el aire igual que la de un chopo. Las hojas jóvenes salen algo tomentosas y se vuelven lampiñas al madurar.

Fruto. Pomos diminutos, de 8 a 18 mm, subglobosos o brevemente periformes, sobre pedúnculos largos y finos. Verdes primero, pardo-rojizos con lenticelas claras al madurar entre septiembre y octubre. El rasgo diagnóstico definitivo está aquí: en Pyrus cordata el cáliz es caduco y se desprende del fruto maduro, que queda con una cicatriz circular en el ápice. En el peral común y en la mayoría de perales silvestres mediterráneos el cáliz persiste, seco y con sus cinco dientes visibles, coronando la pera. Con un fruto maduro en la mano, ese detalle resuelve la identificación.

Ramas de peral silvestre llenas de peras de tamaño pequeño

La floración

Florece antes o a la vez que la brotación de la hoja, según el año y la altitud: de marzo a mayo en el noroeste peninsular, con el grueso en abril. Las flores se agrupan en corimbos de cinco a doce, con cinco pétalos blancos de unos 8-10 mm y anteras de un rojo púrpura intenso que contrastan con el blanco y hacen muy reconocible el árbol a distancia. El olor no es agradable: como en otros perales silvestres, la flor huele a rancio, un reclamo dirigido a moscas y escarabajos tanto como a abejas.

La especie es autoincompatible, como el peral cultivado. Un árbol aislado florece con normalidad y cuaja poco o nada; para tener fruto hacen falta dos o más pies genéticamente distintos, o un peral común florecido a la vez en las cercanías. Quien plante uno solo en el jardín y espere peras al tercer año se llevará una decepción que no tiene que ver con el riego ni con el abono.

Entre la flor y el fruto maduro pasan unos cinco meses. La entrada en producción es lenta: de semilla, ocho a doce años; injertado, tres o cuatro.

De dónde es y dónde crece

Es una especie de distribución atlántica y área muy fragmentada. Aparece en el oeste de Francia —Bretaña, Normandía, la costa atlántica—, en el norte y el occidente de Portugal, en Galicia, Asturias, Cantabria, el norte de León y Zamora, y con poblaciones dispersas hacia el sistema Central. En el suroeste de Inglaterra sobrevive en Plymouth y Truro con un puñado de ejemplares silvestres: el Plymouth pear es uno de los árboles más raros de las islas británicas y está estrictamente protegido allí.

Su hábitat son los setos vivos, orlas de bosque, bordes de camino, sebes y matorrales sobre suelos ácidos o descarbonatados, en clima templado y húmedo, con veranos suaves, entre el nivel del mar y unos 900 m. Es una especie de luz: crece en el borde del robledal, no dentro. Cuando el bosque se cierra encima, desaparece.

Qué peral silvestre te están vendiendo

Pide un peral silvestre en un vivero español y lo que llegue dependerá de la provincia y del proveedor, porque el mismo nombre cubre al menos cuatro plantas distintas. Merece la pena saber diferenciarlas, sobre todo si el objetivo es restaurar un seto con la especie que le corresponde:

Pyrus cordata. Atlántica. Hoja pequeña, casi redonda, con base acorazonada y peciolo larguísimo. Fruto menor de 2 cm con el cáliz caído.

Pyrus bourgaeana (piruétano, peruétano, galapero). Es el peral silvestre del suroeste ibérico, propio de dehesas y encinares de Extremadura, Andalucía occidental y el Alentejo. Hoja ovado-lanceolada, coriácea y brillante; fruto de 2 a 3,5 cm con cáliz persistente; mucho más resistente a la sequía y al calor. Confundirlo con P. cordata y plantarlo en un seto lucense —o al revés, poner un cordata en un secarral extremeño— es garantizar el fracaso.

Pyrus spinosa (= P. amygdaliformis). Mediterránea oriental y del levante peninsular. Hoja estrecha, alargada como la del almendro, grisácea; muy espinosa y muy xerófila.

Pyrus communis subsp. pyraster. El peral bravío europeo, con frecuencia asilvestrado a partir de cultivares antiguos. Hoja mayor, fruto de más de 2 cm con cáliz persistente. Es lo que suele salir cuando alguien recolecta semilla «de peral silvestre» junto a huertas abandonadas.

Cultivo y cuidados

Clima. Rústico y resistente al frío; aguanta sin daño heladas de -15 ºC. Lo que no lleva bien es el verano seco y ardiente del interior sur: en Extremadura o La Mancha vegeta mal aunque se riegue, porque le pesa tanto la sequedad del aire como la del suelo. Su terreno natural es la mitad norte húmeda y la fachada atlántica.

Suelo. Prefiere suelos ácidos a neutros, profundos y frescos, aunque tolera terrenos pobres, pedregosos y compactados mejor que la mayoría de frutales. En calizas muy activas amarillea por clorosis férrica. El encharcamiento prolongado en invierno le mata la raíz.

Exposición. Pleno sol. A media sombra se ahíla, florece poco y no cuaja.

Plantación. De noviembre a febrero, con la planta en parada. Hoyo amplio, sin abono fresco en el fondo, y riegos de apoyo los dos primeros veranos hasta que la raíz profundiza. Después se defiende solo.

Poda. Mínima. No se conduce como un frutal: se limita a retirar madera muerta, ramas cruzadas y chupones, en invierno. Recuerda que las espinas son ramillas leñosas verdaderas y pinchan de verdad; guantes gruesos.

Multiplicación. La semilla necesita estratificación fría: unos 90 a 120 días entre 3 y 5 ºC, en arena húmeda dentro de la nevera o al aire libre en un tiesto enterrado al norte durante el invierno. Sembrada en seco y en primavera no germina y luego se le echa la culpa a la semilla. La germinación es irregular y puede escalonarse dos años. También se propaga por injerto de escudete en agosto o de púa en marzo sobre patrón de Pyrus communis, que es el camino rápido si se busca fruto o si se quiere clonar un pie local concreto.

Gran árbol de peral silvestre que ha nacido de forma silvestre en el campo

Plagas y enfermedades que importan

Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Es lo único verdaderamente grave. Los brotes se ennegrecen de golpe, como quemados, y la punta se curva en cayado de pastor; las flores se secan y quedan colgando; en el tronco aparecen chancros con exudado. Es un organismo de cuarentena en la Unión Europea y de declaración obligatoria: si sospechas de un caso, hay que avisar al servicio de Sanidad Vegetal de la comunidad autónoma, no tratarlo por cuenta propia. No existe cura química para el particular. La actuación es cortar 40-60 cm por debajo del último síntoma visible, desinfectando la herramienta entre corte y corte, y quemar el material retirado. Evita podar en verde durante la primavera húmeda y no abones con nitrógeno, que multiplica los brotes tiernos que la bacteria necesita para entrar.

Roya del peral (Gymnosporangium sabinae). Manchas naranjas brillantes en el haz que en verano desarrollan protuberancias en el envés. Este hongo necesita obligatoriamente una sabina o un enebro ornamental —Juniperus sabina, J. chinensis, J. virginiana— para completar su ciclo. Si hay ataque anual, mira los setos de coníferas del vecindario: quitando el hospedante alternante dentro de unos centenares de metros el problema se acaba solo, cosa que ningún fungicida consigue.

Moteado (Venturia pyrina) en primaveras lluviosas, con manchas oliváceas en hoja y fruto. En un árbol silvestre no justifica tratamiento.

Psila del peral (Cacopsylla pyri) y tigre del peral (Stephanitis pyri) chupan savia y ensucian la hoja de melaza y negrilla. Sobre P. cordata suelen quedar por debajo del umbral de daño; la fauna auxiliar del seto —antocóridos, crisopas— los controla si no se fumiga.

Para qué sirve

Fruto. Comestible pero muy astringente y áspero en el árbol. Solo se ablanda y se vuelve dulce tras las primeras heladas o dejándolo pasar de maduro en el suelo, y así se ha consumido tradicionalmente, además de emplearse para aguardientes y licores caseros y, mezclado con manzana, para sidras y vinagres rústicos. Nadie lo cultiva por la pera.

Fauna. Aquí está su valor real. Flor temprana con néctar y polen para abejas y polinizadores en marzo y abril, cuando escasea; fruto que comen zorros, tejones, jabalíes, zorzales y mirlos, que a la vez lo dispersan; y una estructura espinosa que ofrece nidificación segura a paseriformes. En restauración de setos y de bordes de bosque atlánticos es una especie de primer orden.

Madera. Dura, densa, de grano muy fino y homogéneo, de color rosado que oscurece con el tiempo. Se ha usado en torneado, reglas y escuadras de dibujo, mangos, marquetería y piezas de instrumentos musicales. En árboles de este tamaño solo salen piezas pequeñas.

Patrón. Como portainjertos para peral en suelos ácidos, pobres o secos, donde los patrones de membrillero fracasan por clorosis. Da árboles vigorosos, longevos y de entrada en producción tardía, lo contrario de lo que busca la fruticultura intensiva pero muy adecuado para huertos de secano y frutales de conservación.

Ornamental. Floración blanca abundante, follaje que vira a rojo y bronce en octubre y porte rústico. Es una alternativa autóctona a los perales ornamentales de importación en jardines del norte, con la ventaja de alimentar fauna local.

Amenazas y conservación

El árbol no está amenazado como planta —crece bien, aguanta y se defiende—, sino como población. Los problemas son estos:

Destrucción de setos. La concentración parcelaria, el ensanche de caminos y la eliminación de sebes y muros vivos han arrasado su hábitat principal en Galicia y la cornisa cantábrica. Un seto derribado se lleva por delante ejemplares de decenas de años que no se reponen.

Sustitución del paisaje. La conversión de mosaicos agrarios en plantaciones densas de eucalipto y pino elimina la luz que la especie necesita y no deja bordes donde regenerar.

Hibridación con el peral cultivado. Es la amenaza más silenciosa. Pyrus cordata cruza con P. communis y produce descendencia fértil; en poblaciones pequeñas rodeadas de huertas y de perales asilvestrados, el flujo de polen del cultivado va diluyendo el patrimonio genético silvestre hasta que lo que queda ya no es del todo la especie original. Los ejemplares británicos de Plymouth llevan décadas de programas de conservación por este motivo.

Poblaciones diminutas y aisladas. Siendo autoincompatible, un núcleo con pocos pies emparentados cuaja mal, produce poca semilla viable y se apaga sin que nadie corte un solo árbol.

Lo útil que puede hacer un particular: no arrancar los perales bravíos que aparezcan en un seto, recoger semilla de pies locales y no de material comercial, plantar siempre varios ejemplares de procedencia distinta y separada, y mantener el borde abierto y soleado en lugar de dejar que la maleza y el arbolado lo cierren.

En resumen

Pyrus cordata es el peral silvestre de la España atlántica: pequeño, espinoso, de hoja acorazonada con peciolo largo y frutos de menos de 2 cm que pierden el cáliz al madurar, ese es el detalle que lo distingue del resto de perales bravíos ibéricos. Quiere sol, suelo ácido y fresco, clima húmedo y poca intervención; en el sur seco no tiene sitio, y ahí le corresponde Pyrus bourgaeana. Planta al menos dos pies distintos o no habrá fruto, estratifica la semilla en frío tres o cuatro meses si la siembras, y vigila el fuego bacteriano, que es de declaración obligatoria y no admite remedios caseros. Su interés no está en la pera, que es áspera, sino en lo que sostiene: polinizadores en marzo, fauna en otoño y un tipo de seto vivo que en el noroeste peninsular está desapareciendo más deprisa que el árbol mismo.


Contenidos relacionados