A primeros de abril, con las ramas todavía peladas, el árbol se cubre de campanillas violetas que huelen a vainilla y que se ven desde el otro extremo de la calle. Dos semanas después caen al suelo formando una alfombra lila, y solo entonces empiezan a abrirse unas hojas del tamaño de un plato de asado. Ese es el ciclo de la paulonia imperial, y en esas tres semanas de abril se decide todo lo que se le perdona el resto del año.
El nombre científico correcto de la paulonia imperial de jardín es Paulownia tomentosa. El apellido «imperial» viene del nombre antiguo con el que Siebold la describió, Paulownia imperialis, y el género honra a Ana Pávlovna, hija del zar Pablo I. Conviene saberlo porque en los viveros y en las webs de plantación forestal circula también la Paulownia elongata y sus híbridos, que no son exactamente lo mismo: parecidos de lejos, distintos en rusticidad, en porte y en para qué sirven.
Qué árbol es exactamente
Caducifolio de la familia Paulowniaceae (durante décadas se la metió en escrofulariáceas y en bignoniáceas, de ahí el lío de las fichas antiguas), originaria del centro y el este de China. En cultivo alcanza 10 a 15 metros, ocasionalmente 20, con una copa ancha y abierta que puede pasar de los 8 metros de diámetro. El tronco es gris, liso de joven, y la madera resulta sorprendentemente ligera: en torno a 270-300 kg/m³ seca, la mitad que un pino y una cuarta parte que una encina.
Las hojas son opuestas, acorazonadas, aterciopeladas por el envés y enormes: 20 a 40 cm en un ejemplar adulto y hasta 60 o 70 cm en los rebrotes vigorosos de un pie joven o recepado. Son el mayor atractivo del árbol durante el verano y también su mayor problema: en otoño caen de golpe, no se descomponen deprisa y una sola paulonia adulta llena varios cubos de hojarasca correosa.
La flor es tubular, de 4 a 6 cm, violeta pálido con la garganta amarillenta y motitas moradas por dentro, agrupada en panículas erectas de 20 a 30 cm. Aroma dulce, muy visitada por las abejas. Después vienen las cápsulas leñosas de unos 3-4 cm que se quedan en el árbol todo el invierno, agrupadas en racimos secos, y que al abrirse sueltan miles de semillas aladas del tamaño de una mota de polvo.
Por qué unos años florece y otros no
Aquí está la clave que decide si la paulonia merece la pena en tu zona. Los botones florales se forman en verano y pasan el invierno hechos, cubiertos de un fieltro pardo, esperando a abrirse. No los produce en primavera: los produce ocho meses antes. Cualquier helada tardía de marzo o un invierno de mínimas duras los achicharra, y ese año el árbol saca hojas sin flores.
Consecuencia práctica: en la franja litoral mediterránea, en el valle del Guadalquivir, en Levante, en Extremadura y en buena parte de Galicia y la cornisa cantábrica florece bien casi todos los años. En el interior de Castilla, en Aragón, en las parameras sorianas o burgalesas, o en cualquier vaguada donde se acumule el aire frío, tendrás un árbol de hojas grandes que florece un año de cada tres. La madera aguanta hasta unos -20 °C en reposo; los botones, bastante menos.
Añade otro matiz: un ejemplar de semilla tarda 4 a 6 años en dar su primera floración decente. Si el tuyo tiene tres años y no ha florecido, no le pasa nada, todavía es un crío.
Dónde plantarla y dónde no
Crece a razón de 1,5 a 3 metros al año en los primeros veranos si tiene agua y suelo suelto. Esa velocidad es la que la vende y la que causa los destrozos, porque el sistema radical crece al mismo ritmo y con raíces gruesas y superficiales cerca de la base.
- Distancia mínima a la casa, al muro o al saneamiento: 8-10 metros. Plantada a tres metros de una fachada, en diez años tienes las hojas metidas en el tejado y las raíces levantando la solera.
- Nada de plantarla en alcorque estrecho de acera. La copa ancha y la madera frágil son mala combinación con el viento y el tráfico.
- Lejos de piscinas y de estanques: hojas grandes, corolas caídas por millares en abril y cápsulas leñosas todo el invierno.
- Sol pleno. A media sombra se estira, ramifica mal y florece poco.
- Resguardo del viento dominante. Una racha fuerte de verano con las hojas desplegadas actúa como una vela y parte ramas de un dedo de grosor con una limpieza que asusta.
El suelo ideal es profundo, suelto y bien drenado, con pH entre ligeramente ácido y neutro. En arcillas compactadas que se encharcan sufre y acaba con podredumbre de raíz; en suelos muy calizos con caliza activa alta amarillea de clorosis férrica y se queda hecha un palo. Antes de plantar, un hoyo de 60 × 60 × 60 cm con la tierra bien mullida vale más que cualquier abono de arranque.
La semilla y el riesgo de asilvestramiento
Cada cápsula guarda alrededor de 2.000 semillas aladas, y un ejemplar adulto produce cápsulas por millares. Hablamos de varios millones de semillas al año en un solo árbol, dispersadas por el viento y, sobre todo, por el agua. Germinan sobre suelo desnudo y con luz, así que colonizan gravas de río, taludes de carretera, solares, escombreras y cualquier hueco quemado o removido.
Esa es la razón por la que Paulownia tomentosa se comporta como invasora en buena parte del este de Estados Unidos y por la que se ha naturalizado en riberas del sur y el este de Europa. En España se han detectado núcleos asilvestrados en cauces y zonas alteradas. Dos consecuencias directas para quien la planta:
- No la plantes a orillas de un río, un arroyo, una acequia o un barranco. El agua lleva la semilla kilómetros aguas abajo y ahí sí compite con el bosque de ribera.
- Si tu jardín linda con monte o con terreno abandonado, retira las cápsulas del árbol en invierno antes de que se abran. Con una pértiga de podar se hace en un rato.
La normativa sobre especies exóticas se decide en parte por comunidad autónoma y cambia; si vas a plantar varias o cerca de un espacio protegido, pregunta antes en el servicio de medio ambiente de tu comunidad en lugar de dar por hecho que no hay restricción.
Riego, abonado y el mito de la resistencia a la sequía
Se anuncia como árbol que aguanta la sequía porque su raíz profundiza mucho. Es media verdad. Un ejemplar establecido, con raíz pivotante hecha y en suelo profundo, sobrevive a un verano peninsular sin riego; lo que no hace es crecer ni florecer bien. Y esas hojas gigantescas transpiran una barbaridad: en pleno julio, con 38 °C y viento seco, una paulonia sin agua se desfolia parcialmente y entra en agosto con aspecto de otoño.
Pauta razonable en clima peninsular seco:
- Año 1 y 2: riego regular de mayo a septiembre, mejor abundante y espaciado (llenar el bulbo de raíz) que poco y a diario. Un goteo con dos o tres emisores por árbol resuelve.
- A partir del tercer año: riegos de apoyo en las olas de calor y en veranos secos, y se acabó.
- Acolchado orgánico de 8-10 cm en el alcorque, sin tocar el cuello. Ahorra agua y evita el desbroce a ras que descorteza la base.
De abono, poco y en primavera: un aporte de materia orgánica al final del invierno y, si el crecimiento se queda corto, un complejo equilibrado en marzo. Cargarla de nitrógeno en verano solo produce brotes acuosos, largos y frágiles que se parten en el primer temporal.
Poda, recepado y rebrotes
La poda de formación se hace en invierno, con el árbol sin hoja, y consiste sobre todo en elegir un guía y quitar competidores y ramas que salgan en horquilla cerrada, porque esas horquillas son las que después se desgajan. Poda ligera: cortes grandes en una madera tan blanda cicatrizan mal y son puerta de entrada a hongos de pudrición.
Podar en marzo, con la yema ya hinchada, cuesta la floración de ese año. Si quieres flor, la tijera se guarda hasta que las corolas hayan caído; si lo que te interesa es el follaje espectacular, se hace lo contrario.
El recepado —cortar el pie a ras del suelo el primer invierno— es la técnica clásica para conseguir un tronco recto: el rebrote sale con una fuerza brutal y en un solo verano da un fuste limpio de varios metros. También se usa como recurso ornamental: recepar cada año o cada dos convierte la paulonia en una mata de tallos con hojas de medio metro, tipo planta subtropical, que no florece pero da una textura que no consigue otra cosa en clima seco.
Cuidado con dañar las raíces gruesas al cavar o al pasar la desbrozadora junto al tronco: la paulonia responde al daño radicular emitiendo chupones a varios metros del árbol, en medio del césped o del arriate. Se arrancan de raíz en verde, cuando están tiernos; cortarlos a ras solo multiplica la respuesta.
Plagas y enfermedades
En jardín peninsular no es un árbol problemático. Lo que se ve:
- Podredumbre radicular por Phytophthora y por Armillaria en suelos pesados o con riego excesivo. Es lo que se lleva por delante a las paulonias jóvenes y no tiene tratamiento razonable: se previene con drenaje y plantando el cuello por encima del nivel del terreno.
- Oídio y manchas foliares (Alternaria, Mycosphaerella) al final del verano, sobre todo en ambiente húmedo y sin ventilación. Estéticas más que graves en un árbol que va a perder la hoja en semanas.
- Pulgones en los brotes tiernos de primavera, con la melaza y la negrilla consiguientes. Un chorro de agua a presión y paciencia suelen bastar.
- Escobas de bruja de la paulonia, causadas por un fitoplasma y transmitidas por cicadélidos. Es una enfermedad grave en Asia, y el riesgo aquí está en el material vegetal importado. Se reconoce por brotes apiñados, hojas diminutas y entrenudos cortísimos. No se cura: se arranca y se destruye el ejemplar. Compra planta con pasaporte fitosanitario y procedencia clara.
Para qué sirve su madera
La madera de paulonia lleva siglos siendo apreciada en Japón, donde se llama kiri: con ella se hacen las cajas de los koto, los zuecos geta y los arcones tansu para guardar kimonos, porque es ligerísima, muy estable dimensionalmente, apenas se mueve con los cambios de humedad y tiene un punto de ignición alto para su densidad. Hoy se usa además en contrachapados, tablas de surf, aeromodelismo, molduras e interiores de mueble.
En un jardín eso importa poco, pero explica el negocio que hay detrás de las plantaciones que se anuncian con esta especie. Si lo que buscas es plantar para madera, la tomentosa no es la elegida: para eso se recurre a clones seleccionados a partir de Paulownia elongata y Paulownia fortunei, con fuste más recto y crecimiento más homogéneo.
En resumen
La paulonia imperial (Paulownia tomentosa) es un árbol de crecimiento rapidísimo, floración violeta espectacular antes de la hoja y follaje enorme en verano, apto para jardines grandes de clima suave y suelo profundo y drenado. Florece bien en el litoral y en el sur, y de forma irregular en el interior frío, porque sus botones se forman el verano anterior y las heladas tardías se los llevan por delante. Necesita mucho espacio, distancia a construcciones y conducciones, riego los dos o tres primeros años, poda invernal ligera y vigilancia con los rebrotes de raíz. Su punto oscuro es la semilla: millones por árbol y capacidad de asilvestrarse en riberas y terrenos removidos, motivo suficiente para no plantarla junto a cauces y para retirar las cápsulas en invierno si el jardín linda con el campo. En un patio pequeño es una mala idea; en una finca con sitio, pocos árboles dan tanto en tan pocos años.