Un Magnolia grandiflora plantado a tres metros de la fachada obliga, veinte años después, a elegir entre el árbol y las ventanas del primer piso. No hay tijera que arregle eso: el magnolio de hoja perenne llega a veinte metros de alto y ocho o diez de copa, y podarlo para contenerlo solo produce un árbol feo que vuelve a crecer. Ahora bien, "magnolio" no designa una sola planta. El género va desde ese gigante hasta arbustos de dos metros y medio que caben en un rincón, y acertar con la especie resuelve el problema antes de coger la pala.
Un género con una flor muy antigua
El género Magnolia, de la familia Magnoliaceae, reúne más de doscientas especies repartidas entre el este de Asia y América. Su flor es una rareza evolutiva: apareció antes que las abejas y está diseñada para escarabajos, que son polinizadores torpes y voraces. De ahí que no tenga pétalos y sépalos diferenciados, sino tépalos gruesos y carnosos capaces de aguantar mordiscos, y que los órganos reproductores estén dispuestos en un cono central que después se convierte en un fruto leñoso del que cuelgan semillas rojas.
Ese fruto en forma de piña, muy visible en otoño en la grandiflora, es un buen rasgo para identificar un magnolio cuando no está en flor.
Todas comparten además dos rasgos de cultivo que conviene tener en mente desde el principio: raíces carnosas, superficiales y que se regeneran mal cuando se cortan, y preferencia por suelos ácidos, con distinta tolerancia a la cal según la especie.
Magnolia grandiflora, el árbol grande y perenne
Originaria del sureste de Estados Unidos, es la que se ve en los jardines históricos y en los paseos de media España. Hoja perenne, coriácea, verde oscuro brillante por el haz y a menudo con un fieltro herrumbroso por el envés. Copa densa, cónica de joven y más redondeada con los años.
Florece en verano, de junio a septiembre, y lo hace de forma escalonada: unas pocas flores cada semana, no una explosión. Son enormes, de 20 a 25 cm, cremosas, con un perfume alimonado que se nota a varios metros al atardecer. Crece despacio, unos treinta centímetros al año, y tarda entre seis y diez años en empezar a florecer si viene de semilla; los ejemplares injertados o de estaquilla florecen bastante antes.
Es la más tolerante del género con la cal: aguanta suelos hasta pH 7,5 sin clorosis grave, resiste el aire salino de la costa y soporta la contaminación urbana. Eso explica su presencia en climas donde otras magnolias no prosperan. Su límite es el frío intenso y seco del interior norte, donde por debajo de −12 o −15 °C las hojas se queman; para esas zonas hay cultivares seleccionados.
Cultivares que resuelven problemas concretos:
'Gallissoniensis' (o 'Galissonière'), selección francesa antigua, más compacta y claramente más resistente al frío que la especie tipo. La opción por defecto en el norte y en el interior.
'Little Gem', de 4 a 6 metros y porte estrecho, con hojas y flores más pequeñas. Florece muy joven y es la única grandiflora que tiene sentido en un jardín de tamaño normal o en un patio.
'Goliath', de flores especialmente grandes y hoja más redondeada.
Dos advertencias prácticas antes de plantar una grandiflora de porte completo. La primera es la distancia: seis u ocho metros a cualquier edificación, y lo mismo a una piscina. La segunda es la hoja. Las va soltando durante todo el año, son coriáceas, tardan muchísimo en descomponerse y flotan; junto a un vaso de piscina o sobre un césped fino dan trabajo cada semana. Bajo la copa, en cambio, la sombra es tan densa que no crece prácticamente nada, así que lo razonable es dejar las ramas bajas llegar hasta el suelo —queda mejor y ahorra discusiones sobre qué plantar debajo.
Magnolia × soulangeana, la de las flores de tulipán
Híbrido entre Magnolia denudata y Magnolia liliiflora obtenido cerca de París por Étienne Soulange-Bodin en la década de 1820. Es caducifolia, de 4 a 8 metros, normalmente con varios troncos, y florece en marzo sobre ramas desnudas, con flores en forma de copa o tulipán, blancas por dentro y teñidas de rosa o púrpura por fuera.
Es el magnolio de floración más vistosa y también el más vulnerable a las heladas tardías: los tépalos abiertos se estropean a partir de −2 °C y una noche fría de mediados de marzo deja el árbol lleno de flores marrones. En Galicia, la cornisa cantábrica y el litoral mediterráneo suele salir bien año tras año; en Castilla o en Aragón, un año de cada tres se pierde la floración. Plantarla en orientación oeste o norte, en vez de buscar el rincón más cálido y soleado, retrasa la apertura y reduce mucho ese riesgo.
Cultivares habituales: 'Lennei', de flor gruesa y púrpura intenso y floración algo más tardía; 'Alba Superba', blanca; 'Rustica Rubra', rosa oscuro y vigorosa.
Magnolia stellata y el grupo loebneri, para jardines pequeños
Magnolia stellata es un arbusto caducifolio japonés de 2,5 a 4 metros, redondeado y lento, con flores blancas de doce a dieciocho tépalos estrechos que abren en febrero, antes que ninguna otra. Es la elección obvia cuando el espacio es escaso, y florece joven, a los tres o cuatro años.
Magnolia × loebneri es su cruce con Magnolia kobus, y da un arbolito intermedio de 6 a 8 metros que hereda lo mejor de ambos: florece pronto en la vida de la planta, abundantemente, y tolera la cal bastante mejor que el resto de caducifolias del género. En un jardín de suelo básico, que es lo habitual en media España, 'Merrill' (blanca, muy florífera) o 'Leonard Messel' (rosa pálido, floración algo más tardía) son la apuesta segura donde una soulangeana daría problemas.
Magnolia kobus y otras opciones que merecen sitio
Magnolia kobus es un árbol japonés de 8 a 12 metros, muy resistente al frío y tolerante con suelos algo calizos, de flores blancas más pequeñas y menos espectaculares que las de sus parientes. Se usa mucho como patrón de injerto y como árbol de alineación. Tiene un inconveniente que hay que conocer antes de comprarlo barato: los ejemplares de semilla pueden tardar diez o quince años en florecer. Un magnolio joven que no florece nunca suele ser un kobus de semilla, no una planta enferma.
Magnolia liliiflora 'Nigra' se queda en unos tres metros, es arbustiva y florece más tarde, en abril y mayo, con flores estrechas de un púrpura muy oscuro. Esa floración tardía la libra casi siempre de las heladas, y además repite algunas flores sueltas en verano.
Magnolia denudata, el yulan chino, es un árbol de 8 a 10 metros con flores blancas puras y muy fragantes en marzo. Magnolia virginiana, semiperenne, es la única que agradece un suelo que se encharca; para una zona baja del jardín donde el agua se queda, es la solución. Y entre los híbridos amarillos, 'Elizabeth' y 'Yellow Bird', con sangre de Magnolia acuminata, aportan un color que no existe en las demás y florecen más tarde, con la hoja ya saliendo.
Plantación: dónde y cómo
Época. Otoño, de octubre a noviembre, en zonas de invierno suave; final del invierno, en febrero y antes de que se hinchen las yemas, en zonas frías. Con planta en contenedor se puede plantar casi todo el año menos en verano, pero el otoño da varios meses de temperaturas templadas para que la raíz se instale antes del primer calor serio.
El hoyo. Ancho —dos o tres veces el diámetro del cepellón— y no más profundo que el propio cepellón. Sobre eso, dos detalles que deciden el resultado: el cepellón no se deshace ni se desenreda, porque esas raíces gruesas y carnosas no rebrotan bien de un corte; y el cuello queda a ras del suelo definitivo. Enterrarlo unos centímetros de más es una forma lenta de pudrir el árbol, y el síntoma tarda años en aparecer.
El suelo. Fértil, profundo, con materia orgánica y buen drenaje. El punto crítico es el pH: por debajo de 6,5 no hay problema con ninguna especie, entre 7 y 7,5 solo van bien grandiflora, kobus y los loebneri, y por encima de 7,5 conviene replantearse el género o cultivar en un gran contenedor con sustrato acidófilo. En terreno calizo, un quelato de hierro EDDHA en marzo mantiene el follaje verde; los quelatos EDTA se descomponen a pH alto y no sirven ahí.
Abrigo. Las hojas grandes se desgarran con el viento y las flores abiertas duran dos días en un sitio expuesto. Un muro, un seto o la propia casa a barlovento cambian por completo el aspecto del árbol.
Riego, abonado y acolchado
Los tres primeros años son los que importan. Un magnolio recién plantado necesita riegos profundos y espaciados —mejor 40 litros cada cinco días que cinco litros diarios— durante toda la primavera y el verano. Con las raíces a quince o veinte centímetros de la superficie, un riego somero solo moja el acolchado.
Ya establecida, la grandiflora resiste bien la sequía en el norte y en la costa, pero en Madrid, Zaragoza o Sevilla agradece riego de apoyo en julio y agosto durante toda su vida. Las caducifolias son menos aguantadoras: en pleno verano, si les falta agua, sueltan hoja y comprometen las yemas de flor del año siguiente.
El acolchado es casi obligatorio. Corteza de pino de 5 a 8 cm por toda la proyección de la copa, sin arrimarla al tronco, renovada cada dos años. Conserva humedad, mantiene el suelo fresco y, al descomponerse, ayuda a que el pH no suba. Y una consecuencia importante: bajo la copa no se cava. Ni para escardar, ni para enterrar abono, ni para plantar bulbos. Cada golpe de azada corta raíces que el árbol no repone.
Abonado moderado: un fertilizante para plantas acidófilas al arrancar la vegetación en marzo y, como mucho, otra aplicación en mayo. El exceso de nitrógeno da brotes largos y blandos, sin yemas florales, y más sensibles al frío.
Poda: casi ninguna, y en el momento correcto
Las magnolias cicatrizan mal. Aíslan las heridas con dificultad y un corte de cinco o seis centímetros puede quedarse abierto durante años, sirviendo de entrada a hongos de pudrición. A eso se suma que las yemas de flor se forman el verano anterior: la poda de invierno, que es la costumbre con casi cualquier otro árbol del jardín, se lleva por delante la floración entera.
El plan es sencillo. En las caducifolias, retirar madera seca, rota o cruzada justo después de florecer, en abril, y con cortes finos. En la grandiflora, prácticamente nada más allá de eliminar ramas secas; si se quiere levantar la copa para pasar por debajo, se hace gradualmente en los primeros años y en primavera, nunca de golpe sobre un árbol adulto. Los recortes tipo seto y las podas de rejuvenecimiento severas no funcionan: el rebrote es escaso, desgarbado, y la silueta tarda años en recomponerse.
Problemas frecuentes
Hojas amarillas con los nervios verdes. Clorosis férrica por cal en el suelo o en el agua de riego. Es lo que más ejemplares mata en España. Quelato EDDHA para salir del paso; agua de lluvia y acolchado ácido para no volver.
Flores marrones en marzo. Helada tardía sobre las caducifolias. El árbol no sufre, solo la floración de ese año. Se evita eligiendo especies de floración tardía ('Nigra', los amarillos) o una orientación que retrase la apertura.
Hojas pegajosas y negras. Cochinilla, y encima la negrilla que crece sobre su melaza. Aceite de parafina en invierno sobre ejemplares accesibles; en un árbol grande, se convive con ello.
No florece. Edad, si es de semilla —sobre todo en kobus—, poda hecha fuera de temporada, exceso de nitrógeno o sombra. En ese orden de probabilidad.
Ramas secas tras un trasplante. Un magnolio adulto se trasplanta mal por esas raíces que no se regeneran. Si hay que moverlo, en febrero, con un cepellón mucho mayor del que parece necesario, y dando por perdidas dos temporadas de flor.
En resumen
La decisión importante con un magnolio se toma en el vivero, no después. Magnolia grandiflora es un árbol perenne de veinte metros que florece en verano, tolera la cal y necesita distancia; para un jardín normal, su versión útil es 'Little Gem'. Magnolia × soulangeana da la floración más espectacular en marzo pero la juega contra las heladas tardías. Magnolia stellata es un arbusto de tres metros para espacios pequeños, y los híbridos loebneri ofrecen un arbolito de seis a ocho metros que además lleva mejor los suelos calizos. En todos: suelo ácido o corregido con EDDHA, cuello a ras, cepellón intacto, acolchado que no se levanta con la azada, riego profundo los tres primeros años y poda mínima siempre después de la floración.