La plaza del pueblo sin su olmo tiene fecha. A comienzos de los ochenta entró en la Península la cepa agresiva de la grafiosis y en poco más de una década se llevó por delante los olmos de calle, de ribera y de plaza de media España. Quedaron los tocones, los rebrotes que vuelven a morir cuando alcanzan el grosor de un brazo, y unos pocos ejemplares aislados que sobrevivieron por estar lejos de otros olmos.
Eso condiciona cualquier decisión sobre plantar un olmo hoy. No es un árbol descartado —hay material vegetal tolerante disponible y especies que la enfermedad casi no toca—, pero elegir la especie o el clon al azar, en un vivero que solo pone la etiqueta "olmo", termina casi siempre en un árbol muerto a los diez o quince años.
La grafiosis, explicada en corto
La causan dos hongos: Ophiostoma ulmi, presente en Europa desde los años veinte y de virulencia moderada, y Ophiostoma novo-ulmi, muchísimo más agresivo, responsable de la segunda pandemia. El hongo coloniza los vasos del xilema y el propio árbol responde taponándolos con tilosis y gomas; el resultado es que el agua deja de subir y la copa se seca por sectores.
Llega por dos vías. La primera son los barrenillos, escolítidos del género Scolytus —sobre todo Scolytus scolytus y Scolytus multistriatus—, que maduran alimentándose en las horquillas de las ramas jóvenes e inoculan ahí las esporas. La segunda son los injertos naturales de raíz entre olmos plantados cerca: en una alineación, la enfermedad puede pasar de un pie a otro por debajo del suelo sin que intervenga ningún insecto.
El diagnóstico es razonablemente sencillo. Entre mayo y julio, una rama o un sector de la copa amarillea y se marchita mientras el resto sigue verde; las hojas secas quedan colgando en lugar de caer, y los brotes terminales se curvan formando el característico gancho de pastor. Si cortas transversalmente una rama afectada de dos o tres centímetros, verás en el anillo de madera del año un punteado pardo continuo. Ese punteado confirma la infección.
Las especies que puedes encontrar
El olmo común (Ulmus minor) es el de la Meseta y el de casi cualquier vega peninsular: hoja asimétrica en la base, áspera al tacto, corteza agrietada, y una tolerancia notable a suelos calizos, arcillosos y compactados, así como a encharcamientos temporales y a veranos secos una vez arraigado. Es la especie más sensible a la grafiosis y también la que más rebrota de raíz.
El olmo montano (Ulmus glabra) es de clima fresco y húmedo: cornisa cantábrica, Pirineos, sistemas montañosos. Hoja mucho más grande y áspera, porte más recogido. En Levante o en el interior seco sufre en cuanto llega julio. Sus dos cultivares de jardín, 'Lutescens', de brotación amarillo verdosa muy luminosa, y 'Camperdownii', el olmo llorón injertado en pie alto, son buenos árboles ornamentales, pero heredan la sensibilidad de la especie.
El olmo blanco (Ulmus laevis) es raro en España, propio de riberas del norte y del este. Interesa por un motivo poco conocido: los barrenillos no lo eligen para alimentarse, así que apenas se infecta en campo aunque el hongo sí pueda desarrollarse en su madera. En un jardín con humedad edáfica suficiente es una opción con muy poco riesgo.
El olmo de Siberia (Ulmus pumila) aparece por todas partes en repoblaciones y jardines antiguos porque tolera bien la enfermedad y crece a toda velocidad. El precio de esa velocidad es alto: madera frágil que se descuelga con el viento, porte desgarbado, siembra masiva de sámaras que germinan en cada grieta del jardín, y una tendencia a naturalizarse en riberas y baldíos donde desplaza a la vegetación autóctona. Además hibrida con el olmo común, contaminando genéticamente lo poco que queda de las poblaciones nativas. No es un árbol que convenga plantar hoy.
El olmo chino, otra cosa distinta
Ulmus parvifolia comparte poco más que el género con los olmos europeos. Hoja pequeña, brillante y de borde finamente aserrado; corteza que se exfolia en placas dejando un mosaico de tonos ocres y grises que es su mejor rasgo ornamental; floración en otoño, al revés que las especies europeas; y un porte contenido, de diez a doce metros, con copa redondeada. En el sur y en el litoral se comporta casi como semipersistente y retiene la hoja hasta bien entrado el invierno.
Su ventaja decisiva es que resiste la grafiosis, y también la galeruca mejor que Ulmus minor. Aguanta suelos difíciles, contaminación, poda dura y sequía moderada, lo que explica que sea el olmo de referencia para calles y jardines pequeños, y también la especie de olmo más usada en bonsái. Si lo que quieres es un árbol de sombra de tamaño medio y bajo mantenimiento, este es el candidato razonable.
Clones tolerantes: qué pedir en el vivero
Si te interesa un olmo autóctono y no un sustituto asiático, existe material seleccionado. El programa español de conservación y mejora del olmo, desarrollado durante décadas a partir de la prospección de supervivientes por toda la Península, registró en 2012 los primeros clones de Ulmus minor tolerantes a la grafiosis: 'Ademuz', 'Dehesa de la Villa', 'Majadahonda' y 'Toledo', a los que se sumó después 'Retiro'. Son olmos comunes españoles, con su porte y su hoja, seleccionados por sobrevivir a inoculaciones repetidas del hongo.
En paralelo circulan híbridos europeos y euroasiáticos de buena tolerancia: 'Lutece' (Nanguen), 'New Horizon', 'Rebona', 'Vada', 'Columella', 'San Zanobi' o 'Plinio'. Funcionan bien, aunque su aspecto se aleja del olmo de toda la vida.
Dos advertencias sobre esto. La primera: tolerante no significa inmune. Un clon tolerante puede infectarse y perder ramas; lo que hace es sobrevivir y compartimentar el daño. La segunda: si el vivero no sabe decirte el nombre del clon, lo que llevas a casa es un olmo de semilla sin ninguna garantía sanitaria, aunque el precio sea el mismo. Pregunta por el clon antes de pagar y desconfía de la etiqueta genérica.
Plantación, suelo y riego
Los olmos no son exigentes con el suelo. Ulmus minor vive en arcillas pesadas, en calizas y en suelos con cal activa alta donde otros árboles se clorosan, y tolera inundaciones de varios días en invierno. Lo que sí quiere es profundidad: un olmo en un alcorque de ochenta centímetros nunca hará el árbol que promete.
Planta a raíz desnuda entre noviembre y febrero, con el árbol en reposo, o en contenedor en otoño. Hoyo amplio, sin abono fresco en contacto con las raíces, tutorado bajo el primer par de años y riegos de asentamiento durante los dos primeros veranos. A partir del tercero, un Ulmus minor en clima mediterráneo interior sale adelante con riegos ocasionales de apoyo en julio y agosto.
Piensa la distancia antes de cavar. Un olmo común adulto pasa de veinte metros de altura y quince de copa, y su raíz es somera y extendida. Sepáralo bien de muros, pavimentos y conducciones, y ten en cuenta que la norma general en linderos, salvo ordenanza municipal distinta, exige dos metros desde la línea divisoria para árboles de porte alto.
Los rebrotes de raíz
Aquí es donde el olmo común desespera a quien lo planta junto al césped. Ulmus minor emite chupones desde raíces situadas a varios metros del tronco, y el resultado es un cortejo de varitas que asoman por la pradera, por los arriates y por las juntas del pavimento. Segarlos los rebrota con más fuerza. Lo que funciona es arrancarlos de tirón cuando aún son tiernos, en primavera, llevándose el punto de inserción, o cortarlos a ras varias veces seguidas en la misma temporada para agotar la reserva.
Si tienes césped y quieres un olmo, elige Ulmus parvifolia, que rebrota mucho menos, o resérvale al común un sitio en zona de pradera rústica o de tierra desnuda donde los chupones no importen.
Poda y calendario sanitario
La poda del olmo es la de un árbol de sombra: formación en los primeros años para levantar la copa y definir un eje, y después casi nada, solo madera seca, ramas cruzadas y lo que interfiera. No hace falta recortar copa cada invierno; el desmochado produce rebrotes mal anclados y grandes heridas que se pudren.
Pero hay una regla que aquí sí importa mucho: poda en pleno invierno y no entre abril y septiembre, que es la época de vuelo de los barrenillos. Un corte fresco y con olor a savia en mayo es una llamada directa a los vectores de la grafiosis.
Y una segunda, igual de importante: la leña de olmo con corteza es un criadero de barrenillos. Si tumbas un olmo enfermo, o si te regalan troncos de uno, no los almacenes junto a olmos vivos. Descortézalos, tritúralos o retíralos. Un montón de leña apilado contra la tapia mantiene la población de escolítidos de un barrio entero.
Otras plagas del olmo
La galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola) es la más visible: adultos y larvas roen el envés y dejan las hojas esqueletizadas, transparentes y pardas, con varias generaciones al año en climas cálidos. No mata al árbol, aunque un ataque fuerte repetido lo debilita. En ejemplares pequeños se controla tratando las larvas jóvenes con jabón potásico o con un insecticida autorizado para uso en jardinería; en árboles grandes rara vez compensa y el olmo rebrota.
Los pulgones formadores de agallas —Tetraneura ulmi, con agallas en forma de haba sobre el haz, y Eriosoma spp., que enrollan y deforman los brotes— son un problema estético y no requieren tratamiento. Los pulgones lanígeros ensucian con melaza y negrilla lo que haya debajo, así que conviene no plantar el olmo sobre la zona de aparcamiento.
Entonces, ¿olmo o no?
Sí, con criterio. En un jardín amplio de clima continental, un clon tolerante de Ulmus minor es un árbol de sombra magnífico, rústico, longevo y perfectamente adaptado al secano; asume los chupones como parte del trato. En un jardín pequeño, en el litoral o en calle, Ulmus parvifolia hace el trabajo sin sobresaltos. En el norte húmedo, Ulmus glabra o sus cultivares dan un ejemplar espléndido, con la enfermedad como riesgo asumido. Y si en el vivero solo saben decirte que es "olmo", no lo compres.
En resumen
La grafiosis, causada por Ophiostoma novo-ulmi y transmitida por barrenillos y por injertos de raíz, es el factor que decide qué olmo tiene sentido plantar. Ulmus minor merece la pena solo en forma de clon tolerante identificado por su nombre —'Ademuz', 'Dehesa de la Villa', 'Majadahonda', 'Toledo', 'Retiro'—; Ulmus parvifolia resiste la enfermedad, se queda en diez o doce metros y luce una corteza excelente; Ulmus pumila es rápido pero frágil e invasor, y no compensa. Planta en reposo invernal, en suelo profundo, lejos de muros y conducciones, poda solo en invierno y nunca guardes leña de olmo sin descortezar junto a olmos vivos. Con eso, y vigilando la copa entre mayo y julio por si aparece una rama marchita, el olmo vuelve a ser un árbol de jardín viable.