Una zona hundida en la corteza, con el borde algo levantado y la madera seca por debajo. Eso es un chancro, y lo que se ve por fuera casi siempre es menos de lo que hay por dentro. Debajo de esa costra el hongo o la bacteria ha matado el cámbium, la fina capa de células vivas que fabrica madera hacia dentro y corteza hacia fuera. Mientras el chancro solo ocupa una parte del perímetro, la rama sigue funcionando; cuando lo rodea entero, todo lo que queda por encima muere de sed aunque las raíces estén perfectas.
En castellano se usan indistintamente chancro y cancro. Son la misma cosa: una lesión localizada y persistente en tejido leñoso. No es una enfermedad concreta, sino la forma que adoptan muchas enfermedades distintas, y por eso el tratamiento cambia tanto según quién sea el causante.
Todo chancro empieza en una herida
Los hongos de chancro no perforan corteza sana. Necesitan una puerta, y esa puerta suele ser obra nuestra o del tiempo:
Cortes de poda. Cada corte es una herida abierta durante semanas. Un corte hecho en noviembre lluvioso tarda muchísimo más en cerrar que uno hecho en agosto con el árbol activo.
Granizo. Una tormenta de mayo deja cientos de microheridas en ramas jóvenes. En zonas de granizo frecuente, esa es la vía de entrada principal de Pseudomonas syringae en frutales de hueso.
Heladas y grietas de frío. El desdoble de la corteza tras una helada fuerte abre fisuras longitudinales en el tronco por las que entra cualquier cosa.
Insolación. El sol de julio sobre la cara sur de un tronco recién descubierto —porque se ha podado en exceso o porque se acaba de plantar— cuece la corteza. La zona muere y el hongo coloniza el tejido muerto.
Rozaduras mecánicas. Desbrozadoras, cortacéspedes y, sobre todo, tutores mal atados. Una brida de plástico apretada durante tres años estrangula, la corteza se abre y ahí aparece el chancro. Los tutores deben revisarse cada año y retirarse a los dos o tres.
De aquí sale la primera consecuencia práctica: cuidar la corteza es un trabajo de sanidad vegetal, no de estética.
Quién causa qué: los chancros que se ven en España
Manzano y peral. El chancro europeo lo produce Neonectria ditissima (antes Nectria galligena). Da lesiones que se agrandan cada año dejando anillos concéntricos de corteza levantada, como una diana. En otoño húmedo aparecen sobre la lesión unos puntitos rojo coral: son los peritecios, y cada uno está soltando esporas sobre las cicatrices de caída de hoja. Predomina en la cornisa cantábrica, Galicia y zonas de montaña.
Cerezo, ciruelo, melocotonero, albaricoquero. Aquí manda la bacteria Pseudomonas syringae (pv. syringae y pv. morsprunorum): cancro con exudado gomoso, muerte de yemas y ramas enteras que no brotan en primavera. Sobre las mismas especies actúan también hongos del género Cytospora (Leucostoma), que colonizan tejido ya debilitado.
Ciprés. Seiridium cardinale es responsable de que tantos setos de Cupressus sempervirens y Cupressus macrocarpa aparezcan con ramas aisladas de color pajizo entre el verde. Si se sigue la rama seca hacia el interior se encuentra una lesión alargada en el tallo, muchas veces con resina cristalizada. Se transmite con enorme facilidad por las tijeras al recortar el seto.
Plátano de sombra. Ceratocystis platani causa el chancro coloreado, la enfermedad más grave que tiene Platanus × hispanica en España. Mata al árbol y se contagia por herramientas, maquinaria y por los injertos naturales entre raíces de árboles alineados, de modo que puede recorrer un paseo entero de ejemplar en ejemplar.
Castaño. Cryphonectria parasitica, el chancro del castaño, presente en toda la cornisa norte. Provoca lesiones anaranjadas en el tronco y ramas, con brotes epicórmicos por debajo de la lesión, señal muy característica.
Coníferas ornamentales y pinos. Diplodia sapinea aprovecha veranos secos y estrés hídrico para secar guías y ramillos.
Chopos y sauces. Xanthomonas populi y varios hongos dan chancros con deformaciones nudosas en el tronco.
Cuello y raíz. Cuando la lesión sale del suelo hacia arriba y la corteza se desprende húmeda y oscura, hay que pensar en Phytophthora antes que en un hongo de corteza. No es un problema de herida, sino de agua encharcada, y el tratamiento pasa por corregir el drenaje.
Antes de tratar, distinguir
La gota de goma en un cerezo no es un diagnóstico. Los Prunus gomifican por muchas razones: bacteria, hongo, ataque de barrenillo, encharcamiento, golpe de sol o simple estrés de trasplante. Tratar con cobre un árbol que lo que tiene es la raíz asfixiada no arregla nada.
La prueba que más información da cuesta treinta segundos: rascar con una navaja el borde de la lesión. Si debajo aparece madera de color crema y húmeda, ahí el cámbium sigue vivo y el chancro está detenido. Si el tejido está pardo, seco y se separa en láminas, la lesión sigue avanzando. Repetir la comprobación en la misma lesión al cabo de unos meses dice si el árbol está compartimentando o perdiendo terreno.
Conviene también no confundir un chancro con el plateado (Chondrostereum purpureum), que da hojas con brillo metálico y madera con una mancha oscura central, ni con las agallas de Agrobacterium tumefaciens, que son tumores redondeados en el cuello, no depresiones.
Cirugía: hasta dónde llega lo que se puede hacer
Si el chancro está en una rama, la solución es eliminarla. Se corta por debajo de la lesión, con margen: entre 15 y 30 cm de madera aparentemente sana según el grosor de la rama, y siempre en la unión con otra rama o con el tronco, respetando el rodete de corteza de la base. Cortar a ras del tronco destruye precisamente el tejido que fabrica la barrera de defensa; dejar un muñón crea madera muerta que se pudre hacia dentro.
Si el chancro está en el tronco y no rodea más de la mitad del perímetro, puede intentarse el raspado: retirar con gubia o navaja bien afilada la corteza muerta hasta llegar a tejido sano por todo el contorno, dando forma alargada en vertical a la herida para que drene. Es una operación de sanidad, no de cosmética, y en árboles jóvenes o muy afectados suele salir mejor sustituir el ejemplar.
Dos cosas que hay que desterrar:
Los mastiques y pastas cicatrizantes. La investigación sobre compartimentación es concluyente desde hace décadas: los sellantes no aceleran el cierre, mantienen humedad bajo la capa, y con frecuencia encierran al hongo en un ambiente cómodo. El árbol cierra sus heridas por sí mismo formando callo desde los bordes. Un corte limpio y bien situado hace más que cualquier bote de pasta negra.
Podar y seguir con las mismas tijeras. Entre árbol y árbol, y desde luego después de cortar tejido enfermo, hay que desinfectar la hoja con alcohol de 70º o con lejía diluida al 10%, dejándola actuar unos segundos y secando después para que no se pique el acero. En setos de ciprés y en plátanos esto no es una recomendación fina: es lo que separa un árbol enfermo de una calle entera enferma.
El material podado no se deja bajo el árbol. Los chancros siguen produciendo esporas sobre madera cortada durante meses. Se retira y se destruye.
Cuándo podar para no abrir la puerta
La época importa más que el producto que se aplique después.
Frutales de hueso (cerezo, ciruelo, melocotonero, albaricoquero): se podan a final de verano, después de la cosecha, entre agosto y primeros de septiembre. El árbol está activo, hace calor y seco, y la herida se aísla rápido. Podar cerezos en enero con lluvia es lo que llena los huertos de gomosis y de plateado.
Frutales de pepita (manzano, peral) y la mayoría de caducifolios ornamentales: poda de invierno, sí, pero eligiendo días secos y con previsión de dos o tres jornadas sin lluvia. Las esporas de Neonectria viajan con el agua.
Setos de conífera: recorte en primavera y a final de verano, evitando los días de lluvia y desinfectando la herramienta al pasar de un seto a otro.
Y en cualquier especie, evitar la poda severa en verano sobre troncos que quedan expuestos al sol de mediodía. La corteza que llevaba veinte años a la sombra no aguanta 40 °C de golpe.
Tratamientos: lo que el cobre puede y no puede hacer
Contra un chancro ya instalado no existe un fungicida que lo cure. Lo que hay son productos preventivos que protegen las heridas y reducen la cantidad de inóculo. El grupo principal son los compuestos de cobre: oxicloruro, hidróxido, óxido cuproso y caldo bordelés.
Los momentos que de verdad rentan en la Península:
Caída de hoja (finales de octubre a noviembre, según zona). Cada hoja que cae deja una cicatriz, y ese es el punto de entrada preferido de Neonectria y de Pseudomonas. Un tratamiento al inicio de la caída y otro cuando ha caído casi toda la hoja.
Hinchado de yema, antes de que se abran (según clima, de finales de enero a marzo).
Después de un granizo, cuanto antes, dentro de las 24 o 48 horas siguientes.
Tres advertencias reales sobre el cobre. Es preventivo y de contacto: no penetra ni desinfecta por dentro, así que aplicarlo sobre una lesión abierta no la cura. Es fitotóxico en vegetación tierna, motivo por el que se reserva a árbol sin hoja o a formulaciones y dosis específicas para primavera. Y está limitado por normativa europea: el uso acumulado de cobre metal no puede superar los 28 kg/ha en siete años, un tope que aprieta especialmente en agricultura ecológica, donde el cobre es la herramienta principal contra hongos. En jardín particular solo pueden emplearse productos con la mención de uso en jardinería doméstica, respetando la etiqueta.
Contra bacterias no hay tratamiento curativo autorizado. La estreptomicina no está permitida en la Unión Europea, así que quien la ofrezca está proponiendo algo ilegal.
Y hay un tratamiento que no viene en bote: quitar el estrés. Un árbol con la raíz encharcada, sobreabonado con nitrógeno, o mal plantado con el cuello enterrado, produce madera blanda y se defiende peor. Regar bien en el estiaje, respetar el nivel del cuello al plantar y no abusar del nitrógeno de finales de verano hace más contra los chancros que tres pasadas de cobre.
Casos en los que hay que avisar a la administración
Algunas de estas enfermedades están reguladas y su detección debe comunicarse al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma. No es un trámite retórico: hay medidas obligatorias de destrucción y de restricción de movimiento de material vegetal.
Fuego bacteriano (Erwinia amylovora) en peral, manzano, membrillero, níspero, espino albar, Pyracantha o Cotoneaster: brotes que se doblan en cayado y se ennegrecen como quemados, y cancros con exudado en la madera. Varias comunidades tienen estatus de zona protegida y régimen de declaración.
Chancro coloreado del plátano (Ceratocystis platani): no tiene control químico. La actuación consiste en derribo y destrucción del ejemplar y control estricto de herramientas y maquinaria. Podar un plátano con una motosierra que ha trabajado en un árbol enfermo basta para propagarlo.
Chancro del castaño (Cryphonectria parasitica): además de las medidas culturales, en Galicia, Asturias y Cataluña se emplea desde hace años el control biológico con cepas hipovirulentas del propio hongo, infectadas por un virus que reduce su agresividad. Se inoculan en el borde de la lesión y, cuando funciona, el chancro se detiene y se recubre de callo. Lo gestionan los servicios técnicos forestales, no se compra en el garden.
Cuándo el árbol ya no se salva
Hay criterios bastante claros para dejar de invertir esfuerzo:
Si el chancro rodea más de la mitad de la circunferencia del tronco principal, la parte superior está condenada a medio plazo aunque siga verde una o dos temporadas.
Si aparecen varios chancros en el tronco de un árbol joven, el vigor no da para compartimentarlos todos.
Si el árbol está en zona de paso —acera, jardín de colegio, aparcamiento— y la lesión afecta a la base o a una rama gruesa, entra en juego la seguridad: la madera podrida bajo un chancro antiguo pierde resistencia y falla sin aviso previo en un temporal. Ahí conviene una valoración de riesgo por alguien con formación en arboricultura.
Al reponer, cambiar de especie o al menos de género si el suelo o el clima explican el problema. Replantar el mismo ciprés en el mismo hueco de un seto atacado por Seiridium suele terminar igual; existen clones de Cupressus sempervirens seleccionados por resistencia, y en muchos jardines un seto mixto o de Viburnum tinus, laurel o Photinia resuelve mejor que insistir con la conífera.
En resumen
El chancro es una lesión localizada de corteza y cámbium causada por hongos o bacterias que entran por una herida, y su gravedad depende de cuánto perímetro llegue a rodear. La prevención se juega en tres frentes: podar en la época correcta —hueso a final de verano, pepita en invierno seco—, hacer cortes limpios respetando el rodete y sin mastiques, y desinfectar la herramienta entre árboles. El cobre en caída de hoja, en hinchado de yema y tras el granizo protege las puertas de entrada, pero no cura una lesión existente y está limitado por normativa. Las ramas afectadas se cortan con margen y se destruyen; los chancros de tronco pueden rasparse hasta madera sana si no abarcan medio perímetro. Y si aparecen síntomas de fuego bacteriano, chancro coloreado del plátano o chancro del castaño, el paso siguiente no es comprar un producto, sino avisar al servicio de sanidad vegetal.