En Icod de los Vinos, el cartel habla de mil años. El drago que hay detrás del cartel (Dracaena draco) no tiene anillos de crecimiento, así que esa cifra nunca salió de una datación: salió de una estimación del siglo XVIII que se ha ido repitiendo. Los cálculos modernos, basados en el número de bifurcaciones que produce la planta cada vez que florece, lo sitúan en unos trescientos a cuatrocientos años. Sigue siendo el drago más impresionante del planeta. Solo que su mérito es otro del que le atribuyen.
Los árboles célebres del mundo arrastran ese tipo de leyenda con una facilidad asombrosa. Vale la pena recorrerlos sabiendo qué hay de cierto, porque detrás de cada uno hay biología aprovechable para cualquiera que plante un árbol en su parcela.
Qué convierte a un árbol en monumento
Un árbol viejísimo no se parece a uno joven crecido. Con la edad entra en una fase llamada retirada de copa: reduce voluntariamente su volumen de hojas, sacrifica las ramas más altas y concentra recursos en una copa más baja y compacta. Visto desde fuera parece decadencia; en realidad es la estrategia que le permite seguir en pie otros siglos.
Lo segundo que sorprende es el hueco. Los grandes veteranos suelen estar ahuecados, porque los hongos de pudrición digieren el duramen —madera muerta, sin función de transporte— y devuelven esos nutrientes al suelo. El árbol no se sostiene con el corazón, sino con el cilindro exterior de albura y la corteza. Un tronco hueco es normal en un árbol viejo y no significa que esté condenado; lo grave es la pérdida de pared exterior o de raíces de anclaje.
Y lo tercero: casi todo lo que mata a un árbol monumental ocurre bajo tierra y sin que se vea hasta años después. Ahora vuelvo sobre ello, porque es la lección más útil de la lista.
Avenidas: cuando el efecto lo hace la repetición
Ningún ejemplar aislado produce el efecto de túnel de una avenida bien plantada. La avenida de robles de la plantación Dixie, en Carolina del Sur, es uno de los ejemplos canónicos: dos hileras de Quercus virginiana, el roble siempreverde del sureste norteamericano, con las ramas horizontales entrelazadas por encima del camino y colgando de ellas la llamada barba española.
Esa "barba" merece una aclaración, porque casi siempre se cuenta mal. No es un musgo ni un parásito: Tillandsia usneoides es una bromeliácea epífita, pariente de la piña, que se sujeta en las ramas y toma agua y minerales del aire y de la lluvia. No perfora el árbol ni le roba savia. Solo puede perjudicarlo si se acumula tanto que le hace sombra o añade peso con el agua.
El Dark Hedges del condado de Antrim, en Irlanda del Norte, es una avenida de hayas (Fagus sylvatica) plantada por la familia Stuart hacia 1775 para impresionar a las visitas que llegaban a la casa. De los alrededor de ciento cincuenta ejemplares originales quedan menos de noventa. La popularidad que le dio una serie de televisión lo empeoró todo: miles de personas pisando el suelo alrededor de los troncos compactaron la tierra, y una haya es de raíces superficiales y muy sensible a que se le cierren los poros del suelo. Han caído por tormentas y por decaimiento; los que quedan están apuntalados y monitorizados.
El caso de la Avenida de los Baobabs de Menabe, en Madagascar, es distinto y más triste. Esos Adansonia grandidieri no se plantaron: son los supervivientes de un bosque seco que se taló alrededor para hacer arrozales. La avenida es hermosa porque quedó vacía.
El baobab, por dentro
El baobab africano (Adansonia digitata) tiene un tronco desmesurado hecho de madera blanda, fibrosa y con un contenido de agua altísimo. Esa constitución explica varias cosas a la vez: que se pueda ahuecar y usar como refugio, que los elefantes lo desgarren en época seca, que sea imposible datarlo por anillos y que las estimaciones serias se hagan por radiocarbono. Los mayores datados rondan entre mil y dos mil quinientos años.
Un dato que rara vez aparece en las listas de "árboles maravillosos": entre 2005 y 2018, varios de los baobabs africanos más antiguos y grandes conocidos murieron o colapsaron parcialmente en un intervalo brevísimo, algo sin precedentes en el registro. Los autores del estudio apuntaron al cambio en las condiciones climáticas del sur de África como la explicación más probable. Los árboles monumentales no son eternos por decreto.
Récords: edad, altura, volumen y superficie
Conviene separar categorías, porque se mezclan constantemente.
Edad. Matusalén, un pino longevo (Pinus longaeva) de las White Mountains de California, supera los 4.800 años contados anillo a anillo. Crece en roca caliza, a más de tres mil metros y en condiciones miserables; precisamente por eso su madera es densísima y resistente a la pudrición. Su localización exacta se mantiene en secreto.
Altura. Hyperion, una secuoya roja (Sequoia sempervirens) del Redwood National Park, pasa de los 115 metros. El acceso a su entorno está prohibido desde 2022 por el daño que causaban los visitantes al suelo y a la vegetación de alrededor.
Volumen. El General Sherman, una secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum), es el árbol individual más voluminoso conocido: unos 1.480 metros cúbicos de tronco. No es el más alto ni el más ancho; gana por combinación.
Perímetro. El árbol del Tule, en Oaxaca, es un ahuehuete (Taxodium mucronatum) con más de once metros de diámetro de tronco. Durante años se discutió si eran varios individuos fusionados; los análisis de ADN indicaron que se trata de un solo organismo.
Superficie. Pando, en Utah, es una colonia clonal de álamo temblón (Populus tremuloides): unos cuarenta mil troncos genéticamente idénticos, unidos por un sistema de raíces común, ocupando más de cuarenta hectáreas. Es un solo organismo enorme, no un bosque de individuos, y actualmente está en declive porque los ciervos se comen los rebrotes y no hay relevo generacional.
Los monumentales que tenemos en casa
España conserva una colección de árboles singulares que no envidia a casi nadie, y a la que se llega en coche.
La sabina albar de Calatañazor (Juniperus thurifera), en Soria, es el ejemplar más famoso de una especie que forma bosques abiertos casi exclusivos de la Península. Sobrevive donde el termómetro baja de -15 °C en invierno y sube de 35 °C en verano, sobre suelos calizos pobres, con un crecimiento lentísimo.
El tejo de Bermiego, en Asturias, ronda los siete metros de perímetro. Los tejos (Taxus baccata) son los grandes longevos de Europa occidental y viven ligados a iglesias y cementerios en toda la cornisa cantábrica. Toda la planta es tóxica salvo la parte carnosa roja del arilo; la semilla que va dentro de esa envuelta sí lo es, y mucho. Ni las hojas ni la madera deben acabar donde pasta el ganado, porque una dosis pequeña de hojas basta para matar a un caballo o a una vaca.
Los olivos milenarios del Sénia, entre Castellón, Tarragona y Teruel, forman la mayor concentración conocida de olivos monumentales del mundo, con miles de ejemplares de tronco descomunal, muchos de la variedad Farga, y varios que se atribuyen a época romana. Siguen produciendo aceite. Es el argumento más sólido contra la idea de que un árbol viejo ya no sirve para nada.
Añade el castañar de El Tiemblo, en Ávila, con el conocido "Castaño del Abuelo", los pinsapares de Grazalema y Sierra de las Nieves, con el abeto endémico Abies pinsapo, y los Ficus macrophylla monumentales de las plazas de Cádiz, Málaga o Alicante, plantados en el siglo XIX y hoy con raíces aéreas que forman columnas propias.
Cómo se mata un árbol viejo sin talarlo
Aquí está la parte aprovechable, porque lo que arruinó el Dark Hedges arruina también el olivo del patio de tu casa.
Compactación. Las raíces finas absorbentes viven en los primeros treinta o cuarenta centímetros de suelo y necesitan aire. Un coche aparcado repetidamente sobre esa zona, o un paso continuo de gente, cierra los poros; el árbol pierde raíz fina y responde con ramas secas en la parte alta de la copa dos o tres años más tarde. Para entonces nadie relaciona una cosa con otra.
Pavimentar hasta el tronco. Sellar la superficie con hormigón o adoquín sobre solera corta el intercambio de gases y el agua de lluvia. La zona a respetar no es un círculo de un metro: como regla operativa, protege un radio equivalente a diez o doce veces el diámetro del tronco.
Movimientos de tierra. Aportar cuarenta centímetros de tierra encima para "nivelar el jardín" asfixia raíces y hace pudrir el cuello. Rebajar el terreno cerca del árbol siega directamente las raíces estructurales y compromete su anclaje frente al viento.
Podas drásticas. Cortar ramas gruesas en un ejemplar viejo abre heridas que ya no puede compartimentar, y elimina de golpe hoja que necesita para mantener sus reservas. En árboles veteranos se trabaja con podas ligeras y repetidas, o con apeos y tirantes, no con motosierra grande.
Riego mal entendido. Un olivo o una encina centenaria que llevan décadas sin riego no agradecen que les instales goteo diario. El exceso de humedad constante en la base favorece Phytophthora y pudriciones de raíz. Si hay que ayudar en una sequía extrema, se riega abundante y muy de tarde en tarde, y lejos del tronco.
Si quieres plantar tu propia avenida
El efecto túnel exige tres decisiones tomadas al principio y sostenidas durante décadas.
Una sola especie y, si es posible, un solo clon. La regularidad es lo que produce la sensación de arquitectura. Mezclar procedencias da alturas y ritmos distintos y rompe el efecto.
Marco de plantación amplio. Para árboles de copa grande, entre ocho y doce metros entre ejemplares, y anchura de calle suficiente para que las copas se encuentren arriba sin estrangularse. Plantar apretado da un resultado rápido y un desastre a los veinte años.
Especie adecuada al clima. En clima continental interior funcionan el plátano de sombra (Platanus × hispanica, con el matiz de que suelta pelo urticante en primavera), el almez (Celtis australis), el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y el álamo blanco en suelos frescos. En clima atlántico, el haya reproduce literalmente el Dark Hedges, y también el tilo o el carpe. En el sur y el litoral mediterráneo, la encina, el algarrobo, la Tipuana tipu o el propio Quercus virginiana, que se adapta bien a Andalucía occidental.
Y un consejo que ahorra disgustos: planta a raíz desnuda o en contenedor pequeño en otoño, no ejemplares adultos trasplantados. Un árbol pequeño enraíza mejor, sufre menos y en diez años ha alcanzado y superado al grande que costó diez veces más.
En resumen
Los árboles célebres del mundo lo son por motivos distintos: la repetición ordenada en las avenidas de robles de Carolina o en las hayas del Dark Hedges, la anatomía extraordinaria del baobab y del drago, y los récords de edad, altura, volumen y extensión que ostentan Matusalén, Hyperion, el General Sherman y Pando. Casi todas las cifras redondas que circulan sobre su edad están infladas, y las dataciones reales suelen ser más modestas y más interesantes. En España hay ejemplares del mismo nivel —sabinas, tejos, olivos milenarios, pinsapos, dragos— y todos comparten la misma vulnerabilidad: el suelo bajo la copa. Protege ese suelo de la compactación, del pavimento y de los movimientos de tierra, y un árbol sobrevivirá a varias generaciones de quienes lo cuidan.