Las flores abren blancas al atardecer y amanecen amarillas un día o dos después, de modo que la mata luce siempre los dos colores a la vez. De ahí el nombre chino de la planta, jin yin hua, flor de oro y plata. La madreselva del Japón (Lonicera japonica) es una trepadora voluble de la familia Caprifoliaceae, originaria de Japón, Corea y buena parte de China, que en España se cultiva desde hace más de un siglo por su perfume nocturno y su capacidad para tapar cualquier cosa en dos temporadas. Esa misma capacidad es lo que obliga a plantarla con cabeza.

Flores blancas y amarillas de Lonicera japonica

Cómo es la planta

Trepadora leñosa de tallos volubles que se enrollan sobre cualquier soporte delgado y alcanzan sin dificultad de 5 a 10 metros, más si encuentra un árbol donde subir. Los tallos jóvenes son verdes, algo pubescentes y huecos al corte cuando envejecen; los viejos se vuelven leñosos, de corteza parda que se desprende en tiras.

Las hojas son opuestas, enteras, ovadas o elípticas, de 3 a 8 cm, verde oscuro por el haz y más claras por el envés, con algo de pelo. En brotes muy vigorosos y juveniles pueden aparecer hojas lobuladas que despistan. En el norte húmedo y en el litoral mediterráneo se comporta como perennifolia o semiperennifolia: conserva la hoja todo el invierno o pierde solo parte. En el interior frío se defolia con las primeras heladas fuertes y rebrota en marzo.

La floración es lo que la define. Las flores nacen de dos en dos en las axilas de las hojas, a lo largo de las ramas, no agrupadas en el extremo. Miden 3 a 5 cm, son bilabiadas, con los estambres y el estilo sobresaliendo mucho del tubo, y desprenden un perfume dulce e intenso que se dispara al caer el sol. En la península florece desde mayo hasta septiembre u octubre, con un pico claro en junio y rebrotes de flor tras cada lluvia de verano. El fruto es una baya negra brillante de 5 a 8 mm, también apareada, que madura en otoño y se comen los pájaros.

Distinguirla de las madreselvas de aquí

En un vivero es fácil llevarse la japonesa creyendo comprar la madreselva de toda la vida, y las diferencias importan porque no se podan igual ni se comportan igual. Tres rasgos resuelven la duda sin margen:

La disposición de las flores. En Lonicera japonica salen por parejas repartidas a lo largo del tallo, en cada axila foliar. En Lonicera periclymenum (la madreselva atlántica) y en Lonicera caprifolium se agrupan en cabezuelas terminales, apretadas al final de la rama.

Las hojas de arriba. En L. caprifolium y en L. implexa, la mediterránea, el último par de hojas bajo la flor está soldado formando un disco que atraviesa el tallo. En la japonesa todas las hojas están libres, siempre.

El color del fruto. Negro en L. japonica; rojo o anaranjado en periclymenum, caprifolium e implexa. Si el otoño trae bayas rojas, no es la japonesa.

De cultivares hay pocos y bien definidos. 'Halliana' es el que se vende casi siempre, muy florífero y el más vigoroso de todos; 'Aureoreticulata' tiene la hoja jaspeada con nervadura amarilla y crece bastante menos; 'Purpurea' —a veces etiquetada como var. chinensis— presenta el exterior de la flor teñido de púrpura y hoja con reflejos vinosos. Si el objetivo es controlar el volumen, 'Aureoreticulata' da muchos menos problemas que 'Halliana'.

Antes de plantarla, el asunto del vigor

Esta planta no es un tapizante educado. Enraíza en cada nudo que toca el suelo, rebrota de fragmentos de tallo, y los pájaros reparten la semilla a distancia. En Norteamérica figura entre las invasoras más dañinas del este del país, y en Europa está naturalizada en zonas húmedas; en España se la encuentra asilvestrada sobre todo en la cornisa cantábrica, Galicia y riberas del norte, donde el verano no la frena. Antes de plantarla conviene consultar la normativa de la comunidad autónoma, porque varias regiones restringen especies alóctonas con este comportamiento y la lista se revisa periódicamente.

El daño concreto en un jardín es doble. Por un lado, los tallos volubles se enrollan sobre troncos jóvenes de arbustos y arbolitos y, al engrosar, los estrangulan igual que un alambre: en tres o cuatro años un ciruelo de tres centímetros de diámetro queda anillado y muere por arriba. Por otro, si se deja correr por el suelo forma un colchón denso que impide que germine nada debajo y que hay que arrancar a mano nudo por nudo.

Reglas prácticas: plantarla siempre contra una estructura —alambrada, pérgola, celosía, muro con tensores— y no al pie de un árbol o un arbusto que uno quiera conservar; no plantarla a menos de unos metros del límite con un bosquete, una ribera o un talud natural; y revisar dos veces al año los tallos que se escapan por el suelo, cortándolos antes de que enraícen.

Madreselva del Japón cubriendo un alambrado

Para qué sirve realmente en el jardín

Su mejor papel es tapar deprisa un cerramiento feo: malla de simple torsión, valla de obra, muro de bloques. Sobre alambrada forma un seto verde denso de un metro de grosor en dos o tres temporadas y aguanta el recorte lateral sin quejarse.

Funciona también como pantalla de intimidad en pérgolas y porches, y ahí el perfume nocturno la hace insustituible junto a una zona de estar de verano. Conviene medir la dosis: a un metro de la ventana de un dormitorio, ese aroma en julio puede resultar excesivo.

Como cubresuelos en taludes sujeta bien el terreno y evita la erosión, pero es justo el uso por el que se ha escapado en medio mundo. Reservarlo para taludes urbanos cerrados, rodeados de pavimento, y descartarlo en cualquier borde rural.

Un apunte a favor: es planta de mucho interés para la fauna. El tubo largo de la flor la reserva a lenguas largas —esfinges nocturnas, abejorros, abejas de lengua larga— y las bayas alimentan a mirlos y currucas en otoño. Precisamente por eso se dispersa.

Un aviso sobre las bayas

Los frutos negros de Lonicera japonica no son comestibles. Contienen saponinas y otros compuestos que, ingeridos en cantidad, provocan vómitos, dolor abdominal y diarrea, sobre todo en niños pequeños, que es el grupo que se lleva bayas a la boca. La toxicidad no es grave en un bocado accidental, pero conviene saberlo antes de plantarla en un patio de colegio o en una zona de juego, y ante una ingesta de varias bayas lo prudente es llamar al Servicio de Información Toxicológica (91 562 04 20, disponible las 24 horas). En perros y gatos el cuadro es similar, digestivo, y rara vez pasa de ahí.

Sobre su fama medicinal hay que separar dos cosas. La tradición es larga y bien documentada: el botón floral seco, jin yin hua, se usa en la medicina china desde hace siglos para procesos febriles y afecciones de garganta, y en Occidente se ha vendido como infusión antiséptica. La evidencia clínica es otra historia: los estudios disponibles son mayoritariamente de laboratorio o en animales, sobre extractos y compuestos aislados como el ácido clorogénico y la luteolina, y no existen ensayos clínicos sólidos que respalden su uso para tratar ninguna enfermedad concreta en personas. Dicho sin rodeos: la planta del jardín no sustituye ningún tratamiento médico, y quien tome anticoagulantes, antidiabéticos o medicación crónica, o esté embarazada o dando el pecho, debe consultar con su médico o su farmacéutico antes de tomar preparados con esta especie. No se recomienda hacer preparaciones caseras para uso interno.

Suelo, exposición y riego

Rusticidad. Aguanta bien el frío peninsular, en torno a los −15 °C sin daño en la parte leñosa, de manera que se cultiva en toda España, incluidas las zonas frías de la meseta norte y el prepirineo.

Luz. A pleno sol florece más y con más aroma. Tolera media sombra, incluso sombra clara, aunque ahí se estira, hace entrenudos largos y florece menos. En el interior sur, con veranos de 40 °C, agradece sombra a partir del mediodía; a pleno sol y con poco riego la hoja se broncea y aparece la araña roja.

Suelo. Se adapta a casi todo, ácido o calizo, entre pH 5,5 y 8, siempre que drene. Lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado, que le pudre el cuello. En suelos muy pobres crece igual pero florece menos.

Riego. Moderado y regular. No es una planta de secano: en verano mediterráneo, un ejemplar sobre alambrada y a pleno sol necesita agua cada tres o cuatro días en pleno julio si está en el suelo, y a diario si vive en maceta. La sequía se manifiesta con caída de hoja desde la base y ataque inmediato de araña roja. Un acolchado de 5 cm de corteza sobre el pie reduce a la mitad esa exigencia.

Abonado. Poco y en primavera. Un aporte de compost o de un granulado equilibrado de liberación lenta en marzo es suficiente. El exceso de nitrógeno produce tres metros de brote verde y apenas flor, además de tejido tierno que llama a los pulgones.

Poda, y el error que cuesta la floración

Aquí está la diferencia técnica que separa a esta especie de las madreselvas europeas y que en la práctica decide si hay flor o no. Lonicera japonica florece sobre el brote del año en curso. Lonicera periclymenum y L. caprifolium, en cambio, florecen sobre la madera formada el año anterior.

Consecuencia directa: la japonesa se poda a finales de invierno, en febrero o principios de marzo, antes de que arranque el brote, y puede rebajarse todo lo que haga falta sin perder ni una flor, porque florecerá sobre lo que emita después. A la europea se le hace lo contrario, se aclara justo después de florecer; si se le da el tijeretazo de febrero, ese año no hay flor. Aplicar la receta de una a la otra es lo que deja la pérgola verde y muda toda la temporada.

Dos podas conviven bien en el calendario:

Poda de formación y limpieza, en febrero. Se eliminan los tallos secos, se aclara la maraña interior y se rebajan los brotes del año anterior a un tercio de su longitud. Cada tres o cuatro años, cuando la base se ha convertido en un nido de tallos muertos que retiene humedad, se hace una renovación drástica: cortar toda la planta a 30 o 60 cm del suelo. Rebrota con fuerza y vuelve a florecer el mismo verano.

Recorte de contención, en verano. Después del primer golpe de flor, en julio, se recortan los tallos que sobresalen del soporte y los que se han lanzado al suelo. Este repaso estival no es estético: es lo que impide que la planta enraíce donde no debe.

Detalle importante: los tallos que se enrollan sobre el soporte lo aprietan al engrosar. Si trepa por tensores de alambre plastificado, revisar las ataduras; si trepa sobre un árbol, cortar y retirar antes de que anille el tronco.

Multiplicación

Multiplicarla es casi demasiado fácil. El método más limpio es la estaca semileñosa de finales de verano: en agosto o septiembre se toman trozos de 10 a 15 cm de brote del año ya algo endurecido, se dejan dos pares de hojas arriba, se hormonan opcionalmente y se plantan en mezcla de turba y perlita a partes iguales, con humedad ambiental alta y sombra. Enraízan en tres o cuatro semanas.

El acodo funciona solo: basta con enterrar un tramo de tallo dejando fuera la punta, sujetarlo con una piedra y esperar unas semanas. Al año siguiente se separa. La división de mata también sirve en ejemplares viejos.

La semilla germina bien tras estratificación en frío, aunque no tiene sentido recurrir a ella teniendo estaca y acodo, y en el caso de los cultivares no reproduce fielmente al parental.

Plagas y problemas

Pulgón. El habitual y el más molesto. Coloniza las puntas tiernas en abril y mayo, deforma el brote y deja melaza sobre la que se instala la negrilla. Se controla con chorro de agua a presión repetido, jabón potásico al 1-2 % sobre el envés al atardecer, o dejando trabajar a las mariquitas si no se ha fumigado el jardín entero.

Araña roja. Aparece en verano seco y caluroso, sobre todo en plantas mal regadas o contra un muro sur. Se reconoce por el punteado amarillento del haz y las telarañas finas en las axilas. Aumentar el riego, mojar el envés en las horas frescas y acolchar el pie resuelve la mayoría de los casos; el acaricida es el último recurso.

Oídio. Polvillo blanco sobre las hojas a finales de verano, favorecido por el aire estancado en el interior de una mata demasiado espesa. La solución de fondo es aclarar la vegetación para que circule el aire; el azufre mojable es eficaz, pero no se aplica por encima de 28 °C ni cerca de un tratamiento con aceite.

Mosca blanca en zonas cálidas y de litoral, y manchas foliares por hongos en primaveras muy lluviosas, que rara vez requieren tratamiento.

Un problema que no es plaga: la base pelada. Con los años, la planta se desnuda por abajo y concentra toda la hoja arriba. No hay tratamiento; se corrige con la renovación a 40 cm descrita más arriba, o plantando algo delante que tape el pie.

En resumen

Lonicera japonica es una trepadora voluble de crecimiento rápido, semiperenne en climas suaves, con flores blancas que viran a amarillo, muy perfumadas de noche, de mayo a octubre. Se distingue de las madreselvas europeas porque las flores nacen por parejas en las axilas de las hojas y las bayas maduran negras. Quiere sol, suelo drenado y riego regular en verano; el frío peninsular no la afecta. Se poda a finales de invierno, porque florece sobre brote del año, y se recorta otra vez en julio para contenerla. Las bayas no son comestibles y su reputación medicinal descansa en la tradición, no en ensayos clínicos. Y la decisión más importante se toma antes de plantarla: darle un soporte propio, mantenerla lejos de troncos jóvenes y de cualquier borde natural, y revisar los tallos que se lanzan al suelo antes de que echen raíz.


Contenidos relacionados