Todas las partes de la lluvia de oro son tóxicas, y las vainas son el problema práctico: se parecen a las de un guisante, cuelgan a la altura de la mano de un niño y en septiembre alfombran el suelo bajo el árbol. Conviene saberlo antes de plantarlo, no después.

Dicho eso, el espectáculo que da en un jardín de clima fresco tiene pocos rivales. En mayo, un Laburnum adulto desaparece bajo cientos de racimos amarillos colgantes de veinte a cincuenta centímetros, y el efecto durante esas tres semanas no lo iguala casi nada.

Racimos colgantes amarillos de Laburnum anagyroides en plena floración

Qué árbol es y con cuáles se confunde

La lluvia de oro europea es el género Laburnum, de la familia de las leguminosas (Fabaceae), y en jardinería se manejan tres:

Laburnum anagyroides, el codeso de los Alpes, es el más común. Alcanza de 5 a 7 metros, tiene los brotes jóvenes cubiertos de pelo grisáceo y racimos de 10 a 25 cm. Florece pronto, a partir de finales de abril en zonas templadas, y produce muchísima semilla.

Laburnum alpinum es algo más rústico y tardío: florece dos o tres semanas después, en mayo o junio, con racimos más largos y estrechos, hasta 40 cm, brotes glabros y menos aroma. Aguanta mejor el frío de montaña.

Laburnum × watereri 'Vossii' es el híbrido de los dos anteriores y el que compra quien ha visto fotos de un túnel de lluvia de oro. Sus racimos llegan a 50 o 60 cm, la floración es más densa y uniforme, y produce poquísima semilla. Ese último detalle importa en un jardín con niños, aunque no lo convierte en un árbol inofensivo: sigue teniendo los mismos alcaloides en hojas, corteza y las pocas vainas que forma.

El nombre popular viaja mal. En parques y viveros españoles se llama también lluvia de oro al Koelreuteria paniculata, el jabonero de la China, que es un árbol totalmente distinto: florece en julio en panículas erguidas y luego se llena de cápsulas infladas como farolillos de papel. En América tropical el mismo nombre corresponde a Cassia fistula, la caña fístula, que sí tiene racimos colgantes amarillos pero no resiste el frío y en la Península solo prospera en la costa más suave. Si el árbol que te ofrecen florece en pleno verano o tiene hoja compuesta con muchos folíolos, no es Laburnum. El Laburnum tiene hoja trifoliada, tres folíolos como los del trébol, con el envés algo sedoso.

La toxicidad, con detalle y sin dramatismo

El alcaloide responsable es la citisina, presente en toda la planta y concentrada sobre todo en semillas, corteza y raíces. Es un agonista de los receptores nicotínicos de acetilcolina, es decir, actúa en el organismo por una vía parecida a la de la nicotina. La misma molécula, purificada y dosificada en laboratorio, se emplea en medicamentos para dejar de fumar, y esa coincidencia es justamente lo que explica los síntomas de la intoxicación.

Lo que ocurre en una ingestión accidental, típicamente un niño que se come unas vainas verdes creyendo que son guisantes: náuseas, vómitos intensos, dolor abdominal, sudoración, pupilas dilatadas, taquicardia y somnolencia, normalmente entre quince minutos y una hora después. En casos graves, poco frecuentes pero descritos, puede haber convulsiones y depresión respiratoria. La buena noticia es que el propio vómito suele limitar la absorción y los episodios pediátricos suelen resolverse bien con vigilancia hospitalaria.

Qué hacer si sospechas una ingestión: no provoques el vómito ni des remedios caseros, guarda una muestra de la planta o de las vainas y llama al Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20, 24 horas) o al 112. Con niños pequeños, cualquier cantidad justifica la consulta.

El riesgo alcanza también a los animales. Perros, caballos y ganado son sensibles, y en el caso de los caballos los casos suelen venir de ramas podadas tiradas cerca de una cerca o del propio árbol plantado junto al prado. Si tienes équidos, no plantes Laburnum a su alcance y no dejes restos de poda donde puedan llegar.

Nada de esto significa que haya que renunciar al árbol. Significa plantarlo con cabeza: lejos de zonas de juego infantil, fuera de los prados de pastoreo, y con la costumbre de retirar las vainas después de la floración, que además ahorra al árbol el gasto de madurar semilla y favorece la floración del año siguiente. En un jardín donde no haya niños ni animales sueltos, la precaución se reduce a barrer.

Dónde va bien en España y dónde no

Es un árbol de montaña centroeuropea: originario de los Alpes, los Balcanes y los Cárpatos, acostumbrado a inviernos fríos y veranos frescos y con humedad en el aire. Traducido al mapa peninsular, prospera en la cornisa cantábrica, el País Vasco, Navarra, el Pirineo, el norte de Castilla y León, las sierras del Sistema Central e Ibérico y la Galicia interior.

Aguanta el frío sin inmutarse, hasta -20 ºC o algo menos. Lo que le hace daño es el calor seco: por encima de 35 ºC sostenidos y con viento seco, las hojas se queman por los bordes, el árbol defolia parcialmente en agosto y se debilita año tras año. En Sevilla, Murcia, el litoral de Alicante o el interior manchego más cálido, un Laburnum es una inversión con fecha de caducidad corta, por mucho que sobreviva los dos primeros veranos.

Comprar el árbol por la foto sin mirar el clima sale caro: pagas un ejemplar de porte, lo riegas cinco años y lo acabas arrancando defoliado. En zona cálida, un Cercis siliquastrum, un Sophora japonica o incluso el Koelreuteria darán el árbol pequeño y florido que se buscaba, y seguirán vivos en veinte años.

Otro dato que conviene tener presente: incluso donde está a gusto, el Laburnum es un árbol de vida corta, del orden de 20 a 30 años, con ejemplares que llegan a 40 en condiciones óptimas. No es un árbol para heredar; es un árbol para disfrutar y reponer.

Suelo, plantación y riego

Quiere sol o media sombra ligera. En climas donde los veranos aprietan, la sombra de las horas centrales le sienta mejor que el sol pleno, aunque florezca algo menos.

En cuanto al suelo es poco exigente y tolera bien la caliza, cosa que no todos los árboles de flor hacen. Lo que no soporta es el encharcamiento: en suelo arcilloso mal drenado aparecen podredumbres radiculares y el árbol se apaga en dos o tres temporadas. Si tu terreno es pesado, planta sobre un ligero montículo y rompe el fondo del hoyo, que debe ser el doble de ancho que el cepellón pero no mucho más profundo.

La plantación se hace de octubre a diciembre en zonas de invierno suave, o a finales de invierno, en febrero y marzo, donde hiele fuerte. Con planta de contenedor puedes plantar casi todo el año menos en verano. Tutora los dos primeros años si hay viento, con la atadura floja y retirándola pasado ese tiempo.

Riego regular los dos o tres primeros veranos, que es cuando se pierden los árboles jóvenes: mejor un riego abundante semanal que salpicaduras diarias, porque lo que buscas es que la raíz baje. Después se apaña solo en clima atlántico o de montaña; en zonas de verano más seco agradecerá un par de riegos profundos en julio y agosto durante toda su vida.

Sobre el abonado hay un malentendido útil de deshacer. Al ser leguminosa, fija nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias de sus nódulos radiculares y no necesita aportes nitrogenados. Echarle abono rico en nitrógeno le hace producir madera y hoja en lugar de flor, y esos brotes tiernos son un imán para el pulgón. Si quieres ayudarle, aplica en primavera un abono con predominio de fósforo y potasio, o simplemente un acolchado de compost maduro en la línea de goteo, sin tocar el tronco.

Ejemplar de Laburnum alpinum cubierto de racimos amarillos en primavera

Poda: poca, y en el momento correcto

El Laburnum es un árbol que sangra savia con facilidad y cicatriza mal. Podarlo en invierno o a finales de invierno, que es cuando se poda casi todo lo demás, provoca exudaciones abundantes y deja heridas abiertas justo cuando los hongos de chancro están activos.

El momento adecuado es desde el final de la floración hasta finales de verano, entre junio y agosto. Y la poda debe ser mínima: eliminar ramas secas, cruzadas o rotas, limpiar chupones de la base, dar forma a un ejemplar joven. Cortes por debajo de 3-4 cm de diámetro siempre que sea posible.

No lo rebajes de altura ni lo desmoches. La lluvia de oro no rebrota bien de madera vieja, y un árbol desmochado responde con un manojo de brotes verticales mal anclados que rompen con el viento y que, además, no florecen. Si el árbol se te ha hecho grande para el sitio, el problema fue la elección de la ubicación y la solución no es la motosierra anual.

Multiplicación

Las especies puras se multiplican bien por semilla. La cubierta es dura e impermeable, así que hay que escarificarla: una lija suave o un remojo de 24 horas en agua que se ha dejado enfriar desde caliente. Siembra en otoño al aire libre o a finales de invierno en semillero protegido; germina con facilidad y las plántulas crecen rápido. Manipula las semillas como lo que son, material tóxico, y no las dejes al alcance de nadie.

Los híbridos como 'Vossii' no se reproducen fielmente por semilla: hay que injertarlos, normalmente de escudete en verano o de púa a finales de invierno, sobre patrón de L. anagyroides de semilla. Los ejemplares injertados a pie alto emiten chupones del patrón por debajo del punto de injerto; hay que arrancarlos en verde, tirando de ellos, no cortarlos a ras.

Para formar túneles y pérgolas, el acodo de ramas bajas también funciona, aunque en la práctica se compran ejemplares jóvenes ya injertados y se guían.

Problemas que puedes encontrarte

Minador de la hoja (Leucoptera laburnella): dibuja galerías circulares parduzcas en el limbo y afea el árbol en verano. Es estético más que grave; recoger y eliminar la hoja caída en otoño reduce la población del año siguiente.

Pulgón en los brotes tiernos de primavera, favorecido por el exceso de nitrógeno. Se controla con jabón potásico si hace falta, aunque las mariquitas suelen encargarse.

Chancro de Nectria: pústulas de un naranja coralino sobre ramas muertas. Entra por heridas de poda mal hechas o hechas fuera de temporada. Se corta la rama afectada bien por debajo de la lesión, en tiempo seco, desinfectando la herramienta entre corte y corte.

Podredumbres de raíz por Armillaria o Phytophthora en suelos húmedos y compactados. No hay tratamiento eficaz una vez instaladas; se previenen con drenaje y evitando plantar demasiado profundo, con el cuello enterrado.

Un síntoma común que no es enfermedad: un árbol joven que no florece. Suele deberse a poca edad —los ejemplares de semilla tardan de cinco a siete años en dar su primera floración decente—, a exceso de sombra, a exceso de nitrógeno o a poda invernal que se llevó por delante la madera florida.

Cómo lucirlo en el jardín

Su mejor puesta en escena es el túnel o pérgola: dos filas de árboles guiados sobre una estructura metálica, con los racimos colgando por dentro. El ejemplo célebre es el de Bodnant, en Gales, y la idea es reproducible en cualquier jardín de clima fresco con una pérgola de seis o siete metros. Debajo se plantan tradicionalmente Allium de flor morada, que florecen a la vez y contrastan con el amarillo.

Como ejemplar aislado funciona en jardines pequeños, porque su copa es estrecha y su sombra ligera permite plantar debajo. Combina bien con lilos, con Ceanothus azul y con arbustos de hoja purpúrea, que hacen de fondo para el amarillo. Su temporada de gloria es corta y el resto del año pasa desapercibido, así que conviene acompañarlo de plantas que aporten interés en verano y otoño.

Un apunte que poco tiene que ver con el jardín: su madera de duramen oscuro, dura y de grano fino, se ha usado tradicionalmente en Europa para taracea y para piezas de instrumentos de viento, como sustituto del ébano. Si alguna vez podas o retiras un ejemplar, no es leña cualquiera.

En resumen

La lluvia de oro europea —Laburnum anagyroides, L. alpinum y el híbrido 'Vossii'— es un árbol pequeño, de 5 a 7 metros, con racimos amarillos colgantes en mayo y una vida útil de veinte a treinta años. Toda la planta contiene citisina, con la mayor concentración en las semillas: plántalo lejos de zonas de juego y de prados con caballos, retira las vainas tras la floración y, ante cualquier ingestión, llama al 91 562 04 20 o al 112 sin provocar el vómito.

Necesita veranos frescos, así que su sitio está en el norte y en la montaña; en el sur cálido y seco no aguanta y hay alternativas mejores. Suelo bien drenado, tolerancia a la caliza, riego en los primeros veranos, nada de abono nitrogenado porque él mismo fija nitrógeno, y poda escasa y siempre entre junio y agosto, nunca en invierno, porque sangra y no rebrota de madera vieja. Cumplidas esas condiciones, da tres semanas de mayo que justifican el árbol entero.


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