De Acer palmatum hay más de mil cultivares descritos, y esa cifra es a la vez la buena y la mala noticia. La buena: existe un arce japonés para casi cualquier hueco, desde una maceta de terraza hasta un ejemplar de siete metros. La mala: la etiqueta del vivero rara vez explica cuál de los mil se está comprando, y las diferencias entre uno y otro en tamaño final, tolerancia al sol y color de otoño son enormes.

Conviene además separar tres especies distintas que llegan al vivero con la misma etiqueta de arce japonés. Acer palmatum, es el más común y del que sale casi todo el catálogo de cultivares. Acer japonicum, el arce de luna llena, tiene la hoja más redondeada y grande y aguanta mejor el invierno duro. Acer shirasawanum se le parece mucho y es célebre por sus formas doradas. Comparten cuidados, pero no porte ni carácter.

Cómo se ordenan los cultivares de Acer palmatum

Antes de entrar en nombres propios conviene entender que los viveros y los coleccionistas clasifican los cultivares por la forma de la hoja, y ese dato predice bastante bien cómo será la planta:

Grupo Palmatum: hoja de cinco a siete lóbulos, dentado fino, la silueta clásica. Son arces de porte erguido que hacen árbol pequeño, de 4 a 8 metros.

Grupo Matsumurae: lóbulos más profundos y estrechos que el anterior, hoja mayor. Aquí están varios de los mejores rojos de otoño.

Grupo Dissectum: hoja disecada hasta el nervio, con aspecto de encaje. Casi todos tienen porte llorón y crecen a lo ancho más que a lo alto, formando una cúpula que rara vez pasa de 2 metros de altura. Son los que se ven injertados sobre un pie alto formando parasol.

Grupo Linearilobum: lóbulos filiformes, casi de bambú, sin apenas lámina. Textura muy fina y planta ligera.

Grupo Reticulatum o Variegatum: hojas jaspeadas, con nerviación contrastada o manchas blancas y rosas. Son los más delicados con el sol y los que más decepcionan si se colocan mal.

Hoja palmeada de Acer palmatum Atropurpureum de color púrpura intenso

El púrpura de toda la vida: 'Atropurpureum' y qué hay detrás del nombre

Es el arce japonés que llena las estanterías de los centros de jardinería en marzo. Hoja de siete lóbulos, púrpura granate desde la brotación, porte erguido que con los años alcanza 4 a 6 metros, y un otoño escarlata brillante.

Ahora la parte que conviene saber antes de pagar. 'Atropurpureum' no es un clon único: es un nombre antiguo aplicado a una población de plantas obtenidas de semilla, y por eso dos ejemplares comprados el mismo día pueden diferir en la intensidad del púrpura, en el vigor y en cómo se comportan en julio. Muchos de los más baratos broncean a mediados de verano, pasando del granate a un verde bronce apagado que ya no recupera. Si lo que se busca es púrpura estable de abril a octubre, el camino es un clon injertado y seleccionado, y el estándar es 'Bloodgood': mantiene el color oscuro durante todo el verano mucho mejor y remata en un rojo intenso. Cuesta más, y la diferencia se ve todos los agostos.

Al comprar cualquier arce injertado, mirar el punto de injerto en la base del tronco. El patrón suele ser un Acer palmatum verde de semilla, y emitirá chupones de hoja verde por debajo de esa cicatriz. Si no se arrancan en cuanto asoman, en pocos años el patrón domina y el cultivar caro se queda arrinconado.

'Seiryu', la excepción entre los disecados

Todos los Dissectum lloran salvo este. 'Seiryu' tiene la misma hoja de encaje finamente dividida que un 'Inaba-shidare' o un 'Crimson Queen', pero porte erguido, y llega a 3 o 4 metros con un tronco reconocible. Eso lo convierte en la solución para quien quiere la textura de encaje pero necesita altura y no una cúpula de dos metros ocupando el paso.

El follaje es verde claro en primavera y verano, con brotes que apuntan a rojizo, y en otoño da uno de los colores más complejos del género: naranja, dorado y carmesí conviviendo en la misma copa. Es además de los disecados que mejor tolera algo de sol directo, siempre que no sea el de las horas centrales de julio en el interior peninsular.

Follaje finamente disecado del arce japonés Seiryu

Otros cultivares que merecen el sitio

'Osakazuki'. Verde liso y sin gracia todo el verano, hoja grande de siete lóbulos, y luego el mejor escarlata de otoño que existe en Acer palmatum: un rojo puro, uniforme y luminoso que dura semanas. Llega a 5-6 metros. Si el criterio de compra es el color de octubre, este gana.

'Shigitatsu-sawa', también catalogado como 'Reticulatum'. Hoja verde muy pálida, casi crema, con toda la nerviación dibujada en verde oscuro, de forma que parece una red. Es un arce de mirar de cerca, no de silueta. También es el más frágil de esta lista frente al sol: en exposición directa de tarde se le queman los bordes en una semana. Sombra luminosa y protección de viento, sin discusión.

'Sango-kaku' (o 'Senkaki'), el arce de corteza coral. Hoja verde que vira a amarillo dorado en otoño, y luego, ya desnudo, brotes jóvenes de un rojo coral encendido que sostienen el interés todo el invierno. Es el cultivar que más rinde en un jardín que se mira desde una ventana en enero.

'Katsura'. Brotación de primavera anaranjada y albaricoque, luego verde, luego naranja de nuevo en otoño. Compacto, 3-4 metros.

'Shishigashira', el "cabeza de león". Hojas rizadas y apretadas sobre entrenudos cortísimos, aspecto de arbusto denso y escultórico, crecimiento lento. Es de los que mejor aguantan el sol y el calor, y funciona muy bien en maceta grande.

'Dissectum Garnet' e 'Inaba-shidare', los llorones de hoja disecada púrpura, para cascada sobre un muro, un talud o el borde de un estanque.

Fuera de palmatum: Acer japonicum 'Aconitifolium', con hojas enormes hendidas casi hasta la base, da un otoño carmesí que compite de tú a tú con 'Osakazuki' y aguanta mejor los inviernos duros. Y Acer shirasawanum 'Aureum', de hoja redondeada de un amarillo dorado durante toda la temporada, espectacular en sombra fresca y desastroso a pleno sol del sur, donde se quema el primer verano.

La conversación incómoda: el arce japonés en España

Aquí es donde se decide si el arce vive o se convierte en un gasto anual. El frío no es el problema: Acer palmatum aguanta sin inmutarse -15 ºC y bastante más. Lo que lo mata en buena parte de la Península es la combinación de agua caliza, aire seco y sol de verano.

El pH y el agua de riego. Quiere suelo ácido o ligeramente ácido, en torno a 5,5-6,5. En terreno calizo entra en clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios verdes, luego bordes secos, luego rama muerta. Pero el factor que arruina más ejemplares es silencioso: el agua del grifo. En Levante, Madrid, Zaragoza o Andalucía es agua dura, y regar con ella un sustrato ácido de maceta lo alcaliniza en un par de temporadas. La planta va bien el primer año y se apaga el tercero sin que nada evidente haya cambiado. Solución: agua de lluvia recogida, agua de ósmosis, o corregir el riego bajando el pH y usar quelato de hierro EDDHA en primavera, que es el único quelato que sigue funcionando por encima de pH 7.

La humedad del aire. Los bordes de hoja quemados en julio no siempre significan falta de riego. Con el sustrato empapado, un poniente seco de 38 ºC y 20 % de humedad relativa deseca la hoja más rápido de lo que la raíz puede reponer. Por eso el arce japonés vive cómodo en Galicia, la cornisa cantábrica, el norte de Navarra y las zonas de montaña, y sufre en el valle del Ebro o en la meseta. Regar más no arregla esto; cambiar la ubicación sí.

Exposición. Sol de mañana hasta las once o doce, sombra el resto del día. En el norte húmedo toleran mucho más sol y de hecho colorean mejor. Los variegados y los dorados, siempre en sombra luminosa. Y protección de viento seco, que es tan destructivo como el sol.

En maceta, que es como se cultivan de forma realista en medio país: contenedor amplio, sustrato de plantas acidófilas aligerado con corteza de pino y perlita, y drenaje impecable. Un detalle que cuece raíces y pasa desapercibido: la maceta al sol directo alcanza más de 40 ºC en su interior, y a esa temperatura la raíz fina muere. La maceta va a la sombra aunque la copa esté al sol, agrupada con otras o metida dentro de un cajón. Trasplante cada dos o tres años a finales de invierno, aclarando raíces con cuidado.

Poda, abonado y color de otoño

El arce japonés se poda poco y en el momento adecuado, no cuando apetece. Entre finales de invierno y la brotación sangra savia por cada corte de forma abundante, y aunque rara vez mata al árbol lo debilita y abre puerta a hongos. Las ventanas buenas son finales de verano y principios de otoño, con la planta aún en hoja pero ya sin empuje de crecimiento, o el pleno invierno en reposo profundo. Febrero, marzo y abril, no.

La poda que necesita es de limpieza: quitar ramas cruzadas, secas y las que se dirigen al interior, aclarar para que se vea la estructura. La forma la lleva el cultivar de fábrica y forzarla a tijeretazos estropea la silueta que se pagó.

Con el abonado, contención. Un abono para acidófilas de liberación lenta al arrancar la primavera y nada más. El nitrógeno a partir de julio provoca brotes tiernos que la primera helada quema, y además apaga el color de otoño: hojas que deberían estar retirando clorofila siguen fabricándola y acaban en un pardo sucio en vez de en rojo.

El color de octubre, por cierto, no depende solo de la variedad. Necesita noches frescas con días soleados y un suelo que no esté empapado a final de temporada. Un otoño templado y lluvioso apaga incluso a 'Osakazuki'.

Problemas sanitarios que conviene reconocer

Verticillium es el peor de todos. Un hongo de suelo que obstruye los vasos: una rama entera marchita de golpe en pleno verano, con la hoja seca colgando sin caer, y al cortarla se ve un anillo oscuro en la madera. No hay tratamiento. Se corta por debajo, se desinfecta la herramienta, y si avanza se pierde el árbol. Ese suelo no debe volver a recibir un arce.

Pulgón y cochinilla en brotes tiernos de primavera, con la melaza y la negrilla que los acompañan. Se controlan con jabón potásico y aceite de invierno.

Antracnosis y manchas foliares en primaveras muy lluviosas, sobre todo en el norte: manchas pardas irregulares. Se recogen las hojas caídas y se airea la copa.

Y una cosa que no es enfermedad: la hoja seca y crujiente por los bordes en agosto, con el resto de la lámina verde, es quemadura por sol y aire seco. No se trata con fungicida ni con más agua. Se corrige moviendo la planta o dándole sombra.

En resumen

Elegir arce japonés es elegir cultivar, no especie. 'Bloodgood' para púrpura fiable todo el verano, 'Osakazuki' si lo que se quiere es el rojo de otoño, 'Seiryu' cuando hace falta hoja de encaje con altura, 'Sango-kaku' para que el jardín tenga algo que mirar en invierno, 'Shishigashira' y 'Aconitifolium' para condiciones más duras, y los disecados llorones para caer sobre un muro. El 'Atropurpureum' de semilla es barato y sale variable: sabiéndolo, la compra deja de decepcionar. Y el cultivo, en España, se resume en tres cosas: agua sin cal, sombra en las horas centrales y protección del viento seco. Con eso incluso fuera del norte húmedo se sostiene un arce en maceta durante décadas; sin eso, ni el mejor cultivar aguanta tres veranos.


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