A finales de octubre el alerce se pone de un amarillo dorado encendido y en tres semanas se queda desnudo, con las ramas peladas y grises hasta abril. No está enfermo ni le falta agua: es una conífera de hoja caduca, algo rarísimo en Europa, y ese desnudo invernal forma parte de su ciclo normal. Arrancar por eso un ejemplar recién plantado en noviembre significa tirar tres años de espera por un árbol que estaba perfectamente sano.
Qué es exactamente el alerce europeo
Larix decidua es una conífera caducifolia de la familia Pinaceae, la misma de pinos, abetos y píceas. Su área natural son los Alpes y los Cárpatos, entre unos 1.000 y 2.400 metros de altitud, con poblaciones dispersas en Polonia y Sudetes. No es especie nativa de la Península Ibérica: aquí llegó plantada, sobre todo en repoblaciones y en jardines de montaña del Pirineo, la cordillera Cantábrica y algunas fincas de Galicia y del norte de Castilla.
Es un árbol grande: de 25 a 45 metros en su ambiente, con tronco recto y un porte cónico y ralo, de ramificación abierta y a menudo con las ramas bajas algo colgantes. La corteza, gris y lisa de joven, se vuelve gruesa, resquebrajada en placas y de un pardo rojizo en el interior con los años.
Las agujas
Las hojas son acículas blandas de 2 a 4 cm, de un verde claro casi luminoso al brotar. Se disponen de dos maneras: aisladas y en espiral sobre los brotes largos del año, y agrupadas en rosetas de 30 a 40 acículas sobre braquiblastos, esos pinchitos leñosos cortos que se acumulan a lo largo de las ramas viejas. En otoño viran a amarillo dorado y caen enteras.
Esa roseta despista respecto a los cedros, que tienen la misma disposición. La diferencia se ve de un vistazo en enero: el cedro (Cedrus) sigue verde y el alerce está pelado. Además, las acículas del alerce son blandas al tacto y las del cedro, rígidas y punzantes.
Los conos
Es monoico. En primavera, antes o a la vez que brotan las hojas, aparecen los conos femeninos jóvenes de un rosa carmín muy vistoso —las llamadas «rosas de alerce»— junto a los conos masculinos amarillentos. Los conos maduros son pequeños, de 2 a 4 cm, ovoides, erectos sobre la rama, con escamas leñosas de borde recto o ligeramente incurvado. Una vez sueltan la semilla permanecen años colgados del árbol, y en invierno, con las ramas sin hojas, son lo que más lo identifica a distancia.
El frío no es su problema; el verano español, sí
Aquí hay que matizar el argumento con el que se vende. El alerce europeo resiste temperaturas de -35 °C o menos sin despeinarse: en los Alpes forma el límite superior del arbolado, por encima incluso del abeto. Si alguien lo busca porque su zona hiela fuerte, acierta de sobra.
El fallo está en dar por hecho que esa rusticidad se traduce en resistencia general. Un árbol adaptado a hibernar bajo la nieve es un árbol adaptado también a veranos frescos, humedad atmosférica alta y suelo que nunca se seca del todo. Plantado en Madrid, Zaragoza, Valladolid o cualquier interior con julios de 38 °C y aire seco, el alerce pierde las agujas en pleno agosto, se defolia por estrés, rebrota mal al año siguiente y acaba muriendo en tres o cuatro veranos. No lo mata la helada: lo mata la seca estival unida al calor nocturno.
La conclusión práctica es sencilla: en España es un árbol para zonas de montaña húmeda y para la franja atlántica —Pirineos, cordillera Cantábrica, montaña gallega, alto Sistema Ibérico—, no para el clima mediterráneo de llanura ni para el interior seco. Y si aun así se quiere probar, hay que asumir riego de verano toda la vida del árbol, no solo los dos primeros años.
Cuidados
Ubicación
A pleno sol y sin competencia lateral. Es una especie pionera y muy heliófila: bajo la sombra de otros árboles se ahíla, pierde ramas bajas y termina desapareciendo. En los Alpes ocupa precisamente los desprendimientos, los claros y los terrenos removidos, y cede el sitio al abeto cuando el bosque se cierra.
Reserva espacio de verdad. Con 30 metros de altura potencial y raíces extendidas, no cabe en un jardín pequeño ni junto a una fachada. Distancia mínima razonable a construcciones y pavimentos: 8-10 metros.
Tierra
Suelo profundo, fresco, aireado y con buen drenaje. Es bastante indiferente al pH: en su área natural crece tanto sobre silicatos como sobre las calizas de los Dolomitas, así que un suelo básico no lo descarta. Lo que no perdona es la asfixia radicular: un terreno arcilloso compactado que encharque en invierno le provoca podredumbre de raíz, y ahí entra Armillaria con facilidad.
Si el suelo es pesado, la plantación en caballón o lomo elevado y una zanja generosa con aporte de materia orgánica gruesa cambian mucho las cosas.
Riego
Frecuente y abundante los tres o cuatro primeros años, hasta que el sistema radicular se instala. Después, en clima atlántico o de montaña húmeda puede vivir del agua de lluvia; en cualquier otro sitio hay que sostenerlo de junio a septiembre. Es preferible riego copioso y espaciado —un aporte profundo cada 8-10 días en verano— que empapar la superficie a diario, porque lo primero obliga a la raíz a bajar y lo segundo la mantiene arriba, justo donde el suelo se calienta.
Un acolchado de corteza o astilla de 8-10 cm sobre el alcorque le hace más por el verano que cualquier fertilizante.
Abonado
Poco y solo cuando toca. En suelo forestal decente no lo necesita: es una especie frugal, acostumbrada a terrenos jóvenes y pobres. En ejemplares jóvenes recién plantados o en cultivo en maceta, un abono de liberación lenta para coníferas a la salida del invierno, entre marzo y abril, cubre el año entero. Nada de nitrógeno en verano ni a partir de agosto: fuerza brotes tiernos que la primera helada de otoño quema.
Multiplicación
Por semilla, que es como se hace en vivero. Los conos se recogen en otoño-invierno y se secan para que abran. La semilla germina mejor tras un periodo de frío húmedo: unas 3-4 semanas de estratificación a 3-5 °C antes de la siembra de finales de invierno, o directamente siembra otoñal a la intemperie para que el invierno haga el trabajo. La germinación es baja y desigual, con bastante semilla vana en las cosechas malas, así que conviene sembrar generoso.
Por estaquilla es poco práctico: enraíza mal. Los cultivares ornamentales, como el llorón 'Pendula', se propagan por injerto sobre patrón de la especie.
Plagas y problemas
Tres conviene tenerlos en la cabeza:
Chancro del alerce (Lachnellula willkommii), un hongo que produce cancros deprimidos con exudado de resina en tronco y ramas y puede anillar y matar los ejemplares jóvenes. Se favorece con humedad estancada y heladas tardías sobre brotes tiernos; se combate podando y destruyendo la madera afectada en tiempo seco.
Pulgón lanígero del alerce (Adelges laricis), que deja motas algodonosas blancas y amarillea las acículas. En árbol adulto es cosmético; en planta joven o de vivero conviene tratarlo.
Tortrix del alerce (Zeiraphera griseana), defoliador famoso por sus explosiones cíclicas cada 8-10 años en los Alpes, que dejan bosques enteros pardos en pleno verano. El árbol sano rebrota; no es motivo de alarma en un ejemplar aislado.
Rusticidad
Zonas USDA 2 a 6, con margen de sobra para cualquier punto de España. Necesita, eso sí, invierno frío de verdad: en climas de invierno suave la parada vegetativa es incompleta, el árbol brota irregular y se debilita. La falta de frío le sienta tan mal como el exceso de calor.
Para qué se planta
Ornamental
Su gracia es el calendario. Pocas coníferas cambian de aspecto cuatro veces al año: verde tierno y conos rosados en abril, copa ligera y translúcida en verano, oro en octubre, silueta gráfica de ramas desnudas y conitos colgantes en invierno. Funciona muy bien en alineaciones de montaña, grupos sobre césped y bordes de bosquete, donde el follaje ralo deja pasar luz suficiente para plantar debajo, cosa impensable bajo un abeto.
El cultivar 'Pendula', injertado en pie alto, hace un ejemplar llorón de tamaño manejable para jardines medianos y resuelve el problema del porte.
Y hay un uso donde el alerce brilla y llega a cualquier clima: el bonsái. Ramifica con facilidad, marca el envejecimiento del tronco pronto y su ciclo caducifolio permite trabajar la estructura en invierno con la ramificación a la vista. En maceta, eso sí, el riego en verano es diario y hay que sacarlo del sol de tarde en el interior peninsular.
Madera
La madera de alerce es la más duradera de las coníferas europeas junto con la del cedro. Tiene albura estrecha y clara y un duramen pardo rojizo, resinoso, de grano fino y densidad relativamente alta para una conífera (unos 550-600 kg/m³ al 12 % de humedad). Su durabilidad natural frente a hongos la sitúa en clase 3-4, suficiente para emplearla sin tratar en exterior.
De ahí sus usos clásicos en el arco alpino: revestimientos y fachadas ventiladas que con el tiempo grisean, tejas de madera, postes, vallados, carpintería exterior, embarcaciones y estructuras. Se distingue del pino tratado en autoclave en que no lleva sales: envejece por sí sola. Como contrapartida es resinosa, algo nudosa y tiende a exudar, lo que complica ciertos acabados y barnices.
De su resina se obtiene además la trementina de Venecia, un bálsamo empleado tradicionalmente en la fabricación de barnices para instrumentos musicales y en pintura al óleo.
En resumen
Larix decidua es una conífera caducifolia de los Alpes y los Cárpatos, ajena a la flora ibérica, que en España solo prospera en la montaña húmeda y en la franja atlántica. Reconocerlo es fácil: acículas blandas en roseta sobre braquiblastos, conos pequeños y erectos que se quedan años en la rama, y la copa completamente desnuda de noviembre a marzo. Que pierda la hoja en otoño es lo normal, no una enfermedad.
Necesita pleno sol, suelo profundo y fresco con buen drenaje, riego sostenido en verano y espacio para 30 metros. Aguanta -35 °C sin inmutarse, pero un par de veranos secos con calor de interior peninsular acaban con él, y con inviernos suaves tampoco funciona. Poco abono, siempre en primavera, y vigilancia del chancro en ejemplares jóvenes. A cambio da una de las estampas de otoño más limpias que puede tener un jardín de montaña, una madera que aguanta a la intemperie sin tratamiento y, en maceta, un bonsái de invierno con estructura a la vista.