Cuando un pájaro se posa sobre la lengüeta azul de una flor de ave del paraíso, la lengüeta se abre por una hendidura longitudinal y le unta las patas de polen. Ese mecanismo, diseñado para las nectarinias sudafricanas, explica dos cosas del género Strelitzia: por qué las flores tienen esa forma tan improbable y por qué en un jardín español casi nunca cuajan semillas, salvo que se polinice a mano.

El género es pequeño: cinco especies, todas del este y sur de Sudáfrica, más alguna población en Eswatini, Mozambique y Zimbabue. Pertenece a la familia Strelitziaceae, no a las musáceas, aunque la literatura antigua las metiera juntas y el porte de las especies arbóreas siga engañando. Sus parientes más cercanos son el árbol del viajero de Madagascar (Ravenala madagascariensis) y el amazónico Phenakospermum guyannense: tres géneros repartidos entre tres continentes, lo que da idea de lo vieja que es la familia.

El nombre lo puso Kew en 1773 en honor a Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, esposa de Jorge III, a partir de las plantas que trajo el recolector Francis Masson. De ahí «reginae», de la reina.

Las cinco especies y qué las separa

Conviene tener el mapa claro antes de entrar en cada una, porque la confusión de nombres en viveros viene precisamente de aquí:

Strelitzia reginae y Strelitzia juncea son plantas herbáceas sin tronco aéreo, de metro a metro y medio, con flores de sépalos naranjas y pétalos azules. Las tres restantes —Strelitzia nicolai, Strelitzia alba y Strelitzia caudata— desarrollan troncos leñosos de varios metros y dan flores blancas, con el pétalo fusionado de un azul pálido o violáceo. Ese es el corte fundamental: naranjas y bajas frente a blancas y arbóreas.

Flor naranja y azul de Strelitzia reginae

Strelitzia reginae, la clásica de flor naranja

Mata sin tronco visible, con rizoma grueso y carnoso, hojas de pecíolo largo y limbo coriáceo, gris azulado, de unos 40 cm. Alcanza 1,2-1,5 m con el tiempo y forma macollas anchas que van sumando abanicos año tras año.

La inflorescencia es una espata verde con el borde teñido de rojo, colocada en horizontal como el pico de un ave, de la que van saliendo flores sucesivas: tres sépalos naranjas y tres pétalos azules, dos de ellos soldados formando la lengüeta que se abre al peso del polinizador. Cada espata da entre cuatro y siete flores a lo largo de varias semanas, y cada flor individual dura muchos días. Esa es la razón de su vida en jarrón: dos semanas largas de agua es lo normal.

En la costa mediterránea y en el sur peninsular florece sobre todo de octubre a mayo, con el grueso en invierno y primavera. En verano se para: el calor extremo del interior le corta la floración y le quema los bordes de la hoja. Quien la tenga en Sevilla o Murcia hará bien en darle sombra de mediodía en julio y agosto, cosa que en la costa atlántica gallega o en el norte no hace falta.

Strelitzia juncea, la misma flor sin hojas

Durante décadas se trató como variedad de la anterior (S. reginae var. juncea) y hoy se acepta habitualmente como especie. La flor es idéntica; lo distinto es el follaje: la planta adulta no tiene limbo, solo pecíolos cilíndricos, rígidos y puntiagudos, como juncos verticales de un metro largo.

Lo curioso es que las plántulas sí nacen con hoja normal, y esa hoja se va reduciendo con cada nueva emisión hasta desaparecer. Si compras una juncea pequeña y tiene limbo, no te han engañado necesariamente: mira si el limbo es proporcionalmente más estrecho que el de una reginae de la misma edad. Existen además formas intermedias, y algún vivero vende híbridos con hoja reducida a una cuchilla estrecha.

Crece más despacio y por eso vale más cara. A cambio aguanta la sequía mejor que ninguna otra del género —viene de zonas más áridas del Cabo Oriental— y su porte vertical funciona muy bien en jardín seco, junto a agaves, aloes o gramíneas.

Hojas cilíndricas de Strelitzia juncea

El enredo del nombre «augusta»

Pide una Strelitzia augusta en un vivero español y lo que te cargarán en el coche será, con altísima probabilidad, una Strelitzia nicolai. El nombre S. augusta Thunb. es hoy un sinónimo de Strelitzia alba, una especie rara en cultivo, restringida en la naturaleza a los bosques del entorno de Knysna, en el Cabo Occidental. La etiqueta se quedó pegada en el comercio a la especie que sí se propaga a escala industrial, que es otra.

La diferencia importa poco al comprador mientras la planta es joven —vegetativamente son casi indistinguibles— y mucho cuando florece. Estas son las claves:

Strelitzia nicolai: la «ave del paraíso gigante». Forma macollas de varios troncos que en jardín español llegan a 6-8 m (más de 10 en su tierra). Hojas enormes, de hasta 2 m de largo, dispuestas en abanico plano sobre un plano, muy características. La inflorescencia es compuesta: varias espatas oscuras, casi negras o pardo-purpúreas, encajadas unas en otras en el mismo eje. Sépalos blancos y pétalo fusionado azul celeste.

Strelitzia alba: porte parecido pero suele hacer un tronco dominante, y sobre todo tiene una sola espata por inflorescencia, de tono rojizo-púrpura, con la flor enteramente blanca, sin el pétalo azul. Si tu «augusta» saca lengüeta azul, no es alba.

Strelitzia caudata: la de montaña, propia de escarpes de Mpumalanga, Eswatini y Zimbabue. Suele quedarse en un tronco único y su espata termina en una punta prolongada —el «caudata» del nombre— con flores blancas y pétalo azul violáceo pálido. Se ve poquísimo en el comercio europeo.

Antes de plantar una nicolai en un patio pequeño hay que hacer cuentas: los rizomas son gruesos, expansivos y levantan solados. Tres metros de separación respecto a muros, piscinas y pavimentos es un mínimo razonable. En maceta de interior es hoy una planta de moda, y ahí el problema es otro: sin luz muy intensa no florece nunca, las raíces terminan deformando o rompiendo el tiesto de plástico, y el ambiente seco de la calefacción le trae araña roja. Que las hojas se rasguen en tiras no es una enfermedad: es una adaptación al viento, y una hoja rota sigue trabajando.

Selecciones de color: 'Mandela's Gold'

El Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch trabajó cerca de dos décadas seleccionando plantas de S. reginae con sépalos amarillos hasta fijar el cultivar 'Mandela's Gold', también difundido como 'Kirstenbosch Gold', puesto en circulación en 1996. Es la misma planta en todo lo demás: mismo tamaño, mismo cultivo, misma lengüeta azul contrastando ahora contra un amarillo mantequilla.

Se propaga por semilla seleccionada y por división. Ojo con esto último: una división de un ejemplar amarillo mantiene el color, pero una semilla suelta recogida en un jardín donde también hay reginae naranja puede salir de cualquier tono, porque el amarillo es recesivo y la mezcla es fácil.

Frío, suelo y exposición

Todas las Strelitzia son plantas de clima suave, pero no igual de delicadas.

S. reginae y S. juncea son las más resistentes. Las hojas empiezan a quemarse en torno a -2 °C; una macolla adulta y bien asentada, en suelo drenado y seco en invierno, rebrota del rizoma tras heladas breves de -4 o -5 °C, aunque pierde la floración de esa temporada y tarda meses en recomponer el follaje. Eso las hace viables en toda la franja costera mediterránea y atlántica, en Canarias y en zonas resguardadas del valle del Guadalquivir; en Madrid, Castilla o el interior de Aragón, mejor en maceta que se entre o con protección seria.

Las arbóreas son algo más frioleras y, sobre todo, mucho más aparatosas cuando sufren: a partir de -3 °C se deshacen las hojas y se dañan los ápices de los troncos, y un ejemplar joven puede morir con -5 °C. Un tronco al que se le hiela el ápice deja de crecer por ahí para siempre, y la mata solo se recompone emitiendo hijuelos desde la base.

Suelo: agradecen tierra profunda, fértil y bien drenada. Toleran arcillas si no se encharcan, pero un rizoma carnoso bajo agua en invierno se pudre sin remedio. En terrenos calizos y con agua dura aparece la clorosis férrica clásica —hoja amarilla con nervios verdes en las hojas nuevas—, que se corrige con quelato de hierro EDDHA, el único que sigue disponible para el hierro por encima de pH 7,5.

Exposición: sol directo en la mitad norte y en costa; sombra de mediodía en el interior cálido. A la sombra plena crecen, se ponen de un verde más oscuro y no florecen.

Riego y abonado

De abril a septiembre, riego regular y abundante: son plantas de mucha masa foliar y transpiran mucho. De noviembre a febrero, riego escaso, solo para que el sustrato no se convierta en polvo. Un riego copioso en diciembre sobre suelo pesado y frío es la vía directa a la podredumbre del rizoma, que se manifiesta con hojas que se desprenden enteras al tirar suavemente.

Para el abonado, un complejo equilibrado durante el crecimiento y, a partir del final del verano, uno más rico en potasio, que es el que empuja la floración de otoño-invierno. Un abono de liberación lenta en marzo, repetido en junio, cubre bien la temporada en jardín. En maceta, líquido cada dos o tres semanas en el periodo activo.

Por qué una Strelitzia no florece

Una mata que crece bien y nunca saca espata suele tener una de estas tres razones detrás:

Edad. De semilla, una reginae tarda de cuatro a seis años en dar la primera espata. De división, entre uno y tres, según el tamaño de la porción. No hay atajo.

Divisiones demasiado frecuentes o demasiado pequeñas. Cada vez que se parte la mata, el reloj vuelve atrás. Una macolla apretada, con muchos abanicos juntos, florece mucho más que una recién dividida, y esa es la parte de verdad que tiene el consejo popular de «tenerla estrecha en la maceta». Lo que hace florecer no es la estrechez en sí, sino la masa de rizoma maduro acumulada.

Falta de luz y exceso de nitrógeno. Sombra más abono rico en nitrógeno da una planta espectacular de hoja y estéril de flor.

Multiplicación

La división es lo práctico. Se hace a la salida del invierno, en marzo o abril, desenterrando la mata y separando con cuchillo limpio porciones de al menos tres o cuatro abanicos con sus raíces. Las raíces son gruesas, blancas y quebradizas; que se rompan algunas es normal. Conviene dejar orear los cortes unas horas a la sombra, plantar en sustrato drenante y regar poco durante tres o cuatro semanas, hasta que empujen hoja nueva.

La semilla es más lenta y más entretenida. El grano es negro, duro, con un penacho de pelos naranjas —ese arilo contiene bilirrubina, el mismo pigmento de la bilis animal, una rareza casi única en el mundo vegetal—. Necesita semilla fresca: la vieja germina fatal. Remojo de 24 a 48 horas, escarificado ligero, siembra a 25 °C y paciencia, porque la nascencia es irregular y se reparte entre uno y tres meses.

Para tener semilla propia hay que polinizar a mano: se abre la lengüeta azul con el dedo, se toma polen con un pincel y se lleva al estigma de otra flor. Las nectarinias que hacen ese trabajo en Sudáfrica no están aquí, y los pájaros locales visitan la flor sin cumplir bien la función.

Plagas y problemas

Cochinillas de todo tipo: algodonosa en las axilas de los pecíolos y diaspinas —escudos pardos o blancos— pegadas al envés y a los pecíolos. Se limpian bien a mano con un paño y alcohol en ejemplares pequeños; en matas grandes, aceite de parafina fuera de las horas de sol y con la planta bien regada.

Araña roja en interior y en verandas secas, con el punteado fino y decolorado típico. Caracoles y babosas mordisquean las hojas jóvenes en primavera. Y en suelos encharcados, podredumbres de cuello, que no tienen tratamiento: se corrige el drenaje o se pierde la planta.

Manchas foliares oscuras tras un invierno húmedo suelen ser daño de frío colonizado después por hongos secundarios; se cortan las hojas feas en primavera y la planta se recompone sola.

Toxicidad y una confusión que sí importa

Las Strelitzia se consideran ligeramente tóxicas. Las semillas y las flores contienen compuestos que provocan en perros y gatos vómitos, diarrea, salivación y somnolencia si los mastican; el episodio suele ser leve, pero conviene retirar las cápsulas maduras si hay animales que roan lo que encuentran, y consultar al veterinario si el consumo ha sido apreciable. La savia puede irritar la piel sensible al podar.

Más relevante es no confundir la planta con el arbusto que en muchos catálogos aparece también como «ave del paraíso»: Erythrostemon gilliesii, antes Caesalpinia gilliesii, una leguminosa de flor amarilla con largos estambres rojos, frecuente en jardines del sur y del Levante. Sus vainas y semillas son bastante más tóxicas y han causado intoxicaciones digestivas serias en niños que las abrieron creyendo que eran judías. Nada que ver botánicamente con Strelitzia, pero comparten nombre común, y esa coincidencia es la que crea el riesgo.

Las Heliconia tropicales, otro grupo al que a veces se llama igual, tampoco pertenecen al mismo género ni resisten el clima peninsular al aire libre salvo en Canarias.

En resumen

El género tiene cinco especies, no dos. Strelitzia reginae y S. juncea son plantas de macolla, de metro y medio, con la flor naranja y azul; se diferencian en que la segunda pierde el limbo de las hojas al hacerse adulta y aguanta mejor la sequía. S. nicolai, S. alba y S. caudata hacen troncos de varios metros y flores blancas: la primera se reconoce por sus espatas múltiples y su pétalo azul celeste, la segunda por la espata única y la flor toda blanca, y la tercera por la punta prolongada de la espata.

La etiqueta «Strelitzia augusta» corresponde en rigor a S. alba, especie rarísima fuera de Sudáfrica. El vivero que la exhibe tiene casi siempre una S. nicolai en el tiesto, y conviene saberlo antes de calcular el hueco: hablamos de seis a ocho metros y de rizomas que levantan pavimento.

En cultivo español piden sol, suelo drenado, riego generoso en verano y muy corto en invierno, y protección en el interior peninsular: la hoja se quema hacia -2 °C y las especies arbóreas sufren daños de tronco a partir de -3 °C. Si no florece, casi siempre es cuestión de edad, de sombra o de haberla dividido demasiado pronto. Y si se quiere semilla propia, hay que hacer de pájaro con un pincel.


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