Las flores del hamamelis se enrollan sobre sí mismas cuando la temperatura baja de cero y vuelven a desplegarse en cuanto el sol calienta la rama. Ese mecanismo, repetido cada mañana durante seis o siete semanas de pleno invierno, explica por qué un arbusto que florece en enero no pierde la floración con la primera helada. Es lo que hace de este género algo distinto en un jardín del norte peninsular: color y perfume entre diciembre y marzo, cuando el resto está parado.
El nombre científico es Hamamelis, de la familia Hamamelidaceae, la misma de Parrotia, Corylopsis, Fothergilla y Liquidambar. En castellano se le llama a veces avellano de bruja, traducción del inglés witch hazel, y conviene aclarar de entrada que no tiene ningún parentesco con el avellano verdadero (Corylus avellana): el parecido se queda en la hoja redondeada y dentada.
Qué planta es exactamente
Arbusto grande o arbolito de porte abierto, en copa de vaso, que llega a los 3 a 5 metros de alto y otro tanto de ancho con el tiempo. Crece despacio: entre 15 y 25 centímetros al año en buenas condiciones. Es caducifolio, y ese detalle importa porque la floración se produce sobre madera desnuda, sin una sola hoja que la tape.
Las flores no se parecen a nada corriente: cuatro pétalos estrechos y retorcidos, como cintas de papel de un centímetro y medio o dos, agrupados en manojos pegados a la rama. Van del amarillo azufre al cobre y al rojo granate según la variedad. El cáliz interior suele ser rojizo, y ese contraste es lo que da profundidad a las variedades amarillas vistas de cerca.
El género se llama así por el griego hama (a la vez) y melon (fruto): en Hamamelis virginiana las flores de octubre coinciden en la rama con las cápsulas del año anterior, ya maduras. Esas cápsulas leñosas se abren de golpe al secarse y disparan las dos semillas negras a varios metros de distancia. Si tienes un ejemplar adulto y oyes chasquidos en el jardín a finales de verano, es eso.
Las cuatro especies que vas a encontrar
Hamamelis mollis, de China. Flor amarillo dorado, la más perfumada del género, entre diciembre y febrero. Hoja grande, aterciopelada por el envés.
Hamamelis japonica, de Japón. Pétalos más finos y algo rizados, amarillo pálido, floración de enero a marzo. Menos aroma que la anterior, porte más ancho y ramificado.
Hamamelis × intermedia, el híbrido entre las dos anteriores. Aquí está prácticamente todo el catálogo de vivero, y con razón: reúne la floración abundante, la variedad de color y un vigor que ninguno de los padres tiene por separado.
Hamamelis virginiana, del este de Norteamérica. La rara del grupo, porque florece en octubre y noviembre, con la hoja todavía en la rama o recién caída, y sus flores son pequeñas y amarillas sin gran interés ornamental. Es, en cambio, la especie de la que se obtiene el agua de hamamelis de farmacia, y la que se usa como patrón para injertar a las demás.
Variedades que merecen el sitio
De H. × intermedia, 'Pallida' sigue siendo la referencia: amarillo azufre limpio, floración densísima y el mejor perfume del grupo. 'Arnold Promise' florece más tarde, ya en febrero, en amarillo intenso, y prolonga la temporada si plantas las dos. 'Jelena' da flores cobrizas anaranjadas y un color otoñal de la hoja que compite con el de un liquidámbar. 'Diane' es la roja clásica, y 'Ruby Glow' una alternativa más cobriza.
Hay una regla que no suele aparecer en la etiqueta y que decide compras: las variedades amarillas huelen mucho más que las rojas y anaranjadas. Si compras 'Diane' esperando el perfume que te describieron, te vas a llevar un chasco; el aroma está prácticamente ausente en las de flor oscura. Y hay otra pega con las rojas: el granate se pierde contra un fondo de tierra o de seto oscuro. Necesitan cielo detrás, un muro claro o nieve para leerse bien.
Dónde se puede cultivar en España
Esta es la conversación honesta que hay que tener antes de gastar el dinero, porque un hamamelis de tres años en maceta de 15 litros no es barato.
La planta aguanta el frío sin problema: la madera resiste por debajo de -20 °C y las flores abiertas soportan -8 o -10 °C enrollándose. Lo que no aguanta es el verano mediterráneo: aire seco, más de 35 °C sostenidos y suelo que se seca en profundidad. En esas condiciones la hoja se quema por el margen en julio, la planta se defolia en agosto y llega al invierno sin haber formado yemas de flor.
Traducido al mapa: prospera en Galicia, la cornisa cantábrica, el País Vasco, la Navarra húmeda, el Pirineo y las sierras del norte y del sistema Central. Es cultivable con cuidados en zonas frescas del interior si le das sombra de tarde y riego de verdad en verano. Y no funciona en el Levante, el valle del Guadalquivir, el litoral mediterráneo ni Baleares. Se puede mantener vivo unos años allí, pero no es lo mismo que cultivarlo.
El segundo condicionante es el suelo. Quiere pH entre 5 y 6,5, suelo profundo, fresco y rico en materia orgánica. Aquí hay un matiz que conviene tener claro: no es tan estrictamente calcífugo como un rododendro. Tolera un suelo neutro, de pH 7, si es profundo y tiene humus; lo que no soporta es la caliza activa. En un suelo calizo de la meseta o del Levante, la hoja amarillea entre los nervios el primer verano y la planta se apaga en dos o tres temporadas.
Plantación
La ventana buena va de octubre a marzo, con la planta en reposo. Otoño es mejor que primavera porque la raíz tiene todo el invierno para instalarse antes del primer calor. En raíz desnuda, solo en pleno reposo y plantando el mismo día que llega.
Abre un hoyo del doble de ancho que el cepellón pero no mucho más hondo. La raíz del hamamelis es superficial y extendida, no profunda, así que interesa mejorar el suelo a lo ancho y no cavar un pozo. Mezcla la tierra extraída con mantillo de hojas o compost bien hecho, en proporción de un tercio como mucho.
Lo que sí hay que mirar con lupa: el punto de injerto tiene que quedar por encima del nivel del suelo. Se ve como un engrosamiento o una cicatriz oblicua en la base del tronco. Si lo entierras, la variedad puede echar raíz propia, pero sobre todo pierdes la posibilidad de distinguir los rebrotes del patrón cuando aparezcan.
Después de plantar, riega abundantemente y pon de 5 a 8 centímetros de acolchado de corteza de pino, mantillo de hoja o restos de poda triturados, dejando un palmo libre alrededor del tronco. El acolchado no es opcional en esta planta: mantiene fresca la raíz superficial, que es exactamente lo que la planta necesita y lo que un verano español le quita.
Deja 2,5 o 3 metros hasta lo siguiente. Colócalo donde el sol bajo de invierno lo ilumine por detrás —las flores acintadas a contraluz son otra cosa— y cerca de un paso o de una puerta si has elegido una variedad amarilla, para aprovechar el perfume.
Riego, abonado y mantenimiento
Quiere humedad constante sin encharcamiento. Durante los dos o tres primeros años, riego semanal en verano y más frecuente en olas de calor; después, riegos de apoyo en los periodos secos. En suelo pesado y mal drenado aparece Phytophthora, la raíz se pudre y la planta se marchita entera sin previo aviso a mediados de verano.
Si tu agua del grifo es dura —y en buena parte de España lo es—, riega con agua de lluvia siempre que puedas, sobre todo en maceta. Los bicarbonatos del agua dura suben el pH del sustrato temporada tras temporada y acaban provocando la clorosis que el suelo, por sí solo, no habría causado.
El abonado es poco exigente. Una aportación de compost o mantillo de hojas sobre el acolchado a finales de invierno cubre el año. Si prefieres fertilizante, uno para plantas acidófilas a dosis de etiqueta, una sola vez a la salida del invierno. Nada de abonar después de julio: los brotes tiernos de final de verano no maduran a tiempo y se hielan.
Poda: menos es más
El hamamelis florece sobre la madera del año anterior. Poda en otoño o a principios de invierno y estarás cortando exactamente las yemas de flor que esperabas ver. Si hay que intervenir, se hace justo después de la floración, entre finales de febrero y marzo, antes de que broten las hojas.
Y la intervención debería ser mínima: quitar ramas cruzadas, secas o mal dirigidas, y poco más. Es un arbusto de crecimiento lento y silueta natural bonita; recortarlo para hacerlo compacto lo estropea y le cuesta años recuperar el porte.
Hay una tarea que sí es obligatoria y anual. Los ejemplares injertados sobre H. virginiana emiten rebrotes del patrón desde la base. Si los dejas, crecen más rápido que la variedad, la ahogan en cuatro o cinco años y acabas con un arbusto de flores pequeñas y otoñales en lugar del que compraste. Se reconocen porque salen por debajo del injerto y su hoja es distinta. Elimínalos en la base, arrancándolos de un tirón en vez de cortándolos con tijera: así se llevan la yema latente y no vuelven a brotar del mismo punto. Repasa cada primavera.
Problemas reales
Es un arbusto sano y con pocos enemigos. Lo que puede pasarle, por orden de importancia práctica:
Clorosis férrica. Hoja amarilla con los nervios verdes, empezando por los brotes nuevos. Es un problema de pH, no de falta de hierro en el suelo: el hierro está pero la planta no puede tomarlo. Un quelato de hierro (preferiblemente EDDHA, que es el que funciona en suelo alcalino) corrige el síntoma en unas semanas, pero si el suelo es calizo tendrás que repetirlo todos los años. Es un parche, no una solución.
Armillaria, el hongo de la miel. Ataca la base del tronco y las raíces; se ve el micelio blanco en abanico bajo la corteza, con olor a champiñón. Mata el arbusto y no tiene tratamiento. Si has perdido otras plantas leñosas en el mismo punto del jardín, no repitas ahí.
Cochinillas en ramas viejas y pulgones en los brotes tiernos de primavera. Ambos son manejables: chorro de agua a presión, jabón potásico o aceite de parafina en invierno para las cochinillas.
Manchas foliares en veranos húmedos, y algún foco de oídio. Son estéticos y llegan cuando la hoja ya ha hecho su trabajo. Recoger la hojarasca en otoño basta.
Quemaduras de sol y viento. El margen de la hoja se seca y se enrolla en julio. No es una plaga: es sequía atmosférica más sequía de suelo. Se corrige con acolchado, riego y protección de los vientos secos.
Multiplicación
Ninguna vía es rápida, y ese es el motivo de que la planta sea cara.
Semilla. Tiene doble latencia: necesita un periodo cálido (unos tres meses en torno a 20-25 °C) seguido de otro frío (tres meses a 4 °C) antes de germinar. Sembrada al aire libre en otoño, nace en la segunda primavera, no en la primera. Y solo sirve para las especies: las variedades como 'Pallida' o 'Jelena' no se reproducen fielmente por semilla, salen plantas distintas y casi siempre peores.
Esqueje. Enraíza mal y con porcentajes bajos incluso con hormona y cama caliente. No es una vía práctica en jardín doméstico.
Acodo aéreo o de rama baja. Es lo más viable para un aficionado. Se hace en primavera doblando una rama flexible hasta el suelo, hiriendo la corteza en el punto de contacto y enterrándola. Tarda uno o dos años en enraizar lo suficiente para separarla, pero funciona y conserva la variedad.
Injerto. Es el método comercial: escudete en agosto o injerto de púa en febrero, siempre sobre plántulas de H. virginiana. Requiere tener el patrón y algo de mano, con la contrapartida de los rebrotes que ya hemos comentado.
El agua de hamamelis: qué dice la tradición y qué dice la evidencia
Aquí hay que separar dos plantas que en la conversación se mezclan. La que hay en la farmacia es Hamamelis virginiana, de cuya corteza y hoja se obtienen los preparados. El H. × intermedia del jardín no es la planta oficinal, y sus hojas no son un sustituto.
La tradición, de origen norteamericano y adoptada en Europa en el siglo XIX, le atribuye propiedades astringentes y la usa por vía tópica para hemorroides, varices, irritaciones leves de la piel, contusiones y ojos cansados. Su base química es real: la hoja y la corteza contienen taninos, entre ellos la hamamelitanina, que precipitan proteínas de superficie y producen ese efecto de "cerrar" el tejido.
La evidencia clínica es más modesta de lo que sugiere la fama. La Agencia Europea del Medicamento lo reconoce como medicamento tradicional a base de plantas, una categoría que se concede por uso prolongado y seguridad aceptable, no por ensayos que demuestren eficacia. Los estudios disponibles para el uso tópico en irritaciones cutáneas leves y en molestias hemorroidales son pequeños y de calidad desigual; permiten decir que es razonable como calmante local, no que resuelva ninguna de esas afecciones. Para varices no hay ensayos clínicos que respalden su uso, y ninguna presentación de hamamelis actúa sobre la insuficiencia venosa de fondo.
Un dato que aclara bastante: el agua destilada de hamamelis, que es la presentación más común en droguería, contiene muy pocos taninos —se pierden en la destilación— y suele llevar alcohol añadido. No es equivalente a un extracto de corteza, aunque el nombre del envase sea parecido.
Precauciones
El uso sensato es externo y sobre piel íntegra. Los preparados con alcohol resecan e irritan si se aplican de forma repetida, y no deben usarse en heridas abiertas, mucosas ni cerca de los ojos salvo que el producto esté formulado para eso. Se han descrito dermatitis de contacto, poco frecuentes pero reales.
Por vía interna no procede: las infusiones caseras de corteza pueden irritar el estómago por la carga de taninos, que además interfieren con la absorción de hierro y de algunos medicamentos si se toman a la vez. No hay datos de seguridad suficientes en embarazo y lactancia para el uso oral. En este artículo no vas a encontrar preparaciones ni dosis, y es deliberado.
Si tienes hemorroides que no mejoran, varices que duelen o una lesión cutánea que no cierra, la consulta es con el médico o el farmacéutico. El hamamelis del jardín es para mirarlo en enero.
En resumen
El hamamelis paga con creces el sitio que ocupa si el sitio es el adecuado: seis semanas de flor perfumada en pleno invierno y un color otoñal de primer nivel, a cambio de muy poco mantenimiento. Las condiciones no negociables son suelo ácido o neutro sin caliza activa, humedad fresca constante y veranos que no pasen de moderados; con eso, el norte peninsular y la montaña son su terreno, y el clima mediterráneo de costa e interior seco, no.
De lo demás, tres cosas que deciden el resultado. Compra amarillo si buscas perfume, porque las variedades rojas y cobrizas casi no huelen. Acolcha desde el día de la plantación y no dejes que la raíz superficial se seque en agosto. Y quita cada primavera los rebrotes que salgan por debajo del injerto, o en cinco años tendrás un Hamamelis virginiana silvestre donde plantaste una 'Pallida'.