Las espinas de un pie silvestre de Gleditsia triacanthos salen del propio tronco, se ramifican en tres o más puntas y llegan a medir quince centímetros. Atraviesan la suela de una bota y pinchan la rueda de una carretilla. Ese detalle explica por qué prácticamente todo lo que se planta hoy en calles y jardines pertenece a formas inermes seleccionadas, y por qué comprar esta especie «de semilla» en un vivero barato puede salir muy mal.
Dicho eso, el árbol tiene virtudes difíciles de igualar: crece rápido, aguanta suelos calizos, compactados y salinos, soporta la sequía estival del interior peninsular y proyecta una sombra ligera y moteada bajo la que sí prospera el césped. Es un árbol de ciudad de primera categoría y un árbol de jardín que hay que colocar con cabeza.
Qué es exactamente esta acacia que no es una acacia
Gleditsia triacanthos es un árbol caducifolio de la familia de las leguminosas (Fabaceae, subfamilia Caesalpinioideae), originario del centro y este de Estados Unidos, donde ocupa vegas y fondos de valle de suelos profundos. En España se conoce como acacia de tres espinas, acacia de tres puntas o algarrobo negro, y en inglés como honey locust, por la pulpa dulce de sus vainas.
Ninguno de esos nombres populares es botánicamente correcto. No es una Acacia —las verdaderas acacias son mimosoideas, con flores en glomérulos amarillos— ni tiene relación estrecha con la falsa acacia, Robinia pseudoacacia, con la que se confunde a diario. Distinguirlas es fácil una vez que se sabe dónde mirar: la robinia tiene hoja pinnada con folíolos ovales y grandes, dos espinas cortas y rectas en la base de cada hoja, y racimos colgantes de flores blancas muy vistosas y perfumadas. La gleditsia tiene folíolos mucho más pequeños, hojas a menudo bipinnadas en las ramas vigorosas, espinas largas y ramificadas que brotan del tronco, y flores verdosas insignificantes.
Alcanza de 15 a 25 m en su tierra; en jardín español lo normal es que se quede entre 12 y 18 m, con copa abierta y aparasolada de anchura similar a la altura. La corteza es gris parda, agrietada en placas alargadas. Las hojas son alternas, de 15 a 20 cm, con folíolos de apenas 1-3 cm que en otoño viran a un amarillo limpio y luminoso, uno de los mejores colores otoñales entre los árboles de calle.
Florece en mayo o junio, con flores pequeñas, verde amarillentas y ligeramente aromáticas, muy visitadas por las abejas. El fruto es una legumbre grande, de 20 a 45 cm, aplanada, retorcida en espiral y de un pardo casi negro cuando madura en otoño. Contiene una pulpa azucarada que el ganado come con gusto —de ahí su uso forrajero histórico— y semillas durísimas.
Conviene deshacer aquí una creencia muy extendida: ser leguminosa no significa fijar nitrógeno. Gleditsia triacanthos no forma nódulos radiculares con rizobios y no aporta nitrógeno al suelo. Quien la plante esperando que «mejore el terreno» como hace una robinia o una Acacia está contando con algo que no va a suceder. Su suelo seguirá necesitando el mismo abonado que antes.
Variedades y cultivares: aquí se juega el resultado
La especie tipo es espinosa y fructifica en abundancia. Existe una variedad natural sin espinas, Gleditsia triacanthos var. inermis, y sobre ella se han seleccionado casi todos los clones de jardinería. Estos son los que se encuentran en vivero español:
- 'Sunburst' (también 'Aurea'): el más vendido. Brotación primaveral de un amarillo dorado intenso que va virando a verde claro en verano. Inerme y prácticamente sin fruto. Se queda pequeño, 8-12 m. Tiene dos pegas: en el interior peninsular, con sol de tarde y aire seco, el follaje dorado se quema por los bordes en julio y agosto; y su estructura de ramas es floja, con horquillas cerradas que se desgarran con el viento si no se forma bien de joven.
- 'Skyline': porte piramidal, eje central marcado, verde oscuro, sin espinas y sin apenas fruto. Es la elección sensata para alineaciones y para quien no quiera problemas estructurales.
- 'Shademaster': copa amplia y vigorosa, hoja verde intenso que se mantiene un poco más tarde en otoño. Excelente como árbol de sombra en parque.
- 'Ruby Lace': brotación bronce rojiza que pasa a verde bronceado. Vistoso, pero más delicado y de crecimiento irregular.
- 'Elegantissima': arbustivo o de pequeño porte, compacto, apenas 4-6 m. Útil en patios y jardines muy pequeños.
Todos estos cultivares se propagan por injerto sobre patrón de semilla, y ahí está la trampa que se paga años después: si el injerto va bajo y el patrón rebrota, esos rebrotes sí llevan espinas y sí darán fruto. Hay que eliminarlos en cuanto asoman, cortándolos a ras del punto de emisión y no dejando tocones que vuelvan a brotar. Del mismo modo, un ejemplar vendido como «Gleditsia triacanthos» a secas, sin nombre de cultivar y a precio de saldo, es probablemente un plantón de semilla: en cinco o seis años tendrás un tronco erizado de púas junto al camino de entrada.
Dónde plantarla
A pleno sol, sin discusión. A media sombra se estira, pierde densidad de copa y el dorado de 'Sunburst' se apaga hasta quedar en un verde amarillento sucio.
Sobre distancias: deja al menos 6-8 m a la fachada más próxima y no menos de 4 m al borde de un acerado o al trazado de una conducción. El sistema radicular es fuerte y bastante superficial en sus raíces principales de anclaje; en aceras estrechas levanta baldosas con el tiempo. Además, y esto sorprende a quien lo descubre tarde, la gleditsia rebrota de raíz cuando esta se daña: una zanja abierta a tres metros del pie puede llenarte el césped de retoños espinosos durante un par de temporadas.
Tolera muy bien la contaminación urbana, la reverberación del asfalto y la brisa marina cargada de sal, así que funciona en calle, en rotonda y en jardín costero. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado ni las heladas tardías muy severas sobre brotación tierna, aunque su brotación tardía la protege de casi todas.
Un aviso práctico: si vas a plantarla junto a una piscina o una terraza, elige un cultivar sin fruto. Las vainas de 40 cm caen en otoño, se pudren, manchan el pavimento y obstruyen los skimmers. En cambio, la hoja no es problema: los folíolos son tan pequeños que se secan y desaparecen entre la hierba sin necesidad de rastrillo, una ventaja real frente a plátanos y moreras.
Suelo y plantación
Es de las especies menos exigentes que existen en cuanto a suelo. Vive en calizos con pH de hasta 8 o 8,5 sin clorosis, en arcillas compactadas de obra, en suelos pobres, pedregosos y hasta moderadamente salinos. Lo único que le sienta mal de verdad es el suelo permanentemente saturado: si tu terreno se queda encharcado dos días después de una lluvia fuerte, planta sobre un caballón elevado o busca otro sitio.
La época de plantación depende del formato. A raíz desnuda, de noviembre a febrero, con el árbol dormido; es la forma más barata y la que mejor arraiga si se hace bien. En contenedor, de octubre a marzo en el sur y el levante, y de octubre a abril en el norte y el interior; en verano se puede, pero exige riego casi diario y no compensa.
Abre un hoyo ancho, de dos o tres veces el diámetro del cepellón, y no más profundo que él. El cuello debe quedar a nivel del terreno o un par de centímetros por encima: enterrarlo es una de esas cosas que no matan al árbol el primer año pero lo van estrangulando durante diez. Rellena con la misma tierra del sitio, sin tentaciones de meter estiércol fresco ni turba en el fondo. Riega de asiento con abundancia para asentar el suelo y elimina las bolsas de aire, y si el ejemplar pasa de 2 m, tutórialo con dos tutores laterales y ataduras flexibles durante las dos primeras temporadas, retirándolos después. Un tutor que se olvida acaba clavado en la corteza.
Riego y abonado
La gleditsia adulta es de las que aguantan sin riego el verano peninsular, incluso en Castilla o Aragón. Pero esa resistencia se gana en los tres primeros años, y ahí no se puede escatimar.
Durante la primera temporada, riegos profundos y espaciados: de 30 a 50 litros por planta cada semana en pleno verano, aplicados despacio en un alcorque, mejor que dos litros diarios en superficie. El objetivo es obligar a la raíz a bajar. El segundo y tercer año se puede pasar a un riego copioso cada diez o quince días de junio a septiembre. A partir del cuarto, en el norte y buena parte del interior sobra con la lluvia; en el sur y sureste, un par de riegos de socorro en julio y agosto mantienen la hoja hasta octubre en lugar de perderla en agosto.
De abono necesita poco y conviene darle poco. Un aporte de compost o estiércol maduro extendido sobre el alcorque a finales de invierno, cada dos o tres años, cubre de sobra sus necesidades en un suelo de jardín normal. El nitrógeno en exceso le perjudica: produce brotes largos, blandos y acuosos que atraen pulgón y cecidomia, que no lignifican bien antes del invierno y que se desgajan con el primer temporal. Si el árbol está en césped y ya recibes el abonado del césped, no añadas nada más.
Poda: poca, temprana y bien dirigida
El trabajo importante se hace en los primeros cinco o seis años y consiste en formar un eje central único. La gleditsia tiende a producir horquillas de ramas codominantes con corteza incluida, uniones que parecen sólidas y se abren en canal a los veinte años con un golpe de viento. Cada invierno, identifica la guía principal y acorta o elimina la rama que le compite. Reparte también las ramas principales a distinta altura, evitando que salgan tres o cuatro del mismo punto.
El árbol formado apenas necesita intervención: retirar ramas secas, cruzadas o rotas, y levantar la copa progresivamente si pasa gente o coches por debajo. La época adecuada es el reposo invernal, de diciembre a febrero, con el árbol sin hoja y las heladas fuertes ya pasadas o antes de que lleguen. Corta siempre respetando el cuello de la rama, sin dejar tocones ni hacer cortes al ras del tronco.
Lo que arruina un ejemplar es el desmoche. Cortar la copa por lo sano provoca una nube de rebrotes epicormicos mal anclados, abre heridas grandes que esta especie cicatriza mal y es la puerta de entrada del chancro de Thyronectria. Un árbol desmochado a los quince años es un árbol peligroso a los veinticinco. Si te ha crecido demasiado para el sitio, el problema fue la elección del sitio, y la solución no está en la motosierra.
Multiplicación
Por semilla se propaga la especie tipo, no los cultivares: la descendencia de un 'Sunburst' no sale dorada. La semilla tiene una cubierta impermeable durísima y necesita escarificación previa; sin ese paso puede tardar años en germinar o no hacerlo nunca. Se siembra a comienzos de primavera en bandeja con sustrato arenoso, a un centímetro de profundidad, y germina en dos o tres semanas con temperaturas de 20-25 ºC. Recuerda que esos plantones serán espinosos y fructíferos.
Los cultivares se multiplican por injerto sobre patrón de G. triacanthos de semilla: injerto de púa a finales de invierno bajo abrigo, o de escudete a ojo dormido en agosto. Las estacas de madera no arraigan con facilidad; las estacas de raíz tomadas en invierno sí funcionan razonablemente bien, pero reproducen el patrón, no el cultivar injertado sobre él.
Plagas y enfermedades que verás de verdad
Cecidomia de la gleditsia (Dasineura gleditchiae). Es la más común. Un mosquito diminuto pone en los folíolos tiernos y estos se pliegan formando agallas alargadas verdosas o rojizas que acaban secándose. Da varias generaciones al año y afecta sobre todo a la brotación de primavera y a los cultivares dorados. Es antiestética, pero rara vez compromete la vida del árbol; recoger y destruir la hoja afectada en los primeros focos y evitar el exceso de nitrógeno reduce mucho el problema. En árboles jóvenes muy atacados se puede recurrir a un tratamiento, siempre respetando los productos autorizados y los plazos indicados en la etiqueta.
Araña roja (Tetranychus spp., Eotetranychus spp.). En veranos secos y calurosos, típicos del interior, el envés se llena de ácaros, la hoja adquiere un tono bronceado grisáceo y el árbol defolia en agosto. Es un problema de estrés hídrico y ambiente seco: un árbol bien regado lo pasa mucho mejor.
Chancros (Thyronectria austroamericana y otros). Aparecen en ramas debilitadas por sequía, heridas de poda mal hechas o desmoche, con zonas de corteza hundida y muerte progresiva de la rama. No hay cura química práctica; se corta la rama afectada bastante por debajo de la lesión, desinfectando la herramienta entre corte y corte, y se corrige la causa de fondo.
También pueden aparecer pulgones en primavera —normalmente sin importancia— y ataques de barrenillos en ejemplares ya en decadencia.
Rusticidad y clima
Aguanta perfectamente hasta -25 ºC, y en madera bien agostada hasta -30 ºC. En términos prácticos eso significa que se cultiva sin problemas en cualquier punto de la Península, incluidas las zonas frías de Castilla y León, Aragón o la meseta soriana. En el otro extremo soporta los 40 ºC y más del verano de Andalucía o de la depresión del Ebro siempre que el suelo tenga algo de fondo.
Su brotación tardía —a menudo no despliega hoja hasta bien entrado abril— la pone a salvo de las heladas tardías que arruinan a otros árboles. La contrapartida es que también defolia pronto, en octubre o principios de noviembre. Entre octubre y abril tendrás un árbol desnudo: en calle da igual e incluso interesa, porque deja pasar el sol de invierno, pero en un jardín pequeño donde se busca sombra o pantalla visual, ese medio año de ramas peladas es un factor a valorar antes de plantar.
Para qué sirve, además de dar sombra
Su uso principal es el arbolado urbano: alineaciones de calle, aparcamientos, plazas duras y rotondas, donde su tolerancia a la compactación, la sal de carretera y la sequía la hace casi imbatible. En jardinería privada funciona muy bien como árbol de sombra ligera sobre una pradera —el césped sigue creciendo bajo su copa, cosa que no ocurre bajo una morera o un tilo— y como sombra estival de terraza si se elige un cultivar sin fruto.
En medio rural se ha usado como cortavientos y como productor de forraje: las vainas maduras, con un contenido notable de azúcares, se recogen y se dan al ganado ovino, caprino y bovino. Su madera es dura, pesada y muy resistente a la pudrición, tradicionalmente empleada en postes, traviesas y utensilios. Y las flores, discretas como son, tienen interés melífero.
Sobre las vainas conviene ser preciso: la pulpa es dulce y el ganado la aprovecha sin problema, pero eso no la convierte en un fruto silvestre para consumo humano y no es asunto de este artículo recomendar nada al respecto. Nada que ver, en todo caso, con la robinia, cuya corteza y semillas sí contienen compuestos tóxicos. El riesgo real de la gleditsia son sus espinas: producen heridas punzantes profundas, que se infectan con facilidad y que en el jardín justifican guantes gruesos y precaución con niños y perros. Si te clavas una espina de un ejemplar silvestre, lava bien y consulta si tienes la antitetánica al día.
¿Se comporta como invasora?
La respuesta honesta es: depende de dónde y de qué planta. Gleditsia triacanthos figura entre las especies exóticas invasoras de referencia mundial y ha causado problemas serios en Argentina, Australia y Sudáfrica, donde coloniza pastizales y riberas formando masas impenetrables. En España no está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, y por eso se sigue plantando y comercializando con normalidad, pero sí se ha naturalizado en tramos de ribera y sotos de varias cuencas, sobre todo en el valle del Ebro y en zonas de Extremadura y Castilla.
La mecánica del escape es simple: los árboles fructíferos producen enormes cantidades de vainas, el ganado y la fauna las comen, la semilla pasa el tubo digestivo escarificada y germina lejos del pie madre. Además rebrota vigorosamente de raíz y de tocón, así que cortarla sin más multiplica el problema.
La consecuencia práctica para el jardinero es clara. Si vives cerca de un río, un arroyo, un soto o cualquier terreno abandonado, planta un cultivar inerme y sin fruto ('Skyline', 'Shademaster', 'Sunburst') y no un ejemplar de semilla. Y si ya tienes un pie fructífero, recoge las vainas en otoño en lugar de dejarlas en el suelo. No es un gesto simbólico: es la diferencia entre un árbol de jardín y un foco de dispersión.
En resumen
Gleditsia triacanthos es un árbol de crecimiento rápido, sombra ligera y color otoñal amarillo, que soporta la caliza, la compactación, la sal y la sequía como pocos, resiste hasta -25 ºC y prospera en toda la Península. Ese conjunto la convierte en una de las mejores opciones para calle, aparcamiento o jardín amplio.
Las decisiones que determinan el resultado son tres. La primera, comprar un cultivar injertado, inerme y sin fruto, no un plantón de semilla, y eliminar cualquier rebrote del patrón en cuanto aparezca. La segunda, darle sitio de sobra —seis metros o más a fachadas, cuatro a aceras y conducciones— y sol pleno, sabiendo que las raíces rebrotan si se lesionan. La tercera, formar un eje central los primeros años y no volver a tocar la copa después, porque el desmoche abre la puerta a los chancros y arruina la estructura para siempre.
Riega en profundidad las tres primeras temporadas, olvida el abonado nitrogenado, vigila la cecidomia en la brotación y la araña roja en los veranos secos, y recuerda que, pese a ser leguminosa, no fija nitrógeno ni mejora el suelo. Con esas cautelas tendrás durante décadas un árbol que da sombra sin quitar luz y que no te obliga a rastrillar hojas en noviembre.