A finales de marzo, al pie de un muro orientado al norte o en el alcorque de un naranjo de calle, aparecen unas matas bajas de hojas casi circulares y flores rosadas del tamaño de una lenteja. Eso es Geranium rotundifolium, la sausana, y no la compraste ni la sembraste: llegó sola.

Conviene aclarar dos cosas antes de seguir, porque condicionan todo lo demás. La primera es que no se trata de un arbusto ni de una mata leñosa, sino de una hierba anual que nace con las lluvias de otoño, florece en primavera y está seca en junio. La segunda es que no tiene nada que ver con el geranio de balcón, que pertenece a otro género. Quien busque instrucciones de riego, abonado y poda para esta planta está buscando algo que no existe, porque la sausana se cuida sola o no se cuida.

Flores rosadas de Geranium rotundifolium vistas de cerca

Cómo es la planta, parte por parte

Geranium rotundifolium L. pertenece a la familia Geraniaceae. Mide entre 10 y 40 centímetros, con tallos ramificados desde la base, tumbados o ascendentes, de color verde a rojizo y cubiertos de pelos blandos y glandulosos que se notan pegajosos al tacto.

Las hojas le dan el nombre: son orbiculares o arriñonadas, de 1 a 5 centímetros de ancho, divididas de forma palmeada en cinco a nueve lóbulos que no llegan a la mitad del limbo y que terminan en dientes romos. El contorno general sigue siendo redondo, sin las divisiones profundas y afiladas que se ven en otros geranios silvestres. Van sobre pecíolos largos, y las de la roseta basal suelen ser mayores que las del tallo.

Las flores salen de dos en dos sobre un pedúnculo común, un rasgo de casi todo el género. Tienen cinco pétalos rosados, de 4 a 7 milímetros, de borde entero o apenas escotado y ápice redondeado, algo más largos que los sépalos. Los diez estambres llevan anteras funcionales, detalle que sirve para separarla de alguna especie parecida. La floración va de marzo a junio en la mayor parte de la Península, se adelanta a febrero en Andalucía y el litoral mediterráneo, y se retrasa hasta julio en zonas de montaña.

El fruto es el pico de cigüeña característico: cinco mericarpos alargados unidos a una columna central. En esta especie los mericarpos son lisos, sin arrugas transversales, y están cubiertos de pelos largos; las semillas tienen la superficie reticulada, con un punteado fino visible con lupa. Cuando maduran, la estructura se abre de golpe y proyecta las semillas a metro o metro y medio de la planta madre. De ahí que aparezcan corros que se van ensanchando año tras año.

El geranio del balcón es otra cosa

Las plantas de flor grande que llenan las barandillas en verano no son Geranium: son Pelargonium, sobre todo Pelargonium zonale, la gitanilla Pelargonium peltatum y el llamado geranio de pensamiento, Pelargonium grandiflorum. Son dos géneros distintos dentro de la misma familia, con origen y comportamiento opuestos.

La diferencia importa en la práctica. Los Pelargonium vienen de Sudáfrica, son perennes de tallo carnoso, sufren con las heladas y tienen flores zigomorfas —con simetría de espejo, dos pétalos arriba distintos de los tres de abajo— y un espolón nectarífero fundido con el pedicelo. Los Geranium verdaderos, como la sausana, son de flor actinomorfa, con los cinco pétalos iguales repartidos en círculo, y en su mayoría resisten el frío sin inmutarse.

Consecuencia directa: todo lo que se lee sobre araña roja, sobre la oruga del geranio (Cacyreus marshalli) o sobre esquejes de tallo en agosto se refiere a los Pelargonium y no aplica aquí. Ninguna de esas plagas encuentra sausana en agosto por la sencilla razón de que en agosto la sausana lleva dos meses seca.

Distinguirla de los otros geranios silvestres

En un mismo margen de camino pueden convivir cuatro o cinco especies anuales del género. Estas son las claves que funcionan en el campo, sin necesidad de flora:

Geranium molle, el geranio de hoja blanda, es el que más se confunde con ella. Comparte hojas redondeadas y flores rosadas, pero sus pétalos están claramente escotados en dos lóbulos y son de un rosa más vivo, casi purpúreo. La prueba definitiva está en el fruto: los mericarpos de G. molle son lampiños y llevan arrugas transversales muy marcadas, como un fuelle. Los de G. rotundifolium son lisos y peludos.

Geranium pusillum tiene flores más pequeñas y pálidas, hojas divididas más profundamente y solo cinco estambres fértiles de los diez.

Geranium dissectum se reconoce de lejos: sus hojas están cortadas en segmentos estrechos casi hasta el pecíolo, y las flores son de un rosa oscuro con venas marcadas.

Geranium robertianum, la hierba de San Roberto, tiene hojas muy divididas, tallos rojizos y un olor fuerte y desagradable al estrujarla que ninguna de las anteriores comparte. Prefiere sombra y humedad.

Geranium lucidum destaca por sus hojas brillantes, casi sin pelos, y sus tallos rojos translúcidos. Es habitual en muros de piedra y taludes umbríos.

Dónde sale y qué está diciendo cuando sale

La sausana crece en toda la Península, Baleares y Canarias, desde el nivel del mar hasta unos 1.500 metros. Es una planta ruderal y nitrófila: prefiere suelos removidos, algo compactados y con nitrógeno de sobra. Bordes de camino, olivares, viñedos, bases de muro, alcorques urbanos, huertos abandonados, macetas grandes que llevan tiempo sin escardar.

Su presencia masiva en un parterre o en un césped no es casual. Suele indicar suelo con exceso de materia orgánica sin descomponer, pisoteo o paso de maquinaria, y superficie desnuda entre otoño y primavera. Si aparece en un césped, casi siempre es en las calvas y en las zonas de sombra donde la gramínea ha ralentizado el crecimiento invernal. Corregir esas condiciones —densificar el césped con una resiembra otoñal, airear la zona compactada, mantener el suelo cubierto— resuelve más que cualquier tratamiento.

El ciclo, que explica todo lo demás

Es una anual de invierno. Las semillas germinan con las primeras lluvias serias de octubre y noviembre, cuando la temperatura del suelo ronda los 12-18 °C. La plántula pasa el invierno como roseta pegada al suelo, aguantando heladas moderadas sin daño aparente. En cuanto se alarga el día levanta los tallos, florece, fructifica y en junio ya está seca del todo, antes de que llegue el calor fuerte.

De este calendario se derivan dos cosas útiles. La primera es que no compite por el agua de verano: cuando el olivo, la vid o el arbusto ornamental empiezan a pasar sed, la sausana ya ha desaparecido. Arrancarla en mayo por miedo a que "chupe agua" no ahorra nada. La segunda es que la ventana para actuar es corta y está en otoño. Una escarda superficial en noviembre, con la plántula del tamaño de una moneda, elimina la generación entera. La misma escarda en abril, con la planta ya en flor, llega tarde: los frutos más viejos ya han soltado semilla.

El banco de semillas del suelo persiste varios años, así que la desaparición no es inmediata aunque se acierte con el momento. Hay que repetir dos o tres otoños seguidos.

Si la quieres en el jardín

No es una planta de vivero y no tiene sentido buscarla en uno. Se establece recogiendo semilla de una población local en mayo, cuando los picos empiezan a pardear —conviene meter la infrutescencia en una bolsa de papel, porque si se espera a que estén negros la planta ya los ha disparado—, y sembrándola a voleo sobre suelo rastrillado en octubre. Se cubre apenas, se riega una vez para asentar y no se toca más.

Funciona bien en praderas naturalizadas, en los huecos entre arbustos mediterráneos, al pie de setos y en olivares o frutales de secano como parte de la cubierta vegetal invernal. Ahí cumple una función real: protege el suelo de la erosión durante las lluvias de otoño e invierno, aporta materia orgánica al secarse y alimenta a abejas solitarias y sírfidos en un momento del año en que hay poca flor abierta. Es una planta que se autopoliniza con facilidad, pero recibe visitas de himenópteros pequeños.

Como ornamental de maceta o de balcón no aguanta: es demasiado laxa, la flor demasiado pequeña y el ciclo demasiado breve. Quien la meta en una jardinera esperando color de junio a septiembre se va a encontrar en junio con un montón de tallos secos.

Si la quieres fuera

La raíz es pivotante pero corta y poco agarrada; a mano sale entera si el suelo está húmedo. En superficies pequeñas, arrancado manual en invierno. En parterres, un acolchado de 5-7 centímetros de corteza, grava o restos de poda triturados aplicado en septiembre impide la germinación de la mayor parte de las semillas, que necesitan estar en superficie o muy someras.

Sobre herbicidas hay un dato que merece la pena conocer. Las especies anuales de Geranium figuran entre las que peor responden al glifosato a dosis normales, y en olivares y viñedos españoles manejados durante años solo con ese producto se ha documentado un desplazamiento de la flora hacia especies tolerantes, con G. rotundifolium y G. molle entre las que ganan terreno. Es decir: tratar y volver a tratar con lo mismo la selecciona en lugar de eliminarla. La alternativa razonable pasa por alternar el manejo —siega, laboreo superficial, cubierta sembrada que compita— en vez de subir la dosis. Y en jardinería doméstica hay que tener presente que buena parte de los herbicidas que se usaban hace veinte años ya no están autorizados para uso no profesional; cualquier producto debe estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios y aplicarse tal como indica su etiqueta.

En césped, la siega no la controla bien porque florece y fructifica muy pegada al suelo si se la corta a menudo. Ahí lo que funciona es la competencia: fertilización otoñal equilibrada, resiembra de las calvas y altura de corte alta.

Problemas sanitarios que sí tiene

Siendo una anual silvestre y rústica, rara vez sufre nada que importe. Lo que puede verse:

Oídio. Polvillo blanco en el haz de las hojas al final de la primavera, cuando alternan noches frescas y días templados. En una planta que va a morir en cuatro semanas no justifica ningún tratamiento.

Roya. Pústulas pardas en el envés causadas por hongos del género Uromyces, específicos de geranios verdaderos. No pasa a los Pelargonium del balcón, que sufren su propia roya, distinta.

Botritis. En invierno lluvioso y con mata densa, la podredumbre gris puede aparecer sobre hojas viejas en contacto con el suelo. Es un hongo oportunista: entra por tejido ya muerto o dañado. Aclarar y ventilar resuelve; en campo abierto ni se plantea.

Pulgones y babosas. Colonias de pulgón en las puntas florales durante abril y mordiscos de babosa en las plántulas de otoño. Ninguno de los dos compromete a la población.

Lo que no le pasa es tener araña roja. Ese ácaro necesita calor y aire seco sostenido, condiciones que en la Península no llegan hasta que la sausana ya está agostada.

Toxicidad y fama medicinal

No consta como planta tóxica para personas ni para perros, gatos o ganado. Es una hierba que pastan cabras y ovejas sin problema y que aparece con frecuencia en cubiertas de olivar aprovechadas por rebaños.

La tradición popular ha usado varias especies del género, sobre todo Geranium robertianum y en menor medida esta, como astringentes para lavados de heridas, irritaciones de boca y diarreas leves, apoyándose en su contenido en taninos. Eso es lo que dice la tradición. Lo que dice la evidencia es otra cosa: no hay ensayos clínicos que respalden ninguna de esas indicaciones para Geranium rotundifolium. Los taninos tienen una acción astringente real y demostrable en tubo de ensayo, pero de ahí a que una preparación casera sirva para tratar algo hay un salto que los estudios no han dado.

Por eso aquí no vas a encontrar preparaciones ni cantidades. Los taninos en cantidad interfieren con la absorción del hierro y pueden alterar el efecto de medicamentos tomados a la vez, y no hay datos de seguridad en embarazo ni lactancia. Cualquier duda sobre uso terapéutico va al médico o al farmacéutico, no al margen del camino.

Mata de Geranium rotundifolium en flor

En resumen

Geranium rotundifolium es una hierba anual de invierno, nativa y extendida por toda España, que se identifica por sus hojas redondeadas de lóbulos poco marcados, sus flores rosadas pequeñas con pétalos de borde entero y sus mericarpos lisos y peludos. Nace en otoño, florece de marzo a junio y desaparece antes del verano.

No es el geranio de balcón, que es un Pelargonium sudafricano con otras exigencias y otras plagas. No compite por el agua estival, así que arrancarla en primavera por ese motivo no aporta nada. Si estorba, la escarda eficaz es la de noviembre, sobre plántula pequeña, repetida varios años porque el banco de semillas aguanta. Y si se recurre solo al glifosato, el resultado más probable es que haya más el año siguiente, no menos.

Como cubierta invernal en olivar, frutal de secano o pradera naturalizada tiene un papel útil: sujeta el suelo, aporta materia orgánica y da flor temprana a los polinizadores pequeños. Como planta de maceta, ninguno.


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