En abril, un orno en flor se ve desde la otra punta de la calle: las panículas blancas tapan las ramas y el árbol parece cubierto de espuma. Es un fresno, aunque no lo parezca, porque el resto de fresnos florece de forma tan discreta que ni se nota. Fraxinus ornus es la excepción de la familia y por eso ha acabado plantado en aceras, medianas y jardines pequeños de media España.

Panículas blancas de flores de Fraxinus ornus en primavera

Un fresno que sí se ve florecer

La mayor parte del género Fraxinus se poliniza por el viento. Sus flores no tienen pétalos, salen antes que las hojas y pasan por manchas pardas en las ramas. Fraxinus ornus tomó el camino contrario: sus flores son hermafroditas, con cuatro pétalos lineares de color blanco crema, y se agrupan en panículas terminales de 10 a 20 cm que aparecen entre abril y mayo, a la vez que la hoja o justo después. Huelen a miel, con un fondo algo denso que a algunas personas les resulta empalagoso de cerca, y atraen abejas y sírfidos durante dos o tres semanas.

Ese detalle tiene una consecuencia práctica que conviene conocer: al ser un árbol polinizado por insectos, suelta al aire mucho menos polen que un fresno común o un fresno de hoja estrecha. No es un árbol libre de polen —las oleáceas comparten alérgenos y quien reacciona al olivo puede reaccionar a los fresnos—, pero como arbolado urbano su carga polínica ambiental es bastante menor que la de sus parientes anemófilos.

Cómo reconocerlo en el vivero y en la calle

Fuera de la floración hay tres caracteres que lo separan de los otros fresnos que se cultivan aquí:

Las yemas. Fraxinus excelsior tiene yemas invernales negras, aterciopeladas, inconfundibles. Las de F. ornus son grisáceas o pardo-tomentosas. Con el árbol desnudo en enero, esto solo ya resuelve la identificación.

Los folíolos. La hoja es opuesta e imparipinnada, con 5 a 9 folíolos (lo habitual, 7), ovado-lanceolados y con el margen aserrado. En F. ornus cada folíolo tiene un peciólulo corto pero evidente; en el fresno común los folíolos son casi sentados.

La corteza. Se mantiene lisa y gris mucho tiempo, parecida a la de un haya joven, mientras que los fresnos comunes agrietan pronto en retícula.

El fruto es la sámara típica del género: estrecha, de 2 a 2,5 cm, en racimos colgantes que se secan en otoño y aguantan en el árbol buena parte del invierno. Producen mucha semilla, y esto trae cola en jardín: donde hay un orno adulto salen plántulas en los arriates y en las juntas del pavimento cada primavera. Se arrancan a mano cuando son tiernas; si se dejan un año, la raíz pivotante ya no sale entera.

Tamaño real y sitio en el jardín

Aquí se decide si el árbol va a ser un acierto o un problema. Se compran ornos pensando en un fresno grande de ribera, o al revés, se planta un fresno de hoja estrecha en un patio creyendo que se quedará como el de la foto del vivero. Fraxinus ornus alcanza normalmente de 6 a 10 metros, excepcionalmente 15, con copa redondeada o aovada de 5 a 8 metros de diámetro. Fraxinus angustifolia, el fresno más plantado en la Península, se va a 20-25 metros. La diferencia entre uno y otro es la diferencia entre un árbol de jardín de 200 m² y un árbol que a los treinta años levanta la solera.

El crecimiento es moderado: entre 30 y 50 cm al año en juventud, más lento después. El sistema radical es menos agresivo que el de otros fresnos y por eso se usa en alcorques estrechos, pero menos agresivo no es inofensivo: deja al menos 3 metros hasta el bordillo, la piscina o la fachada, y no lo pongas encima de una red de saneamiento antigua.

En otoño da un color que los demás fresnos no dan: la hoja pasa de amarillo a tonos vinosos y violáceos antes de caer, y el efecto dura un par de semanas si el otoño viene sin ventadas.

Fraxinus ornus con la hoja en color otoñal

Suelo, clima y aguante

Su hábitat natural son laderas soleadas y orlas de bosque sobre sustrato calizo, en clima submediterráneo. En la Península aparece de forma espontánea sobre todo en el cuadrante nororiental, y se planta en todas partes. De ese origen viene su ficha de cultivo:

Luz: pleno sol. A media sombra se estira, florece poco y pierde la forma de la copa.

Suelo: indiferente al pH y muy cómodo en calizas y suelos con caliza activa, donde otros árboles ornamentales cloróticos amarillean. Acepta suelos pobres, pedregosos y poco profundos. Lo que no acepta es el encharcamiento: en arcilla compacta con mal drenaje se asfixia la raíz, la copa clarea desde arriba y el árbol se va en dos o tres temporadas. Si tu suelo se queda con charcos 24 horas después de una lluvia fuerte, planta en caballón o busca otra especie.

Frío: resiste sin daños hasta unos -20 ºC. No hay ningún punto de la España peninsular donde el frío sea un problema para él.

Sequía: buena tolerancia una vez establecido, mejor que la del fresno común. Aun así no es un árbol de secano extremo: en el sureste árido, sin riego de apoyo en julio y agosto, se defolia antes de tiempo y va perdiendo ramillas.

Plantación y riego de los primeros años

La ventana buena va de noviembre a febrero, con el árbol en reposo. A raíz desnuda solo en ese periodo; en contenedor se puede plantar también en otoño temprano o a principios de primavera, nunca en pleno verano.

Haz el hoyo del doble de ancho que el cepellón pero no más profundo: el cuello debe quedar al nivel del terreno, ni un dedo enterrado. Plantar hundido es lo que pudre el cuello y mata árboles jóvenes que por lo demás iban bien. Rellena con la propia tierra del sitio, sin enmiendas ricas en el fondo del hoyo —crear una maceta de sustrato fértil dentro del terreno hace que la raíz gire y no explore—, riega abundantemente para asentar y acolcha con 5-8 cm de corteza o restos de poda triturados, dejando libre un palmo alrededor del tronco.

Durante los dos o tres primeros veranos necesita riegos espaciados y copiosos: mejor 60-80 litros cada diez o quince días que un chorrito diario, porque el riego superficial fija la raíz arriba y luego el árbol depende de ti para siempre. A partir del cuarto año, en clima de interior peninsular con lluvias normales, se sostiene con uno o dos riegos de socorro en verano.

Poda: cuanta menos, mejor

Forma la copa en los primeros años y después déjalo en paz. Los dos o tres inviernos siguientes a la plantación basta con seleccionar un eje central, eliminar ramas competidoras y despejar la cruz a la altura que necesites para pasar por debajo. Trabaja después de la caída de la hoja y antes de que la yema se mueva, entre noviembre y febrero.

El desmoche —cortar la copa a la mitad para "bajarlo"— es lo que arruina un orno: responde con un manojo de chupones mal anclados, las heridas grandes no cierran y por ahí entran las podredumbres. Si el árbol se te ha quedado grande para el sitio, el problema fue la elección de la especie, no la altura de este año. Ten en cuenta además que la floración sale sobre madera del año anterior: una poda fuerte en invierno te deja sin las panículas de abril.

El maná, que es de donde le viene el nombre

A este árbol se le llama también fresno del maná. En el norte de Sicilia, en la zona de las Madonias, todavía se practica un aprovechamiento tradicional que consiste en provocar la exudación del árbol en verano; el jugo cristaliza al aire y da un producto azucarado rico en manitol, usado desde antiguo como laxante suave y como edulcorante. Es un cultivo protegido, con su propia denominación, y hoy más patrimonial que industrial.

Conviene separar dos cosas. Que el manitol tenga efecto osmótico en el intestino está establecido —se usa en farmacia y en alimentación—, pero eso no convierte el sangrado de un árbol de jardín en un remedio casero: la extracción es un oficio con su técnica, sus árboles seleccionados y su clima, y las incisiones mal hechas son una puerta de entrada para hongos de pudrición. Para lo demás, el médico o el farmacéutico.

Plagas y enfermedades

Psila del fresno (Psyllopsis fraxini). La más visible. Enrolla y engrosa el margen de los folíolos, que se deforman y se tiñen de rojizo, y deja melaza sobre lo que haya debajo. Es antiestética y poco más: el árbol no se muere por esto. En un ejemplar adulto no merece la pena tratar; en uno joven, retirar las hojas afectadas al principio del ataque reduce bastante la población.

Polilla de las yemas (Prays fraxinella). Barrena brotes tiernos y provoca horquillados en la guía. Se corrige podando el brote dañado y reconduciendo un eje.

Chancro y decaimiento del fresno (Hymenoscyphus fraxineus). La enfermedad que ha arrasado fresnedas en el centro y norte de Europa. Fraxinus ornus es notablemente menos susceptible que F. excelsior: se infecta, pero suele quedarse en lesiones foliares y muerte de ramillas sin llegar al colapso. Es una de las razones por las que se ha ganado sitio en los planes de plantación urbana.

Antracnosis foliar. En primaveras muy lluviosas aparecen manchas pardas y defoliación parcial. Se resuelve sola con el tiempo seco; recoger y retirar la hojarasca en otoño corta el ciclo.

El barrenador esmeralda (Agrilus planipennis) es plaga de cuarentena en la Unión Europea, presente en el este del continente y no establecida en España. No es algo de lo que preocuparse al plantar, pero sí una razón más para no importar madera ni planta de fresno de fuera del circuito comercial controlado.

Cómo multiplicarlo

Por semilla es fácil si se respeta su letargo. Las sámaras tienen dormición doble —embrión inmaduro más inhibición fisiológica—, de modo que sembrar en primavera y esperar resultados en cuatro semanas no lleva a ningún sitio. Lo que funciona es recogerlas en otoño, sembrarlas en cama fría al aire libre en noviembre y dejar que pasen el invierno; germinarán la primavera siguiente o, con frecuencia, la segunda. Paciencia y no vaciar la bandeja antes de tiempo.

Los cultivares seleccionados no salen de semilla: se propagan por injerto sobre patrón de F. ornus o F. excelsior, trabajo de vivero.

Variedades para sitios estrechos

Si el espacio manda, hay selecciones que resuelven mucho. 'Meczek' forma una copa esférica y densa sobre injerto alto y se queda en unos 4-5 metros, ideal para patios, alcorques y calles con cableado. 'Obelisk' es de porte estrecho y erguido, útil en alineaciones donde no cabe una copa abierta. Ambos conservan la floración blanca de la especie.

En resumen

Fraxinus ornus es el fresno que puedes meter en un jardín normal: 6-10 metros, copa redondeada, floración blanca y perfumada en abril-mayo, color otoñal vinoso y una tolerancia a la caliza y a la sequía que agradecen los suelos difíciles del interior peninsular. Pide sol directo y drenaje; el encharcamiento es su único punto verdaderamente débil.

Plántalo entre noviembre y febrero con el cuello a nivel, riégalo en profundidad los tres primeros veranos, podalo solo para formarlo y olvídate del desmoche. Cuenta con la siembra espontánea de sus sámaras y con alguna hoja enrollada por la psila en junio, que no tiene importancia. A cambio te da un árbol longevo, sin exigencias de abonado, poco vulnerable al decaimiento que está diezmando a otros fresnos, y una floración que ningún otro miembro del género ofrece.


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