Agarra un tallo de cleome sin guantes y lo sabrás enseguida: pincha en la base de cada hoja, deja los dedos pegajosos y suelta un olor acre que tarda un rato en irse. Es una planta de jardín magnífica y ninguna de esas tres cosas aparece en la etiqueta del vivero.

La especie que se cultiva casi siempre es Cleome hassleriana, hoy renombrada Tarenaya hassleriana tras la revisión de la familia Cleomaceae. Viene del sur de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina, de zonas subtropicales con veranos calurosos y húmedos, y no de la selva tropical que a veces se le atribuye. Ese origen explica bastante de su comportamiento aquí: aguanta el calor seco del verano peninsular mejor que casi cualquier otra planta de flor de temporada, y muere con la primera helada seria sin oponer resistencia.

Racimo de flores de Cleome hassleriana con sus estambres largos

Ni arbusto ni planta de interior

Conviene aclarar dos cosas antes de comprarla. La primera: la cleome es una anual herbácea, no un arbusto. Se vende a menudo entre los arbustos de temporada porque en agosto mide metro y medio, tiene el tallo grueso y leñoso en la base y hace bulto como un ejemplar de varios años. Pero de leñosa no tiene nada duradero: nace en marzo, florece de junio a noviembre y en diciembre está seca. Si la plantas esperando estructura permanente en el jardín, el hueco que deja en invierno te va a molestar.

La segunda: pide «planta araña» en un centro de jardinería español y lo más probable es que te ofrezcan una cinta, Chlorophytum comosum, que es una planta de interior de hoja rayada sin ninguna relación con esto. El nombre que funciona aquí es flor de araña, y si no te entienden, di cleome a secas, que es como aparece etiquetada en la maceta.

Qué es exactamente lo que ves

La flor de araña no tiene una inflorescencia estática. El racimo va alargándose desde abajo durante toda la temporada: las flores nuevas se abren arriba mientras por debajo van formándose las vainas. Esas vainas, largas y finísimas, quedan colgando en horizontal alrededor del tallo como patas, y de ahí sale buena parte del nombre popular. La otra parte la ponen los seis estambres de cada flor, desproporcionadamente largos, que sobresalen varios centímetros por encima de los pétalos.

El efecto práctico de ese crecimiento indeterminado es que la planta no necesita que le quites las flores pasadas para seguir floreciendo. Es de las pocas anuales de las que se puede decir esto sin matices. Florece desde finales de junio hasta que el frío la para, y en la costa mediterránea o en el sur puede llegar entera a noviembre.

La hoja es palmeada, con cinco o siete foliolos, y recuerda vagamente a otra planta que provoca conversaciones incómodas con los vecinos. No es la misma familia ni se le parece de cerca, pero a diez metros el parecido está ahí y da pie a alguna conversación tonta.

En la base de cada pecíolo hay un par de espinas estipulares pequeñas pero afiladas, y todo el tallo está cubierto de pelos glandulares pegajosos. Se poda y se maneja con guantes. No es tóxica en el sentido serio de la palabra —pertenece al orden Brassicales y contiene glucosinolatos, los mismos compuestos que dan el picante a la mostaza y la rúcula—, pero la savia pegajosa irrita la piel sensible y los pinchazos escuecen. No es planta para plantar al borde de un camino estrecho por donde pasan niños en pantalón corto.

Sembrarla, que es donde se tuerce todo

La cleome se siembra de semilla, y la semilla tiene manías. Si la entierras a un centímetro como harías con una caléndula, germina mal o no germina, y darás por hecho que el sobre estaba viejo.

Lo que pide es esto:

Superficie, no profundidad. Se esparce sobre el sustrato húmedo y se presiona con la palma. Como mucho, un velo de vermiculita por encima. La luz favorece la germinación.

Temperaturas alternas. Es el punto que más se ignora. La semilla germina mucho mejor si nota diferencia entre el día y la noche: unos 25 °C de día y 15-18 °C de noche. Un semillero metido en un armario con calor constante da resultados pobres. Otra opción que funciona es tener el sobre dos semanas en la nevera, en un tarro cerrado, antes de sembrar. Con eso la germinación pasa de errática a razonable, en unos diez a catorce días.

Raíz pivotante, maceta honda. Hace una raíz principal larga que odia que la corten. Siembra directamente en alvéolos profundos o en macetitas de 8-10 cm, y trasplanta al sitio definitivo cuando la planta tenga tres o cuatro hojas verdaderas, sin deshacer el cepellón. Si la repicas de bandeja plana con raíz al aire, se queda parada semanas o se muere.

El calendario para España: siembra protegida en febrero o marzo, trasplante al exterior cuando pase el riesgo de helada tardía, que en la costa mediterránea y el suroeste es marzo o principios de abril, y en la meseta norte o zonas de montaña puede irse a mediados de mayo. También se puede sembrar directamente en el sitio a partir de abril, en cuanto el suelo esté a 15 °C o más; la planta sale más tarde pero se desarrolla mejor porque nunca sufre trasplante. Marco de plantación: 40 a 50 cm entre plantas. Apretarlas más produce tallos pelados y alargados que se tumban al primer chaparrón.

Sol, suelo y la trampa del abono

Sol directo, y cuanto más mejor. Seis horas es el mínimo. A media sombra crece igual de alta pero con la mitad de flores y con tendencia a doblarse buscando la luz.

El suelo le da bastante igual mientras drene. Prospera en tierras francas mediocres, en suelos calizos y en arenosos. Lo que no soporta es encharcamiento: un arriate que se queda con agua tras las tormentas de septiembre le pudre el cuello y se viene abajo de un día para otro.

Y ahora la parte contraintuitiva. Si le das abono rico en nitrógeno pensando en tener una planta espectacular, obtendrás dos metros de tallo blando, hoja enorme y pocas flores, y en cuanto sople viento tendrás la mata tumbada sobre las vecinas. La cleome florece mejor en suelo pobre o medianamente fértil. Con enmendar el arriate con compost al plantar sobra para toda la temporada. Si acaso, un abono de floración bajo en nitrógeno cada tres o cuatro semanas en maceta, donde el sustrato se agota de verdad.

Riego y sostén

Una vez arraigada es de las anuales más resistentes a la sequía que se pueden plantar en clima peninsular. En pleno julio manchego o extremeño aguanta con un riego profundo por semana, mejor que dos superficiales: el riego escaso y frecuente mantiene la raíz arriba y anula justamente la ventaja de su raíz pivotante. En maceta la cosa cambia, porque el volumen limita el sistema radicular y en verano puede pedir agua a diario; para contenedor conviene un tiesto de 30 cm o más de diámetro, y aun así saldrá más baja que en suelo.

Sobre el porte: las variedades clásicas llegan a 120-150 cm y en suelo bueno superan el metro y medio. En sitio expuesto al viento hay dos soluciones. Una es despuntar la guía cuando la planta tenga 25-30 cm, lo que retrasa la floración unos diez días pero produce una mata más baja, ramificada y con varios racimos en vez de uno. La otra es plantarla contra un muro o entre plantas que se sostengan mutuamente. Tutorar cada tallo es engorroso y se nota.

Si buscas algo más manejable, las series 'Sparkler' se quedan en torno a 120 cm y ramifican solas, y la serie 'Queen' —'Rose Queen', 'Violet Queen', 'Cherry Queen' y la blanca 'Helen Campbell'— es la clásica de porte alto, la que ves en los jardines antiguos.

Flores del cleome abiertas al final del verano

La resiembra: la razón por la que unos la adoran y otros la arrancan

Cada planta madura produce cientos de semillas y las vainas se abren solas al secarse, disparándolas a un par de metros. La primavera siguiente aparecen plántulas de cleome por todo el arriate, incluidas las juntas del pavimento. En un jardín naturalista eso es un regalo: se aclaran las que sobran y tienes la mancha renovada sin gastar un céntimo. En un arriate ordenado es una lata, y las plántulas jóvenes son difíciles de distinguir de otras hasta que ya han hecho raíz.

Para controlarlo, corta los racimos cuando las vainas de abajo empiecen a amarillear, antes de que se abran. No pierdes floración porque la planta sigue produciendo por arriba. Y si quieres guardar semilla propia, mete un racimo entero en una bolsa de papel y déjalo secar dentro: así recoges lo que se dispara. La semilla se mantiene viable dos o tres años en frío y seco.

Hay una alternativa limpia para quien no quiere lidiar con esto: los híbridos tipo 'Señorita Rosalita' y 'Señorita Blanca', que son estériles, no producen semilla, no tienen espinas y apenas huelen. Se venden solo en planta, nunca en sobre, y quedan en 60-120 cm. Cuestan bastante más que un sobre de semillas de 'Queen', pero si el problema es la resiembra, resuelven el problema entero.

Plagas, problemas y qué atrae al jardín

Es una planta sana. Los dos incordios habituales son el pulgón en los brotes tiernos de primavera —que se va con un chorro de agua a presión o con jabón potásico, y que además atrae mariquitas que luego te limpian el resto del arriate— y la araña roja en veranos muy secos y en plantas contra pared sur. Contra esta segunda, mojar el envés de la hoja al atardecer en las semanas de más calor funciona mejor que cualquier tratamiento posterior.

Las enfermedades fúngicas son raras salvo en suelo mal drenado o riego por aspersión nocturna constante, donde puede aparecer alguna mancha foliar. No merece tratamiento preventivo.

Del lado bueno: las flores se abren al atardecer y liberan aroma de noche, porque su polinización original es de esfíngidos, esas mariposas nocturnas grandes que vuelan en suspensión como colibríes. En un jardín español con cleome es normal ver a Macroglossum stellatarum —la esfinge colibrí— trabajando los racimos a última hora de la tarde. También la visitan abejas y abejorros durante el día. Si te interesa un jardín con vida, esta planta rinde.

Dónde colocarla

Por altura va al fondo del arriate o en el centro de un macizo que se vea desde todos los lados. Funciona muy bien en grupos de tres o cinco plantas del mismo color; suelta y aislada parece desgarbada, porque el tallo desnudo de la parte baja queda a la vista. Precisamente por eso conviene ponerle algo delante que le tape los tobillos: salvias, Verbena bonariensis, zinnias o gauras cumplen bien y comparten sus mismas exigencias de sol y sequía.

Como flor cortada dura alrededor de una semana en jarrón, pero el olor de los tallos dentro de casa es fuerte y hay que quitar las espinas de la parte sumergida. Es más planta de jardín que de florero.

En resumen

La flor de araña es una anual de verano, no un arbusto, que rinde en pleno calor peninsular cuando otras plantas de temporada ya han dicho basta. Siémbrala en superficie y con oscilación térmica entre día y noche, respeta su raíz pivotante trasplantando con cepellón intacto, plántala a pleno sol con 40-50 cm entre pies y sé tacaño con el nitrógeno: el exceso de abono la convierte en dos metros de tallo blando sin flores. Riega poco y profundo. Si no quieres plántulas por todas partes la primavera siguiente, corta los racimos antes de que las vainas se abran, o compra directamente los híbridos estériles sin espinas. Y usa guantes: pincha y mancha.


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