Un acerado levantado a cuatro metros del tronco y una arqueta atascada de raíces: esa es la factura habitual de haber plantado un Schinus molle pegado a la casa. El falso pimentero es un árbol excelente, resistente como pocos a la sequía y a los suelos malos, pero pide sitio. Quien le da los metros que necesita tiene sombra ligera y follaje verde durante todo el año con un riego casi nulo; quien lo mete en un patio acaba talándolo a los quince años.

Ejemplar adulto de Schinus molle con las ramas colgantes características

Un andino con doscientos años de Mediterráneo

Schinus molle L. pertenece a las anacardiáceas, la familia del mango, el anacardo, el lentisco y el zumaque. Es originario de la vertiente andina seca: Perú, Bolivia, el norte de Chile y de Argentina, donde crece en valles áridos entre los 500 y los 3.000 metros. De ahí vienen sus nombres tradicionales —molle, aguaribay, pirul, árbol del Perú— y también su tolerancia extrema a la insolación y a la falta de agua.

Llegó a España en época colonial y se aclimató sin esfuerzo en todo el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Canarias y en Baleares. Hay ejemplares centenarios en paseos y alamedas de Murcia, Almería, Málaga y Valencia. Es perennifolio, aunque en inviernos duros pierde parte de la hoja, y alcanza sin problema los 8 a 15 metros de altura con una copa igual de ancha, redondeada y con las ramillas colgantes, que es lo que le da ese aire de sauce llorón de secano.

Crece rápido: de 50 a 100 cm al año en los primeros años si tiene agua, y luego se ralentiza. El tronco engorda mucho, se retuerce y desarrolla una corteza pardo grisácea que se descama en placas; los ejemplares viejos tienen un porte escultórico difícil de igualar entre los árboles de bajo consumo hídrico.

Hoja, flor y fruto: cómo identificarlo

La hoja es la seña más clara. Compuesta, imparipinnada, de 15 a 30 cm de largo, con muchos folíolos estrechos —normalmente entre 19 y 41, a veces más— de 2 a 5 cm, lineares y de borde entero o algo aserrado. Cuelgan. Si se estruja un folíolo entre los dedos suelta un olor resinoso y picante, entre trementina y pimienta, que identifica al árbol sin margen de duda.

Detalle de las hojas pinnadas y colgantes del falso pimentero

Es dioico: hay pies macho y pies hembra, y sólo los segundos fructifican. Florece a principios de verano, en junio y julio, con panículas colgantes de florecillas diminutas de color blanco amarillento, poco vistosas de cerca pero muy visitadas por las abejas. Después, en los pies femeninos, vienen las drupas de 5 a 7 mm que van pasando del verde al rosa coral intenso y se mantienen colgando en racimos hasta bien entrado el invierno. Esa fructificación es la razón principal por la que se planta.

Conviene no confundirlo con su pariente Schinus terebinthifolius, el turbinto o falso pimentero brasileño, que también se vende en viveros españoles. Se distinguen a simple vista: el brasileño tiene folíolos anchos y ovalados, en número mucho menor (5 a 13), la copa densa y redonda sin ramas péndulas, y un tamaño final más contenido. Si busca el porte llorón, el que quiere es molle.

Dónde plantarlo: la distancia decide el final de la historia

El sistema radicular del falso pimentero es potente, superficial en buena parte y muy agresivo con las juntas y las conducciones. Levanta soleras, resquebraja bordillos y entra en alcantarillado y arquetas viejas de hormigón buscando humedad. La consecuencia no se ve el primer año ni el quinto: aparece a los diez o quince, cuando reparar el pavimento cuesta más que el árbol.

La distancia mínima razonable son 6 metros a cualquier edificación, muro, pavimento o red de saneamiento, y si puede permitirse 8 o 10, mejor. Piense además en la copa: un adulto proyecta 8 o 10 metros de diámetro, así que necesita ese círculo libre de cables, aleros y medianeras. En una parcela de 300 m² con jardín de 60, este árbol no cabe por mucho que el ejemplar del vivero mida dos metros.

Otro punto que se subestima: la madera es frágil. Las ramas viejas y las péndulas se desgajan con temporales fuertes y con el peso de la nieve. No lo plante justo encima de la zona de aparcamiento, del cenador ni de la caseta de la piscina.

Debajo de la copa, además, cuesta que prospere casi nada. Se junta la sombra seca, la competencia de raíces someras que se lo beben todo y los aceites esenciales de la hojarasca, que inhiben la germinación de muchas herbáceas. Lo sensato es no pelearse con ello: grava, corteza, o plantas mediterráneas duras y ya crecidas como Rosmarinus officinalis rastrero, Teucrium fruticans o Iris germanica. Sembrar césped ahí debajo es tirar la semilla.

Clima y frío admisible

Necesita sol directo todo el día. A media sombra se ahíla, produce ramas largas y débiles y apenas fructifica.

En cuanto al frío, un ejemplar adulto y bien asentado aguanta heladas cortas de -6 a -8 °C, aunque a partir de -5 °C empieza a quemarse el follaje y puede quedar semidesnudo hasta la primavera. Los ejemplares jóvenes son bastante más delicados: por debajo de -3 °C sufren daño en la madera nueva y una helada fuerte puede matarlos hasta el cuello. Traducido al mapa peninsular, es un árbol de litoral mediterráneo, valle del Guadalquivir, Levante, Baleares y Canarias. En la meseta —Madrid, Valladolid, Zaragoza en zonas de inversión térmica— es una apuesta de riesgo: sobrevive en microclimas urbanos abrigados y se pierde en cuanto llega un invierno de los que salen en la prensa.

Del calor no hay que preocuparse. Soporta los 45 °C de agosto en el interior andaluz sin marchitarse y tolera el viento salino a cierta distancia del mar, lo que lo hace útil en jardines costeros de segunda línea.

Suelo y plantación

Es indiferente al tipo de suelo dentro de un margen muy amplio: vive en terrenos pobres, pedregosos, calizos, con pH básico y con salinidad moderada. Lo único que no perdona es el encharcamiento. En arcilla compacta y mal drenada, las raíces se asfixian y entran hongos de suelo del género Phytophthora; el árbol amarillea, va perdiendo ramas por la periferia de la copa y se muere en dos o tres temporadas sin que se sepa muy bien por qué.

La mejor época para plantarlo en clima mediterráneo es el otoño, de octubre a noviembre: enraíza durante el invierno templado y llega al primer verano con el sistema radicular ya funcionando. En zonas de invierno frío, mejor esperar a marzo.

Haga el hoyo ancho —tres veces el cepellón— pero no muy profundo, y rompa la compactación del fondo y de las paredes. Si el terreno es arcilloso, evite el clásico error de cavar un agujero hondo y llenarlo de sustrato mullido: eso crea una maceta enterrada donde se acumula el agua de lluvia. Coloque el cuello de la raíz a nivel del suelo o un dedo por encima, nunca enterrado. Y si necesita tutor, póngalo bajo, a un tercio de la altura del tronco, y quítelo a los dos años; un tutor alto y eterno produce troncos delgados que se doblan solos en cuanto se retira.

Riego y abonado, o cómo estropearlo con buenas intenciones

Durante los dos primeros años sí hay que regar, y regar bien: riegos abundantes y espaciados, cada 10 o 15 días en verano, mojando en profundidad para que las raíces bajen. Riegos diarios y cortos hacen justo lo contrario, mantienen el sistema radicular en los primeros centímetros y crean un árbol dependiente y menos anclado.

A partir del tercer o cuarto año, en la costa mediterránea no necesita riego ninguno. En interiores secos y veranos largos, dos o tres riegos profundos de julio a septiembre le mantienen mejor aspecto, y nada más. Seguir con el goteo diario del césped a los pies de un falso pimentero adulto es una forma lenta de pudrirle el cuello.

El abonado sobra en casi todas las situaciones. Como mucho, una aportación de compost o estiércol muy hecho extendida en superficie al final del invierno los primeros años. El nitrógeno abundante le da crecimientos largos, tiernos y aguanosos que después se parten con el primer viento y atraen cochinilla.

Poda: la mínima imprescindible

Este árbol se poda para formarlo y luego se le deja en paz. En los primeros años interesa elegir un eje principal, ir levantando la cruz hasta 2,2 o 2,5 metros si va a pasarse por debajo —recuerde que las ramillas cuelgan— y eliminar ramas que se cruzan o que salen en ángulo agudo, porque son las que terminan desgajándose.

La época es el final del invierno, de febrero a principios de marzo, antes del arranque vegetativo, o bien a finales de verano una vez pasado el calor fuerte. Evite podar en plena savia primaveral: sangra mucho y las heridas cicatrizan peor.

El desmoche —cortar la copa a la altura de la ventana del vecino— es lo que arruina el árbol para siempre. Responde con un bosque de chupones verticales y mal insertados que en cinco años pesan lo mismo que las ramas cortadas, sujetos por una madera de cicatriz que no aguanta. Si el árbol es demasiado grande para el sitio, el problema fue de ubicación y no se resuelve con la motosierra: se resuelve retirándolo y plantando algo del tamaño adecuado.

Los frutos rosas no son pimienta

La llamada pimienta rosa que se vende en los molinillos de cuatro pimientas procede de este género —sobre todo de Schinus terebinthifolius, y en menor medida de Schinus molle—, y no tiene ningún parentesco con la pimienta verdadera, Piper nigrum, que es de otra familia botánica por completo.

Eso importa por una razón práctica. Al ser anacardiáceas, estos frutos pueden provocar reacciones alérgicas en personas sensibles al anacardo, al mango o al pistacho, y hay casos documentados de reacciones de cierta entidad. El fruto del árbol del jardín, además, no ha pasado ningún control: contiene resinas irritantes en cantidad variable y en dosis altas causa molestias digestivas. Recolectarlo del jardín para cocinar no es buena idea, y menos con niños alrededor: las bolitas rosas son pequeñas, vistosas y muy fáciles de llevarse a la boca.

La savia y las hojas machacadas también pueden dar dermatitis de contacto en pieles sensibles, como ocurre con otros miembros de la familia. Podar con guantes y manga larga es una precaución razonable, sobre todo si ya sabe que reacciona al lentisco o al mango. Y en ganado, sobre todo en caballos, se han descrito cuadros de intoxicación por consumo de hojas y frutos, así que no es el árbol que plantaría en el lindero de un cercado.

Aparte de eso, es una planta perfectamente segura de tener en el jardín. No hay que tocarla para nada, no desprende nada al aire que irrite y la sombra bajo ella es agradable.

Semillas, siembra y descendencia no deseada

Se multiplica bien de semilla. Recoja los frutos maduros en otoño o invierno, elimine la pulpa frotando en un colador bajo el grifo —esa capa contiene inhibidores de la germinación— y siembre en primavera, de marzo a mayo, en bandeja con sustrato arenoso, cubriendo la semilla con medio centímetro. A 18-22 °C germina de forma irregular a lo largo de tres o cuatro semanas. También arraigan esquejes semileñosos tomados en verano con hormona de enraizamiento, útiles cuando se quiere clonar un pie macho conocido.

Y ahí está el detalle: en zonas cálidas los pájaros dispersan la semilla y aparecen plántulas espontáneas en macetas, alcorques y bancales del entorno. En Sudáfrica, Australia, California y varios estados mexicanos el Schinus molle se comporta como invasor declarado, y en el sureste peninsular y en Canarias se naturaliza con facilidad. Si su jardín linda con monte, rambla o espacio natural, plante un pie macho —o revise cada primavera y arranque las plántulas, que a los pocos meses ya no salen de un tirón—. Con la salvedad de que el sexo del árbol no se sabe hasta que florece, hacia el cuarto o quinto año, salvo que compre un clon injertado o esquejado.

Plagas, suciedad y otros peajes

Sanitariamente da pocos disgustos. Lo más habitual son las cochinillas —Saissetia oleae, cerosas del género Ceroplastes— sobre ramillas jóvenes, con la melaza y la negrilla consiguientes. En un árbol adulto no justifica tratamiento: se corrige aflojando el abonado nitrogenado y aclarando la copa para que entre luz y aire. En ejemplares pequeños, aceite de parafina a finales de invierno resuelve el grueso del problema.

El verdadero peaje es la suciedad. Suelta folíolos durante todo el año, en goteo constante, y en los pies hembra caen además miles de frutos que se aplastan y manchan el pavimento de rosa y taponan skimmers y sumideros. Cerca de una piscina o de una zona de paso pulida, es un fastidio garantizado. Cerca de un aparcamiento, con la melaza de la cochinilla encima, ya es directamente incompatible con la paciencia media.

Para qué sirve realmente en un jardín español

Su sitio natural es el jardín grande y seco: fincas, parcelas rústicas, taludes, lindes de camino, aparcamientos amplios, jardines de xerojardinería donde interesa sombra sin factura de agua. Funciona muy bien como árbol aislado sobre grava o albero, donde el porte llorón se aprecia entero, y como pantalla informal en hilera separada 8 o 10 metros entre pies.

Combina bien con la paleta mediterránea de bajo consumo: Olea europaea, Nerium oleander, Pistacia lentiscus, Lavandula, Westringia, Phlomis, gramíneas como Stipa tenacissima. Es también buena planta melífera y refugio de avifauna: los frutos alimentan a mirlos, currucas y estorninos durante todo el invierno.

Lo que no es: un árbol de patio, un árbol de terraza y un árbol de maceta a largo plazo. Puede mantenerse en contenedor grande tres o cuatro años mientras es joven, pero pide suelo y acaba pidiéndolo de mala manera, con raíces que rompen la maceta o que se enroscan y lo condenan a un raquitismo permanente.

En resumen

El falso pimentero (Schinus molle) es un árbol perennifolio andino, de 8 a 15 metros, con hoja pinnada aromática y ramas colgantes, muy resistente a la sequía, al calor, a la caliza y a la pobreza del suelo, y sensible sólo al encharcamiento y a las heladas fuertes: aguanta hasta unos -7 °C de adulto y bastante menos de joven.

Píntelo en el plano antes de plantarlo, no después: seis metros como mínimo a cualquier pavimento, muro o tubería, mejor ocho. Plantación en otoño, riegos profundos y espaciados los dos primeros años, ninguno después en la costa, abonado casi nulo y poda sólo de formación a finales de invierno, sin desmoches. En pies hembra, cuente con hojarasca y con frutos rosas todo el invierno, bonitos en el árbol y engorrosos en el suelo.

Esos frutos no son pimienta verdadera: son anacardiáceas, pueden dar reacción cruzada en alérgicos al anacardo o al mango y no son material de despensa casera. Y en jardines pegados a espacios naturales, vigile las plántulas espontáneas o decántese por un pie macho. Con esas condiciones cumplidas, da sombra y verde todo el año con un consumo de agua que ningún árbol de hoja caduca de su tamaño puede igualar.


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