Treinta metros de altura y unas raíces capaces de rastrear la humedad a veinte metros del tronco: con esas dos cifras se decide casi todo lo que se puede o no se puede hacer con Eucalyptus camaldulensis. Es un árbol de ribera australiano, no un árbol de patio, y la mayor parte de los disgustos que da vienen de plantarlo donde no cabe.
Se le llama eucalipto rojo o river red gum, y el apellido no viene de las hojas ni de la corteza, sino de la madera y del kino, esa resina rojiza que rezuma por las heridas del tronco. En España se ha plantado sobre todo en el suroeste peninsular —Extremadura, Huelva, Sevilla— y en vegas y ramblas del sureste, donde aguanta el calor y la sequía estival mucho mejor que Eucalyptus globulus, que es el que domina la cornisa cantábrica.
Cómo reconocerlo sin equivocarse de eucalipto
La corteza es la primera pista. Se desprende en tiras y placas irregulares y deja el tronco liso, moteado en blanco, gris, crema y a veces con manchas rosadas o pardas; solo en la base suele quedar una faja de corteza persistente y áspera. Un tronco de ese aspecto, con muda anual, ya descarta a bastantes especies.
Las hojas adultas son estrechas y lanceoladas, de 8 a 22 cm, de un verde apagado por las dos caras y colgantes: la copa se ve transparente y deja pasar bastante luz, algo que no ocurre con muchas frondosas de porte parecido. Las juveniles, en cambio, son más anchas, casi ovaladas y de tono grisáceo, y son las que ves en un plantón de vivero.
Lo que zanja la identificación son los botones florales y los frutos. Las flores, blanco crema, salen en umbelas de siete a once, y cada botón lleva un opérculo cónico y picudo, con un pequeño pico central muy característico. El fruto es una cápsula pequeña, de 5 a 8 mm, hemisférica, con cuatro valvas que sobresalen claramente del borde, como cuatro dientes abiertos hacia fuera.
La comparación útil es con E. globulus: allí el botón es solitario, grueso, glauco y verrugoso, y el fruto un tazón acostillado de 1,5 a 2 cm. Si en el suelo hay cápsulas grandes y solitarias, no estás delante de un camaldulensis. Y si lo que buscas es el eucalipto de maceta que venden para terraza o para follaje de floristería, ese suele ser E. gunnii o E. cinerea, de hoja redondeada y azulada; el eucalipto rojo llega a los viveros como planta forestal en bandeja de alvéolos, no en maceta decorativa.
Un árbol de ribera: lo que eso explica de su cultivo
En Australia crece a lo largo de los cauces estacionales del interior, en suelos aluviales que se inundan unas semanas al año y se secan por completo el resto. Esa historia natural explica tres cosas prácticas.
La primera es que tolera el encharcamiento temporal mucho mejor que casi todos los eucaliptos, incluida una inundación de varias semanas en invierno. La segunda es que es freatófito: sus raíces buscan la capa freática y, cuando la alcanzan, el árbol deja de depender de la lluvia. La tercera, la incómoda, es que esas raíces no distinguen entre una capa freática y una tubería de saneamiento con una junta que rezuma. Colectores, arquetas, piscinas, soleras y muros de contención están en su radio de acción.
Aguanta además salinidad moderada del suelo y del agua de riego, lo que lo ha convertido en una especie recurrente para revegetar suelos salinizados o vegas degradadas. En terrenos muy calizos puede aparecer clorosis férrica, aunque es bastante más indiferente al pH que E. globulus.
Frío, calor y dónde tiene sentido plantarlo
El calor no le preocupa: soporta veranos de 40 °C sin más síntoma que cerrar el crecimiento. El límite lo pone el frío, y ahí conviene ser prudente porque la especie tiene una distribución enorme en Australia y las procedencias se comportan de forma muy distinta. Como orden de magnitud, un ejemplar adulto y bien lignificado aguanta heladas de −6 a −8 °C; un plantón de dos años se quema a −3 o −4 °C y puede perder toda la parte aérea, aunque a menudo rebrota de la base en primavera.
Eso lo sitúa bien en Andalucía, Extremadura, el litoral mediterráneo y buena parte del valle del Ebro y del Guadalquivir, y mal en zonas de interior con heladas fuertes y prolongadas: la meseta norte, el Sistema Ibérico o los páramos, donde vegetará y se helará de forma recurrente.
Hay dos condicionantes más que no son agronómicos. Uno es el fuego: el follaje es rico en aceites esenciales y la corteza desprendida forma pabilos que vuelan encendidos. En interfaz urbano-forestal, plantar eucaliptos junto a la casa es una mala idea, y en muchos municipios hay franjas de autoprotección con especies restringidas. El otro es la normativa: Galicia aprobó en 2021 una moratoria a las nuevas plantaciones de eucalipto que se ha ido prorrogando, y otras comunidades regulan las plantaciones forestales en función de la superficie y del uso previo del suelo. Antes de plantar más de unos pocos pies, pregunta en el servicio forestal de tu comunidad.
Distancias: la parte que no se puede improvisar
Un camaldulensis en buenas condiciones crece entre 1,5 y 2,5 metros al año durante la primera década. Lo que hoy es un plantón de 40 cm, en ocho años es un árbol de quince metros con un tronco que ya no se abraza.
Deja como mínimo 15-20 metros hasta cualquier edificación, red de saneamiento, pozo o pavimento, y no lo plantes en alineaciones de calle estrechas ni en jardines de parcela urbana normal. Plantarlo a seis metros de la fachada sale caro dos veces: primero por lo que rompe y después por lo que cuesta apear un árbol de esa envergadura entre casas. Como pantalla cortavientos en finca, en linde de camino ancho, en la orla de una dehesa o en una vega, es donde está en su sitio.
Plantación: pequeño, en otoño y sin ceremonias
Los eucaliptos detestan que les toquen las raíces y no perdonan un cepellón enrollado. Un ejemplar comprado grande, en contenedor de 30 o 50 litros, arranca con las raíces girando en espiral y, aunque crezca deprisa los primeros años, acaba con un sistema radical incapaz de sujetar veinte metros de copa: son los árboles que se tumban enteros en una tormenta de invierno con el cepellón entero fuera de la tierra.
Lo correcto es plantar planta forestal de una savia, en alvéolo de 200-300 cc y con 25-50 cm de altura. Cuesta unos céntimos, se planta con azada y a los tres años ha adelantado al ejemplar caro.
- Época: otoño (octubre-noviembre) en el sur y el litoral, para que aproveche todo el invierno enraizando. Donde hiela de verdad, mejor a finales de invierno o principios de primavera, ya pasado el riesgo de heladas fuertes.
- Hoyo: ancho más que profundo, con el suelo descompactado en al menos 40-50 cm. En terrenos con suela de labor, romperla es más importante que abonar.
- Cuello: a ras de suelo. Enterrarlo invita a podredumbres del cuello.
- Alcorque y riego de asiento: 15-20 litros en el momento de plantar, para asentar la tierra contra las raíces.
- Protección: en campo, tubo protector contra conejos y liebres, que descortezan los plantones en invierno.
Riego y abonado durante la implantación
Se le llama árbol resistente a la sequía y lo es, una vez instalado. Antes de eso depende de un cepellón del tamaño de un puño. Los dos primeros veranos son los que deciden: riegos espaciados pero abundantes, del orden de 20-30 litros cada 10-15 días entre junio y septiembre, mejor que un chorrito diario. El riego profundo obliga a la raíz a bajar; el superficial la mantiene arriba y crea un árbol dependiente y poco anclado.
A partir del tercer o cuarto año, en zonas con más de 400-450 mm de lluvia o con freático accesible, puedes retirar el riego por completo. En secanos más duros seguirá vivo, pero crecerá bastante menos y será más vulnerable a los barrenadores.
En abonado, poco y en primavera. Responde a nitrógeno y fósforo en suelos pobres, sobre todo el primer par de años, pero un abonado fuerte da brotes largos, blandos y frágiles que se rompen con el viento y se hielan antes. Los eucaliptos son además sensibles al exceso de fósforo en suelos ya bien provistos.
Poda: intervenir pronto o no intervenir
El eucalipto compartimenta mal las heridas grandes. Un corte de diez centímetros de diámetro en un tronco adulto abre la puerta a pudriciones que avanzan durante años por el interior sin que se note nada por fuera. La consecuencia práctica es que toda la poda de formación hay que hacerla en los tres o cuatro primeros años, cuando las ramas todavía tienen el grosor de un dedo: eliges guía, quitas competidoras y levantas la cruz poco a poco.
El desmochado —cortar la copa por lo alto para "bajarlo"— es lo peor que se le puede hacer. Rebrota con enorme vigor desde yemas epicórmicas, pero esos rebrotes se insertan en madera muerta y a los cinco o seis años empiezan a desgajarse solos, justo cuando ya pesan. Si un eucalipto se ha quedado grande para su sitio, la solución honesta es apearlo, no recortarlo.
Lo que sí tolera de maravilla es la corta a matarrasa desde la base: tiene lignotúber y rebrota con fuerza formando una cepa de varios pies. Es el manejo de las plantaciones de biomasa, y también la vía para recuperar un ejemplar helado en invierno: se corta bajo, se dejan crecer los rebrotes y en verano se selecciona el mejor.
Plagas y enfermedades que vas a ver
La entrada de plagas australianas en la península en las últimas dos décadas ha cambiado el panorama. Estas son las que afectan de verdad a esta especie:
- Psílido del eucalipto rojo (Glycaspis brimblecombei): tiene predilección por E. camaldulensis. Las ninfas se cubren de un refugio blanco y azucarado (lerp) y el árbol queda pringoso de melaza y negrilla, con defoliaciones en veranos secos. Se controla sobre todo con el parasitoide Psyllaephagus bliteus, ya establecido en España; los insecticidas de contacto no llegan bajo el lerp y arrasan con el parasitoide.
- Avispas formadoras de agallas (Leptocybe invasa y Ophelimus maskelli): la primera deforma nervios y brotes jóvenes y frena el crecimiento de la planta joven; la segunda cubre el limbo de agallas menudas. También se manejan por control biológico, y el material vegetal seleccionado marca mucha diferencia.
- Barrenadores del género Phoracantha (P. semipunctata, P. recurva): larvas que hacen galerías bajo la corteza y anillan el árbol. Atacan casi en exclusiva a pies debilitados por la sequía. La prevención es mantener el vigor y no dejar leña recién cortada con corteza tirada cerca de la plantación: cada tronco apilado es un criadero.
- Gorgojo del eucalipto (Gonipterus spp.): defoliador clásico, aunque prefiere E. globulus. Se combate con el parasitoide de huevos Anaphes nitens.
- Chancros y Phytophthora: aparecen en árboles estresados o en suelos con encharcamiento permanente y drenaje nulo. Ojo con la diferencia: inundación estacional la lleva bien; agua estancada todo el año, no.
Multiplicación por semilla
Se reproduce por semilla con facilidad; el esqueje de material adulto es notoriamente difícil y no merece la pena en jardinería. Recoge cápsulas maduras del árbol (no del suelo, que ya están vacías), déjalas en una bolsa de papel en sitio cálido unos días y suelta la semilla, que es diminuta y va mezclada con mucha paja estéril.
Siembra en primavera, en bandeja con sustrato ligero, sobre la superficie y apenas cubierta, porque necesita luz para germinar. Con 18-22 °C y humedad constante nacen en una o tres semanas y no requiere frío previo. El repicado hay que hacerlo muy pronto, cuando tiene dos o tres pares de hojas, porque la raíz principal se estropea enseguida en bandeja; de ahí que se trabaje en alvéolos individuales.
Para qué sirve de verdad y qué se le atribuye de más
Sus usos sólidos son conocidos: madera dura y pesada para postes, tarima y traviesas, pasta de papel, biomasa, cortavientos en fincas, sombra rápida en zonas cálidas y una miel de eucalipto ámbar y de sabor marcado, porque florece copiosamente y en época en que hay poco más en flor. También se emplea para fijar taludes de vega y para rebajar el nivel freático en terrenos salinizados.
Sobre la alelopatía conviene bajar el tono. Es cierto que la hojarasca libera compuestos que dificultan la germinación de otras plantas, pero lo que deja el suelo pelado bajo un eucalipto es sobre todo la combinación de sombra, una capa gruesa de hojas que no se descompone y una raíz superficial que agota el agua antes que nadie. Es competencia, no veneno.
Con lo de que "seca la tierra" pasa algo parecido. Un eucalipto consume mucha agua porque produce mucha biomasa muy deprisa, no porque tenga una capacidad extraordinaria de extracción por litro de madera producida. El problema hidrológico aparece con plantaciones extensas y densas en cabeceras de cuenca, no con un árbol aislado en una linde; y al revés, ahí donde hay agua freática es un consumidor de primera línea.
Por último, la parte de salud. Las hojas contienen aceite esencial rico en 1,8-cineol (eucaliptol), que la tradición asocia a la congestión respiratoria y que la industria usa en formulaciones tópicas y en aromatizantes. Eso no convierte a la planta del jardín en un remedio: el aceite esencial ingerido es tóxico incluso en cantidades pequeñas, y resulta especialmente peligroso en niños, en los que se han descrito convulsiones y depresión del sistema nervioso. Tampoco debe aplicarse aceite esencial en la cara ni bajo la nariz de lactantes y niños pequeños. La hojarasca y los recortes son igualmente indigestos para perros, gatos y caballos. Si buscas un uso terapéutico, la conversación es con el médico o el farmacéutico, no con el árbol.
En resumen
Eucalyptus camaldulensis es un árbol de vega, grande, rápido y muy adaptado al clima cálido y seco de la mitad sur peninsular, que tolera encharcamientos temporales, cierta salinidad y suelos pobres, y que se hiela por debajo de unos −6 a −8 °C en estado adulto.
Lo que hay que llevarse claro: no es un árbol de jardín pequeño, hay que dejarle 15-20 metros libres de edificios y tuberías, se planta pequeño y en otoño, se le riega dos veranos y luego se le deja, se poda solo de joven y jamás se desmocha. Vigila el psílido y las avispas de las agallas con control biológico, y mantén el vigor si no quieres barrenadores. Puesto en su sitio da sombra, madera, cortavientos y miel en muy pocos años; puesto en el sitio equivocado, da facturas.