Plantar una mimosa en un jardín peninsular es ilegal desde 2013. La Acacia dealbata, el árbol de flor amarilla y perfume dulce que llena las cunetas gallegas en febrero, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras aprobado por el Real Decreto 630/2013, y con ella su comercio, su transporte y su plantación.
Conviene empezar por ahí porque un artículo sobre acacias de jardín escrito hace quince años recomendaba tranquilamente media docena de especies que hoy no se pueden comprar. El género sigue teniendo miembros perfectamente plantables en España, y algunos son excelentes, pero hay que saber cuáles son y por qué los otros dejaron de serlo.
Antes de nada: "acacia" ya no significa lo que significaba
En 2011, el Congreso Internacional de Botánica de Melbourne resolvió un conflicto de nomenclatura que llevaba décadas abierto y decidió conservar el nombre Acacia para el grupo australiano, que es con diferencia el más numeroso: cerca de mil especies. Las africanas y americanas, las de espinas estipulares y flores en bolita, pasaron a otros dos géneros: Vachellia y Senegalia.
Consecuencia práctica para quien lee etiquetas de vivero: el aromo que en tu región se llama de toda la vida Acacia farnesiana es hoy Vachellia farnesiana, y la acacia del Nilo o la de goma arábiga han cambiado igualmente de apellido. Las dos formas de nombrarlas conviven en catálogos y en literatura de jardinería, así que no te extrañe encontrar los dos nombres para la misma planta. Lo que no ha cambiado es el árbol.
Y hay un segundo lío, este puramente español: en muchos pueblos se llama "acacia" a la Robinia pseudoacacia, que no es una acacia. Volveremos a ella al final, porque la confusión tiene consecuencias.
Qué acacias no puedes plantar en España
El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras recoge cuatro Acacia, cada una con su ámbito:
Acacia dealbata (mimosa, acacia francesa): catalogada en todo el territorio excepto Canarias y Baleares.
Acacia melanoxylon (acacia negra): catalogada en todo el territorio nacional, sin excepción.
Acacia farnesiana (aromo, carambuco): catalogada solo en Canarias. En la Península es legal.
Acacia salicina (acacia de hoja de sauce): catalogada solo en Canarias.
A esa lista hay que sumar una quinta especie que llega por vía europea: Acacia saligna se incorporó a la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión mediante el Reglamento de Ejecución (UE) 2019/1262, lo que la prohíbe en todo el territorio comunitario, España incluida.
Para las especies catalogadas, la norma prohíbe la introducción en el medio natural, la posesión, el transporte, el tráfico y el comercio de ejemplares vivos, de sus restos y de sus propágulos. No existe una amnistía explícita para los árboles que ya llevaban años en un jardín; lo sensato con uno heredado es no propagarlo, no regalar semillas ni plantones, cortar los frutos antes de que maduren y consultar a la administración autonómica, que es quien gestiona el catálogo en su territorio y quien puede tener programas de retirada.
Un detalle que se pasa por alto: las mimosas que se venden injertadas sobre patrón de Acacia retinodes para que aguanten la caliza siguen siendo Acacia dealbata por arriba. El injerto no cambia la especie ni su situación legal.
Acacia saligna, la fijadora de dunas que se volvió un problema
Originaria del suroeste de Australia, Acacia saligna —que en literatura antigua aparece como A. cyanophylla— es un arbolillo de 4 a 8 m con filodios largos, colgantes, de un verde azulado que recuerda a una hoja de sauce, y cabezuelas doradas muy densas entre marzo y mayo.
Se plantó a conciencia en el litoral atlántico y mediterráneo durante el siglo XX para fijar arenales y repoblar suelos pobres, porque hace exactamente eso: crece en arena, aguanta la salinidad, la sequía y el viento, y fija nitrógeno atmosférico gracias a sus bacterias radiculares. Ese último punto es el que acabó siendo el problema. Al enriquecer en nitrógeno unos suelos arenosos que eran pobres por naturaleza, cambia las reglas del sistema y desplaza a la vegetación dunar autóctona, que estaba adaptada precisamente a esa pobreza. Rebrota de raíz, produce semilla abundante y de vida larga en el suelo, y erradicarla de un arenal cuesta años.
Es una planta interesante desde el punto de vista botánico y hoy no se puede plantar. Para fijar arena y aguantar salitre hay alternativas ibéricas de sobra: la retama blanca (Retama monosperma), la retama de bolas (Retama sphaerocarpa), esta sí de flor amarilla, o el palmito (Chamaerops humilis) cuando lo que se busca es volumen.
Vachellia farnesiana, el aromo: la que sí puedes plantar en la Península
Conocida como aromo, esponjera, carambuco o simplemente "la del perfume", Vachellia farnesiana (Acacia farnesiana en la nomenclatura antigua) es un árbol pequeño de 4 a 6 m, de copa abierta y desordenada, hoja bipinnada muy fina que cae parcialmente en invierno y pares de espinas estipulares blancas y rectas en cada nudo. Esas espinas son largas y punzantes de verdad: no es árbol para plantar junto a un paso estrecho ni donde jueguen niños pequeños.
Lo que la ha hecho famosa es el olor. Las bolitas amarillas, que abren de enero a marzo en el litoral mediterráneo, huelen a violeta y miel con una intensidad que llena un patio entero. En Grasse se destiló durante siglos para la perfumería con el nombre comercial de cassie.
De cultivo es agradecida. Prospera en suelos pobres, pedregosos y calizos, cosa que la diferencia de casi todas las acacias australianas, aguanta la sequía una vez arraigada y agradece el sol directo. Su límite es el frío: por debajo de unos -5 o -6 °C se le queman las ramas jóvenes, y una helada seria la tumba. Eso la circunscribe al litoral mediterráneo, al valle del Guadalquivir y a los enclaves de invierno suave. En Canarias está catalogada como invasora y allí no se plantará.
Poda: la mínima. Se limita a retirar madera muerta y a levantar la copa si estorba, siempre después de la floración, porque florece sobre madera del año anterior. Y crece torcida por naturaleza; intentar convertirla en un árbol de copa redonda y simétrica es pelear contra la especie.
Acacia baileyana, la mimosa de hoja plateada
Curiosamente, esta australiana de Nueva Gales del Sur ocupa en la naturaleza un área diminuta, apenas unos valles en torno a Cootamundra, y sin embargo se cultiva en jardines de medio mundo. Alcanza 5-8 m, con la copa ancha y algo colgante, y su gracia está en el follaje: hoja bipinnada muy dividida, de un gris azulado plateado que resulta llamativo incluso sin flor. La variedad 'Purpurea' saca los brotes nuevos en tonos malva y morado, y es de las plantas ornamentales más vistosas que se pueden tener en un jardín seco.
Florece en enero y febrero, con racimos de bolitas amarillo intenso, en la misma época que la dealbata y con un aspecto tan parecido que a menudo se confunden. La diferencia rápida: la hoja de baileyana tiene pocos pares de pinnas (dos a cuatro) y es claramente azulada; la de dealbata tiene muchos más pares y un verde grisáceo más apagado.
No está catalogada como invasora en España, así que se puede plantar. Dicho esto, tiene los mismos hábitos que sus parientes conflictivas —semilla abundante y longeva, buena germinación tras el fuego— y en Australia se conocen híbridos suyos con A. dealbata. Si tu jardín linda con monte, es un motivo razonable para recoger las vainas antes de que se abran.
Cultivo: pleno sol, suelo suelto y bien drenado, preferiblemente ácido o neutro; en suelo muy calizo amarillea por clorosis. Muy resistente a la sequía una vez establecida, hasta el punto de que el riego abundante y prolongado la mata más deprisa que la falta de agua: el exceso de humedad en el cuello acaba en podredumbre. Resiste heladas de hasta -6 o -7 °C. Es un árbol de vida corta, entre veinte y treinta años; se planta sabiendo eso, no como legado para los nietos. Y no soporta bien el trasplante de ejemplar grande, así que se compra pequeño, en contenedor, y se planta en otoño.
Otras acacias que verás por ahí
Acacia retinodes, la llamada mimosa de las cuatro estaciones, florece a intervalos casi todo el año y tolera la caliza mejor que ninguna otra australiana. Por eso se emplea como patrón de injerto. No está catalogada, pero sí se comporta con tendencia invasora en zonas litorales, así que merece la misma precaución con la semilla.
Acacia longifolia y Acacia cyclops: dos australianas de filodios anchos muy extendidas por las dunas atlánticas de Portugal y del suroeste peninsular. No figuran en el catálogo estatal español, pero son plantas problemáticas allá donde se han soltado y no tienen ningún interés ornamental que compense el riesgo.
Acacia melanoxylon, la acacia negra: árbol grande, de hasta 25-30 m, de madera oscura y valiosa. Rebrota de raíz con una insistencia demoledora, coloniza las riberas y las zonas taladas de toda la cornisa cantábrica, y está catalogada en todo el país. Talarla sin más solo multiplica los rebrotes.
Vachellia karroo (antes Acacia karroo), sudafricana, espinosísima, de flor amarilla en verano y gran resistencia a la sequía y a la caliza. Se ve ocasionalmente en jardinería del sur peninsular. No está catalogada.
Lo que comparten todas: cuidados y errores
Riego. El primer verano, riego regular para que arraiguen. A partir del segundo, cuanto menos mejor. Un goteo diario a los pies de una acacia adulta es una condena a medio plazo.
Abono. Prácticamente ninguno. Fijan su propio nitrógeno mediante bacterias del género Bradyrhizobium en nódulos radiculares, y un abono nitrogenado solo produce brotes largos, blandos y frágiles ante el viento.
Poda. Siempre después de floración y siempre moderada. Las acacias cicatrizan mal los cortes gruesos y son sensibles a las gomosis; una rama de más de cinco centímetros de diámetro cortada en verano es una puerta de entrada para hongos de madera.
Anclaje. Crecen deprisa, hacen copa ancha y tienen madera quebradiza. Un ejemplar de diez años en un sitio ventoso puede partirse por la cruz en una racha fuerte. Se planta a resguardo o se elige otra especie.
El polen y la alergia. Aquí hay una creencia que conviene deshacer. La mimosa carga con la culpa de los estornudos de enero y febrero porque florece justo entonces y su olor es intenso, pero su polen es pesado, pegajoso, agrupado en políades y transportado por insectos: apenas viaja por el aire y rara vez alcanza concentraciones capaces de provocar polinosis. Quien estornuda en enero en España suele estar reaccionando al polen de las cupresáceas —arizónicas y cipreses de seto—, que sí es anemófilo y sí alcanza cifras altísimas en esas semanas. Cortar la mimosa del vecino no arregla nada.
La falsa acacia no es una acacia, y esa sí es tóxica
La Robinia pseudoacacia, americana, con racimos blancos colgantes y perfumados en mayo, se llama acacia en media España; la "acacia de bola" de tantas calles es su variedad 'Umbraculifera'; y la miel que se vende como miel de acacia procede de ella. Botánicamente pertenece a otra rama de las leguminosas y no comparte casi nada con las Acacia australianas.
Importa porque la robinia sí es tóxica: la corteza, las hojas y las semillas contienen lectinas y glucósidos que provocan cuadros digestivos serios, y los caballos son especialmente sensibles a ellos; se han descrito intoxicaciones graves por roer corteza. No es un árbol que convenga tener en un cercado de équidos ni al alcance de animales que mordisqueen. Añade a eso espinas en pares junto a cada yema y una capacidad enorme de emitir chupones a distancia del tronco, que levantan pavimentos y colonizan el césped. No está en el catálogo estatal de invasoras, pero varias comunidades desaconsejan su uso.
Y la "acacia de tres espinas" que se ve en parques es Gleditsia triacanthos, un tercer árbol distinto, con espinas ramificadas en el tronco en la forma silvestre —las variedades de jardín, como 'Inermis' o 'Sunburst', son inermes—.
Qué plantar si querías una acacia y no puedes
Si lo que buscabas era la flor amarilla de invierno: Mahonia × media 'Charity' florece de noviembre a febrero y es perfumada, y el jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) cubre un muro de amarillo en enero. Para porte de árbol, el Laburnum anagyroides da racimos colgantes amarillos en primavera, aunque ojo: sus semillas son tóxicas.
Si lo que querías era un árbol pequeño de floración espectacular para clima seco: el árbol del amor (Cercis siliquastrum), autóctono del Mediterráneo oriental y perfectamente adaptado aquí, o el jabonero de la China (Koelreuteria paniculata), que florece amarillo en julio y da frutos decorativos.
Si lo que necesitabas era sombra rápida en suelo pobre: el almez (Celtis australis) o la sófora (Styphnolobium japonicum), ambos habituales en el arbolado urbano español y sin la fragilidad de madera de las acacias.
En resumen
De las acacias que aparecen en cualquier lista de "las más populares para el jardín", varias son hoy ilegales en España: Acacia dealbata y A. melanoxylon por el Real Decreto 630/2013, y A. saligna por la lista europea de especies invasoras. A. farnesiana y A. salicina están prohibidas solo en Canarias. Lo que sí puedes plantar en la Península es el aromo (Vachellia farnesiana), espinoso, calcícola y de perfume extraordinario en pleno invierno, y la Acacia baileyana, de follaje plateado y floración amarilla en enero, siempre que le des suelo suelto, sol, muy poca agua a partir del segundo año y ninguna intención de que dure más de treinta años. Recoge las vainas antes de que se abran si vives cerca de monte, no la abones, pódala poco y solo tras la floración, y no confundas nada de esto con la falsa acacia, que es otra planta y además tóxica.