Las espinas no vienen en la etiqueta. Elaeagnus pungens las lleva en el epíteto —pungens significa punzante— y las esconde entre el follaje, en forma de ramitas laterales cortas y endurecidas que terminan en punta. Quien poda un ejemplar adulto en manga corta lo descubre en el primer minuto. Es también la razón por la que sigue siendo un seto defensivo excelente donde hace falta que algo no se pueda atravesar.

Es un arbusto perennifolio japonés, de porte ancho y desordenado, emparentado de cerca con el eleagno de seto que se ve por toda la costa: Elaeagnus × submacrophylla (el antiguo E. × ebbingei) es precisamente un híbrido suyo con E. macrophylla. La confusión entre uno y otro en los viveros es constante y se resuelve mirando dos cosas concretas, que veremos más abajo.

Cómo reconocerlo

Alcanza 3 a 4 metros de altura y con frecuencia más de ancho, porque tiende a extenderse en horizontal y a lanzar varas largas y arqueadas que sobresalen del contorno. En estado silvestre esas varas se apoyan en la vegetación vecina y la planta se comporta casi como trepadora; en el jardín, ese mismo hábito es lo que hace que un seto de pungens nunca parezca del todo peinado.

La hoja mide de 4 a 10 cm, es oblonga y coriácea, y tiene un rasgo que la delata: el margen ondulado, rizado, como si la hoja no acabara de estar planchada. Por el haz es verde oscuro brillante. Por el envés es plateada y está densamente salpicada de escamas de color óxido, pardo rojizo, que a contraluz se ven como un punteado herrumbroso. Los brotes tiernos van cubiertos de esas mismas escamas canela.

Ahí están las dos claves para separarlo del híbrido de seto. El ebbingei tiene hoja más ancha, de borde casi liso, envés plateado limpio con pocas escamas pardas, brotes plateados y prácticamente carece de espinas. El pungens tiene hoja ondulada, envés oxidado, brotes canela y pincha. Si el arbusto que se compró como «ebbingei» araña y tiene el envés moteado de herrumbre, lo que hay en la maceta es pungens, y eso cambia dónde conviene plantarlo: junto a un camino estrecho o a una zona de juego infantil no es la planta adecuada.

Hojas gruesas verdes y amarillas de Elaeagnus pungens variegado

Flor de otoño, fruto de primavera

Florece de octubre a diciembre, en plena parada del jardín. Las flores son diminutas, tubulares, de un blanco cremoso plateado, colgando de una en una o en grupitos de dos o tres en las axilas de las hojas. Visualmente no aportan nada. En olfato, sí: perfuman con fuerza, sobre todo al atardecer, con un aroma dulce y ligeramente especiado.

El fruto tarda medio año en cuajar y madurar, así que llega en abril y mayo. Es una drupa ovoide de algo más de un centímetro, roja escarlata con puntitos plateados, comestible y ácida, con un hueso alargado y estriado. Cuando está totalmente blanda pierde la astringencia. Los pájaros la buscan, y esa es una ventaja para la fauna del jardín pero también la razón de la advertencia que viene después.

Una precaución antes de plantarlo

En el sureste de Estados Unidos, donde se introdujo como planta ornamental y para setos de carretera, Elaeagnus pungens se ha naturalizado con fuerza y hoy figura entre las especies exóticas problemáticas de varios estados: los pájaros dispersan la semilla, la planta rebrota con energía tras el corte y forma masas espinosas impenetrables en bordes de bosque.

En España no está incluida en el Catálogo español de especies exóticas invasoras, y en el clima peninsular no se ha comportado de esa manera. Aun así, tiene sentido aplicar la precaución que ya se aplica con otras plantas de fruto carnoso y semilla dispersada por aves: no plantarlo pegado a espacios naturales, sotos de ribera, dunas ni márgenes de monte, y vigilar los plantones espontáneos que aparezcan bajo posaderos de pájaros. En jardín urbano o periurbano cerrado, el riesgo es despreciable.

Clima, suelo y agua

Resiste en torno a -12 a -15 °C ya establecido, con quemaduras foliares antes de que sufra la madera. Es viable en casi toda la península salvo las zonas de invierno más severo. Los ejemplares jóvenes recién plantados son bastante más sensibles que los adultos: el primer invierno conviene protegerlos si se anuncian heladas fuertes.

Tolera el viento salino y el ambiente marítimo, la caliza, los suelos arenosos, los pedregales y la compactación. Como el resto de las eleagnáceas, forma nódulos radiculares en simbiosis con bacterias del género Frankia y fija nitrógeno atmosférico, lo que explica por qué se instala sin problema en tierras pobres. Consecuencia práctica: no hay que abonarlo con nitrógeno. Un aporte generoso de nitrato solo produce varas largas, acuosas y sin ramificar que después se hielan por la punta y dejan el arbusto más suelto.

Lo único que le arruina la vida es el suelo encharcado. En arcilla pesada con agua parada en invierno, la asfixia radicular y la Phytophthora hacen el resto. Ahí hay que plantar en caballón levantado o renunciar.

Sol pleno o media sombra. Aguanta sombra bastante densa —más que muchos perennes— pero se abre, pierde hoja por la base y no florece. Las formas de hoja dorada necesitan luz directa varias horas al día para no volverse verdosas y apagadas.

En riego es sobrio. Los dos primeros veranos pide agua de verdad: 15-20 litros por planta cada 7-10 días en julio y agosto, mejor pocos riegos abundantes que muchos superficiales, que solo generan raíces someras. A partir del tercer año, en la mitad norte se mantiene sin riego; en Levante, Andalucía y el interior seco agradece un par de riegos de socorro en los picos del verano. Un acolchado de 5-7 cm de corteza o restos de poda triturados reduce mucho esa necesidad.

Poda: dos cosas que hay que hacer distinto

La época. La flor se forma en las axilas del crecimiento de ese mismo año y se abre en otoño. Un repaso de seto en septiembre corta justamente esa madera y elimina de golpe la floración y los frutos de la primavera siguiente. El recorte principal va a finales de mayo o junio, con la fructificación ya terminada; si hace falta un segundo repaso, a mediados de julio y solo de puntas. De agosto a abril, la tijera se queda guardada salvo para retirar madera muerta.

Las varas. Rapar la superficie del seto con la cortasetos no resuelve el problema de las varas arqueadas: rebrotan más y en abanico. Lo que funciona es entrar con tijera de mano, seguir cada vara hasta el interior del arbusto y cortarla sobre una yema o una ramificación dentro de la masa foliar, no en la superficie. El seto queda más natural y deja de despeinarse cada seis semanas.

Guantes de cuero largos y manga gruesa. Las espinas son cortas pero rígidas, y los restos de poda hay que recogerlos con horca, no a mano.

Rejuvenece bien: un ejemplar viejo y desmadejado admite un corte severo sobre madera de varios años en abril y rebrota desde la base. Mejor repartirlo en dos temporadas, media planta cada año.

Las variedades doradas y la reversión

El interés ornamental de la especie está sobre todo en sus formas variegadas, que dan luz en invierno como pocas plantas perennes.

'Maculata' es la más espectacular: hoja verde con una mancha central amarillo oro que ocupa buena parte del limbo. También es la más problemática. Su tejido variegado tiene menos clorofila y es menos vigoroso que el verde, así que la planta emite con regularidad brotes enteramente verdes que crecen el doble de deprisa. Sin intervención, en cuatro o cinco años esos brotes verdes dominan la planta y del oro no queda nada.

'Variegata' y 'Dicksonii' llevan el amarillo en el margen y son algo más estables. 'Frederici', de hoja estrecha con centro casi crema, es preciosa y francamente débil: crece poco y no sirve para seto.

El manejo de la reversión es sencillo pero no se puede posponer: en cuanto aparezca una rama de hojas totalmente verdes, se sigue hacia dentro hasta su punto de nacimiento y se corta desde ahí. Despuntarla no vale de nada; rebrota con más fuerza. Una revisión en primavera y otra a la entrada del otoño mantienen la planta a raya.

Hojas de Elaeagnus pungens con manchas claras

Cómo multiplicarlo

Esqueje semileñoso. Es la vía habitual y la única válida para las variedades variegadas, que por semilla no se reproducen. De finales de agosto a octubre se toman trozos de 10-12 cm del crecimiento del año, con la base ya algo endurecida. Se dejan dos o tres hojas recortadas a la mitad, se hiere ligeramente la base con un corte longitudinal de un centímetro, se aplica hormona de enraizamiento y se clavan en turba y perlita al 50 %. Requiere calor de fondo, 18-20 °C en el sustrato, y ambiente cerrado y húmedo. Enraíza en dos o tres meses y el porcentaje de éxito es discreto: conviene poner el doble de esquejes de los que se necesitan.

Acodo. Aprovechando las varas largas y flexibles que la planta produce sola, es el método más agradecido para quien no dispone de invernadero. En primavera se arquea una rama baja hasta el suelo, se hiere por la cara inferior en el punto que quedará enterrado, se cubre con 10 cm de tierra y se sujeta con una piedra o una horquilla. Al cabo de un año está enraizada y se puede separar.

Semilla. Solo para la especie tipo. El hueso, limpio de pulpa, necesita alrededor de tres meses de frío húmedo a 4 °C antes de sembrar. La germinación es irregular y la planta tarda años en tener presencia. Rara vez merece la pena.

Problemas que dan la cara

Ramas que se secan de golpe. Una rama, o un tramo entero del seto, se marchita en pocas semanas mientras el resto continúa verde. Suelen estar detrás hongos de la madera del complejo Phomopsis/Diaporthe, que colonizan por heridas de poda. Hay que cortar bastante por debajo de la zona afectada, hasta ver madera blanca y sana en la sección, retirar los restos del jardín y desinfectar la herramienta con alcohol entre corte y corte. Podar en tiempo seco reduce la infección; hacerlo con humedad a finales de verano la favorece.

Cochinillas. Se instalan en el envés y en las axilas, y se detectan por la melaza brillante y la negrilla negra que crece encima. Jabón potásico bien pulverizado por debajo de la hoja, repetido a los diez días, resuelve los focos jóvenes; para poblaciones asentadas, aceite de parafina en el reposo invernal.

Manchas foliares. Redondeadas y pardas, en primaveras húmedas. Estéticas más que graves. Aclarar el interior para que ventile y retirar la hoja caída basta casi siempre.

Hoja amarilla. En esta planta, tolerante a la caliza, el amarilleo casi nunca es clorosis férrica. Suele ser raíz asfixiada por drenaje deficiente o por riego excesivo. Comprobar el hoyo antes de comprar quelatos.

Dónde colocarlo

El uso más lógico es el seto de barrera: espinoso, denso, perenne, indiferente al viento y a la sal, y capaz de crecer en el suelo malo de una linde. Con marco de 80 cm a 1 m entre plantas y unos tres años, cierra un perímetro que nadie atraviesa.

También funciona guiado contra un muro, aprovechando su tendencia semitrepadora: sujetando las varas largas a alambres se cubre una pared orientada al este o al norte que otras plantas no querrían. Y sirve como arbusto aislado de gran volumen, como pantalla de fondo, y en las formas doradas como foco de color en un rincón invernal apagado, donde la mancha amarilla de 'Maculata' rinde más que cualquier flor de esa estación.

Lo que hay que evitar es plantarlo en paso estrecho, junto a bancos, en zonas de niños o donde vaya a rozar a alguien. También conviene calcular su anchura real: ocupa fácilmente 3 metros de fondo, y meterlo en un arriate de 80 cm condena a podarlo cuatro veces al año, lo que además de trabajo significa quedarse sin flor y sin fruto.

En resumen

Elaeagnus pungens es un arbusto perenne japonés de 3-4 m, ancho, espinoso y muy resistente, con la hoja de borde ondulado, verde brillante por arriba y plateada con puntos color óxido por debajo: ese envés herrumbroso y las espinas son lo que lo distingue del híbrido E. × submacrophylla que suele venderse para setos. Florece de octubre a diciembre con flores minúsculas y muy perfumadas, y madura frutos rojos comestibles en abril y mayo. Fija nitrógeno con Frankia, de modo que sobra el abono nitrogenado; tolera caliza, arena, sequía y salitre, resiste hasta unos -12/-15 °C y solo sucumbe al encharcamiento. Se poda en mayo o junio —nunca en septiembre, o se pierde la floración— cortando las varas dentro de la mata y no en la superficie, y con guantes de cuero. En 'Maculata' y demás variegadas hay que eliminar desde su origen los brotes verdes o acabarán devorando el dorado. Y por prudencia, dado que las aves dispersan su semilla y en el sureste de Estados Unidos se ha vuelto invasor, mejor no plantarlo pegado a espacios naturales.


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