El género Acer reúne alrededor de 150 especies repartidas por todo el hemisferio norte, y cuatro de ellas crecen de forma silvestre en la península ibérica. Ese dato, poco conocido, desmonta de entrada la idea más extendida sobre estos árboles: que el arce es una planta de clima frío y húmedo que aquí se cultiva a duras penas.
Hay arces que viven en encinares secos de Andalucía sobre roca caliza y arces que necesitan turba ácida y sombra. Llamarlos a todos "arce" y darles los mismos cuidados es el origen de buena parte de los fracasos. Este artículo intenta ordenar eso: qué es un arce, cuáles hay, para qué sirven y cómo se cultivan de verdad en España.
Qué es un arce
Los arces son árboles y arbustos caducifolios (con muy pocas excepciones perennes en el sudeste asiático) del género Acer, incluido hoy en la familia Sapindaceae. La antigua familia Aceraceae, que se sigue leyendo en libros de hace unas décadas, ya no se reconoce: los estudios moleculares la integraron junto con el género Aesculus (los castaños de Indias) dentro de las sapindáceas.
Se reconocen por tres rasgos que, juntos, no comparte casi nadie más:
Hojas opuestas, es decir, enfrentadas de dos en dos en la ramita. Es un carácter de gran utilidad en el campo, porque la mayoría de nuestros árboles caducifolios las tiene alternas.
Limbo palmeado y lobulado, con tres, cinco o siete lóbulos y nervadura que sale de un punto común. La excepción notable es Acer negundo, que tiene la hoja compuesta con tres a siete foliolos y por eso despista a cualquiera.
Fruto en sámara doble, las conocidas "helicópteros": dos aquenios unidos, cada uno con su ala membranosa, que al caer giran y se dispersan con el viento. El ángulo que forman las dos alas es uno de los caracteres que sirven para separar especies.
Las flores, en cambio, pasan desapercibidas: pequeñas, verdosas o amarillentas, agrupadas en corimbos o racimos colgantes, y por lo general poliígamas (con flores masculinas, femeninas y hermafroditas mezcladas en el mismo pie o repartidas entre pies). Acer negundo sí es dioico, con árboles macho y árboles hembra separados.
Los arces que crecen silvestres en España
Arce de Montpellier (Acer monspessulanum)
El más mediterráneo de todos, y el más infravalorado como planta de jardín en clima seco. Es un arbolito de 5 a 10 metros, de hoja pequeña con tres lóbulos redondeados y coriácea, que vive en quejigares, encinares y roquedos calizos de casi toda la península. Aguanta la sequía estival, el sol directo y el suelo calizo mejor que ningún otro arce, y en otoño se pone amarillo y anaranjado. Si alguien quiere un arce en Toledo o en Murcia sin pelearse con la clorosis, este es el árbol.
Arce menor o bordo (Acer campestre)
De 8 a 15 metros, hoja de cinco lóbulos obtusos y savia lechosa en el peciolo, carácter que lo delata al arrancar una hoja. Vive en la mitad norte y en montaña. Es rústico, tolera bien la caliza, resiste la poda como pocos árboles y por eso se usa mucho en setos altos y en alineaciones de calle. Amarillo intenso en otoño.
Arce blanco o falso plátano (Acer pseudoplatanus)
El grande del grupo: 20 a 30 metros, tronco recto, hoja de cinco lóbulos con dientes gruesos y sámaras en ángulo casi recto. Natural de hayedos y bosques mixtos del norte peninsular y del Sistema Central. Necesita frescor y suelo profundo; en clima seco lo pasa mal. Se le llama "falso plátano" por el parecido de la hoja con la del plátano de sombra, del que no es pariente.
Arce de Granada o arce ibérico (Acer opalus subsp. granatense)
Endemismo ibérico-balear, subespecie del arce blanquecino europeo, propio de montañas calizas del este y sur: Cazorla, Sierra Nevada, Serranía de Cuenca, Mallorca. Hoja pequeña, de haz verde oscuro y envés blanquecino tomentoso. Es un árbol de gran interés en jardinería de bajo consumo de agua en el interior, aunque cuesta encontrarlo en vivero.
Fuera de estos, Acer platanoides, el arce real o noruego, aparece en el noreste de forma muy puntual y está sobre todo plantado en parques.
Arces de fuera que se plantan aquí
Acer palmatum, el arce japonés. El más vendido y el más problemático. De 4 a 8 metros según cultivar, con centenares de variedades de hoja roja, disecada o variegada ('Bloodgood', 'Atropurpureum', 'Dissectum', 'Sango-kaku'). Es calcífugo estricto: quiere pH entre 5,5 y 6,5, agua blanda, humedad constante y protección del sol de tarde. En el norte húmedo va solo; en el interior y el sur, lo razonable es cultivarlo en maceta con sustrato de acidófilas.
Acer negundo, el negundo o arce de hoja de fresno. Hoja compuesta, crecimiento rapidísimo, madera frágil y siembra masiva. Se plantó mucho en los años setenta y ochenta, incluida la variedad de hoja variegada. Hoy está catalogado en España como especie exótica invasora por su colonización de riberas, donde desplaza a sauces, chopos y fresnos. No es un árbol para plantar de nuevo.
Acer platanoides, arce real. Copa densa, hoja grande de lóbulos acabados en punta fina, savia lechosa en el peciolo, amarillo dorado en otoño. El cultivar 'Crimson King', de hoja púrpura toda la temporada, es habitual en parques. Aguanta bien el frío continental.
Acer saccharinum, arce plateado o sacarino. De crecimiento muy rápido, hoja profundamente hendida con el envés blanco plateado que se voltea con el viento. Muy usado por lo rápido que da sombra, y muy criticado por lo mismo: madera quebradiza que se desgaja en tormentas y raíces superficiales que levantan aceras.
Acer rubrum, arce rojo americano. El de otoño más espectacular, escarlata puro. Prefiere suelos frescos y ácidos; sobre caliza se clorosa. Acer × freemanii es el híbrido entre este y el plateado, con el color del rojo y el vigor del plateado.
Acer buergerianum, arce tridente. Chino, de hoja pequeña con tres lóbulos, tamaño contenido (6-10 m) y buena tolerancia a la ciudad, a la sequía moderada y a la caliza ligera. Es además uno de los favoritos para bonsái. Un candidato serio para jardines pequeños del centro peninsular.
Cuidado con dos nombres que se confunden
Merece la pena detenerse aquí porque es un error de bulto que circula incluso en catálogos comerciales. Acer saccharum es el arce azucarero, el canadiense del que se extrae el sirope. Acer saccharinum es el arce plateado, al que en español se llama también "sacarino" y del que no se saca prácticamente nada. Son dos especies distintas y quien compre uno pensando en el otro se llevará un chasco: el plateado crece el doble de rápido, tiene la hoja mucho más recortada y no sirve para hacer sirope en cantidad útil.
Para qué se usan los arces
Ornamental
Es el uso dominante en España. Se plantan por el color de otoño, por el porte y, en el caso de Acer campestre y A. buergerianum, por la facilidad para formar setos altos, pantallas o alineaciones. El arce japonés ocupa un nicho aparte: planta de colección, de patio sombreado y de maceta.
Culinario
El sirope de arce se obtiene sangrando en fin de invierno los troncos de Acer saccharum, y en menor medida de A. nigrum y A. rubrum, en Quebec y el noreste de Estados Unidos. La savia sale cuando se alternan noches bajo cero con días por encima de cero, régimen térmico que provoca los cambios de presión dentro del tronco. Después se concentra por evaporación: hacen falta del orden de 40 litros de savia para obtener un litro de sirope. En España el clima no reproduce ese ciclo de hielo-deshielo prolongado, así que como aprovechamiento no existe aquí.
Madera
La madera de arce es blanca, de grano fino, dura y homogénea. La de Acer pseudoplatanus ha sido durante siglos la madera de los fondos, aros y mangos de violines, violas y violonchelos, especialmente los ejemplares con veteado ondulado. La de A. saccharum, muy dura, se emplea en suelos, encimeras, bolos y bates, y da los apreciados dibujos de "ojo de perdiz". También se ha usado tradicionalmente para utensilios de cocina por no transmitir sabor.
Símbolo nacional
La hoja de arce es el emblema de Canadá y ocupa el centro de su bandera desde 1965. Conviene precisar un detalle: la hoja de la bandera es estilizada y de once puntas, y no corresponde a ninguna especie concreta. Se diseñó así deliberadamente, aunque la especie asociada al símbolo en la práctica es el arce azucarero.
Dónde plantar un arce
Depende de la especie, y no hay una respuesta única. Los arces mediterráneos (monspessulanum, opalus subsp. granatense) y los rústicos europeos (campestre, platanoides) van a pleno sol sin problema. El arce japonés quiere sol de mañana y sombra desde el mediodía en casi toda España, salvo en el norte húmedo.
Lo que comparten todos es la aversión al viento seco y caliente, que les quema el borde de las hojas, y la necesidad de espacio para la raíz. Antes de plantar conviene mirar la altura y anchura adultas: un Acer saccharinum a tres metros de la fachada es un problema garantizado a quince años vista, mientras que un Acer buergerianum cabe en un patio.
Distancia a construcciones: para las especies grandes, no menos de 6-8 metros de muros, tuberías y saneamiento; para las de porte medio, 4 metros basta.
Tierra
Aquí está el criterio que decide el éxito. Conviene separar dos grupos:
Tolerantes a la caliza: A. monspessulanum, A. campestre, A. opalus, A. platanoides, A. buergerianum, A. pseudoplatanus (este con matices, prefiere suelos algo más frescos y profundos). Se plantan en tierra de jardín corriente, incluso en suelos pedregosos y básicos.
Calcífugos: A. palmatum, A. rubrum, A. japonicum. Requieren pH ácido; sobre caliza desarrollan clorosis férrica, con hojas amarillas de nervios verdes, y acaban muriendo. Se cultivan en sustrato para acidófilas, en maceta o en arriate elevado aislado del terreno original.
En todos los casos, el drenaje es innegociable. El arce no soporta el encharcamiento prolongado: raíz asfixiada, podredumbre y muerte. En suelos arcillosos compactos, plantar sobre un caballón ligeramente elevado resuelve más que cualquier enmienda.
Riego
El sistema radicular del arce es más superficial que profundo, así que responde mal a los ciclos de sequía extrema. Durante los dos o tres primeros años tras la plantación, todos los arces, incluidos los mediterráneos, necesitan riego regular hasta que enraícen: dos veces por semana en verano, con volumen abundante en cada riego para mojar en profundidad, mejor que riegos diarios y cortos.
Ya establecidos, A. monspessulanum y A. opalus subsp. granatense pueden vivir en el interior peninsular prácticamente de la lluvia, con algún riego de apoyo en las olas de calor. A. pseudoplatanus, A. rubrum, A. saccharinum y A. palmatum siguen dependiendo del riego todo el verano.
El acolchado orgánico de 5-8 cm alrededor del pie, sin tocar la corteza, reduce el consumo de agua de forma muy notable y mantiene la raíz superficial a menos temperatura.
Abonado
Poco y bien. Una aportación de materia orgánica al final del invierno (compost, estiércol maduro, mantillo) alrededor de la proyección de la copa cubre las necesidades de un arce en suelo. En ejemplares jóvenes o en maceta, se puede añadir un abono granulado de liberación lenta al iniciarse la primavera, con formulación para acidófilas en el caso del arce japonés y del arce rojo.
Regla que se incumple a menudo: no abonar desde finales de verano. El nitrógeno tardío provoca brotes que no lignifican a tiempo y se hielan con las primeras heladas.
Poda
Los arces tienen buena forma natural y no necesitan poda de formación agresiva. Lo que sí requieren es limpieza: ramas secas, ramas cruzadas, chupones de la base y, en ejemplares injertados, todo brote que salga por debajo del injerto.
El punto clave es el momento. Los arces sangran con facilidad si se cortan al final del invierno o al arrancar la primavera, cuando la savia está en movimiento; se ven chorretones de líquido en el corte durante días. No suele matar al árbol, pero lo debilita y ensucia la corteza. Las ventanas correctas son el final del verano y comienzo del otoño, con la vegetación ya parada, o bien pleno invierno en reposo profundo.
Cortes limpios, junto al collar de la rama y sin dejar tocones. En árboles de sombra ya formados, evitar el desmochado: produce rebrotes mal anclados que acaban desgajándose, algo especialmente peligroso en Acer saccharinum, de madera ya quebradiza de por sí.
Acer campestre es la excepción por arriba: soporta el recorte repetido de seto sin inmutarse, y se puede tijeretear en junio y de nuevo a final de verano.
Época de plantación y trasplante
La ventana ideal en España va de octubre a marzo, con el árbol en reposo. En el norte y en zonas de heladas fuertes conviene el otoño temprano o el final del invierno; en el centro y el sur, todo el otoño e invierno sirven, y cuanto antes se plante, más raíz habrá emitido antes del primer verano.
El hoyo debe ser ancho más que hondo, del orden del doble del diámetro del cepellón, con las paredes descompactadas. Dos cosas que se hacen mal con frecuencia: enterrar el cuello de la raíz más de lo que estaba en el vivero (es una causa habitual de muerte lenta) y dejar la maceta de fibra o la malla del cepellón sin retirar. Tras plantar, riego abundante para asentar la tierra y tutor solo si el sitio es ventoso, retirándolo al segundo año.
Los ejemplares en maceta se trasplantan cada dos o tres años, también a final de invierno, recortando ligeramente las raíces enrolladas.
Multiplicación
Por semilla. Es la vía natural para las especies. Las sámaras se recogen maduras en otoño y necesitan estratificación fría para germinar: entre dos y cuatro meses a 3-5 °C en arena o vermiculita húmedas, dentro del frigorífico o simplemente sembradas en bandeja al exterior y a la sombra durante el invierno, que es como se hace de toda la vida y funciona igual de bien. Germinan a la primavera siguiente. Ojo: los cultivares (hoja roja, hoja disecada, corteza coral) no se reproducen fielmente por semilla.
Por injerto. Es el método comercial para todos los cultivares. Púa lateral a final de invierno o injerto de yema en verano, sobre patrón de la misma especie o afín obtenido de semilla.
Por esqueje. Difícil en la mayoría de especies y con porcentajes de arraigo bajos. Se intenta con esqueje semileñoso a inicios de verano, con hormona de enraizamiento y nebulización.
Por acodo aéreo. Alternativa razonable para el aficionado en arce japonés, hecho en primavera y separado en otoño.
Rusticidad y problemas
Como grupo son árboles muy resistentes al frío. A. platanoides, A. campestre, A. pseudoplatanus, A. saccharum y A. rubrum aguantan por debajo de los -25 °C sin daño. A. palmatum se mueve en torno a los -18 °C y A. buergerianum es el más delicado de los citados, con daños a partir de -12 o -15 °C. El factor limitante en España no es el invierno, es el verano: calor seco, insolación y agua de riego dura.
Las enfermedades y plagas que hay que conocer:
Verticilosis (Verticillium dahliae), un hongo de suelo que provoca el marchitamiento brusco de ramas enteras y deja la madera veteada por dentro. No tiene cura; se poda por debajo de la zona afectada, se desinfecta la herramienta y no se replanta arce en ese punto.
Mancha alquitranada (Rhytisma acerinum), esas manchas negras redondeadas y brillantes en las hojas, muy vistosas en zonas húmedas. Es casi solo estética: recoger y retirar la hojarasca en otoño reduce el inóculo del año siguiente.
Oídio, polvillo blanco sobre las hojas jóvenes en primaveras húmedas y templadas.
Pulgón, abundante en brotes tiernos, que además ensucia con melaza y atrae negrilla.
Bordes de hoja quemados, el síntoma más frecuente de todos y casi nunca de origen infeccioso: sol excesivo, viento seco, sal en el agua o falta de riego.
Cómo elegir bien el arce
Antes de comprar conviene contestar tres preguntas por este orden.
¿Cómo es mi agua y mi tierra? Si el agua deja cal y el suelo es básico, se descartan el arce japonés y el arce rojo americano, o se asume que irán en maceta. Con suelo ácido o riego con agua de lluvia, todo el catálogo está abierto.
¿Cuánto espacio hay de verdad? Un jardín pequeño admite A. monspessulanum, A. buergerianum o A. palmatum; un jardín grande o un paseo aguantan A. platanoides, A. pseudoplatanus o A. × freemanii.
¿Cuánto voy a regar? Si la respuesta es "poco", la elección casi está hecha: arce de Montpellier o arce de Granada, que son los nuestros y para eso están adaptados a este clima.
En resumen
El arce no es un árbol, es un género de unas 150 especies con exigencias muy distintas entre sí. Se identifican por las hojas opuestas y palmeadas y por el fruto en sámara alada, y hoy se clasifican dentro de las sapindáceas.
En España tenemos arces silvestres —Montpellier, menor, blanco y el ibérico de Granada— perfectamente adaptados al clima, con buen color otoñal y con mucho menos riego del que se supone. El arce japonés, el más comprado, es también el más exigente: suelo ácido, agua blanda y sombra en las horas duras.
Los cuidados comunes son sencillos: drenaje asegurado, riego regular durante los primeros años, acolchado en el pie, materia orgánica a final de invierno, poda ligera en verano tardío o pleno invierno para evitar el sangrado, y plantación entre octubre y marzo.
Y si hay que quedarse con una idea: elegir la especie según el agua y el suelo disponibles, en lugar de elegir por la foto de otoño y luego pelearse con la clorosis todos los años.