Las bolas espinosas que caen en octubre bajo los castaños de los parques no contienen castañas comestibles. Contienen semillas de Aesculus, cargadas de saponinas, y cada otoño mandan a algún servicio de urgencias a niños que las han confundido con las de Castanea sativa. Es la primera cosa que conviene saber de este género, y la que más veces se pasa por alto.
Aclarado eso, los Aesculus son de los mejores árboles ornamentales de hoja caduca que se pueden plantar en la mitad norte peninsular: floración vertical y espectacular en primavera, hoja palmeada de dibujo muy reconocible y una sombra densa como pocas.
Qué es exactamente un Aesculus
El género Aesculus pertenece hoy a la familia Sapindaceae —antes se le daba familia propia, Hippocastanaceae— y reúne alrededor de trece a quince especies repartidas por el hemisferio norte: los Balcanes, el Himalaya, el este de Asia y, sobre todo, Norteamérica. No tiene ningún parentesco con el castaño verdadero, que es un Castanea de la familia de las hayas y los robles. El parecido se limita a la semilla, marrón, brillante y con una cicatriz clara.
Todas las especies comparten un patrón fácil de reconocer incluso en invierno:
- Hojas opuestas y palmeado-compuestas, con cinco a nueve foliolos dispuestos como los dedos de una mano abierta. Es una combinación rara entre los árboles de nuestros jardines: si ves hojas opuestas y palmeadas, casi seguro estás ante un Aesculus.
- Yemas grandes y resinosas. En el castaño de Indias son pegajosas al tacto, de color pardo brillante y del tamaño de la uña del pulgar. Delatan al árbol en pleno enero.
- Inflorescencias erectas, panículas cónicas que se levantan sobre el follaje como candelabros. De ahí que en inglés se las llame «velas».
- Fruto en cápsula, que se abre en tres valvas y libera una a tres semillas grandes.
Un detalle que casi nadie mira: la mancha de la base de los pétalos cambia de color. Empieza amarilla, mientras la flor todavía ofrece néctar, y vira a rojo o rosa cuando ya ha sido polinizada. Los abejorros aprenden la señal y dejan de visitar las flores gastadas. Cuando veas un castaño de Indias con las inflorescencias moteadas de rojo, es que la floración está avanzada.
Las especies que interesan en España
Aesculus hippocastanum, el castaño de Indias, es el clásico. Originario de una zona muy pequeña de los Balcanes —Grecia, Albania, Macedonia del Norte—, se plantó por toda Europa desde el siglo XVI. Alcanza 25 o 30 m de altura y otros tantos de diámetro de copa con el tiempo, así que no es un árbol para un jardín de doscientos metros cuadrados. Florece en abril y mayo con panículas blancas de 20-30 cm. Sus semillas son las que los niños recogen.
El cultivar 'Baumannii' merece una mención aparte porque resuelve un problema práctico: tiene la flor doble, es estéril y no produce fruto. En calles y plazas eso significa no tener que barrer cápsulas espinosas ni preocuparse por las semillas. Además la floración dura más. Se propaga siempre injertado.
Aesculus × carnea es el híbrido entre el castaño de Indias y A. pavia. Flor rosa a rojo carmín, porte bastante más contenido —15 a 20 m— y, lo que más cuenta aquí, mejor comportamiento frente al calor y frente al minador que su progenitor europeo. Si quieres un árbol de este tipo en un sitio con veranos duros, el híbrido es la apuesta razonable, y el cultivar 'Briotii', de flor más intensa y hoja algo más resistente, es el más difundido en vivero español.
Aesculus pavia, del sureste de Estados Unidos, es un arbolito de 4 a 6 m con flores de un rojo tubular muy vistoso. Su tamaño lo hace apto para jardines pequeños y tolera bien la media sombra.
Aesculus parviflora no es un árbol sino un arbusto amacollado de 3 a 4 m de alto que se extiende lateralmente mediante retoños de raíz hasta formar masas de cinco o seis metros de ancho. Tiene dos virtudes que ninguna otra especie del género reúne: florece en julio y agosto, cuando el jardín está parado, con espigas blancas de estambres largos, y aguanta la sombra de otros árboles mejor que casi cualquier arbusto de flor. Si el jardín es mediano y quieres Aesculus, esta es la opción sensata.
Otras que se ven en colecciones y parques históricos son A. flava, de flor amarilla y buen color otoñal; A. indica, el castaño del Himalaya, más tardío en florecer; y A. turbinata, japonés, de hoja enorme.
Dónde plantarlo y dónde no
Aquí está la clave del asunto, porque el Aesculus se planta mucho en sitios donde va a vivir mal. Es un género de clima fresco y suelo con humedad constante. En la cornisa cantábrica, en el norte de Castilla y León, en el Pirineo y prepirineo, en zonas de montaña de Aragón o Cataluña, en el interior de Galicia, vegeta magníficamente. En Sevilla, Murcia o Alicante lo pasa francamente mal.
El síntoma que delata el problema es el quemado de los bordes de los foliolos en julio: primero un ribete pardo, luego la hoja entera seca y una defoliación anticipada en agosto. Se confunde a menudo con una enfermedad, y casi siempre es simple estrés hídrico y térmico. Un castaño de Indias en Madrid necesita riego de verdad durante todo el verano; no basta con la lluvia.
Respecto al suelo, quiere uno profundo, fresco y fértil, y no le importa una reacción neutra o ligeramente básica. Lo que no soporta bien son las calizas activas altas sobre suelos someros: ahí aparece clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes, y el árbol nunca llega a hacerse. Tampoco tolera la compactación ni el encharcamiento prolongado.
Y una advertencia de sentido común que se ignora sistemáticamente: el sistema radicular del castaño de Indias es potente y superficial. Plantado a dos metros de una acera, la levanta. Deja como mínimo 8-10 m de separación respecto a edificios, pavimentos y conducciones, y no lo pongas donde su copa vaya a chocar con una fachada en veinte años.
Cuidados: lo que hay que hacer y cuándo
Plantación. A raíz desnuda, de noviembre a febrero, con el árbol en reposo; en contenedor, también en otoño, que es cuando mejor enraíza. Hoyo amplio, sin abono químico en contacto con las raíces, tutor solo el primer año o dos, y un buen riego de asiento para asentar la tierra.
Riego. Los tres o cuatro primeros años son decisivos. En el interior peninsular, riegos abundantes y espaciados —mejor 80 litros cada diez días que 10 litros diarios— de mayo a septiembre. Un adulto establecido en clima atlántico puede vivir sin riego; uno en clima continental seco, no.
Acolchado. Es la medida más rentable con esta especie. Diez centímetros de corteza, restos de poda triturados o paja sobre la proyección de la copa mantienen el suelo fresco y bajan varios grados la temperatura de la zona radicular en verano. Deja libre el cuello.
Abonado. Materia orgánica bien hecha en otoño, extendida sobre el alcorque. No necesita nada más si el suelo es decente.
Poda. Cuanto menos, mejor. La madera del Aesculus es blanda y compartimenta mal las heridas grandes: un corte de más de 8-10 cm de diámetro es una puerta abierta a la pudrición. Limítate a formar la estructura en los primeros años y después a retirar ramas secas o mal insertadas, en invierno. A. parviflora se rejuvenece bien cortando a ras los tallos más viejos cada varios años.
Multiplicación. Por semilla es sencilla, con una condición que arruina la mayoría de los intentos: la semilla es recalcitrante, es decir, muere si se deja secar. Hay que recogerla del suelo en octubre y sembrarla en las semanas siguientes, enterrada un par de centímetros en un sustrato que no se encharque, dejando la maceta a la intemperie para que reciba el frío del invierno. Germina en primavera. Los cultivares seleccionados no salen de semilla: van injertados sobre patrón de la especie.
El minador y otros problemas
El enemigo número uno del castaño de Indias en Europa desde hace tres décadas es Cameraria ohridella, un microlepidóptero minador. Sus larvas excavan galerías dentro de la hoja y, entre junio y agosto, dejan el árbol pardo, con aspecto de otoño adelantado. Es feo, muy feo, pero conviene saber una cosa: rara vez mata al árbol. Debilita, reduce el crecimiento y adelanta la caída de hoja, pero un ejemplar bien regado lo soporta año tras año.
El control eficaz y barato es de higiene: recoger y retirar toda la hojarasca en otoño, porque las pupas invernan en ella y la infestación del año siguiente sale de ahí. Compostarla en un montón que caliente bien, enterrarla o llevarla a punto limpio. Dejar las hojas al pie del árbol es garantizar la plaga en mayo. Las trampas de feromonas sirven para seguir los vuelos, no para controlar la población. A. × carnea es notablemente menos afectado y A. parviflora prácticamente no lo sufre.
Además puede presentar mancha foliar por Guignardia aesculi, con manchas pardas de borde amarillo que se confunden con el minador —se distinguen porque la mina, al mirar la hoja a contraluz, es una galería hueca y la mancha no—, y oídio en primaveras húmedas. Ninguno de los dos justifica tratar un árbol grande. En el norte de Europa preocupa el chancro bacteriano por Pseudomonas syringae pv. aesculi, que produce exudados oscuros en el tronco; conviene desinfectar herramientas de poda y no comprar planta con lesiones en la corteza.
Usos y toxicidad
Su papel es ornamental: árbol de sombra en parques, alineaciones de paseo, plazas y jardines históricos. La madera es blanda, ligera y de poco valor. Las flores dan un néctar apreciado por abejorros y abejas, aunque la miel monofloral es rara.
De la semilla se extrae la escina, una mezcla de saponinas triterpénicas con uso farmacéutico reconocido en insuficiencia venosa crónica: es el principio activo de bastantes venotónicos de farmacia. Eso ha generado la idea de que la semilla «es buena para la circulación» y de que se pueden preparar remedios caseros con ella. No: la semilla cruda contiene, además, esculina y saponinas irritantes, y su ingestión provoca vómitos, diarrea y dolor abdominal. Los extractos comerciales están estandarizados y depurados precisamente por eso. Mantenlas lejos de los niños y de los perros, que las mordisquean con facilidad.
El nombre «castaño de Indias» tampoco tiene que ver con las Indias, sino con la vía por la que llegó a Europa occidental desde Constantinopla, y lo de «horse chestnut» en inglés procede del uso turco de las semillas para tratar afecciones respiratorias del ganado equino. Ironías del asunto: hoy se sabe que también son tóxicas para el caballo.
Y la creencia de que poner castañas de Indias por la casa ahuyenta arañas o polillas no tiene ningún respaldo experimental. Se ha ensayado y no funciona.
En resumen
Los Aesculus son árboles y arbustos caducifolios de hoja palmeada opuesta y floración en candelabro, sin parentesco alguno con el castaño comestible y con semillas tóxicas. Necesitan clima fresco, suelo profundo y humedad constante: en la España atlántica y de montaña son un acierto; en el interior seco exigen riego y en el sureste no compensa plantarlos. Elige A. × carnea 'Briotii' si el sitio es caluroso, A. hippocastanum 'Baumannii' si es un árbol de calle y no quieres frutos, y A. parviflora si el jardín es mediano y buscas flor en agosto. Riega en profundidad, acolcha, poda lo mínimo y recoge la hojarasca en otoño: con eso resuelves el 90% de los problemas, incluido el minador.