El nim es Azadirachta indica, un árbol de la familia de las meliáceas originario del subcontinente indio. En internet aparece casi siempre precedido de la misma fórmula: el árbol que cura cien enfermedades, el árbol de los mil usos, la farmacia del pueblo. Conviene empezar por lo que no es. En la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para el nim: las que existen para cualquier alimento o ingrediente están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras una evaluación científica, no un artículo de internet ni la etiqueta de un frasco.
Eso deja fuera todo lo que suele venderse con su nombre: cápsulas, infusiones de hoja, aceite para tomar, remedios contra la diabetes, el paludismo o los parásitos. Lo que sí se puede contar del nim, y es bastante, es de dónde viene su fama, qué papel tiene en la cultura india, por qué acabó en un juicio de patentes que duró once años y qué es legalmente en España hoy: un árbol ornamental de clima cálido y la materia prima de unos cuantos productos fitosanitarios registrados. De eso va este artículo. Si lo que buscas es cómo cultivarlo, cómo mantenerlo en maceta o cómo se emplea su aceite en el jardín, eso está en la guía del árbol de neem.
De dónde sale lo del árbol de los mil usos
La cifra no sale de ningún estudio. Sale de la suma de usos domésticos que un árbol muy abundante ha tenido durante siglos en el norte y el centro de la India, donde crece en cualquier borde de camino y aguanta sequías que matan a otros árboles. Cuando una especie está en todas partes, es gratuita y sirve para muchas cosas a la vez, la lista crece sola.
Esa lista incluye cosas perfectamente comprobables y que no tienen nada de milagroso. Las ramitas tiernas se han usado como cepillo de dientes, el datun, igual que en otras culturas se usaron otras maderas fibrosas. La hoja seca se mete entre la ropa y entre el grano almacenado para ahuyentar insectos. La torta que queda tras prensar la semilla se devuelve al suelo como enmienda. La madera es dura y resistente a las termitas. El árbol da sombra densa, crece rápido en suelo pobre y sujeta terrenos degradados. Todo eso es real, y ninguna de esas cosas es una propiedad medicinal.
El salto de ahí a "cura cien enfermedades" ocurre por acumulación. La medicina ayurvédica emplea el nim desde hace mucho, y como cualquier farmacopea tradicional extensa, lo asocia a un número enorme de indicaciones. Repetidas fuera de su contexto y sin la advertencia de que son tradición, esas indicaciones se leen como si fueran resultados clínicos. No lo son.
La tradición, contada como tradición
El nim tiene un uso tradicional documentado y antiguo en la India, y merece contarse como lo que es: una práctica cultural con siglos detrás, no una prescripción. Aparece en textos sánscritos, tiene un lugar en rituales del año nuevo en varias regiones y se planta junto a templos y casas. El propio nombre sánscrito del árbol, nimba, es el origen de la palabra que usamos.
Contarlo no equivale a recomendarlo. Un uso tradicional no sustituye a un tratamiento médico ni a una consulta con un profesional sanitario, y la antigüedad de una costumbre no dice nada sobre su eficacia ni sobre su seguridad. En el caso del nim esto importa más que en otros, porque el aceite de sus semillas no es un producto inocuo por vía oral y hay casos descritos de intoxicación grave en niños pequeños a los que se les administró como remedio casero. Ante cualquier duda sobre un producto que contenga nim, la pregunta va al médico o al farmacéutico, y ante una ingestión accidental, al médico o al Instituto Nacional de Toxicología.
Once años de pleito por una patente
El episodio más interesante de la historia reciente del nim no es botánico sino jurídico, y explica bastante bien por qué este árbol se convirtió en un símbolo.
En 1994 la Oficina Europea de Patentes concedió una patente sobre un método para combatir hongos en las plantas mediante un extracto del aceite de nim. Los titulares eran una empresa química estadounidense y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. La objeción fue inmediata: el efecto fungicida del extracto de nim era conocido y utilizado en la India desde hacía generaciones, de modo que no había novedad que patentar. La oposición la presentaron el Gobierno indio junto con organizaciones de agricultura ecológica y grupos ecologistas europeos, y aportaron pruebas del uso previo.
La Oficina Europea de Patentes revocó la patente en el año 2000, y la revocación quedó firme en 2005 tras el recurso. El caso se convirtió en el ejemplo de manual de lo que se llamó biopiratería: patentar en un país rico un conocimiento agrícola que llevaba siglos siendo de dominio público en otro. A raíz de aquello la India montó una biblioteca digital de conocimiento tradicional para que las oficinas de patentes pudieran comprobar si algo ya estaba descrito antes de conceder nada.
Qué es el nim en España, legalmente
Dos cosas distintas, y conviene no mezclarlas.
Como planta, es un árbol ornamental de clima cálido. No es una especie de la que conste que figure en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, aunque en zonas tropicales secas de África, Australia y el Caribe se comporta como colonizador agresivo y ha desplazado vegetación nativa. En la Península no se da esa situación, simplemente porque el frío lo limita.
Como producto de tratamiento, la cosa está reglada. En España solo puede emplearse un producto fitosanitario que esté inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, con su número de registro y su etiqueta. Esto vale igual para un producto de origen vegetal que para uno de síntesis: que venga de una planta no lo convierte en legal ni en inofensivo. Un aceite comprado como cosmético o como producto de droguería no se puede usar para tratar plantas, por mucho que la etiqueta insinúe lo contrario.
El marco general es el Real Decreto 1311/2012, que traspone la directiva de uso sostenible de fitosanitarios y establece la gestión integrada de plagas como principio: primero prevención, rotación, variedades resistentes y medios físicos y biológicos, y el tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta. La dosis, el plazo entre aplicaciones y el número máximo de tratamientos son los de la etiqueta del envase, no los de ninguna receta que circule por ahí. El uso profesional exige carné de aplicador; el doméstico se limita a los productos expresamente autorizados para jardinería exterior doméstica.
Y una advertencia que se olvida con demasiada frecuencia con los tratamientos de origen botánico: el nim no distingue entre insectos. Afecta también a polinizadores y a fauna auxiliar, de modo que no se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
Un árbol tropical en un país templado
El nim necesita calor y no soporta el frío prolongado. En la España peninsular no hay condiciones para tenerlo plantado al aire libre salvo en microclimas litorales muy resguardados del sureste, y ni siquiera ahí de forma fiable. En Canarias sí prospera, y también funciona como planta de invernadero o de maceta en interior luminoso, con el mismo problema de siempre: en interior no alcanza porte ni florece.
Si lo que te ha traído hasta aquí es la idea de plantarlo por sus supuestas virtudes, esa parte se desmonta sola. Y si te interesa como árbol, con su porte, su sombra y su follaje, los detalles prácticos están en el artículo de cultivo enlazado más arriba.
El apellido de la familia
El nim pertenece a las meliáceas, la familia de la caoba. Ese parentesco explica dos cosas. Una, que su madera sea apreciada. Otra, que se confunda con facilidad con otro árbol de la misma familia muy plantado en España, el cinamomo, Melia azedarach, de hoja parecida y frutos amarillos que son tóxicos. Son especies distintas y no comparten ni el clima ni los usos, así que conviene no dar por bueno lo que diga una etiqueta de vivero sin mirar el nombre científico.
En resumen
El nim es un árbol útil, resistente y culturalmente importante, y nada de eso necesita el adorno de las cien enfermedades. Lo que sostiene su fama son usos domésticos reales (repelente entre el grano, madera resistente, sombra, enmienda del suelo) y una tradición médica que hay que citar como tradición y no como evidencia. En la Unión Europea no existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas para esta planta, y cualquier producto que se venda prometiéndolas se está saltando el Reglamento (CE) 1924/2006.
Su historia moderna tampoco es menor: la patente europea sobre el fungicida de nim, concedida en 1994 y revocada definitivamente en 2005 tras la oposición de la India, sigue siendo el caso de referencia sobre patentes y conocimiento tradicional. Y en el jardín español el nim es hoy dos cosas separadas: un árbol de clima cálido que fuera de Canarias vive a duras penas, y el origen de unos productos fitosanitarios que, como todos, solo se pueden usar si están inscritos en el registro del ministerio y siempre con la etiqueta por delante.